Litoral y Sueño de Angustia

 Litoral y Sueño de Angustia

María del Carmen Meroni

(*) REUNION PRELIMINAR PARA UNA CONVERGENCIA LACANIANA. Barcelona. Enero 1997.

Se trata de una paciente que llevaba ya dos años en análisis cuando le ocurre el sueño que les voy a relatar.

Esta mujer es una hablante del francés por origen familiar, idioma que enseña como profesión. Está casada desde una época muy anterior al inicio del análisis y tiene con su marido una hija adoptiva de unos cinco o seis años. La esterilidad del esposo, constatada ante los intentos de embarazo infructuosos, los hizo decidir una adopción. El grado y tipo de esterilidad de él hace que no sea posible ningún tratamiento que en el marco de una fertilización asistida pueda producir un embarazo.

Ella es una "gordita", no obesa, en lucha permanente contra el exceso de peso. Dietas interminables, atracones de lo que sea. La obesidad de sus dos hermanos y de la madre es notoria y permanente.

Lo de la esterilidad del marido, requiere un comentario: en la época del sueño, a raíz del deseo de una nueva maternidad, ella ha trabajado en el análisis un fragmento de la historia de su relación con este hombre: se trata de un noviazgo de la temprana adolescencia que con idas y vueltas terminó en matrimonio en la juventud. Las familias de ambos eran vecinas y amigas en un pueblo del interior del país, y ya en la adolescencia ella no ignoraba (aunque tampoco tenía presente que sabía) que un problema en la pubertad del muchacho que afectó el descenso de los testículos y no fue tratado (o por lo menos no a tiempo) es de esas cosas que son posibles causantes de esterilidad masculina. Eso se decía, ella lo escuchó alguna vez.

Cuando vuelve a surgir el tema en la investigación por la esterilidad, es dicho claramente por el médico lo que ella capta que de algún modo ya sabía en la adolescencia; de todos modos lo olvida nuevamente, hasta que, ya en análisis, empieza a hablar de la adopción de un segundo hijo.

Con un agregado respecto de la primera adopción: al renovar algunos estudios médicos para determinar si algo había variado en el número y vitalidad de los espermatozoides, con resultado negativo, esta vez se enteran de que existe una posibilidad de embarazo, por una inseminación asistida llamada "heteróloga", es decir con un Banco de semen.. El querría; ella se niega. Irritada, argumenta que sería abrir la vía de una búsqueda sin fin, hasta dónde insistir con algo que ya no fue posible, ella quiere un hijo no un embarazo, no quiere una diferencia de esa índole entre dos hijos suyos, etc. Pero el análisis pone de relieve que en realidad, negarse la pone muy inquieta; desde luego no aceptar un embarazo no había sido necesario hasta ahora, ni mucho menos había quedado a su cargo encontrarse diciendo sí o no ( más bien, era si se quiere, completamente al revés). Estos antecedentes, y lo reiterado de su argumentación irritada, hacen pensar que la inquietud proviene de un impacto traumático. La cuestión es: ¿en qué punto se ha producido?.

En ese contexto, ocurre en el análisis lo siguiente: ella llega un poco tarde, después de haber faltado a la sesión anterior, y ni bien se recuesta en el diván dice que le dolió la mano al estrechársela a la analista, y entonces volvió a recordar que tiene en esa mano una herida hinchada, descuidada, mal curada, que se le puede infectar. Se está lastimando demasiado últimamente, se descuida. Faltó a la sesión anterior porque media hora antes de venir se hizo una quemadura con la plancha, por pura distracción, que le dejó esa herida que se le hinchó y le dolía mucho. Tiene miedo de que se le infecte toda la mano.

Dice estar teniendo sueños que la llevan a la casa del pueblo de su infancia. Antes de la época en que empezó a tener pesadillas. Cuando todavía no tenía que quedar bien, ni disimular, ni mentir. Se sentía más libre para jugar, sobre todo con los varones. Más linda.

Después se volvió lo que siempre fue desde entonces, como ella lo dice: asustadiza, nerviosa, depresiva, fea.

Cuenta dos sueños de la noche anterior: ..."Ya grande, volvía a la casa de mi pueblo. Me encontraba con los tres chicos que vivían enfrente, que tendrían en el sueño unos 30, 35 años, como yo. De los tres, Osvaldo, que era mi novio de esa época, abría una puerta mosquitera que daba a la cocina donde estaba yo, y me sonreía. Estaba con un traje azul, como había venido a mi casamiento.

Después vino una pesadilla. Estábamos en el comedor de mi casa de ahora, mi mamá, mi papá, mi abuela, mis hermanos y yo. Se abría bruscamente la puerta del balcón, y entraba una ola enorme, que nos cubría y se llevaba todo. En la cocina, esto no hubiera pasado, pensaba yo, porque no hay puerta al exterior.

Juan (el marido) me decía: "cerrá la puerta del balcón". Pero yo tenía miedo de ir hasta allí, que entrara otra ola y me ahogara. Me quedaba con la fuente del pollo, sosteniéndola con la mano en alto, para que la ola no se la llevara. Entonces, me desperté".

Asocia: "era como una invasión a mi casa, a mi mesa". Habla de su miedo al mar: nunca se mete mucho por miedo a que las olas la envuelvan y la volteen. Un amigo abogado que la visitó le hablaba de una campaña llamada "Dele una mano a los desaparecidos", ella no tenía tiempo para escuchar. El amigo se queda, no para de hablar, invade su casa, ella tiene que trabajar, pero no lo puede echar.

La angustiaron mucho las recientes inundaciones. Por esto, se quedó unos días sin mucama. No tiene muchacha con cama que es lo que necesitaría. Cuando ve las fotos en los diarios, la angustian esos chicos, esas inundaciones en el interior...

Hace poco, empezaron a comer en el comedor ella, el marido y la hija porque la nena ya no cabía si seguían comiendo todos en la cocina como hasta entonces.

Con la primera parte del sueño, asocia que en la infancia le gustaba mucho Osvaldo, la casa que tenía, la madre. Todavía le gusta mucho pensar en él con ese traje azul, como el que usó el día del casamiento de ella.

La cocina: es, según ella dice, el lugar más íntimo de toda la casa. Esa escena de la cocina, con la puerta mosquitera que se abre, ella la vio por televisión: en una película, una chica va a buscar a su madre verdadera (era hija adoptiva) porque quiere conocerla; pero sobre todo, quiere tocarla. La primera vez que la ve, es cuando la madre aparece en la cocina, abriendo una puerta mosquitera, como la del sueño. La película se llamaba: "Esa extraña que se parece a mí".

"Ese mar traga" … le recuerdo que en su familia se hablaba francés.

Pregunto entonces por la fuente con el pollo, de la que no había dicho una palabra. Hay un detalle raro: era un pollo entero, pero puesto al revés, con las patas para abajo como si fuera un bebé. ¿Qué asocia con esto?. En la casa de su pueblo, de chica, ella criaba pollitos y al mismo tiempo, no comía pollo porque le daba impresión, le daba asco. Aun hoy no le gusta. No se le ocurre nada más.

La interpretación señala que una puerta mosquitera es para no dejar entrar bichos. Cuando se abre esa puerta para que no entren bichos, está el cuerpo extraño de una madre para tocar en el lugar íntimo y una mano infectada se hincha; allí, tragada, el que le gusta se vuelve pesadilla.

En el sueño de angustia, una puerta se abre, de la cocina o del balcón comedor. Se abre un poco más que lo habitual.

En el lugar más íntimo (la cocina) del cuerpo (o de la casa), cuando se abre esa puerta, una hija toca el cuerpo de esa "madre verdadera", y la pesadilla muestra que allí el lugar íntimo es, en el fantasma, una boca. Una herida mal curada que se hincha y se infecta en ese momento del análisis hace que dar la mano al llegar a la sesión se relacione con mostrar que sufre esa invasión que va a tragarla. En el sueño: "dele una mano (a los desaparecidos)", el amigo irrumpía y no se lo podía parar. En el momento de advertir, en el despliegue de sus argumentos, que la angustia verse en la situación de negarse a un embarazo, y más aún la angustia no negarse, esa infección irrumpe en la transferencia. Se trata de que una abertura en el cuerpo femenino equivale , por la vía significante que sostiene el imaginario materno, a una boca que traga. El lugar íntimo (la cocina) está resguardado, en tanto no haya puerta al exterior.

Los significantes que sostienen su cuerpo femenino configurado sobre el cuerpo de una "madre verdadera" , cuerpo (o "pueblo natal") visitado de nuevo a la hora del impacto traumático, revelan allí la fórmula que el fantasma le ha prestado como soporte al circuito de la pulsión oral: la madre (o "el mar") que inunda y traga. El pollo/bebé/comestible, formación del Inc. en el límite del despertar, representa al sujeto ante ese cuerpo de mujer obesa que se abre para tragar; la elección (bajo represión) de la maternidad adoptiva, así como el síntoma alimentario (el dique de asco que excluye al pollo de lo comestible) sostienen y acompañan el fantasma de una mujer que sólo tendría esa abertura al exterior. Para la que se niega a comer bebés, una puerta abierta en un cuerpo de mujer es una boca que traga lo que sea.

Su inquietud e irritación con la traumática inseminación llamada heteróloga, cuyo anoticiamiento fue remarcado en el análisis, señala que ya no es posible mantener la vigencia de ese fantasma resguardada bajo la maternidad por adopción, supuesta como única vía. Ese fantasma que le impone una serie de síntomas y restricciones (timidez, carácter angustioso, apatía sexual), se sostenía en un punto de equilibrio que ha quedado conmovido y eso le perturba el sueño. La herida se infecta en el borde en donde fantasma, síntoma e inhibición convivían.

El sueño de angustia en el análisis indica que el goce pulsional domesticado bajo el régimen del fantasma, ha sido molestado, ya no discurre apaciblemente. El motivo del sueño de angustia puede ser en efecto un impacto traumático registrado sobre la estructura del fantasma, que ya no puede responder bien. Pero el sueño de angustia no es el trauma, sino que intenta su elaboración, se podría decir, "abre una puerta", muestra un poco más de lo habitual cuál es el armado de ese fantasma que ha vacilado.

El despertar angustioso del sueño de angustia (que es un paradigma posible del surgimiento mismo de la angustia en la neurosis), le da una oportunidad a la desarticulación entre goce pulsional y marco del fantasma, condición indispensable para redistribuir ese goce, para darle otro destino y otro uso. El sueño de angustia, al acercarse por la vía significante a mostrar más que lo habitual un punto del entretejido fantasmático del goce pulsional , hace que asome al mismo tiempo lo que en ese sueño "despierta": y es que aparece la vinculación de ese goce pulsional con la demanda inapelable que se ha moldeado en el campo del Otro, advertencia del Sujeto que el análisis promueve, y el fantasma en cambio se encarga de disimular.

El límite en que la articulación de goce pulsional y marco del fantasma puede todavía, un instante más, mostrarse en el sueño, antes de la angustia del despertar, puede ser estructuralmente homologado a ese borde del llamado a silencio del Inc., que impide seguir asociando más allá de ese punto, al que Freud llamó "ombligo del sueño", aunque no siempre se produzca el despertar.

Silencio del Inc. no es sólo límite infranqueable de la estructura ante lo irrepresentable del sexo y de la muerte; es también lo que intenta cubrir lo irrepresentable: es decir el modo contingente pero inercial que adquieren las articulaciones del goce pulsional en el marco del fantasma. Estas últimas son las que un análisis puede desarticular cuando cualquier golpe de Real, si la transferencia lo sostiene, le resta a la inercia su poder de encantamiento. Allí, un sueño de angustia arroja los significantes con los que puede avanzar la construcción del fantasma, y el anoticiamiento del Sujeto, en el análisis.

El modo contingente de la articulación de goce pulsional en fantasma, y el punto en el que asoma con angustia para el Sujeto la demanda traumatizante del Otro, producen una zona de frontera de la palabra que se muestra en el despertar, frontera entre territorios no homogéneos señalada por el "ombligo del sueño" freudiano, a la que nos parece aplicable la elaboración que Lacan llama tardíamente "litoral": operación llamada "letra" entre la demanda del Otro pulsando el cuerpo, a la que es imperioso concurrir, y el goce fálico del fantasma en el que esa pulsión se domestica y prolifera en el tejido de las fantasías.

Litoral es en esos años de Lacan, una operación que en la neurosis se articula bajo los significantes a los que da lugar, hasta su límite de silencio y despertar. Litoral en el sueño de angustia, entonces, no sería ni el pollo ni el despertar, sino la puesta en movimiento de una operación que hace aparecer a ese pollo hasta entonces velado, un momento antes del despertar. La puesta en movimiento de esa operación, el litoral que produce a la vez significantes y despertar, es una función del Sujeto, pero su trabajo en un análisis no ocurre sin la intervención del analista, sosteniendo la irrupción traumática sin fabricarla, y dejándose guiar por ella sin oponérsele. Con frecuencia, se le abre allí al análisis un camino nuevo, para que se diga, a medias, algo más.