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"Efectos de la enseñanza de Lacan en Buenos Aires, Argentina, Latinoamérica"

José Zuberman

(*) Jornadas Aniversario "30 años de Escuela (1974-2004)". Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1, 2, 3 y 4 de Julio de 2004.

De los 28 años y pico que llevo en la Escuela intento conquistar en el cotidiano trabajo sus 30 años de vida. Como decía Freud "la herencia se conquista" y digo lo de los 28 años y pico como manera de decir que hubo quienes me precedieron, agradecerles su trabajo a quienes me causaron: mi analista, los colegas que aceptaron el diálogo amistoso, los analizantes, los que quieren aprender de mi y me causan con sus preguntas.

La alegría de escuchar tantos buenos trabajos de analistas más jóvenes, me hace sentir que también habrá quienes nos sucedan, quienes tomen la posta, lo que da sentido al esfuerzo de tantos años.

La gratitud es un sentimiento con el que me las arreglo. En este momento siento muchos otros que espero no me impidan decir lo mío en esta mesa de cierre a la que fui invitado y se titula:

"Efectos de la enseñanza de Lacan en Buenos Aires, Argentina, Latinoamérica"

Borges decía que había que aprender a leer en el Evangelio tanto como en el libro de la Vida, que en este caso es nuestra experiencia de 30 años de Escuela Freudiana de Buenos Aires, ya que la enseñanza de Lacan se abre prácticamente con la Fundación, aunque hubo contemporáneamente otros que también la practicaron.

La enseñanza de Lacan tuvo efectos en varios ámbitos de la práctica analítica, en cada uno de los cuales sacó al psicoanálisis de los atolladeros en que estaba, disputado como rama de la Psicología o de la Medicina – vía Salud Mental – es decir, en una discusión que lo daba por muerto.

En cada ámbito que paso a considerar, la enseñanza de Lacan devolvió al psicoanálisis a su lugar como práctica acompañando los instrumentos que permitiesen pensar la lógica de esa práctica. De hecho y de derecho ubicó al psicoanálisis en su lugar que había quedado perdido y desvitalizado.

  1. En la práctica clínica: La pregunta deja de ser la salud o la normalidad con lo cual separa al psicoanálisis de la medicina y de la lectura médica del texto freudiano.
  2. Que "el análisis es responsabilidad del analizante" lo ubica en un lugar radicalmente diferente al del pasivo paciente de la medicina. Es un trabajo del cual debe responder, dar respuesta, responsabilizarse.

    Que el analista no sea el doctor que me tiene que curar, sino "instrumento para que se opere algo de la tarea analizante, algo distinto a ayuda" (Lacan 20-3-68), que el analista ocupe el lugar del Sujeto supuesto Saber, ocupe el lugar del a, hace de su tarea, algo que no tiene nada que ver con quien terapía.

    La pregunta ya no será más por la salud o la normalidad sino por el deseo inconciente, el objeto del fantasma definiendo el estilo de goce, la creatividad, la invención del sujeto en el anudamiento del sinthome, sucesivamente, según progresa la enseñanza.

    Es la palabra en sus tres ditmensiones que comanda la dirección de la cura. El sujeto es la cuestión del psicoanálisis y se lo va leyendo distinto conforme se avanza en la lectura de Lacan en nuestro medio.

    El RSI que guía mejor que los tres de Freud en la práctica clínica, permite que el análisis sea abordado por analizantes que antes no tenían lugar en el marco del restringido y antianalítico concepto de analizabilidad. El psicoanálisis es la cura conducida por un analista y éste puede estar dispuesto a escuchar a quien le plazca: psicótico, perverso, o neurótico con lo que se amplía la apertura de puertas, -al igual que a los que se llama en nuestro medio paciente de la clínica de borde- para todo quien quiere hacerse escuchar.

  3. A los analistas: Los sacó del "yo siento" elevado a instrumento afinado para algunos iniciados, para recuperar la capacidad de leer freudianamente en la clínica, a Freud, a Lacan, dándole vida a letras que defallecían.
  4. Los analistas más creativos salían del aburrimiento en que estaban, buscando por fuera el psicoanálisis algo que les explicase su detenimiento: se metían en política, en teatro, a estudiar filosofía, sociología, etc, no para abrir nuevas preguntas al psicoanálisis sino aspirando a encontrara allí las respuestas. Algo bien distinto a lo que va haciendo Lacan con la lingüística, los filósofos, las matemáticas, los nudos, la topología, instrumentos para relanzar las preguntas de nuestra práctica, de nuestro campo como práctica teórica.

  5. En la idea del final de análisis: Saca al psicoanálisis y a los analistas de la pregunta más difundida en el final de los ’60 que es relacionar el fin del análisis con alcanzar el ideal de salud del analista. Saca al análisis de la vía de demandar alcanzar el falo -nombrado como salud, normalidad o adultez- para interrogar singularmente el deseo ubicando el objeto que lo causa.
  6. Quien cae del psicoanálisis no es el analizante ya curado, sino el analista, resto de la operación que condujo durante años; y el analizante es relanzado a sostener con la causa que lo mueve una nueva relación a los ideales y a la pulsión.

  7. En la relación entre analistas rompe la consideración corporativa e incita a dar las razones de la práctica . Testimoniar de la práctica y practicar el testimonio, es decir tomar la palabra. Hacen al analista en el tiempo de formación que le toque: en el diván, en el análisis de control, en la Escuela, en las Jornadas, en el pase siempre se trata de tomar la palabra para poder decir de lo imposible y cercar con una nueva pregunta un nuevo Real que nos interrogue puntualmente.
  8. Es tomar la palabra, la práctica que rompe la homeostasis corporativa; no es poco dato el modo en que en Buenos Aires esta práctica rompió la pirámide con precios fijos de didacta-titular-candidato. Desde que se toma la palabra, el tiempo y el dinero son una intervención más del analista que rompe las variables del encuadre como sostén del analista para ubicarlo en las tres ditmensiones de la palabra.

  9. Efecto en las Instituciones: donde el analista puede ser cuestionado, interrogado a fondo, como signo de consideración y no como falta de respeto.
  10. El cruce entre grados y jerarquías que se interrogan unos a otros propone una estructura centrada en la pregunta por el analista, pregunta por un Real que mantiene vivo al psicoanálisis desde la práctica de Escuela. El pase es una invitación de Lacan a reinventar el psicoanálisis desde lo más singular de la intensión, dejar hablar lo que ya no se dice en el diván pero concierne al psicoanálisis.

  11. En la relación con la cultura: por sentirse parte de la cultura de este tiempo, nuestro psicoanálisis se deja interrogar por sus creaciones y no explica las razones edípicas de esa creación. Eso es lo que permitió que Borges, filósofos, pintores, grabadores, actores, compartan momentos tan importantes de la vida de la Escuela a lo largo de su historia.

La enseñanza de Lacan nos trae todas estas luces, estas aperturas pero también abre a nuevos problemas que nos toca enfocar. No alcanzamos el cielo, no estamos en la otra orilla, estamos navegando, para lo cual corresponde que también ubiquemos estos nuevos problemas. Los enfoco en las mismas áreas.

  1. En la práctica clínica: No es la práctica más valorada en el mundo lacaniano. Como el análisis es cuestión de cada uno y no está regulado por ninguna autoridad, hay quien supone que puede obviarse o que el estudio puede reemplazarlo. Aunque hay cambios muy notorios en estos 30 años, algo se sigue registrando: como Lacan cuestionó a tantos grandes analistas como Klein, Balint, Abraham por qué no se puede cuestionar a los analistas de la ciudad que uno habita. Se confunde aún interrogación con descalificación, trayendo aparejadas serias dificultades extras a analizantes que tramitan sus análisis con la angustia y el esfuerzo que quienes nos analizamos sabemos que implica. Recordemos al menos que cuando Lacan cuestionaba a un analista lo citaba, lo leía y aunque su estilo no fue el que yo hubiese elegido para él, cuestionemos su estilo pero rescatemos que él cuestiona leyendo lo que el otro dice.
  2. En los analistas: La práctica más valorada es la acumulación de conocimiento. Hay muchos que dedican más tiempo a preparar clases y cursos que a su clínica. En algunos es sólo un momento. Pero muchos es una modalidad establecida que trajo algo que no se conocía antes de Lacan: profesores de psicoanálisis, pregnancia del discurso universitario, donde no comanda el objeto causa sino los conocimientos.
  3. No creo que sea algo a compatir, sino que nuestra tarea será situar la diferencia entre un profesor de Freud o de Lacan y un analísta. No empirizo: hay analistas que les gusta enseñar y dejan circular la causa desde la cátedra, y hay profesores universitarios que habitan instituciones psicoanalíticas.

  4. La idea del fin de análisis de Lacan en sus tres acepciones (pasaje de analizante a analísta-atravesamiento del fantasma y savoir-y-faire avec le sinthome) hace obstáculo a que el conocimiento comande, porque no se trata de un matema enseñable. Es una experiencia que invita a hablar desde lo singular.
  5. Repitamos una vez más que los conocimientos no es el saber. Y constatemos también que el saber del analista no es el saber del inconciente.

  6. En la relación entre analistas: Sigue vigente el prestigio del conocimiento en detrimento del saber del analista. La idea del pase hace a la posibilidad de que lo que singularmente se atravesó en un análisis, tenga su lugar en el psicoanálisis y en la institución de analistas. El nominado no tiene ninguna tarea fija como las jerarquías, como el tesorero, el secretario o el responsable de Jornadas que son también tareas analíticas, más delimitadas. El nominado, si devino analista, pide un lugar a ocupar en la extensión, y dice sin palabras desde el lugar que ocupa que la falta es interior al grupo de analistas, no ubicable afuera. Ese lugar sólo puede ocuparlo y sostenerlo quien pudo llevar su análisis hasta el fin. De allí mi confianza en lo que el pase genere en los que siguen la enseñanza de Lacan para que haga Escuela. La enseñanza de Lacan es hacer Escuela como comunidad de experiencia: dejar que la experiencia vivida hable, para que se cuestione y se transmita. La Escuela como la pensó Lacan es el único lugar en el que se puede investigar el fin del análisis, dejarlo hablar para que algo de la intensión se inscriba en la extensión.
  7. En las Instituciones: Al haber varias Instituciones se hace posible una clínica comparativa de la puesta en uso de los dispositivos de Lacan. Lacan nos legó no sólo una vastísima enseñanza sino también dispositivos donde investigar lo que él no sabía. Así como Freud nos legó además de sus trabajos el dispositivo analítico para que sigamos investigando, Lacan nos legó dispositivos para seguir investigando la extensión del psicoanálisis y el psicoanálisis en extensión:
  8. a) El Seminario: que opera sobre el límite del saber instituído, interrogándolo y es entonces algo distinto a un curso, cuestión que nos convendría diferenciar.

    b) El Cartel: donde se procura

    decir algo nuevo, reinventar el psicoanálisis en el trabajo de un pequeños grupo; de su lógica hablé hace poco en la Escuela y allí me remito.

    c) Pase y Nominaciones que hacen a lo singular de una Escuela, desde que nos son otorgadas por el Padre como el Nombre, sino que se conquistan en la triple práctica de un analista: práctica clínica, práctica teórica, práctica de Escuela.

    Quien deviene analista porque la Escuela lo reconoce a su iniciativa (el AME) o quien pide un lugar en la extensión testimoniando de su fin de análisis (el AE) tienen la responsabilidad por el futuro del psicoanálisis. Responsabilidad en el sentido de dar respuesta, de tomar la palabra. A quienes no practican los dispositivos de Lacan o hacen la puesta en escena parodiándolos también cabe interrogarlos.

    Para ser de la enseñanza de Lacan, no basta embanderares lacanianos, sino decir singularmente algo en el ámbito en que cada cual se sienta convocado por su gusto, por su deseo.

  9. En la relación con la cultura: En el atolladero que la repetición de conceptos de Lacan genera, es a veces difícil separar la paja del trigo. Lo cierto es que cuanto más masificante, más religioso, y esto no es una cuestión de números ya que dos pueden hacer masa en la relación hipnótica. Cuanto más singularizado, más posibilidades de ampliar la red de debate, de dejarse interrogar por otros saberes aunque esto abarque a muchos.

La especularización con otros saberes genera agresividad. El analista no está llamado a rivalizar con el saber de la política, la religión o las neurociencias, sino a interrogarlo, a leerlo.

En lo que la enseñanza de Lacan trajo luces, y en los nuevos problemas que creó, está contenido en estas pocas líneas el debate con quienes nombrándose lacanianos hacen religión de un Lacan a contentar, discurso universitario o masificante puesta en escena, parodia de los dispositivos lacanianos. Éstos son también efectos de la enseñanza de Lacan, a despejar. Considerarlos meras desviaciones es salvar a Lacan de la responsabilidad que le cabe y volver a hacer Religión del Padre.