
30 años de la Escuela
Isidoro Vegh.
(*) Jornadas Aniversario "30 años de Escuela (1974-2004)". Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1, 2, 3 y 4 de Julio de 2004.
Cuando recibí la invitación de la Comisión de Jornadas me recordaron que se trataba del 30º aniversario de la Escuela. Sentí un estremecimiento. Todos escuchamos cuando Flora Salem dijo un tremendo gusto y nos reímos, ella también. Algo se me aclaró escuchándolo a Benjamín Domb, luego a Enrique Rattin, y aún más con un chiste, dicho por un amigo Ricardo Landeira, quien me dijo en broma: -"Te felicito, te das cuenta, somos jóvenes, cumplimos 30". ¿Cuál es la verdad de ese chiste? Sólo cumple años y puede festejarlo aquél que nació, el día que uno llega al mundo como viviente no se iguala al nacimiento.
Agradezco a la Comisión Organizadora y a la Comisión Directiva de la Escuela que han sostenido con esfuerzo y entusiasmo esta posibilidad que aúna una vez más algo que estuvo en nuestra Escuela desde el inicio, no oponer letra y vida. Podemos subrayar la letra, hoy es un aniversario, y al mismo tiempo compartir el goce del festejo.
Voy a tomar el título que me fue propuesto: "30 años de Escuela: efectos y eficacias de la enseñanza de Jacques Lacan en Buenos Aires, Argentina y Latinoamérica".
Efectos y eficacias: si están los dos términos quiere decir que no se igualan. Efecto: algo sucede por una causa que le antecede o que le es inherente, reenvía a la dimensión de la causa. Si se nos dice "efectos y eficacias", es que podría haber efectos que no sean eficacias. Porque eficacia implica un efecto anhelado o esperado. No podemos decir que nosotros calculamos todo y que todos los efectos que logramos fueron los que esperamos. Nos reímos y sabemos que más bien pasamos y seguimos pasando por lo mejor y a veces no tanto. Quiero recordar además de los treinta años de Escuela que hay algo que es muy importante, hace más de veinte años que Lacan murió, lo dejo apuntado, lo quiero retomar.
En el inicio, cuando fundamos, como lo dijo muy bien Benjamín Domb, -me van a disculpar que repita ciertas cosas, las comparto absolutamente, con Benjamín, un amigo entrañable, durante mucho tiempo podíamos decirnos somos amigos porque soportamos y aceptamos nuestras diferencias"; voy a dar un paso más, hoy hasta me animo a decir que a veces coincidimos-, fue por el valor de una enseñanza, la de Jacques Lacan. Reunidos por iniciativa de Oscar Masotta a quién una vez más le agradezco que fue por su mediación mi primer acercamiento a los textos de Lacan, fundamos, creo que éramos 19, Héctor Yankelevich no estuvo por circunstancias de la realidad nacional. Cuando fundamos apostamos, por lo menos voy a hablar de mí, estaba más seguro de lo que no quería que a donde íbamos a apuntar. Sabía, por mi relación con mi maestro, Enrique Pichón Riviere, que didacta almidonado no quería ser. La estructura burocrática de la llamada institución oficial, no era para mí estimulante.
Entonces, paradoja, fundamos una escuela que se llama freudiana porque tiene como eje la enseñanza de Jacques Lacan, -parece como el chiste de Lemberg y Cracovia. La llamamos Escuela freudiana porque esta es una escuela lacaniana. Lacan dijo "nuestra causa es Freud" y lo es en todos los sentidos, es por el deseo de Freud que en principio estamos aquí reunidos, relanzado, por Lacan.
Cómo fue el inicio de una historia que no la puedo contar desde la objetividad del historiador, sino desde lo que me implica. Pues bien, para mí comenzó con un descubrimiento: ah, esto era lo que decía Freud. Yo había leído a Freud, el cronológico era como el Padre Nuestro, inevitable, con maestros que leían a Freud en alemán, lo conocían de un modo enciclopédico. Pero leer a Freud desde la perspectiva de Lacan fue decirme, preguntarme ¿qué leí de Freud?. Aprendí que un texto es también de lo Real, no hay palabra que lo cubra íntegramente y según como se diga su letra será lo que uno encuentre. En el comienzo los materiales que había fueron los primeros seminarios "El deseo y su interpretación", "Las relaciones de objeto" del cual apenas teníamos un resumen, "Las formaciones del Inconciente" y "Los Escritos" que aparecieron en París en francés en 1967. Empezaron a producirse en mi práctica como analista, ya llevaba unos cuantos años, modificaciones graduales. Nunca hice una modificación porque alguien me dijera así tenés que hacerlo, mientras yo no estuve convencido, por ejemplo, que tenía que abandonar el tiempo de sesión de cuarenta y cinco minutos, o de media hora fijo, no lo modifiqué. Lo hice cuando adquirí una convicción acerca de eso. En Buenos Aires estábamos inmersos en la tradición kleiniana para la cual el encuadre era una parte esencial de la práctica. Comencé a introducir cambios en el encuadre, practiqué el corte de la sesión, pero no al modo Talibán, podía cortar la sesión y podía con un paciente depresivo para el cual era muy difícil que pasara el mensaje de que el corte tenía que ver con el discurso aceptar un horario pautado durante bastante tiempo. Practiqué una desritualización de las frecuencias. Una vez un periodista me preguntó qué opinaba de la frecuencia del análisis y le dije: -" si le contestara identificado a los didactas de la Internacional le diría que el psicoanálisis es en cuatro sesiones de cincuenta minutos por semana; tres sesiones de cincuenta minutos por semana es psicoterapia psicoanalíticamente orientada". Hice silencio para ver si el periodista enganchaba. Me pregunta: -"¿y dos sesiones por semana?". " ah, no, eso que Dios lo ayude". Yo hago análisis de dos sesiones por semana, cuatro sesiones por semana, tres en un día, gente que viene una vez por mes y tiene varias sesiones cada día, de lo más variado. Propongo intervenciones en el pago, por ejemplo, un paciente que entra en una crisis depresiva que afecta su vida pero necesita mantener una frecuencia, le digo que no podemos disminuirla, me dice que no tiene con que pagar. Le digo "¿cómo no va a tener?". -"Pero le digo que no puedo, tengo que disminuir". -"No, señor, me la paga, esta me paga $1."
La sala de espera pasó también a ser un instrumento de trabajo.
Pero, ¿es esto lo esencial? No, no lo es. Empecé por ahí porque fue algo que tuve que conmover por mi formación kleiniana hasta meltzeriana. Lo esencial fue suspender el goce de comprender. Lo que habitualmente decimos pasar de una práctica del sentido a la lectura a la letra. Hasta que descubrí un gusto sin retorno de esa lectura a la letra. ¿Será ese uno de los goces del analista?.
Todo esto se fue acompañando de una ardua reflexión teórica. La primera parte de mi experiencia personal, en cuanto a la formación, tuvo que ver con la retórica lacaniana que recorrí en el tiempo que leíamos dirigidos por la lectura de Oscar Masotta. Quedó a mi cargo recorrer la formalizaciones de Lacan y descubrir que sin un avance en su lógica era imposible alcanzar el carozo de su enseñanza. Una vez más, vuelvo a agradecerlo en público, tuvimos la suerte de encontrar por fin un matemático que estaba dispuesto a pensar cosas como estas: a = b. Nosotros le preguntábamos: ¿cómo puede ser a = b si a es a y b es b? Los matemáticos me contestaban que funcionaba, que no me preocupara y justamente lo que me preocupaba era eso, que a no es igual a b y sin embargo pongo a = b. Carlos Ruiz nos ayudó a recorrer los textos clásicos de topología, de lógica. Lo demás fue mi esfuerzo. Podrían preguntarme de qué me quejo si también fue mi goce. Es verdad.
Eso duró hasta el momento en que mi lectura de los nudos que fue la última escritura de Lacan produjo nuevos cambios en mi práctica. Me incitó a escribir un libro, "Las intervenciones del analista". También me llevó a darme cuenta que la teoría lacaniana es muy poderosa, que permitía abordar campos en los cuales el psicoanálisis quedaba empantanado porque desconocía la especificidad de la estructura, por ejemplo, en la psicosis, o porque la reconocía y la dejaba aparte. Caía en dos errores simétricos: o se trataba a un psicótico igual que a un neurótico, y entonces era espantoso lo que se hacía con el paciente, o bien se negaba toda posibilidad de intervenir desde el psicoanálisis y los psicóticos quedaban relegados al campo de la psiquiatría. Esta clínica que toma su apoyo teórico, su fundamento de derecho en el nudo, que fue ampliamente desplegada en los distintos trabajos que escuchamos, me llevó a crear la Fundación Brizna, una institución para trabajar con psicóticos y teorizar las intervenciones del analista: el analista interviene en lo Real, en lo Imaginario y en lo Simbólico. Los últimos textos de Lacan donde desarrolla el concepto novedoso de "sinthôme" que va en pareja con el de "père-version" me invitó a repensar, fue lo que propuse en "El prójimo", una nueva vuelta sobre el fin del análisis.
La enseñanza de Lacan también significó cambios en la experiencia del control. En la IPA la palabra control les resultaba molesta, la sustituyeron por super-visión: no hay control mayor que una visión redoblada. Yo prefiero seguir con Freud y llamarla análisis de control. Fue un cambio pasar del análisis del material, que incluía la objetividad del grabador, a tomar en cuenta que lo esencial era la enunciación del analista, cómo dice su experiencia en la dirección de la cura, trabajando esencialmente la resistencia del analista y ayudando a que sitúe del mejor modo su deseo. Todo esto llevó a una investigación sostenida, y que como se dijo, sería mejor que nunca se cierre, del fin del análisis. En el doble sentido del término, a dónde apunta y cuál sería la lógica de un análisis que concluyó. Implicaba poner en cuestionamiento la burocratización del didáctico. La Internacional la resuelve con el cumplimiento de una cantidad de horas. Para cualquier analista es fácil advertir que va a contramano de la estructura. Investigar el fin del análisis y desburocratizar el didáctico implica tocar el lazo entre analistas, porque el didáctico es el análisis de un aprendiz de analista. ¿Cómo propiciar que los jóvenes analistas quieran analizarse sin obligarlos? La propuesta de Lacan fue apelar al deseo, por eso creó el pase que da como premio la nominación. Nosotros aceptamos esa apuesta. Recuerdo, ya conté esta anécdota, que era un dispositivo audaz, tan audaz que tuve necesidad de ir a verlo personalmente y le pregunté cuando estuve con él, -"¿Usted mantiene o no lo del pase porque sus discípulos lo cuestionan?". Me contestó riéndose pícaramente -"Sí, si, lo mantengo, porque como usted bien sabrá, ganar dinero no es una razón suficiente para ser analista". No deja de ser una apuesta fuerte con las dificultades que implica. Y ahí también, permítanme que lo diga, me voy a autorizar en la experiencia de un recorrido, tratemos de no caer en posiciones fundamentalistas, no acorralemos a cada uno de los jurados pidiéndole la perfección, tienen derecho a equivocarse, marcados como todos por la castración, partimos de la confianza en que hacen lo mejor que pueden, yo no lo podría hacer mejor. Algo más hicimos: en tanto que no quisimos constituir una masa artificial, una iglesia o un ejército, nos relacionamos con colegas de otras instituciones y les pedimos que participen de nuestro jurado para dar el máximo de garantía posible de que una nominación no responde a una decisión política.
Con la creación del Lacanoamericano y ahora de la Convergencia, no sólo renunciamos a la iglesia también a la sinagoga. Recuerdo un chiste conocido: Llega un capitán a una isla porque descubre una columna de humo y encuentra ahí a un pobre náufrago abandonado. El hombre muy contento le agradece y el capitán le pregunta : - "Buen hombre, cómo hizo para sobrevivir solo tanto tiempo". -"Es que no estuve tan solo mi capitán, yo soy un hombre piadoso, creyente, ¿ve este edificio? lo hice con mis manos, es una sinagoga".-" Qué bien. ¿Y ese otro edificio que se ve a cien metros?", pregunta el capitán. El hombre le contesta: -"Esa es otra sinagoga que construí, pero a esa no voy nunca".
La novedad, que debo decir, para mí no es inesperada, retomo lo que dije al comienzo, también son veinte años desde que Lacan murió. ¿En qué tiempo estamos?: en el del omelette post-lacaniano, perdonen que lo llame así. Así como Lacan tuvo que hacer el jardín a la francesa con el omelette post-freudiano hoy estamos en el omelette post-lacaniano. Ni bueno, ni malo, que estemos en el omelette quiere decir que hay quienes en el mejor de los casos han recorrido suficientemente los textos de Lacan y tienen ganas de producir algo nuevo, ¡y eso cómo no va a ser bueno!. Y cuando uno quiere producir algo nuevo y bueno, tiene derecho a equivocarse. Pero también tenemos derecho, sería bueno hasta incluso por amor, que ayudemos si alguien se equivoca, a corregirlo, yo a mi vez, agradezco si alguien me puede decir cuando me equivoco, no tenemos por qué ofendernos si discutimos un concepto y decimos o nos dicen que no hay acuerdo con lo que se propone. ¿No sería lo mejor?.
Este omelette post-lacaniano es inevitable, es inherente a los efectos del lenguaje, es inherente a como se desarrolla una estructura y a lo que el sujeto puede hacer ante lo Real. ¿Quién puede responder ante lo Real con certeza? Respondemos con lo que podemos, y cada tanto lo corregimos.
Para concluir quiero decirles que hoy para mí es un día de alegría, primero porque creo que en el tiempo en que vivimos, que el psicoanálisis siga vigente, lo cual depende de cada uno de nosotros, es bueno. Estamos incidiendo para que el sujeto de nuestro tiempo, alguna vez lo nombré contemporáneo, tenga un lugar donde su deseo sea para él algo posible, primero de articular y luego de preguntarse: ¿lo quiero?.
La alegría es también compartir con ustedes las eficacias de una experiencia que valoramos, cuando alguien se encuentra con su palabra, la que hace posible que viva un mundo y quizá por eso anude de otro modo lo imposible del goce.
Voy a concluir con un pequeño poema de una gran poetisa, que se llama Emily Dickinson, que dice así:
" A word is dead/ when it is said, some said./ Y say just begins/ to live that day"
"Una palabra está muerta cuando es dicha, alguien dijo. Yo digo precisamente comienza a vivir ese día."