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PASAJE DE ANALIZANTE A ANALISTA

ANALÍA STEPAK

(*) Jornadas Aniversario "30 años de Escuela (1974-2004)". Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1, 2, 3 y 4 de Julio de 2004.

"Si yo tuviera un deseo en cuanto al nombre póstumo de mi obra, sería el que se pudiera decir de ella que es amiga de la vida aunque conozca la muerte". Thomas Mann

"Todo el mundo sabe que se comienza a ser psicoanalista al fin de un análisis", afirma Lacan en el Seminario del Acto Analítico. Aseveración contundente que nos sitúa ante dos problemas:

—Constatar si dicho comienzo sólo podría ser ubicado al final de la partida.

—Situar a qué se redujo el engaño, la ficción que el S. s. s comporta.

De la profusión de interrogantes que me habitan, de los que puse en juego en mi propio pase, hay algunos que insisten y que quisiera compartir con ustedes.

Si un analizante puede recoger el guante del acto que al final del recorrido lo lleva a devenir analista, entiendo que está en estrecha relación con el hecho de que, cuanto más se acerca al final de la partida, está en posición de resto y devendrá ese objeto a, ese residuo.

En la nota a los italianos, Lacan sitúa al analista, una vez más, en el lugar del desecho, y de esa condición dirá que "lleva la marca y la responsabilidad de haber transmitido un deseo inédito" (1).

"Debe haber circunscripto la causa de su horror, el suyo propio, el de él separado de todos, horror de saber…" (2)

"… si ello no lo lleva al entusiasmo bien puede haber habido análisis, pero analista, ni por asomo". (3)

En cuanto al saber que se pone en juego, no es otro que el: no hay relación sexual.

Si el trabajo de la cura avanzó en la conquista del saber del inconciente, el sujeto, al final de la misma, podrá situar el modo en que esto aconteció: el porqué de ciertos síntomas, el fundamento de alguna de sus elecciones de objeto; seguramente habrá conmovido la fijeza fantasmática que lo habitó y podrá dar cuenta de los efectos que le produjo el encuentro con los distintos objetos pulsionales.

En algunos casos, dicho encuentro habrá generado angustia que, una vez atravesada, dio paso a la emergencia del deseo. En otros, tal vez se encontró con el horror.

Circunscribir el propio horror de saber será tributario del modo singular que, quien ha atravesado un análisis, tuvo en su confrontación con lo real, con el sexo, con la muerte.

Agujero producido en el saber que nos enfrenta al: no hay relación sexual, y nos sitúa respecto de lo imposible.

¿Cómo el ubicarse en el lugar de resto podría entusiasmar? Seguramente en tanto dicho resto funcione como causa, la de cada uno, que dé lugar a que allí haya analista.

Respecto del entusiasmo, considero que el mismo sería la consecuencia de que un duelo finalmente concluye. Es más, me atrevo a proponer que, en algunos casos, cierta connivencia con la muerte ha sido conmovida. Momento apto para "salir del cementerio" (4), ya que ciertos duelos caducaron.

Entonces, los efectos esperados tal vez no sean exclusivamente "deterioros" (5) sino de otro tipo: vinculados con el entusiasmo, con la apuesta a la vida, al deseo.

En relación a la cuestión del S.s.s, considero necesario retomarla.

En un trabajo anterior, al preguntarme por la caída de la transferencia, situaba aquello que, a mi entender, dificulta la disolución de la misma: El insuficiente vaciamiento del amor al padre. Ubico este amor absolutamente ligado a la transferencia.

Relación al saber vinculada al amor, que evita la confrontación con la castración.

Amor incondicional al padre que, luego de ser agujereado, al caer permite que en ese lugar se ubique la causa del deseo. Si el mismo cae, seguramente llevará a interrogar aquello que desde Freud ha sido lo más difícil de asir, pues se resiste a ser analizado: el amor a la madre.

Sin la caída de este amor, no habría final posible. Como el mismo funciona obturando, el sujeto desconoce su causa.

Sólo si algo definitorio, relacionado al saber, queda separado, el objeto a puede situarse como producto.

Atravesar un análisis no será sin el desgaste del S.s.s, sin el vaciado del sentido, puesto que cierne un real que excluye el sentido.

Lacan dirá: "el deseo tiene un sentido pero el amor es vacío" (6).

Conclusión de la transferencia, tiempo en que la presencia del analista deja de ser necesaria; prescripción de una "necesaria presencia". (7)

Momento de concluir que permite encontrarse con las condiciones del deseo, aquel que el amor habría permitido eludir.

De lo que lleva de la posición subjetiva de analizante a analista es posible extraer ciertas inferencias, de hecho, es constatable que casi todos hemos comenzado nuestra práctica sin haber concluido nuestros análisis.

Entiendo que será en la singularidad de cada quien que se podrá ubicar, en su discurso, en su propio análisis, aquello que devino, al final, decisión.

Propongo pensar el pasaje de analizante a analista en movimientos sucesivos, en pasajes que den cuenta, en un tramo final, de que el S.s.s fue reubicado, ya no comporta un engaño pues perdió vigencia. Pasaje que también estará en relación a un acto del cual queda un resto, en tanto el objeto cae. Modo en que se pone de manifiesto un fin no unívoco sino singular.

Si se trata, para ese entonces, de "saber hacer", es de esperar que alguien, si lo desea, pueda dar testimonio de cómo se desembrolló, se desligó de las ataduras de las que estuvo cautivo.

Tarea ardua pero muy reconfortante, portadora de un entusiasmo que permitirá aceptar el desafío de inventar, especialmente si acordamos con que el psicoanálisis no se transmite sino que se inventa, gracias a que esa falta que se llama deseo está encarnada en la castración.

Al final del recorrido, cuando dicha falta se tradujo en S (A), en castración, se pondrá en juego la operación de verdad, en tanto la verdad susceptible de ponerse en juego es la del deseo.

Operación de verdad que pone de manifiesto que el saber pierde consistencia. Seguramente ahí se ubique el pasaje y la pregunta por cómo advino el deseo del psicoanalista.

Acceso que implica necesariamente la barra puesta sobre el Otro.

En cuanto a saber qué "podría ocurrir en el espíritu del analizante" (8) para que el mismo recoja la antorcha y elija sostener un lugar tan poco confortable, o porqué asumir ese "riesgo loco" (9) de convertirse en aquello que el objeto a es, son preguntas que podrían plantearse en la experiencia del pase. Si bien nada lo obliga a ello… salvo su ética, en tanto el analizante que fue, que atravesó la experiencia de la verdad incurable que lo habita y que sigue aún confrontándolo con lo real.

Para finalizar quisiera dejarles una hebra, un resto testimonial:

Me dirijo a mi última sesión de análisis llevando unas láminas que había adquirido en diferentes oportunidades y atesorado convenientemente.

La noche anterior había decidido desprenderme de dos de ellas para dejárselas a quien fuera mi analista, convertidas en cuadros para el consultorio.

Respecto de la primera lámina no tenía dudas, se la ofrezco: era la imagen de un hombre reclinado, pintada en colores neutros. Él acepta el convite, la lámina le gusta y la da vuelta para ver cómo se llama la obra. Luego me da a leer: la pintura se llamaba El hombre invisible. Ambos nos reímos. Efectivamente, ya era invisible.

En cuanto a la segunda lámina, digo que de todas es la que más me gusta. Se trata de una pintura de Dalí que tiene en el centro una figura femenina con la cabeza cubierta por un pañuelo blanco. Su torso está ahuecado, es casi como una ventana, y está sostenido por algo que me parece similar a un bastón.

A través del agujero se puede ver el horizonte y, más al fondo, el mar. Se lo entrego diciendo: "Para mí, este cuadro tendría que llamarse La renga agujereada". Quien fuera mi analista me sorprende rechazando mi ofrecimiento. "La renga agujereada es tuya", dirá.

Finalmente toma otro. Elige una obra de Klimt, no sin antes comentar, como al pasar, que no es gran admirador de ese pintor pero que este cuadro le resulta interesante. En él hay tres mujeres cuyas cabezas se apoyan unas sobre otras y cuyos cuerpos se acomodan con cercanía. Los pies se diluyen en una mata de color. Al girar el cuadro, vemos que se llama Las amigas. Las amigas han sido un sostén invalorable en lo que a mi historia y a mi análisis respecta.

El bastón que sostuvo, y que aludía a la marca de la pata —vinculada al nombre propio—, había trocado, en el segundo cuadro, en los pies de las amigas diluidos en una mata de color.

Ver a través de un cuerpo ahuecado, en el fondo, el mar, recorta otra geografía que abre a nuevos horizontes.

En cuanto a La renga agujereada, el agujero en el cuerpo del Otro primordial, mi madre, eso tenía que quedar, sin duda, de mi lado.

La oportunidad es privilegiada para el festejo de estos treinta años de escuela, momento de elevar la copa y brindar con los amigos.

NOTAS:

(1) Jacques Lacan, de La nota italiana (fichas de la E.F.B.A).

(2) Ibid anterior.

(3) Ibid anterior.

(4) Me encuentro con este término en un texto de Sara Glasman, Un funcionamiento que innova, revista Conjetural N° 33, término con el que coincido plenamente.

(5) Jacques Lacan, sobre la experiencia del pase, 1973, Ornicar? Editorial Petrel.

(6) Jacques Lacan, Seminario XXIV, L´Insu…. Versión para circulación interna de la E.F.B.A.

(7) Término que utiliza G. Pomier en su libro Desenlace de un análisis.

(8) Jacques Lacan, seminario XXV, Momento de concluir. Versión para circulación interna de la E.F.B.A

(9) Jacques Lacan, Sobre la experiencia del pase, 1973, Ornicar? Editorial Petrel.

BIBLIOGRAFÍA

Lacan Jacques, Seminario XV, El acto analítico. Versión para la circulación interna de la E.F.B.A.

Lacan Jacques, Proposición del 9 de octubre de 1967, Ornicar? Editorial Petrel.

Lacan Jacques, Sobre la experiencia del Pase, Ornicar?, 1973. Editorial Petrel.

Lacan Jacques, Seminario XXIV, L´Insu... Versión para la circulación interna de la E.F.B.A.

Lacan Jacques, Nota italiana. Ficha de circulación interna de la E.F.B.A

Lacan Jacques, Seminario XXV, Momento de concluir, clase del 10 de enero de 1978.

Lacan, Jacques, L´Etourdit. Suplemento de las notas 1 (E.F.B.A).

Safouan M., Lacan y la formación de los analistas. Editorial Paidós.

Safouan M., La transferencia y el deseo del analista. Editorial Paidós.

Vegh Isidoro, Seminario El deseo del analista, clase del 27/11/2001. Ficha de la E.F.B.A

Domb Benjamín, Seminario El deseo del Analista, clase del 18/12/2001. Ficha de la E.F.B.A

Meroni M. Carmen, Seminario El deseo del Analista, clase del 23/04/2002. Ficha de la E.F.B.A

Pomier G., El desenlace de un análisis. Editorial Nueva Visión.

Ferreira N., Apariencia, presencia y deseo del analista. Ed. Kliné.

Glasman S., Un funcionamiento que innova, Revista Conjetural N° 33.

Safouan M., Clavreul y otros, Ficha del Congreso de la E.F.P, 1 al 5 de noviembre de 1973.

Stepak, Analía, De Ausencias, vacíos y restos. Trabajo presentado en la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis, Tucumán, octubre de 2003.