Seminario: PULSIÓN – OBJETO – FANTASMA

Segunda Reunión (Mayo de 2002)

Analía Stepak

(*) Seminario de la Escuela Freudiana de Buenos Aires; 2002.

En nuestra invitación nos propusimos metas tal vez ambiciosas lo que, en principio, no estaría nada mal para un analista. Proponíamos allí recorrer y articular las cuestiones que nos permitan poner de relieve la estructura de la pulsión, su incidencia en el fantasma, su montaje y su recorrido en el curso de una cura, o tal y como se nos presenta en la clínica.

Por otra parte, recordábamos la afirmación lacaniana respecto de que "la pulsión es el eco en el cuerpo de un decir". Un decir que no será indiferente para el sujeto, que da cuenta de qué modo ha sido deseado, hablado, nombrado el mismo.

Es en el encuentro de esas palabras y su cuerpo donde se esbozará algo que hoy nos gustaría subrayar como del orden de "La pulsión".

Decir del Otro, que perfora, delinea, marca y se entromete por todos los agujeros, bordes del cuerpo impactados por la demanda del Otro, que a su vez constituye dicho cuerpo.

En principio podríamos decir que es la madre quien hará de un cuerpo un cuerpo libidinizado, pero es la pulsión la que recorta, con sus recorridos, el mismo.

Retomaremos, para empezar a desplegar lo que nos proponemos, los textos freudianos, en especial Pulsiones y sus destinos, de 1915 para luego, y a medida que nuestras reuniones avancen, articularlo con las formulaciones de Lacan.

Como sabemos, un analista escribe a partir de los interrogantes que la clínica le va planteando. Freud despliega su texto Pulsiones y sus destinos inmediatamente después de haber conducido el análisis del hombre de los lobos (1910-1914). En dicho texto sitúa en primer término lo que define como pulsión: "Concepto límite entre lo somático y lo psíquico".

Es así que también va a nombrar a la pulsión como "El representante psíquico de las fuerzas somáticas". En artículos posteriores a 1915 Freud va a diferenciar pulsión y representante psíquico; un ejemplo de esto es cuando en su artículo sobre Lo inconsciente, afirmará: "Una pulsión nunca podrá pasar a ser objeto de la conciencia, sólo puede serlo la representación que es su representante".

Mudez de pulsión, que será material que podamos cernir en tanto representante de la representación (no por ejemplo "representante representativo", como se lo consideró confusamente en distintos textos).

VORSELLUNGREPRÄSENTANZ, "representante de la representación del Otro", podríamos agregar.

Mientras la pulsión se presenta muda, apremiante, lo que aparece para el sujeto es la significación que al mismo le llega del Otro. La pulsión no es algo natural para el sujeto que habla. Un niñito no nace ni comilón ni mirón, por ejemplo, será el Otro quien dirá "Mirá!! Come!!", Otro que habita al sujeto.

Y en tanto lo habita hace que el mismo opere desde allí o se fije en un goce a veces mortífero.

En principio querría rescatar la diferencia que se nos plantea entre el término utilizado por Freud para nombrar la pulsión, TRIEB, y el que él menciona como INSTINKT (instinto). Sostener esta diferencia también habla de nuestra concepción acerca de la cura. Strachey, en su versión inglesa de la Standard Edition, traduce ambos términos como "instinto", sin embardo cuando Freud habla de instinto se trata generalmente a algo referido al reino animal o al instinto biológico.

TRIEB, en cambio, da cuenta de cierta relación del sujeto al lenguaje. Vertiente de la pulsión, que se caracteriza por su apremio.

Freud repite una y otra vez que el estímulo pulsional no proviene del mundo exterior sino del interior del propio organismo. Por otro lado, distingue entre un estímulo fuerza que opera de un solo golpe, y una pulsión que actúa como fuerza constante. A pesar que preferiría utilizar la traducción del término presión constante: como DRANG. No hay huída posible contra ella, este empuje, pensado como DRANG me parece nos da mayor precisión.

La presión constante viene a subrayar una vez más que no hay objeto que colme, que satisfaga dicho apremio.

Freud dirá que, en relación a ciertos estímulos, el sujeto puede sustraerse mediante una acción muscular, pero no es así en relación a la pulsión.

La palabra TRIEB se menciona en 1905, en tres ensayos como pulsión sexual (es allí donde establece que la libido es una expresión de la pulsión sexual). El punto de modificación en relación a las pulsiones que podríamos nombrar como determinante, podemos leerlo en 1920, en Más allá del principio del placer, texto en el cual Freud plantea la cuestión de la pulsión de muerte.

Volviendo al texto Pulsiones y sus destinos, de 1915, subrayaremos hoy los cuatro términos planteados en relación a la pulsión:

    1. DRANG (PRESIÓN, esfuerzo), su factor motor. "La medida de exigencia de trabajo que ella representa".
    2. FIN (META, ZIEL): La meta, cuyo fin es la satisfacción.
    3. OBJETO (OBJEKT): Es lo más variable en la pulsión.
    4. FUENTE (QUELLE): La zona erógena (Parte del cuerpo)
  1. DRANG: Presión o fuerza constante. Si la fuerza es constante ya nos indica cierto punto a interrogar: el hecho que la presión no ceda, subraya que la pulsión no es natural (y, por ejemplo, no se trata de una presión como podría ser el hambre o la sed, que una vez satisfechos bajarían su nivel de intensidad).
  2. Presión constante que emerge del interior del cuerpo y es imposible detener. Decíamos con Freud: es algo que produce cierta acción.

    Por otra parte cabe recordar que Freud subraya una y otra vez el carácter activo de la pulsión y nos propone como pulsiones lo oral y lo anal; Lacan va a agregar pulsión invocante y pulsión escópica (la voz y la mirada).

    Es preciso que recordemos, en relación a dichas pulsiones, su condición de pulsiones parciales, que remiten a una operación específica, por ejemplo, en la pulsión escópica: mirar.

  3. EL FIN: En principio quisiéramos subrayar que su fin no es de ningún modo la apropiación del objeto. A partir de lo propuesto por Lacan, nos queda claro que Fin es su retorno en circuito, éste ir y volver de la pulsión daría cuenta de su carácter circular, de su recorrido, su tour.
  4. OBJETO: Es Freud quien en primer término subraya que ningún satisfará jamás ninguna pulsión. Podríamos para esto, situar como ejemplo de pulsión oral el citado por el mismo: unos labios que besan su propia boca, objeto no aprehensible, que debiera ser contorneado. Objeto que no tiene que ver con la necesidad, ni con saciar la misma, tal como se plantea en el ejemplo de Freud, en el que un niñito que ha comido y, a posteriori de la mamada sueña, alucina, el seno (En la pulsión oral está claro que no se trata solo del alimento). Por esto nos interesa rescatar el hecho de que en la pulsión, el objeto resulta indiferente.
  5. FUENTE/ZONA ERÓGENA: por lo general coincide con el órgano. Puntos que tienen estructura de borde, tales como el orificio de la boca o el ano; igualmente las órbitas oculares para la pulsión escópica. Hablamos así de seno, de las heces, de la voz y la mirada, lugares de pérdida ligados a orificios. Freud, al referirse a la fuente agrega en varias oportunidades "fuente somática". En dicha fuente, allí donde se gesta suele ser el lugar donde se disfruta.

 

Mientras plantea los cuatros términos que definen a la pulsión, Freud también subraya un concepto que nos será de crucial importancia: el de fijación, del mismo dirá que se trata de: "Un lazo particularmente íntimo de la pulsión con el objeto".

La fijación nos indica que hay un goce del cual el sujeto no puede sustraerse, que se instala, que habita y motoriza, y a su vez depende de la posición fantasmática del sujeto.

Es así que será necesario en la cura interrogar dicha fijación para que la misma pierda su consistencia tanto como contornear los objetos uno a uno; no alcanzará con recortar sólo alguno de ellos para que el sujeto pueda relanzar su posición deseante y redistribuir su goce, sino que será indispensable el recorte y la caída de cada uno de los objetos a los cuales el sujeto se fijó con características particulares.

Hablamos hasta aquí de cuatro términos de la pulsión que se combinarán en cada sujeto de un modo singular, intentaremos desplegar la cuestión del montaje pulsional en tanto estos cuatro elementos se combinarán para cada sujeto singularmente, al modo de un montaje, de un collage surrealista, dirá Lacan.

Freud, además de estos cuatro términos, nos aporta cuatro destinos posibles para la pulsión:

    1. Transformación en lo contrario (da como ejemplo la acción activa de mirar, transformado en ser mirado).
    2. La vuelta contra sí mismo (toma al masoquismo como un sadismo vuelto contra el yo).
    3. La represión.
    4. La sublimación.

Cuando toma como ejemplo la actividad de ver, Freud da cuenta de la pulsión y sus reversiones, VER-VERSE, hacerse-ver. Reversiones que sin duda nos permitirán más adelante situar una gramática pulsional a diferencia de una lógica que representaría al fantasma.

A su vez, Freud plantea en relación a la actividad de ver, tres etapas; tres tiempos, podríamos proponer. Lo que es especialmente novedoso es que cuando nos presenta este tercer tiempo plantea "La inserción de un nuevo sujeto", es decir un "nuevo agente", agregará al pie de la página, en el texto Pulsiones y sus destinos.

¿A qué podría referirse esta inserción de un nuevo sujeto o nuevo agente al final de este recorrido pulsional? ¿Es que acaso antes de esta emergencia no había sujeto?

También Lacan retoma la cuestión de un nuevo sujeto y resitúa lo planteado por Jones en relación a la cuestión de la aphanisis cuando sugiere que: no hay aphanisis del deseo, tal como Jones proponía. En ningún momento podríamos hablar de aphanisis de deseo. Quien está en aphanisis es el sujeto, algo así como borrado, eclipsado, desvanecido en el Otro que comanda, entonces no se trataría de aphanisis del deseo, sino que el deseo que se presentifica, es el deseo del Otro con su insistencia atronadora, mientras el sujeto permanece acéfalo en su deriva pulsional, sacrificándose, a veces pagando con un pedazo de su cuerpo, con tal de que el Otra consista.

Deseo, podríamos subrayar, en este punto, hay siempre, pero cuando comanda la pulsión, el deseo del sujeto está aplastado, mientras el deseo del Otro insiste sin límite.

Una y otra vez tendremos que subrayar que cuando hablamos de pulsión nos referimos a pulsión parcial, parcial respecto de la totalidad del individuo, parcial también en relación a la función fisiológica, dicha parcialidad se hace notar relación a un objeto: en tanto no hay ningún objeto que se satisfaga a la pulsión.

La pulsión sexual, es tomada en el sesgo de su parcialidad. No hay ninguna chance de totalidad ni de totalización: son pedazos desprendidos del cuerpo del Otro, de lo que se trata en la pulsión.

Sin embargo, y en relación al amor, Freud nos propondrá: "Somos reacios a concebir el amar como si fuera una pulsión parcial de la sexualidad entre otras, más bien quisiéramos discernir en el amar la expresión de la aspiración sexual como un todo".

Si bien el amor lo lleva a Freud a proponer la totalización, sin embargo cabe subrayar que es él quien propone, al amor ligado al concepto de narcisismo: ¿Qué se ama?, ¿cuál es el objeto de amor? Sin duda amar está ligado al Otro, pero en primer término está ligado al narcisismo, en tanto se ama conforme a lo que uno quisiera ser, a lo que uno es o a lo que uno fue, o sea que para Freud el amor concierne al narcisismo.

Si el objeto se pretende "total", estamos en la dimensión del amor. De ningún modo hablamos de lo mismo cuando hablamos de las pulsiones y sus destinos. Diferente a la dimensión del amor en tanto totalizadora.

Toda pulsión es por definición pulsión parcial. Ninguna pulsión representa la totalidad de la SEXUAL STREBUNG (tendencia sexual), aunque Freud evoque esta tendencia en relación al amor.

La sexualidad es polimorfa y aberrante. Se realiza sólo por la operación de las pulsiones en tanto son parciales respecto de la función biológica de la misma. Se pasará de una pulsión a otra por el efecto de la intervención de la demanda del Otro, no por un criterio evolutivo; es la madre quien demandará al niño "comé" o indicará el momento del control de esfínteres.

No existe ninguna relación de engendramiento entre una pulsión y otra, lo cual indica que no se pasa de una pulsión a otra espontáneamente, sino fundamentalmente a partir de la demanda del Otro.

Lacan nos propone un algoritmo

S à D Lo nombra como el lugar de la pulsión. Se trata en dicho algoritmo de un sujeto barrado, dividido, en relación a la demanda del Otro. Cabe recordar que hay un goce en relación al Otro que está perdido, que es lo que a su vez lo salva al sujeto, de quedar totalmente atrapado.

En tanto la demanda se funda en el campo del Otro, se entiende la diferencia que plantea Freud entre INSTINKT y TRIEB.

Nos preguntamos también por este apremio, aquel que hace que en la clínica, frente a un sujeto atrapado en un goce mortífero, se ponga en juego hasta qué punto no puede parar, o el motivo de una profunda fijación a algún objeto pulsional; para el caso podríamos tomar como ejemplo la pulsión oral: no puede parar de comer, aunque los efectos sean letales. Enloquecimiento pulsional que podrá ser leído en el curso de la cura como deseo del Otro que apremia y acorrala, que aún no fue interrogado, mucho menos articulado. Interrogación que si un análisis efectiviza quedará del lado del sujeto, articulando el deseo del mismo y su relación con los objetos que causan dicho deseo.

Lo imperioso en relación a la pulsión es la significación que le llega del Otro.

La pulsión se fija a un representante, no se trata de la impronta de los objetos del mundo (es el representante de la representación del Otro).

En La lógica del fantasma, Lacan dice: "La pulsión no es el inconsciente" (el inconsciente es el lugar del deseo, deseo del Otro).

Lo que pone en funcionamiento estos agujeros es la demanda del Otro. La anorexia sería un ejemplo de una demanda sistemática satisfecha que arrasa el deseo (quiere un poco de "nada", dirá Lacan).

Sabemos, a partir de Freud, que la presencia del analista desencadenará el movimiento pulsional, también que pulsión e inconsciente se articulan pero también se diferencian.

Si bien sabemos que la pulsión preexiste al sujeto, será en el análisis que emerge un sujeto como efecto ahí donde en principio sólo había demanda del Otro. Demanda de la madre situando el deseo del sujeto, sujeto que una vez que pueda recorrer en el análisis la serie de las demandas que lo habitan, se encontrará al final del recorrido con la castración.

Se tratará en un análisis de interrogar el goce instituido por la pulsión, sin olvidar, que no hay goce sino del cuerpo.

Será así que todo corte que se produzca dará cuenta de qué modo, incide el significante en el cuerpo y a su vez, el modo en que el objeto se desprende del mismo, liberando al sujeto.

Lacan inventa el objeto a como ese objeto separado que bien podría ejemplificarse con el famoso ejemplo winicotiano de la frazadita, del "objeto transicional" (precursor del objeto a), modelo de una primera sustracción de goce que el niñito ejerce en relación al Otro, como modo de sostenimiento del deseo propio, bajo el investimiento de un objeto como objeto separado.

Será este objeto a el que nos permitirá, si avanzamos en su conceptualización, ubicar aquello que será para el sujeto la causa de su deseo.

Interrogar la posición del sujeto singular en relación a su fantasma y a su vez su vinculación con el objeto, será nuestro propósito en las reuniones que prosiguen.