LA FEMINEIDAD

Analía Stepak

(*) Taller de la EFBA. Escuela Freudiana de Buenos Aires; 1998.

Ella se abandona por sí misma

Al destino que se propone.

Consiente en ser una reina,

Consiente en ser una prisionera.

Depende de lo que él desee, que ella sea

Marguerite Duras

La femineidad en tanto enigma se perfila ya en los primeros textos freudianos. En 1905, en tres ensayos, Freud nos propone que la vida sexual del hombre es "asequible a la investigación", mientras que la de la mujer "permanece en una oscuridad impenetrable".

Enigma de la femineidad que interrogó tanto a hombres como a mujeres y hoy nos interroga una vez más: Was will das Weib? ¿Qué quiere una mujer? Atizan el deseo de los hombres, convocan su mirada, pero ¿qué quieren?

Pregunta freudiana por excelencia que en el texto de Freud nos confronta con un tope allí donde el deseo de pene se sustituye por el deseo de hijo, y la maternidad daría resolución a la femineidad normal.

No será el penis neid la roca ante la cual se detendría una mujer, al final del recorrido de su análisis, ni tampoco la maternidad aquello que resuelve la pregunta por la femineidad.

Me gustaría subrayar algunas características inherentes a la femineidad que Freud afirma y no estaría de más cuestionar:

Muchas mujeres (por su fuerte ligazón a la madre) han elegido a su marido según el modelo del padre y repiten con él la mala relación que tenían con la madre.

Son vanidosas y narcisistas; se aman a sí mismas con la misma intensidad que el hombre que las ama, y sólo invisten libidinalmente a sus productos: sus hijos, aquellos que han sido parte de ellas mismas.

La vergüenza es considerada una cualidad femenina por excelencia (en parte se debería al propósito de ocultar el defecto de sus genitales).

Poseen menor sentido de la justicia.

Sus intereses sociales son más endebles que los del varón.

Y si bien remarca (que hasta ese momento) habían brindado escasas contribuciones a los descubrimientos e inventos de la cultura, son reconocidas como inventoras del tejido y del trenzado.

De algunas se nos dice que en su matrimonio no pararán hasta hacer de su marido un hijo y "actuar la madre respecto de él".

Finalmente quisiera subrayar con énfasis una última afirmación Freudiana: "El masoquismo es auténticamente femenino" (Las mujeres sofocarían su agresión, favoreciendo que se plasmen en ellas tendencias masoquistas, susceptibles de ligar eróticamente las tendencias destructivas vueltas hacia dentro). Freud comparte estos criterios con H. Deutch y nos remite a su lectura; la misma nos propondrá que algunas mujeres asocian el placer con el dolor y remarcará una vez más que habría cierta tendencia femenina a la pasividad y al masoquismo.

La ausencia de un órgano activo las haría pasivas y masoquistas, en relación a la madre y su fuerte dependencia con ella.

¡Menudo problema! ¿Narcisistas y además masoquistas? Por suerte podemos acudir al mismísimo Freud para cuestionar esta idea. Cuando en 1924 despliega este tema en "El problema económico del masoquismo", él mismo dirá que el masoquismo femenino es el menos enigmático de los tres (masoquismo erógeno y masoquismo moral).

Masoquismo femenino que remite a fantasías que ponen a la persona en una situación característica de la femineidad:

Ser castrado.

Ser poseído sexualmente.

O parir

Serían fantasías masculinas que apuntan a la vida infantil.

Idea que retomará Lacan, cuando plantea en el seminario de la angustia: "El masoquismo femenino es un fantasma masculino". Primera dificultad a situar, ¿son o no son masoquistas? ¿Dónde ubicar la diferencia?

Un masoquista se presenta como andrajo humano, en posición de objeto, buscando el goce del Otro, posición que adopta bajo el beneficio de un goce, que quedará bien explicitado por una maniobra que toma la forma indispensable de un contrato. Lacan, en el seminario XIV de la "Lógica del fantasma", propone:

"El masoquismo femenino, deviene una verdadera subversión de la empresa masoquista, dado que la mujer no tiene justamente ninguna vocación para cumplir ese papel."

Ella ni goza por contrato, ni apunta al goce del Otro, y si bien hace semblante de objeto a, no es allí donde goza. Se ofrece, da a ver, pone en juego la mirada, en tanto lo que da a ver es siempre lo que no hay, es por eso que "ella deviene lo que ella crea", hace de su vacío un objeto conveniente para él, también para ella, dado que si puede avanzar accederá a un goce más allá del goce fálico: goce suplementario.

Nadie podrá negar que ella se tienta, tentando al otro, como Eva a Adán en el Paraíso, proponiéndole que consuma algo, un objeto del cual él no tenía necesidad, será que en tanto lo tienta, despierta su potencia, posibilitando que él la aborde como objeto a causa de su deseo.

Aclarado el primer punto atinente al masoquismo, nos interesaría situar una segunda cuestión: ¿Cuál será el valor de la mascarada femenina? A él le corresponderá la impostura (finalmente los patos Vica siempre son hombres) y a ella le es inherente "el disfraz", nos recordará Lacan. Portan joyas, circulan, se pintan (como los indios a la guerra, van pintadas).

Inventora del tejido y del trenzado, teje alrededor de una ausencia un borde posible, propicio para que el partenaire acuda. Da a ver de un modo tal que devela pero a la vez oculta su falta, da a ver veladamente lo que hay: una falta, cubierta por la mascarada o el disfraz, que no es desdeñable en tanto quitaría el horror que produce la cabeza de medusa. Mascarada propiciatoria, que en principio aplacaría la angustia o el horror, y en tanto se avanza, la misma deberá caer.

Que una mujer se ofrezca entonces al deseo de un hombre, en posición de objeto a, no necesariamente implica estar al servicio del otro en posición sacrificial, como la histérica, ni en posición masoquista.

La mascarada será en parte la forma en que usa su brillo fálico, pero tendrá también un lugar privilegiado en relación a lo que atañe a avanzar en un goce que le es propio. Es porque no tiene el falo que toma de él su valor privilegiado, así podrá devenir "eso de lo cual se goza". Cabría preguntarse aquí si ella goza de su posición de objeto.

Lacan en la tercera viene en nuestra ayuda al proponernos: que para ser semblante de objeto a, las mujeres tendrían que tener "condiciones", más aún, nos dirá:

"Que en ocasiones la mujer sea objeto a del hombre, no significa para nada, que sea de su gusto serlo.

Pero en fin, son cosas que suceden, sucede que ella se le asemeja naturalmente".

Si soporta ofrecerse de este modo al deseo de un hombre, quien apuntará en su cuerpo a un objeto, seno, voz, mirada u otro objeto, en tanto él la desee, tal vez puede ella acceder a un goce propio, que excede al goce fálico, Lacan nos recuerda en Encore, que no a todas les sucede... también nos dirá que al hombre, el falo, le hará de obstáculo, de lo que goza es de su órgano. Una vez más se pondría sobre el tapete que no hay encuentro ni complementariedad posible, que "no hay relación sexual" poniendo de manifiesto la heterogeneidad radical entre el goce de ella y el de él.

Por último me interesaría abordar, en relación a esta temática, una tercera cuestión:

No hay La mujer, hemos aprendido con Lacan, que ella sólo puede escribirse tachando el La, por esencia ella no toda es.

Será así que en la conferencia de Ginebra propondrá: Que la mujer no existe. Hay mujeres, dirá, pero "la mujer", es un sueño del hombre. En tanto, como decíamos, ella se define por el "no toda", no se presta a la generalización.

Que ella sea el falo no es más que un espejismo erótico que desaparece tan rápidamente como cualquier espejismo.

Un hombre, al creer abordarla a ella, abordará en el mejor de los casos al objeto a causa de su deseo, única chance para gozar del cuerpo de una mujer, perversión polimorfa mediante.

También es interesante para concluir situar un comentario de Lacan en la conferencia de Ginebra: "No dije que la mujer es un objeto para el hombre. Muy por el contrario, dije que es algo con lo que nunca sabe arreglárselas. Jamás deja de meter la pata al abordar a cualquiera de ellas, o bien porque era justamente la que le hacía falta, pero jamás se percata de ello sino après coup, retroactivamente".

No con todas le va bien, algunas no consuenan con su inconciente.

A partir de estas tres cuestiones me interesaría dar lugar a la discusión y las preguntas.