¿Dónde está el objeto "a"? (1)

Viviana San Martín

(*) Trabajo presentado en el Panel: "El fantasma y el objeto a", junto a Osvaldo Couso, Rubén Goldberg y Héctor López , en las Jornadas de Lazos, Institución Psicoanalítica, el 26 de octubre del 2002, en el Colegio Nacional de la ciudad de La Plata.

"Carne de mi abstracto amor cautivo, / Sea la muerte de mí en que yo revivo; / Y tal cual fui, no siendo nada, sea". Fernando Pessoa ( "El último sortilegio")

Lacan considera al "objeto a", como su único invento. Éste invento suyo, ¿en qué cambia la clínica freudiana?.¿ Qué consecuencias tiene para la dirección de la cura ? . Y sobre todo: ¿dónde localizarlo?.

El "objeto a" nos lo presenta cuando está construyendo el grafo del deseo (2), en la escritura de la fórmula del fantasma; pero donde se aboca a cernirlo es en el Seminario de la Angustia (3). Allí nos indica que es por el sesgo de la angustia que se torna posible hablar del objeto a, en tanto ella es su única traducción subjetiva. Lo que condensa en el aforismo orientador: "la angustia no es sin objeto". También allí nos presenta la función del objeto a como causa del deseo. Recorreré algunas preguntas en relación a su localización tomando como modelo fundamentalmente el esquema óptico tal como lo completa en el Seminario 10. (4 y 3).

¿Está adelante o atrás?

Intuitivamente, se tiende a ubicar el objeto del deseo adelante como la zanahoria que tratamos de alcanzar. Su invento, lo propone justamente para rectificar esta idea a la que caracteriza como un espejismo.

Para operar esta rectificación, rescata del arcón filosófico la función de la causa para darle un estatuto que no tiene nada de metafísico. Y es allí donde ubica el objeto a: no adelante, sino detrás del deseo, como su causa.

Recordemos el cuadro de la división del sujeto que allí construye y retoma una y otra vez:

A S

S/ A/

a

La cuestión parte del Otro: como en el aprendizaje escolar de la operación de división, propone la pregunta de inicio: en A ¿cuántas veces entra S?. El Otro y el Sujeto los escribe sin barrar, por lo tanto, nombra un tiempo mítico.

Para que el sujeto advenga a la existencia , es necesaria su inscripción en el campo del Otro que lo pre-existe. Esta inscripción supone una condición: que al Otro le haga falta su llegada. De ser así recibido, el sujeto se inscribe en el campo del Otro como sujeto barrado por el significante y el Otro es introyectado con su falta, situada por la eficacia del Nombre del Padre, lo que constituye el inconsciente del lado del sujeto: A/(A tachado). Pero de esta operación de división queda un resto que no es significante: el objeto a, que es lo que se presenta como "lo perdido" irremediablemente. El objeto a muestra esa parte de nuestra carne que necesariamente resulta tomada en la máquina formal del significante y se torna para siempre irrecuperable. Allí anida su función de causa del deseo.

Sin embargo, esta relación del sujeto con el significante requiere del fantasma para darle un marco al deseo: en la vertical izquierda se lee: S a (letras de la fórmula del fantasma). Allí el sujeto se relaciona con este objeto a, plantea su estrategia respecto de él dentro de este marco, recuperándolo imaginariamente a través de un señuelo. Objeto con cobertura imaginaria que le permite abordar en la escena del mundo la búsqueda del objeto subrogado. En efecto, la ley del deseo se estructura según la lógica del fantasma, cuya localización del objeto con demarcación fálica permite recuperar el goce según su ley(5). La condición es que el goce absoluto del Otro mítico se pierda. Por eso Lacan nos dice: "La castración quiere decir que el goce debe ser rechazado, para poder ser alcanzado en la escala invertida de la ley del deseo."(6). La única posibilidad de que el Otro exista es que goce. Cuando el sujeto le restituye al Otro el objeto de goce con su señuelo, le da existencia. Así el sujeto suspende la existencia del Otro de una garantía que falta, pero que le permite maniobrar con ella. Pero en realidad, el Otro no existe porque le falta el significante que daría respuesta al ser del sujeto: S (A/) (se lee Significante del Otro barrado, en forma vertical, del lado derecho)

¿Está adentro o afuera?

Lacan se ve llevado a apelar a la topología, fundamentalmente al cross-cap y a la Banda de Moebius, más adelante a la geometría proyectiva (7), para abordar esta pregunta. ¿Por qué?. Fundamentalmente, para situar que el campo espacial del objeto a, no es el campo del objeto común. Afirma: "La castración no está en el campo operatorio del objeto común". (3)

¿Cuál es este campo?. El campo operatorio del objeto común es el que se instituye a partir del estadio del espejo.

En cambio, el objeto a, es pre-especular. Lacan propone al objeto a en un exterior anterior a toda interiorización. Es un exterior pre-especular, anterior a que el sujeto se capte en el lugar del Otro como forma especular, lo que introduce para él la distinción entre un yo y un no-yo. La noción de causa pertenece a ese exterior, a ese lugar del objeto antes de toda interiorización.

Antes del estadio del espejo, los objetos pulsionales, constituían el cuerpo en zonas erógenas de satisfacción, momento del autoerotismo donde Lacan aclara que al sujeto no le falta el mundo exterior, que hablaría de una oposición adentro-afuera que todavía no existe, sino que más bien "se falta de sí". Allí lo que reina es el desorden de los objetos a.

A partir del estadio del espejo, el niño se identifica con la imagen especular falicizada por el deseo materno, lo que le otorga una unidad imaginaria ,virtual, que lo unifica y a la vez lo enajena al campo del Otro. Cuando surge esta imagen los objetos pulsionales se convierten en resto. Los pedazos del cuerpo original son o no tomados, aprehendidos en el momento en que la imagen del cuerpo, i(a) en el esquema óptico, tiene ocasión de constituirse. Se produce la ilusión, necesaria, de que lo imaginario contiene lo real y que lo real puede situar lo imaginario(4). Allí estos objetos pulsionales se prestan a cumplir la función del a, en tanto representan una parte de su cuerpo que se desprende de la totalidad imaginaria y que el sujeto considera un pedazo esencial de sí mismo. El neurótico hace de los objetos caducos, objetos parciales respecto de la totalidad que representa la imagen especular. A la vez, constituyen una reserva libidinal, lo más profundamente narcisista, núcleo de intimidad. Pero si estos restos se presentifican, la imagen se fragmenta y hay angustia. Por otro lado, el niño va conquistando otros objetos, por equivalencia imaginaria con los pulsionales, que son objetos de los que se va apropiando en su relación transitivista con el semejante. En efecto, el transitivismo implica que dada la indiferenciación con el semejante, se da el despertar del deseo por el objeto del deseo del otro. La rivalidad no es prueba de la lucha por el objeto, sino que da cuenta de la identificación especular con el semejante. En la medida en que según la lógica especular, "yo es otro", se introduce como mediación con él un común objeto que es un objeto de concurrencia, un objeto cuyo estatuto partirá de la noción o no de pertenencia: es tuyo o es mío. En este campo hay dos clases de objetos: los que se pueden compartir y los que no. Los que se pueden compartir implican concurrencia y rivalidad con el semejante, son objetos cotizables, de intercambio. En cambio, los objetos pulsionales, que luego serán equivalentes del falo, no. Si llegan a aparecer en ese campo, aparece la angustia, porque implican la fragmentación de la imagen. Los objetos pulsionales son objetos anteriores a la constitución del objeto común, del objeto comunicable, del objeto socializado. La institución del plano del objeto común, hace que para el infans empiece a jugar lo imaginario y lo real y comience así la conquista del mundo humano. El niño se precipita en una serie de equivalencias, en un sistema donde los objetos se sustituyen unos a otros, y va apropiándose así de objetos cada vez más elaborados. Accede a contenidos cada vez más ricos y también puede establecer la relación continente-contenido entre dichos objetos, reflejo de su recién conquistada imagen corporal con un núcleo: el a. Se identifica a su imagen, se aliena en ella y la impone al mundo. Este es el mundo del espacio común. Por el contrario, cuando el niño no accede a la forma especular, como en el caso Dick de Melanie Klein, los objetos del mundo, incluida la analista, no le dan ni frío ni calor, porque el Otro no se ha ofrecido como soporte para su identificación especular.

¿A la izquierda o a la derecha?

¿Qué cosa hace que una imagen especular sea distinta de lo que representa?. Que la derecha se convierte en la izquierda e inversamente. La imagen especular, con relacón a lo que ella duplica, es exactamente el paso del guante derecho al guante izquierdo. En cambio, el objeto a, no tiene imagen especular. Por eso Lacan apela aquí a la topología: la Banda de Moebius efecto de un corte del cross-cap, es el objeto: algo que no tiene derecho ni revés, que no es una superficie como el guante. No hay conversión de derecho a izquierda en el objeto a.

Los objetos a se irán transmutando a partir de la eficacia del falo, es decir, de la castración, hasta la constitución del fantasma que permite hacer puente hacia la realidad para hallar el objeto subrogado. ¿Cómo?. A través del espejo del Otro. Pero teniendo en cuenta que el espejo no es solamente aquel en el cual emerge la jubilosa asunción de la imagen especular, sino también el que conforma el espacio en el cual, en el campo del Otro, "aparece" el lugar vacío que inscribe la castración: lo que Lacan designa como menos fi. El objeto, lo que falta, es no especular, no es aprehensible en la imagen, pero está representado en la imagen por el menos fi, escritura del borde real en lo imaginario. Como los objetos a no tienen imagen especular, en el espejo del Otro su lugar debe aparecer como un blanco. Así se produce la coordinación del objeto con su falta en el lugar del Otro, resorte mismo de la eficacia de la transferencia. La transferencia así no es sólo repetición de lo traumático, sino que también tiene algo actual: amor en lo real. El espejo del Otro puede ser puesto en relación a la propia imagen, i´(a) en el esquema óptico, y entre ambos puede jugar esa oscilación comunicante que Freud define como la reversibilidad de la libido del cuerpo propio al objeto. Por eso Lacan dirá: desear al A no es más que desear el a. A la pregunta del comienzo, respondemos que en el análisis, si la transferencia funciona, el a está en el analista, si sostiene con su presencia el semblante de la causa del deseo, si es pantalla que guarda el a.

En el caso Dora: ¿dónde se localiza?

¿Dónde está el objeto del deseo, de manera que se explique su posición antes de la escena del lago y después?. Si el objeto no es el Sr K, ¿es que entonces el objeto es la Señora K.?. ¿Es ella misma como objeto vendido?.

Recordemos que cuando Dora va a ver a Freud, se siente reducida al estado de objeto: "Mi padre me vende a otro". Es decir, llega en una posición reivindicativa. Se produjo una regresión al plano de la frustración.

"La frustración es por su esencia el dominio de la reivindicación. Concierne a algo que se desea y no se tiene, pero se desea sin referencia alguna a la posibilidad de satisfacción o de adquisición. La frustración es el dominio de las exigencias desenfrenadas y sin ley. El núcleo de la frustración como una de las categorías de la falta es un daño imaginario. Es una lesión, un perjuicio" (8). ¿Qué le falta a Dora?. El amor de su padre. Y esto lo manifiesta ubicándose en su discurso como un objeto común: su padre la vende a un hombre, el Sr K.,a cambio de que éste le permita usufructuar de su mujer, la Sra. K.

Pero antes de la escena del lago con el señor K., Dora no se consideraba privada del amor paterno, aunque lo recibía por mediación de la otra, la Sra. K. ¿Por qué ese cambio brusco a partir de la frase del Sr. K, "entre mi mujer y yo no hay nada". ¿Por qué Dora no se puede sostener sola en la escena con un hombre, si no está presente la otra mujer?. Lacan cuestiona la interpretación freudiana de que Dora estuviera enamorada del Señor K, lo ubica como un prejuicio del yo de Freud, porque el foco de interés de ella era más bien la Sra. K., en tanto ella representaba lo que su padre amaba más allá de ella misma. A lo que Dora se aferra, es a lo que su padre ama en la otra, en la medida que no sabe qué es. ¿Significa esto que el objeto de deseo es la Sra. K como persona?. Lacan nos dice aquí que si Freud hubiera intervenido habilitando que pudiera ser nombrado su interés paticula por la Sra. K, seguramente se hubiera producido un momentáneo enamoramiento o fascinación por ella, que se le haría reconocible a la propia Dora. Pero sabiéndo por otro lado que sería efecto de la intervención freudiana, produciéndose la transferencia de la cuestión paterna sobre él. Lacan lo sitúa como un momento necesario, aunque no definitivo, en el establecimiento de la posición del deseo en Dora. De manera que la Sra. K, si bien puede aparecer en un momento como la zanahoria que está adelante como objeto del deseo de Dora, en realidad, ese efecto de fascinación se debe a que ella es, en una determinada coyuntura, pantalla que guarda el a, en tanto es la causa del deseo de su padre. En esa coyuntura, Dora está identificada en su moi al Sr. K, es decir, al que tiene el órgano, y desde allí la admira. (9). Cuando el otro le deja de sostener la escena, ¿dónde queda el objeto a?. No desaparece, ya que algo sigue motorizando, lo atestiguan sus síntomas que aluden a un embarazo después de la escena del lago, tentativa de recuperar la ley de los intercambios simbólicos en relación con el hombre, el señor K, con el que se ha de unir o desunir.

El sujeto femenino sólo puede entrar en la dialéctica del orden simbólico por el don del falo. Freud no niega la necesidad real que corresponde de por sí al órgano femenino, pero nunca puede intervenir así en el establecimiento de la posición del deseo. El deseo apunta al falo como don, que ha de ser recibido a ese título. Con este fin es necesario que el falo, ausente aquí o presente en otra parte, sea elevado al nivel del don. Sólo así hace entrar al sujeto en la dialéctica del intercambio, normalizando así todas sus posiciones, incluyendo las prohibiciones esenciales que fundan el movimiento general del intercambio. En este contexto, la necesidad real vinculada con el órgano femenino, tendrá su lugar y obtendrá su satisfacción accesoriamente. Pero nunca será discernido simbólicamente como algo dotado de sentido, siempre será en sí mismo esencialmente problemático.

De eso se trata en Dora. Ella se pregunta: ¿Qué es una mujer?. La señora K. encarna propiamente la función femenina, porque ella es para Dora la representación de algo en lo que dicha función se proyecta como pregunta. La condición es que Dora sea amada por el señor K., más allá de su mujer, pero en la medida en que su mujer sea algo para él. Sino, Dora cae. Se produce el pasaje al acto de la bofetada. Dora no tolera que sólo se interese en ella. ¿Por qué?. Si ella misma no ha renunciado al falo paterno como objeto de don, no puede concebir nada, subjetivamente hablando, que pueda recibir de otro hombre. Allí es que se siente reducida a un objeto.

Desde la posición en la que está, sólo puede sostener el goce de ser privada por la otra del órgano del hombre, para sostener el estatuto del padre y del falo idealizado. La castración del padre idealizado, constituye el secreto del amo, secreto que la histérica guarda y a la vez denuncia. Si el análisis hubiera continuado ubicando las etapas de su deseo, la hubiera conducido a que ella tolere guardar en su cuerpo el objeto causa del deseo de un hombre, al coordinar su falta con la del Otro en la Transferencia.

NOTAS

(6)Trabajo presentado en el Panel: "El fantasma y el objeto a", junto a Osvaldo Couso, Rubén Goldberg y Héctor López , en las Jornadas de Lazos, Institución Psicoanalítica, el 26 de octubre del 2002, en el Colegio Nacional de la ciudad de La Plata.

(2) Lacan, Jacques, "Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano" en ESCRITOS 2, Siglo XXI editores, 1991, Bs As.

(3) Lacan, Jacques, Seminario 10 "La angustia", inédito.

(4) Lacan, Jacques, Seminario 1 "Los escritos técnicos de Freud", Paidos, Bs As, 1986.

(5) Amigo, Silvia "Mediaciones narcisistas en la conformación del objeto" en De la práctica analítica, escrituras, Ricardo Vergara Ediciones, Bs As, 1994.

(6) Lacan, Jacques, Seminario 5 "Las formaciones del inconsciente", Paidos, Bs As, 1999, pag. 807.

(7) Lacan, Jacques, Seminario 23 "El sinthoma", inédito.

(8) Lacan, Jacques, Seminario 4 "La relación de objeto", Paidos, Bs As, 1998, pag. 38/9.

(9) Lacan, Jacques, Seminario 17 "El reverso del psicoanálisis", Paidos, Bs As, 1992.