Intersubjetividad

Eduardo Said

(*) Foro de la EFBA – Agosto 2003 [sobre la base de presentación Congreso Convergencia Diciembre 2002]

Propongo algunas reflexiones en estado de elaboración.

Partiré de interrogar las inflexiones en torno a la noción de intersubjetividad en la obra de Lacan y sus posibles consecuencias.

Lacan es terminante en la Proposición del 9 de octubre del 67, en su recusación:

"¿Quién que posea cierta visión de la transferencia podría dudar de que no hay referencia más contraria a la idea de la intersubjetividad?".(1)

Es este un enunciado categórico que de pregunta solo conserva la forma.

A la vez reconoce: " tuve que recordar primero lo que implica de relación intersubjetiva el uso de la palabra". (2)

Entendemos que el uso al que Lacan había sido llevado de la idea era más abarcativo que el que reconoce. Acepta haberla propuesto solo como "fondo sobre el que se pudiese percibir el contraste", con el alcance de la transferencia.

Apunta a evitar que la comprensión, la reciprocidad y los desvíos de la contratransferencia, encuentren en la intersubjetividad su vía de legitimación. Transferencia no es ego a ego.

 

En el inicio de su enseñanza, intersubjetividad, campo, relación, coordinación intersubjetiva, son expresiones demandadas a la hora de tramitar el odio, la hostilidad, el amor, el don, "la fenomenología de la vergüenza, del pudor, del prestigio"(3), la pasión celosa, la teoría de los juegos, la perversión, la copulación, la relación al Otro -escrito en trama entre minúscula y mayúscula- ; estas entre otras cuestiones.

La referencia a la intersubjetividad no fue un recurso aislado, sino sobredeterminado por múltiples tramas.

Recorto un par de frases del seminario I:

"debemos partir de la intersubjetividad radical, de la admisión total del sujeto por otro sujeto. ... Mientras permanecemos en el registro analítico es preciso admitir la intersubjetividad desde el origen".

Recalco: la admisión total del sujeto por otro sujeto.

"Ella[la palabra] es el médium fundador de la relación intersubjetiva y retroactivamente modifica a ambos sujetos"

Una intervención precisa de Octave Mannoni y la respuesta de Lacan (clase 15 del sem.2):

Mannoni: Me parece que su esfuerzo por eliminar la intersubjetividad a pesar de todo la deja subsistir.

J. Lacan: Le haré notar que yo no la elimino. Tomo un caso en que puede ser sustraída. La intersubjetividad no es eliminable, por supuesto.

En el movimiento de construcción o deberíamos decir de reconstrucción de los fundamentos del psicoanálisis, Lacan depura y acentúa su definición de sujeto.

Entendemos que la noción de sujeto es un síntoma mayor del psicoanálisis.

Para su clínica y para su teoría.

Es en referencia a la noción de sujeto que Lacan señala la liviandad en el uso del término intersubjetividad, con el riesgo implicado de centrar el psicoanálisis y su clínica en el campo imaginario. Atribuye a ese uso, el carácter de levitatorio.

Procesa una posición crítica que encuentra en la Proposición del 67 su expresión privilegiada, dado el valor estructurante de ésta en las escuelas e instituciones del campo lacaniano.

Allí Lacan extrema la oposición entre intersubjetividad y transferencia:

Releo la frase:

"¿Quién que posea cierta visión de la transferencia podría dudar de que no hay referencia más contraria a la idea de la intersubjetividad?"

Admitamos que así formulada la pregunta deja mal posicionado a quien se atreviese a dudar.

Sostenemos la hipótesis que la recusación, por cierto fundada de la intersubjetividad en la intensión, deriva en consecuencias que dificultan o al menos limitan, la posición del análisis en extensión.

Lacan acentúa el vaciamiento de lo que se entendería difusamente como "sujeto psicológico". Operación de origen atribuida por Lacan a Descartes.

Se sobrentiende, y puede que haya en eso un exceso, la productividad de "descartar" al sujeto psicológico. Es aquel impregnado imaginariamente de contenidos, ideales, pasiones, prejuicios, mitos, fantasmas.

Rescatamos el valor lógico de la operación vaciamiento para definir la función y el lugar del analista. Implica el recupero y el acento, no sin la particular lectura que Lacan propone, del hallazgo freudiano.

Definir el sujeto por la implicación de un significante a otro, ó de otro significante depura al límite la idea de Freud sobre el inconsciente y aísla lo esencial a la operación del analista.

Aún así, el "sujeto psicológico" retorna por la vía del segundo soborno fantasmático.

Eso en el llamado analizante y por qué no, en la "comunidad" de los analistas.

De ello no habría que renegar.

Una pregunta a sostener: ¿el sujeto en su definición más estricta y "sujeto analizante" se subsumen?.

 

Lacan inaugura el seminario XIV de La lógica del fantasma, advirtiendo y diferenciando la existencia lógica del sujeto y su existencia de hecho.

Sostenemos que es la que media entre la noción de sujeto definida desde la articulación o implicación significante y la que se decide desde el fantasma, el discurso, el nudo. O si se quiere entre el sujeto en su escisión lógica y el "sujeto analizante".

¿Qué es el Sujeto y qué es el Saber en la Proposición?: Son supuestos a la cadena significante.

Cito a Lacan "el significante es lo que representa un sujeto para otro significante. Aquí está la fórmula, la fórmula huevo si puedo decirlo..". (clase 20 del sem. 16). Resalto la postulación de fórmula "huevo" por el efecto connotativo que produce. Resuelve el punto de partida. Tiene la forma de un axioma de Lacan.

En cuanto al saber es la propia y pura cadena significante.

No necesariamente la definición de saber adquiere un contorno tan preciso. Saber y conocer se diferencian y se solapan en Lacan. (4)

Saber y sujeto se definen así excluyendo el campo imaginario. No hay conocimientos; tampoco mitos, pasiones, imaginarizaciones.

Sí podría haber condiciones lógicas que habiliten su producción, que posibiliten el lugar de su alojamiento. Lugar en que el deseo haga su lecho del corte significante por las vías del segundo soborno del fantasma.

Se pregunta en la Proposición: "¿Sujeto supuesto por quién, se dirá sino por otro sujeto?". Y propone: "¿Y si provisionalmente supusiéramos que no hay sujeto que pueda ser supuesto por otro sujeto?". (5). La operación de vaciamiento implicada en la propia definición de sujeto, no hace posible tal suposición.

Avanza: "Pero tal vez, planteando al sujeto como lo que un significante representa para otro significante, podremos volver más manipulable la noción de sujeto supuesto..".

Es verdad que así es más manipulable, pero genera nuevas paradojas o aún contradicciones.

Lacan parece señalar que solo un "yo", en tanto moi, puede suponer "otro yo". Solo allí sería admisible lo intersubjetivo o para el caso un "entre yoes". No hay intersubjetivo desde la definición lógica del sujeto.

Afirma: "El sujeto es el significado de la pura relación significante". Si el sujeto como tal es el significado de la pura relación significante, no hay tal pura relación significante, sino bajo el supuesto de los efectos de significado.

 

  • Significante - signo

Lacan suele confrontar, aún oponer la noción de significante y la de signo.

Si significante es lo que representa un sujeto para otro significante, signo es lo que representa algo para alguien. Hay allí "mucha tela" aún a cortar para que "algo" y "alguien" no se disuelvan en vaguedad.

El campo del psicoanálisis sería el del significante, el del signo lo sería de la psiquiatría o de la psicología.

Signo, reconduce en principio a lo manifiesto, al observable y sus efectos distorsivos, a las deformaciones, adulteraciones y engaños que determinarían la opacidad de la lógica colectiva. Significante y su lógica rescatarían lo esencial del descubrimiento freudiano.

Aún así, Lacan se ve llevado a reconocer que fuerza la mano: "fuerzo la mano si puede decir .... para acentuar bien. No digo que el significante, no pueda de ningún modo ser materialmente sensible al signo, representando algo para alguien. La teoría de un signo es pregnante, se impone de tal modo a la atención de este momento que vivimos de la ciencia,…" (clase 13 del sem.12).

Resulta valioso "escuchar" que Lacan reconoce forzar la mano. Evitaría repetirlo dogmáticamente.

De la misma clase:

"¿Hay allí algo con lo cual podamos contentarnos, en lo concerniente al estatuto del sujeto en relación al signo? ¿Es que el signo funciona siempre para alguien?. A saber, que en los signos hay algo en que son significantes, en tanto que representan al sujeto para otro significante."

Propone una trama en que se valida la operación analítica, que sin desconocer el signo, aún en su carácter analógico-fantasmático, apunta por la vía del significante a despejar las modulaciones de la letra.

 

Surge también otra localización dilemática. Y es la que se produce al detener la tematización del signo en lo imaginario. Puede en ello quedar elidida la dimensión sígnica implicada en las eficacias de lo real. Hay signos de angustia, signos de goce, signos de amor; sin pretender un listado taxativo.

Signo es un término utilizado tanto para la simpleza de la intención de eludir el equivoco por la vía imaginaria; como también es utilizado para connotar la ex-sistencia a las vías significantes y sus derivaciones; para el cifrado de lo Real.

De un tiempo ulterior de su enseñanza: del seminario 21, clase del 20.11.73:

"…..ese cifrado que es la dimensión del lenguaje nada tiene que ver con la comunicación. La relación del hombre con el lenguaje, el cual no puede... ser abordado, simplemente, sino sobre la base siguiente: que el significante es un signo, que no se dirige más que a otro signo; que el significante es lo que constituye signo para un signo, y por eso es lo significante.

Esto nada tiene que ver con la comunicación a otro, esto determina un sujeto, esto tiene por efecto un sujeto Y en cuanto al sujeto, es en efecto por esto que está determinado, como sujeto, a saber: que surge de algo que no puede tener su justificación sino en otra parte. Salvo que en el sueño se lo ve, o sea, que la operación del cifrado está hecha para el goce."

Se deduce una noción de sujeto compleja y abarcativa que entrama signo, significante, cifrado de goce.

O si se quiere, goce, cifrado de goce, signo de cifrado de goce, significante.

El sujeto no es solo repitente o contante, expresiones estas utilizadas por Nassif (sem XV), sino efecto del cifrado y potencial impulso al descifrado de goce.

El sujeto del psicoanálisis excede la determinación significante.

Que el sujeto se defina como "a-sustancial", valida la primacía del significante pero demanda localizar las densidades de las tramas a lo Real e Imaginario en que se produce.

Sino se corre el riesgo de postular "el sujeto trascendental del significante puro".

Creemos detectar en estas puntuaciones parciales, un movimiento que desembocará en la riqueza del nudo; en la transformación radical de los fundamentos del psicoanálisis indicada por Lacan al proponer una articulación nodal.

 

El vaciamiento del sujeto, elimina toda referencia a la "umbilicación fálica". Expresión esta tomada de su escrito sobre Jones.(6). Exige desestimar las trazas fantasmasmáticas y su torsión sobre la escisión significante.

La expresión "umbilicación" tiene a mi entender un particular valor, porque resuelve alguna de las contradicciones del uso del término significación.

Significación es un término que se desliza de la idea de producción de efectos de significado, a -como Lacan lo aclara en nota que inicia el escrito La significación del falo- Bedeutung, como articulación y punto de fuga al y del referente.

Umbilicación es articulación objeto "a”/-f y fundamenta la idea de agalma.

Enigmáticamente, Lacan avanza en la "Proposición" sobre la necesidad del pentagrama musical, alegoría enriquecedora que no se resuelve solo en sintaxis. Pone en juego en lo inmediato el movimiento de la semiosis a la estética y el goce.

Cito a Lacan: "Una cadena significante: tal es la forma radical del saber llamado textual". "Dos sujetos no son impuestos por la suposición de un sujeto, sino únicamente un significante que representa para otro cualquiera, la suposición de un saber como adyacente a un significado, o sea un saber tomado en su significación".

La adyacencia de un saber a un significado o el saber tomado en su significación no resultan, suficientemente argumentados. Lacan parece postular la significación como pura contingencia, me animo a decir, sin necesariedad estructural.

" .. el abrochamiento del que yo hablo, o aún el punto de capitón, no es más que un asunto mítico, pues nunca nadie ha podido abrochar una significación a un significante; pero, por el contrario, lo que se puede hacer, es abrochar un significante a un significante y ver lo que eso hace. Pero, en este caso se produce siempre algo nuevo que algunas veces es tan inesperado como una reacción química, a saber el surgimiento de una nueva significación". (Seminario 5, clase 10, del 22.1.58)

Ahora bien, introducir la significación no podría no implicar fantasma; falo/castración.

 

  • Función del cero y "erresía" lacaniana

La noción de sujeto adquiere su mayor formalización con la analogía entre el sujeto del psicoanálisis y la función del cero en la serie de los números naturales.

El cero comanda esa serie. El sucesor de la serie numérica esta sostenido por la noción de conjunto vacío, conjunto de cero elementos que cuenta uno. El sucesor garantiza la continuidad de la serie. Garantiza el automatismo de su continuidad.

En la analogía, el sujeto queda definido como la posibilidad de que aparezca ese significante en más, sucesor.

Pero no hay tal garantía en el campo de la clínica del psicoanálisis.

Hay una diferencia estructural entre el sujeto definido desde la función del cero, y el sujeto definido desde la complejidad de la lógica nodal, RSI.

Reiteramos una hipótesis de trabajo; que la noción de sujeto de la articulación significante no subsume al llamado sujeto analizante. Hay allí una diferencia equivalente a la que media entre el sujeto precisado lógicamente, y el de existencia de hecho.

La primera definición es local. Entendemos que la noción de sujeto que de allí se deduce es fundamental al psicoanálisis solo en la medida en que es a su vez cuestionada.

Sería una dificultad no menor detener la formulación en una noción como tal parcial, focal. El sujeto que de ella se podría deducir se acercaría a la pura combinatoria. En eso puede no diferir del paradigma computacional.

Falta en ella considerar el tramo inferior del discurso del Amo.

Falta considerar el sellado fantasmático. Se desestima así significación y fantasma

Solo sin esa consideración la noción de sujeto admite la analogía con la función del cero en la sucesión de los números naturales.

En el piso superior la sucesión es interminable. Así definido el sujeto podría tener en la manía su versión clínica extrema. Un significante se articula a otro sin "almohadillado" fantasmático. Corre casi sin pausa tras otro significante.

Del piso inferior se deducen los amarres, las fijezas, no solo de las consistencias imaginarias, del i(a); sino aquellas que se siguen de la función del triple anclaje del objeto "a".

Es allí que cobra no conmutatividad la estructura.

Introducir el significante fálico y su trama a lo Real, da un punto de anclaje que podrá devenir fantasma. No sin umbilicación fálica.

La serie define la coerción de la sumisión al significante. El significante juega y gana, dice Lacan. Pero la "batería significante" configura una red que trasciende y trastoca la linealidad numérica. Es red no homogénea, agujereada. Son tramas borromeas, tensionadas, comandadas desde la privación de goce y sujetas a una temporalidad lógica no solo lineal. La alusión al pentagrama es solo una aproximación útil.

Es preciso definir al sujeto sin dejar de considerar las dimensiones del amor y el goce.

Desembocar en el nudo parece haber sido la propia torsión del movimiento de Lacan que lo "retorna" a RSI.

Entendemos que la noción de sujeto debe formularse desde los tres registros y su anudamiento. Eso no anula la definición canónica de Lacan.

Su sostén hace soporte a lo que resta de primacía del significante una vez formulada la "erresía" borromea.

 

Volviendo sobre la experiencia de Escuela; afirma Lacan: "Partimos de que la raíz de la experiencia del campo del psicoanálisis planteado en su extensión, única base posible para dar motivo a una Escuela, debe ser hallada en la experiencia psicoanalítica misma, queremos decir tomada en intensión.."

Si extensión también es la construcción del psicoanálisis como saber referencial soportado en el producto del saber textual; no hay otro recurso que el lazo a la cultura y a diversidad de constelaciones del Otro. Esto impone la interlocución entre diversidades discursivas y aún entre interlocutores.

¿Cómo fundar la extensión en la intensión definida desde la recusación de la intersubjetividad? ¿Qué autoriza, en este contexto conceptual a formular "comunidad de experiencia"?. Ni comunidad, ni experiencia son así deducibles.

Recapitulando: la noción de sujeto de la pura articulación significante trae aparejadas complejidades y dilemas, en dos planos concernientes entre sí: en relación al fin del análisis, que definido desde la destitución subjetiva, puede conducir al impasse del puro desengaño; y en relación al pase dificultado de la intensión a la extensión.

A nuestro entender el sujeto así definido, no es destituible. Sería en el límite disgregable o aún forcluible. Lo destituible es la posición del sujeto soportada en su fantasma.

El desengaño es uno de los efectos esperables del análisis y no el menor.

Implica la tramitación no siempre posible, del duelo inherente al desprendimiento fantasmático. Pero a puro desengaño, "los desengañados se engañan".

La neta destitución es "pánico", "horror", "maldición", "atentado", por tomar solo algunos términos de Lacan en la Proposición.

Nada justifica ni teórica ni éticamente apuntar al desengaño como destino.

Avanzando en la proposición y en relación al fin del análisis, Lacan usa la expresión "aquel que ha reconstruido su realidad". Nos parece detectar allí una referencia algo olvidada.

Postulamos considerar que el análisis no termine sin transitar por esa "reconstrucción".

A condición de no confundir reconstrucción con reversibilidad. En estos fines, no hay vuelta al estado anterior. No hay individuación integrativa; si puede haber la productividad de asunción de la división misma. Así leemos la tal "reconstrucción".

Continua Lacan: "En ese rodeo que lo rebaja, el analista es gozne de la seguridad que toma el deseo en el fantasma". No creo que se elimine el fantasma -en su estructura formal- en el fin del análisis. Entiendo que se reformula como estilo su axiomática.

Ahora potencialmente fluida, leve, agujereada, no toda. Despojada, hasta donde pueda, del "camelo" masoquista.

 

 

En ocasión de una Jornada de la EFBA (2002), leí un texto bajo el título de Abstinencia – Abstención. Si la extensión se define por la intensión y en esta la abstinencia es su fórmula; la abstención en la extensión puede ser su inesperado correlato.

Ahora bien, si la intensión pensada desde el fin del análisis, pusiese en interrogación la relación a "los otros"; si jugase la resituación en relación a los otros como posibilidad a que el vaciamiento del saber habilita; entonces la extensión podría encontrar algunas otras vías de validación.

Hallamos que hay abierta y a la vez en suspenso una polémica cuestionante y alerta de que el psicoanálisis no devenga una clínica del déficit, de la reparación.

Entendemos que el empalme no es operación a su cargo. Ya Freud estaba advertido en torno a la suspensión de la síntesis.

Aún así, el empalme, el re-anudamiento, la recomposición axiomática soportante de la falta en ser, sería esperable del análisis en su fin. Puede que sea un recorrido en más necesario a la destitución del "camelo" masoquista del fantasma.

Y allí, contingentemente, no necesariamente, lugar para el lazo con otros. Lazo que la recusación al límite de la intersubjetividad, parece no poder considerar.

Del fantasma a la letra, podría suplementarse del lazo al prójimo o mejor a "los otros".

Así lo expreso porque creo preferible no escribir el universal del prójimo.

Hay un prejuicio fundado entre los analistas a lo grupal. Un alerta sobre la identificación, sobre la "fratría", que como toda advertencia y precaución puede que no haga sino recorrer su borde invertido. Por eso creemos que la recusación de lo intersubjetivo debería ser referida al marco de la transferencia y aún allí acotada.

La noción de sujeto que opere en el analista, será decisiva a la hora de su acto.

Lacan busca para el analista una posición discursiva que no sea la de la apariencia.

Desemboca en el agalma, definido como envoltura vacía o habitada por un no saber.

La operación analítica sostiene en acto el pasaje del agalma al significante cualquiera.

En eso la fórmula de Lacan dilucida la posición del analista.

Sospechamos que la idea de agalma no podría sostenerse bien sin un "otro" escrito también con minúscula y su presencia.

Si no hay lo entre o lo inter sino en el plano de una trama donde lo que domina es el Yo, refuerza la perspectiva de incluir en la tematización del fin de análisis las afectaciones del Yo que "sobreviviría" a la experiencia. La pregunta que Lacan se formula en el seminario 11: "¿Cómo puede vivir la pulsión un sujeto que ha atravesado la fantasía radical?", sería bueno que no eluda al yo en su respuesta.

Para concluir: tomo la recusación de la intersubjetividad con la valía del aforismo de Lacan "No hay relación sexual"; más que como una negación forclusiva, como la ocasión a la contingencia de su franqueamiento.

El solipsismo no tiene porque devenir el implícito basamento ético del lacanismo.

Ni la "significación de un amor sin límites" su nuevo ideal. (7) / (8)

NOTAS:

(1) De la primer versión oral.

(2) Acentuamos que la referencia se dirigía al uso de la palabra. En el plano de la diferencia entre lenguaje y palabra, queda por resolverse el alcance de la noción de sujeto implicada. Sujeto del lenguaje no equivale a sujeto de la palabra.

(3) Seminario 1 – Clase 17

(4) Lacan puede afirmar que el psicoanalista "nada sabe del saber supuesto". El "nada sabe" no desaloja al conocer del saber.

(5) De allí parte y fundamenta en Descartes y en Hegel.

"Hegel vuelve las cosas a su lugar con la famosa exclusión de la coexistencia de las conciencias. De donde parte la destrucción del otro, inaugural de la fenomenología del espíritu, pero ¿de qué otro? Se destruye al viviente que soporta la conciencia, pero a la conciencia, la del sujeto trascendental, es imposible."

La argumentación agota su valor cuando Lacan se desentiende, al menos aquí, del anudamiento del llamado sujeto trascendental de la conciencia y el viviente.

(6) Escritos – En memoria de Ernest Jones: "Aparece entonces que el análisis revela que el falo tiene la función de significante de la carencia de ser que determina en el sujeto su relación con el significante. Lo cual da su alcance al hecho de que todos los símbolos de que se ocupa el estudio de Jones son símbolos fálicos.

Entonces, de esos puntos imantados de la significación que sugiere su observación diremos que son los puntos de umbilicación del sujeto en los cortes del significante: cortes de los que el más fundamental es la Urverdrängung sobre la que Freud insistió siempre, o sea la reduplicación del sujeto que provoca el discurso, si permanece enmascarada por la pululación de lo que evoca como ente. El análisis nos ha mostrado que es con las imágenes que cautivan su eros de individuo vivo con lo que el sujeto llega a abastecer su implicación en la secuencia significante.

Claro que el individuo humano no deja de presentar alguna complacencia en esa fragmentación de sus imágenes -y la bipolaridad del autismo corporal a la que favorece el privilegio de la imagen especular, dato biológico, se prestará singularmente a que esa implicación de su deseo en el significante tome la forma narcisista."

(7) No comparto una visión optimista sobre el desligue entre semejante-rival y prójimo. En la clínica son notables las formas y variabilidad en que se hace presente la invocación al otro.

En lo personal, plano que decido no evitar, "me hacen falta" algunos otros, no todos, ni todo el tiempo. Por ahora me sigue llegando el fino escepticismo que Freud toma de Schopenhauer, con la cautelosa alegoría de los "puercoespines

«Un helado día de invierno, los miembros de la sociedad de puercoespines se apretujaron para prestarse calor y no morir de frío. Pero pronto sintieron las púas de los otros, y debieron tomar distancias. Cuando la necesidad de calentarse los hizo volver a arrimarse, se repitió aquel segundo mal, y así se vieron llevados y traídos entre ambas desgracias, hasta que encontraron un distanciamiento moderado que les permitía pasarlo lo mejor posible».

(Parerga und Paralipomena, parte II, 31, «Gleichnisse und Parabeln» {Símiles y parábolas} [Schopenhauer, 1851c].)

(8) Sem XX – Clase XI - Mi hipótesis es que el individuo afectado de inconsciente es el mismo que hace lo que llamo sujeto de un significante. Lo enuncio con la fórmula mínima de que un significante representa un sujeto para otro significante. El significante en sí mismo no es definible más que como una diferencia con otro significante. La introducción de la diferencia como tal en el campo es lo que permite extraer de lalengua lo que toca al significante.

Dicho de otra manera, reduzco la hipótesis, según la fórmula misma que la substantifica, a que es necesaria al funcionamiento de lalengua. Decir que hay un sujeto no es sino decir que hay hipótesis. La única prueba que tenemos de que el sujeto se confunde con esta hipótesis y que el individuo que habla es su soporte, es que el significante se convierte en signo.

Porque hay inconsciente, a saber, lalengua en tanto que por cohabitar con ella se define un ser llamado el ser que habla, puede el significante estar llamado a ser signo. Entiendan el signo como les plazca, incluso como el thing del inglés, la cosa.

En tanto que soporte formal, el significante alcanza a otro distinto de lo que él, llanamente, es como significante, otro a quien afecta y que por ello resulta sujeto, o al menos pasa por serlo. Por ello resulta ser el sujeto, y sólo para el ser que habla, un ente cuyo ser está siempre allende, como lo muestra el predicado. El sujeto nunca es más que puntual y evanescente, pues sólo es sujeto por un significante y para otro significante.