EFBA-30 años de Escuela-EFBA

Dar Tiempo

Cristina Saenz

(*) Jornadas Aniversario "30 años de Escuela (1974-2004)". Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1, 2, 3 y 4 de Julio de 2004.

Dar Tiempo. Dar-se tiempo. Tiempos del goce y del deseo.

Considero pertinente el tiempo de estas jornadas, en las que, de 30 años llevo 20 compartiendo con uds la inquietud por la clínica y la transmisión del psicoanálisis, para situar una pregunta que vengo haciéndome, sin responder aún, relacionada con las intervenciones del analista y las interrupciones de los análisis.

Abstención, apresuramiento, indolencia, se encadenaban como posibles formas de pensarlo, además de intentar interrogarme sobre lo no escuchado en lo aún no dicho, lo no escuchado en lo dicho, y lo por decir, o necesario de ser dicho, cuando el goce retiene a un sujeto al borde de un abismo donde la intervención se hace imprescindible para no caer en la desidia, la indolencia, o la impotencia.

Aunque sabemos que no es fácil renunciar al goce, aunque podemos suponer que no hay letra aún para nombrarlo, decir ahí posibilitaría un borde simbólico que intente bordear el objeto que sostiene la fijación.

Cuando no contamos con el tiempo para las múltiples vueltas necesarias para que el objeto de la fijación caiga y sea causa, cuando el goce consume amordazando al sujeto, decir ahí, nombrando, dando letra, dando argumento simbólico, posibilitaría que el malestar que aqueja, quizás aún sin queja, entre en el dispositivo analítico, ingrese al inconsciente para que algún trabajo sea posible.

Es para mí una pregunta, cómo hacer ingresar en la cadena significante el goce encarnado en el cuerpo, para poner en palabras ese puro ser de goce.

Quizás sólo après-coup sabremos si aportar significantes posibilita el despliegue en discurso, o apresura el tiempo de comprensión provocando una interrupción del mismo.

A veces nos dan tiempo, a veces no hay tiempo, a veces no nos dan tiempo.

Más allá de la estructura de cada sujeto que acude a un análisis, es una inquietud que nos interroguemos como analistas para no caer en la clasificación de los analizables y los no analizables, o de respuestas que nos salven cuando la operación fue un éxito pero el paciente se murió.

Una paciente, casada, con un hijo pequeño, pegada, maltratada, abandonada infinidad de veces, imposibilitada de realizar un corte en esa relación interrumpe abruptamente, la razón explícita una demora para ser atendida de pocos minutos que la lleva a abandonar la sala de espera sin decir nada. Años me pregunté qué había dicho en la sesión anterior, qué no había escuchado, y qué había significado esa demora para ella. Cuando vuelve, 8 años después, sabía de su imposibilidad, fue lo primero que dice, aún no podía salirse de esa relación, necesitó tres hijos más y una quiebra económica para volver a demandar ayuda para cortar ese vínculo.

Otra paciente posterga sesión tras sesión a posteriori de un cambio de domicilio del consultorio, llama y se excusa, responde a mis llamados pero no a la invitación a que venga y lo hablemos, pasa casi un año, vuelvo a cambiar de domicilio y le aviso, ante mi asombro me dice, ahora sí voy a ir, el otro consultorio no me gustaba, estaba en la misma calle por la que pasa el ómnibus que va al Hospital Militar. Recién ahí y gracias a una nueva dirección puede ligar escenas traumáticas, pero, ¿y si no me mudaba nuevamente?.

No podemos prever del sujeto cual será su tiempo para comprender, por cuanto incluye un factor psicológico que nos escapa como tal; el inconsciente pide tiempo para revelarse. Estamos perfectamente de acuerdo. Pero preguntamos cuál es su medida. Estamos allí donde nos corresponde, es decir del mismo lado que el paciente, y es por encima de ese muro, que es el mismo para él y para nosotros, como vamos a intentar responder al eco de su palabra. Función y campo de la palabra y del lenguaje.

El Inconsciente pide tiempo para revelarse, el goce necesita su tiempo para consumirse, el sujeto apresado en la fijación a un goce, necesita tiempo a que gaste la demanda socavando el borde de la castración. De la lógica de lo viviente a la estructura del inconsciente, pasaje de ser puro objeto de la pulsión a ser un sujeto del inconsciente.

Tiempo que no puede predecirse.

Consulta una joven mujer y me advierte, quiere que me ocupe de su cuerpo, cuerpo afectado por una enfermedad autoinmune que ella había olvidado hacía varios años en la certeza de su cura, hasta que retorna inesperadamente. Siente que tiene poco tiempo de vida.

Saber que se le impone al modo de la certeza. Su decir es una insistente mirada sobre los signos que supone en cada supuesto síntoma de su cuerpo. Nos tomamos tiempo, tiempo para decir, tiempo para hablar de lo que aún no es angustia, solo un control obsesivo sobre un cuerpo retenido en la enfermedad, es ella sólo un cuerpo enfermo. Se van sucediendo las entrevistas, y en ellas despliega paso a paso pedazos de su historia.

Su marido es nombrado como su socio, socio que no dispone del tiempo para acompañarla en los tratamientos, y que le ofrece una mirada despreocupada. Sus hijos no saben, por decisión de ella, de la actualización de la enfermedad, vive como si acá no ha pasado nada. Quizás sólo en el análisis, y con una amiga, una sóla entre muchas, puede decir de lo que la aqueja.

Su pregunta cae únicamente sobre su cura.

Salud o enfermedad. Sana o enferma por morir. Entre esos dos polos no había intervención que hiciera vacilar esa dialéctica. Así transcurrieron meses y meses de entrevistas, tiempo necesario para que se desplegara un discurso en una insistencia que no parecía tener final. Paulatinamente se fue abriendo a otros temas que podía leerse como que era algo más que un cuerpo de la medicina. Pudo comenzar a hablar de su trabajo, gracias a una lluviosa semana, su tarea, como ingeniera vial, era tapar los baches que el agua producía en los caminos, pozos que dañaban el pavimento, y todo el esfuerzo para taparlos, uno por uno, no contando con las maquinarias necesarias. Pozos, agujeros, lo imprevisible del temporal, tapar los agujeros, fue abriendo otro decir. Y yo me fui entusiasmando. Se acercaba su cumpleaños y decidió festejarlo, si bien en el horizonte estaba esa convicción de que podía ser el último, vistió su cuerpo para la ocasión. Se divirtió, trajo las fotos, me mostró sus amigos. Y apareció el juego, juego que hasta ahora había sido solo pensable como cura, ahora se insinuaba como diversión, decide retomar el tenis, ya no sólo hacer yoga para estabilizar ese real que intentaba domeñar sino jugar otro partido en la vida. Pero sus amigas se entrenaban para torneos y ella no estaba a la altura, quizás sólo podría ayudarlas en ese entrenamiento tirando las pelotas que ellas esperaban.

Intervengo, solo digo que sería bueno que entrara en la cancha y se animara también a tirar la pelota que el otro no espera, no sólo jugar para otro sino para ella misma. Ahí doy por terminada la sesión.

Cuando vuelve reclama por el tiempo, por un tiempo cronológico, dice que la sesión fue muy corta, que se sintió estafada, no había sido considerada como una paciente enferma, yo me había abrazado a esto, dice, era mi lugar de tiempo de vida, ahora siento que no lo tengo, el tiempo que disponía de vida era su tiempo de sesión, ya no tiene más confianza. Viene sólo a decir eso. Está enojada y no quiere hablar más. No acepta la invitación a que lo sigamos hablando, a que nos demos tiempo. Ya no hay más tiempo. La había situado a jugar otro juego cuando su juego estaba aún en otra cancha. El tiempo aún dependía del Otro, ella estaba otrificada por el destino del Otro, tomada en ese goce no había lugar para situar su deseo, para ubicar su posición subjetiva ante ese real que determinaba su destino.

Pero quizás el tiempo que sintió perdido no era el tiempo de vida sino el tiempo que necesitaba para desplegar en discurso su propio decir.

Cómo comprender en qué tiempo de comprensión está el sujeto.

Cuando no hay un cálculo posible al menos puede haber un analista advertido.

Advertido que no toda intervención puede ser leída por el sujeto que aún no porta letra para ir más allá de la "forma en que puede interpretar el punto en que está. No puede avanzar más de prisa". La Transferencia. 31/5/61

La acción analítica es tentativa, también es tentación de responder al inconsciente. La Transferencia. 31 de Mayo de 1961.