
"LETRA Y TRANSMISIÓN"
Hugo Daniel Ruda
(*) Jornadas Aniversario "30 años de Escuela (1974-2004)". PANEL: LO REAL Y LA ESCRITURA. Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1, 2, 3 y 4 de Julio de 2004.
Agradecimiento- introducción
Agradezco a la Comisión Organizadora de estas Jornadas la invitación para hablar en este panel. Sin embargo quiero decirles que respecto del motivo de esta celebración no me siento solamente un invitado. Si bien es cierto que conmemoramos los primeros treinta años de la fundación de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, no es menos cierto que ese acto trasciende las cuestiones de pertenencia institucional, tanto en estos festejos, como en los organizados una semana atrás por la Escuela Freudiana de la Argentina. Creo que todos los analistas argentinos deudores de la enseñanza de Lacan somos tributarios de una u otra manera de los efectos de ese acto que inició la serie que en su insistencia permite que hoy exista el psicoanálisis lacaniano al cual mi gratitud me liga no sólo como analista, sino y en antecedencia lógica como analizante.
Siempre me pareció indispensable para pensar estas cuestiones institucionales, distinguir la pertenencia de la transmisión y hoy esa distinción me sitúa respecto del lugar desde el que me es posible participar. Se tratará, entonces, de la pregunta por la transmisión.
¿Hay transmisión del psicoanálisis? Si aceptáramos que la hay, ¿En qué contexto se produce: en el pase analizante-analista propio del mal llamado análisis del analista? ¿Cuáles serán las vías para dicha transmisión cuando se trata de la extensión? ¿Están en oposición transmisión e invención cuando se trata del psicoanálisis?
Estas preguntas me llevan a otras en relación al estatuto de la lectura y a las relaciones posibles entre la lectura que se produce en un análisis y aquella necesaria para la formación teórica del analista.
Para comenzar este recorrido opté, esta vez, por dejarme llevar por el concepto de letra
Si la letra siempre llega a destino, no lo hace sin un discurso que la porte. En suspenso, a la espera de hacer transmisión en la medida que sea ella quien comande el discurso de quien se piensa tributario de esa letra en particular.
Es porque hubo escritura de Lacan que estos festejos atañen a la transmisión del psicoanálisis.
Reconocerse como formando parte de la comunidad de lectores de Lacan implica saberse regido por la letra que proviene del Otro sin saber de qué manera. Sólo por la sorpresa de reconocerse hablado por ella, es posible esperar algún efecto de despertar del efecto somnífero del arrullo significante.
Estar incauto de la letra supone en la dirección de la cura, que el analista puede decir cualquier cosa a condición que no sea cosa cualquiera. Sólo que está en juego el límite en el saber que la instancia de la letra escribe en la medida que su función es borde del agujero real en ese saber; si como la ética del psicoanálisis pide, ese saber apunta efectivamente a lo Real.
Es la diferencia entre estar analista, analista lacaniano y ser lacanólogo.
Si el psicoanálisis implica un cierto sesgo para vivir mejor es a condición de eludir la estafa del sentido para acceder al contingente despertar que la letra cuando llega a destino produce y por supuesto, no puede estar ajena a esta lógica la que rige al analista que toma la palabra fuera de la sesión psicoanalítica.
Les propongo un pequeño rodeo:
LA LETRA CON SANGRE ENTRA. Una lectura trágica de la historia
Con esta frase la historia argentina inmortalizó, en el sentido de que creyó captar el sentido, los afanes civilizadores de uno de los más importantes "Padres de la Patria".
Para Domingo Faustino Sarmiento el tema de esta mesa, si lo hubiera conocido, hubiera constituido una verdadera obsesión política.
Y no es para menos, ya que para Sarmiento como para cualquier otro "Padre", el imperativo de civilizar el goce, lo constituye en su lugar.
"Con la espada, con la pluma y la palabra" fueron sin duda los instrumentos que supo utilizar para producir la marca que él cría necesaria para fundar cultura. Y no una determinada cultura, sino La Cultura opuesta al estado de naturaleza, de barbarie.
Sin duda esta política produjo ríos de sangre más que de tinta, aunque también. Mucha de esa tinta fue necesaria para producir discursos justificadores, aunque la letra de esos discursos no se situaba allí, sino en muy otro lado.
Precisamente del lado de esa sangre que invoca cuando instruye a Mitre durante la guerra del Paraguay: "No ahorre sangre de gaucho que sirve para abonar la tierra", le pide a quien fue por un lado fiel ejecutor de una política que hizo de una determinada teoría de la letra, bandera; y por otro primera pluma de ese discurso justificador.
Y digo política basada en una determinada teoría de la letra porque para Sarmiento esos gauchos eran irrecuperables para su proyecto civilizador, precisamente porque los suponía iletrados. Los creía la encarnación misma de lo Real. De un Real que supone a su vez una teoría por la cual, precisamente habría lo Real como estando allí, previo, primordial, a la espera de ser simbolizado. Para "el gran maestro" no era imaginable que el Real de que se trata fuera la invención de su propio discurso que hace ex sistir por segregación lo que después le retorna amenazante.
Para Sarmiento la letra no era lo que es posible de ser leído en un discurso como caída de la articulación significante, sino una preexistencia sin la cual no sería posible ninguna estructuración civilizada. Confusión trágica entre lo escrito y la escritura, entre la tradición oral y lo escritural.
Por su concepción de la letra en oposición al significante y no como constituyendo su litoral, su política se estructura como educativa-normalista y genocida al mismo tiempo. Oxímoron, o mejor dicho tragedia que no cesa de escribirse en una historia en la cual la eficacia de la ley siempre ha sido precaria y el intento de establecerla fallido y sangriento.
Para el sanjuanino no había letra a leer en el discurso de su "alter ego" Facundo ni en ninguno de esos caudillos a los que él suponía en estado salvaje, es decir sin ley que los rija. Ceguera causada, como decíamos, por una incorrecta teoría de la letra que produjo un ejercicio de la política generador de una crueldad de la que no estaría exenta una cura psicoanalítica conducida por la misma concepción.
Leer la letra no podría confundirse con ninguna grafía. Cifra y marca de la repetición simbólica en la que el sujeto se constituye, su lectura deja al sujeto allí advenido por esa misma lectura en posesión de un enigma más que de una comprensión.
Más allá de los efectos de significación que en la cadena significante se producen por la metáfora y por la metonimia, su lectura sólo es posible gracias a ellas. Más allá del sentido e irreductible a él, su lectura produce escritura.
El algo cesa de no escribirse es la lógica necesariamente modal que rige la cura en ese punto en el que se toca lo nuclear del ser, que como nos enseñó Lacan, es por sus modos, ya que sólo hay modos del ser. Lógica y gramática que permite situar un existencial que no se deduce de ningún universal.
Para finalizar quisiera retomar algunas de las preguntas formuladas más arriba desde la perspectiva de seguir las peripecias por las cuales fue (trans)portada la letra freudiana.
Llegada a estas pampas como inquilina transitoria de algunos de los fundadores de la IPA, o hallada dentro de un revistero de un viejo prostíbulo entrerriano, como se le presentó a Pichón Rivière, su efecto mientras duró produjo un fuerte despertar en el medio intelectual de esa época.
Luego, transformada en letra muerta por la didactocracia médica que la devolvió a su estado de letra en espera, vuelve inesperadamente a cruzar el océano como polizonte escondida en los barrocos repliegues del discurso de un desconocido psicoanalista francés.
Lacan inscribe su nombre como maestro en tanto privilegiado lector de Freud, lector de un Freud a la letra (que en su momento se confundió con lecturas obsesivamente memoriosas) y portador sin garantías de dicha letra. Precisamente su viaje a nuestro continente significó para él la posibilidad de interrogar el destino de esa letra en estas tierras, ya que sospechaba del que podía estar teniendo allí dónde su presencia, la de su enseñanza, hacía pantalla.
Del mismo modo podemos conjeturar que si será posible que siga habiendo psicoanálisis lacaniano, será porque habrá habido, como que ya hubo, quienes siendo en el momento de cada uno sus portadores, sean capaces de saber hacer allí para que su enseñanza no vuelva a hacer obstáculo de su transmisión para que subsistan sus efectos subversivos y despabilantes.