TRATAMIENTO POSIBLE PARA LA PSICOSIS

Ricardo Rodríguez Ponte

(*) Intervención en la Mesa Redonda del mismo título, en las VI Jornadas de Residentes de Psicología y Psiquiatría de la Provincia de Buenos Aires «El residente y la formación. Teoría y Práctica», en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata, el 11 de Diciembre de 1992.

Tomar la palabra es una de las coyunturas posibles del desencadenamiento de la psicosis, espero atravesar indemne esta instancia.(1) La exposición de mi compañero permite que me circunscriba en la mía a unos pocos puntos. (2) Un tratamiento posible para la psicosis, es la consigna que nos ha reunido. Supongo que, verosímilmente, esta consigna es un eco del título del escrito de Lacan de 1958: «De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis», texto muy interesante, en principio en el sentido siguiente: que el escrito se ocupa, y desde el título mismo que lo nombra y delimita su ámbito, de la "cuestión preliminar", aunque, como pueden ustedes comprobarlo si se remiten a la parte superior de cada una de sus páginas, los editores se empeñan en evocar en ese sitio, que no es cualquiera, el "tratamiento posible de la psicosis", que es justamente aquello de lo que el texto no trata, por razones que no está de más interrogar si uno no presume conocerlas de antemano.

En segundo lugar, la consigna de "un tratamiento posible para la psicosis" parece dar por supuesto que hay un tratamiento posible para las neurosis, restringiendo la pregunta a la de si hay un tratamiento igualmente posible para las psicosis. En relación a este punto, una consideración que me gustaría introducir desde el vamos es la siguiente: ¿cómo plantear la cuestión de un tratamiento para la psicosis...?, no digo "posible" — no digo "posible" porque, por ejemplo, lo posible, en las fórmulas de la sexuación está vinculado al "para todo", y dudo que haya un "para todo" del "tratamiento", incluso para las neurosis, salvo desde el punto de vista de la cuestión preliminar, de las cuestiones preliminares, a todo tratamiento, de las neurosis o de las psicosis — en este sentido, prefiero no hablar de "tratamiento posible de la psicosis", creo que hay a veces tratamiento de la psicosis, no sólo lo creo, estoy seguro, es un hecho al alcance de cualquier practicante que no retroceda ante la misma, por lo que preferiría hablar de "un tratamiento contingente para la psicosis" — pero decía: ¿cómo mantener la posibilidad de un tratamiento de la psicosis... sin que esto implique transgredir aquella especie de máxima de Lacan, que dice que "el psicoanalista no debe retroceder ante la psicosis"? Es decir, ¿cómo plantear un tratamiento de la psicosis que no sea un retroceso ante la psicosis? — Por supuesto que no retroceder ante la psicosis no es lo mismo que no retroceder ante los psicóticos... simplemente por esto...

 

IUORNO: A veces hay que retroceder...

 

A veces hay que retroceder, efectivamente, pero a veces debemos retroceder también ante los neuróticos. Es decir, no retroceder ante la psicosis no quiere decir que el analista va a tomar a todos los pacientes psicóticos que le demanden algún tipo de tratamiento... ni siquiera tiene por qué tomar a todos los neuróticos que le demanden algún tipo de tratamiento. En este sentido, el acto analítico es un acto, justamente, entre otras cosas por eso, porque el analista tiene un margen de elección, es algo que puede hacer o puede no hacer. ¿Qué sería, entonces, no retroceder ante la psicosis? Voy a invertir el planteo: creo que retroceder ante la psicosis es saltear la cuestión preliminar. Los retrocesos ante la psicosis, en lo que puedo observar, suelen transitar por dos vías. Una es la de la inhibición. Por ejemplo, suelo observar, cuando superviso tal o cual equipo hospitalario que recibe pacientes psicóticos, el efecto nefasto, inhibitorio, de una desafortunada frase de Lacan en el Seminario 3, que más o menos decía así: "Sabemos a qué conduce tomar prepsicóticos en análisis, eso produce psicóticos". Pero lo que esa frase produjo efectivamente fue analistas que retroceden en su acto, que ante la menor sospecha en cuanto al diagnóstico se prohiben incluso hablar por temor de efectuar alguna maniobra que desencadene una psicosis en el consultante... como si el supuesto fuera que la intervención —pero la no intervención es un modo de intervenir, convendría no olvidarlo— podría ser calculable en sus efectos. Ahora bien, no lo es. En segundo lugar, junto a la vía de la inhibición, constato otra manera de retroceder ante la psicosis, la de proponer tratamientos no psicoanalíticos, como si la investidura profesional de analista fuera coartada suficiente para argumentar lo bien fundado, la pureza "psicoanalítica" de esas psicoterapias: psicodramas, terapias ocupacionales, músicoterapias, medicaciones biológicas — de las que no digo que no sean tratamientos para la psicosis, ni desconozco su eficacia al nivel que les es propio, ni sentencio que deban excluirse los psicóticos de sus eventuales beneficios — digo que ése no es el lugar, ni ésa es la elección ética, del analista frente a la psicosis.

Volvamos entonces a la cuestión preliminar. Como lo recordaba mi compañero de mesa, la posición de Freud, muy temprana, cuando empieza a despejar la noción de la función de la transferencia en el análisis —consistente en pasar de "las transferencias", en plural, de La interpretación de los sueños, que son las transferencias del deseo inconsciente sobre los restos diurnos preconcientes, a la transferencia, en singular, como motor y obstáculo de la cura psicoanalítica—, este despejamiento implica, por su posición misma, una exclusión de la psicosis del campo de eficacia de la cura. En una de las reuniones de los miércoles en Viena, en una fecha tan temparana como 1906, Freud sostenía que el psicótico carece de esa libido flotante de la que se apodera el analista como resorte de su eficacia en el tratamiento de los neuróticos. Por lo tanto no habría, para Freud, un tratamiento posible para la psicosis. Esa, junto con una no resuelta distinción entre transferencia y sugestión, así como su posición paterna en la transferencia, es su cuestión preliminar. En sus Conferencias de introducción al psicoanálisis Freud ligaba el comienzo del análisis a dos acontecimientos, por así decir, que formulaba de la manera siguiente: "el analista se apodera del síntoma" —en el sentido de que el síntoma adquiría en la cura una nueva significación, transferencial— y "el analista se apodera de la libido". Ahora bien, estas condiciones estarían imposibilitadas en el caso de la psicosis, según Freud: el psicótico no cede la posición de intérprete, ni tampoco, a causa de su regresión al narcisismo, ama lo suficiente como para conferir autoridad, sugestiva, a la palabra del analista.

Cuando Lacan vuelve a Schreber, a las Memorias... de Schreber, y no, o no tanto, al Caso Schreber de Freud — es muy interesante, esto, discúlpenme la digresión: en el mismo año, en esas semanas en las que Lacan pronuncia por primera vez como tal su consigna del "retorno a Freud", en la intervención en Viena que recoge su escrito «La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis», comienza su Seminario sobre Las psicosis, sobre Las estructuras freudianas de las psicosis, como rezaba su título original, en el que Lacan, justamente, no vuelve al texto de Freud, sino al texto de Schreber.

Creo que Miller tiene razón cuando afirma que el de «De una cuestión preliminar...» es un texto freudiano de Lacan, en el sentido de que Lacan, en ese texto, que pretende resumir una buena parte del Seminario antedicho, vuelve sobre las Memorias de Schreber, y en su consideración añade desarrollos freudianos posteriores a la fecha de la redacción del Caso Schreber, tras lo cual despeja —bien al final del Seminario 3— ese término que parece haberse constituido en una especie de clave de bóveda, de punto pivote de cualquier consideración de la psicosis y su cuestión preliminar entre los lacanianos: la forclusión. Allí, en la última clase de ese Seminario, leemos esta frase que les cito de memoria —contrólenla?: "No retorno a la noción de Verwerfung, de la que partí, para la cual, luego de haberlo reflexionado bien, les propongo esta traducción que creo la mejor: la forclusión". O sea, que forclusión traduce Verwerfung, pero, al mismo tiempo, implica un "no retorno a la noción de Verwerfung". No hace falta que lo diga, pienso: es una "traducción" entre comillas, porque forclusión no traduce Verwerfung según el sentido, es una interpretación, o una traducción que resulta de una interpretación y una reelaboración teóricas. En este sentido, la forclusión implica un "no retorno" justamente porque la Verwerfung —término que Freud emplea por primera vez en 1894, en su artículo sobre «Las neuropsicosis de defensa»— era un mecanismo que se ejercía sobre una representación, lo que en ese articulo Freud denomina una "representación inconciliable", mientras que lo que se produce en el curso del Seminario 3 es que Lacan despeja, primero, el orden del significante en su radical autonomía, y segundo, dentro de ese orden, un significante en particular, cuya función asignada es la de efectuar una especie de capitonado de ese orden, que hace de eso un orden, que es el significante del NombredelPadre. Entonces, la forclusión traduce, e implica un "no retorno" a la noción de Verwerfung, porque ahora la forclusión es algo que se ejerce no sobre una representación, sino sobre un significante, y, más específicamente, sobre ese significante en particular que es el significante del NombredelPadre. Como el NombredelPadre es un significante, la ley del significante es una ley de "todo o nada": se forcluye o no se forcluye, hay NombredelPadre o no hay NombredelPadre, no hay más o menos NombredelPadre. La conclusión lacaniana, entonces, en 1958, parece indicar, al menos a primera vista, puesto que creo que habría que escarbar todavía mucho más en los meandros de ese escrito que lo que lo hace la lectura corriente, que suele reducirlo a poco más que la metáfora paterna, parece indicar, decía, al menos a primera vista, que mal podría haber tratamiento de la psicosis porque la transferencia implica que el sujeto deba tener en su acervo simbólico este NombredelPadre, en nombre del cual se autoriza a tomar la palabra. Dado este planteo un poco sumario, los fenómenos de transferencia podrían jugar como desencadenantes, o como ocasión del desencadenamiento, de una psicosis que para constituirse como tal no necesitaba sino de ese estímulo.

Ahí estamos los lacanianos, en general.

Pero luego de este año, 1958, que es el año de la redacción del escrito «De una cuestión preliminar...», el año del Seminario sobre Las formaciones del inconsciente, la elaboración lacaniana no quedó ahí, siguió avanzando. Más aún: el retorno a Freud de Lacan implica el surgimiento de una diferencia entre Freud y Lacan que le va a permitir a Lacan decir, por ejemplo en el curso de su Seminario R.S.I., que es de 1974, que si bien él es freudiano, "Freud no es lacaniano". Y esta afirmación es fundamental. Es fundamental porque despeja una noción del inconsciente que ya no es la del inconsciente freudiano, y más aún, implica una concepción de la transferencia que no es la freudiana. Efectivamente, como recordaba mi compañero de mesa, con la noción freudiana de transferencia no hay manera de plantear un tratamiento de la psicosis que sea un tratamiento psicoanalítico. Pero la noción lacaniana de la transferencia, con su fundamento en el sujeto supuesto saber, va a ser una noción extraida precisamente —¿cómo es que suele olvidarse este dato radical?— del campo mismo de la psicosis. ¿A dónde quiero ir con este señalamiento? A que así como no hay abordaje psicoanalítico posible de la psicosis desde una teoría construida desde la neurosis, como es efectivamente la doctrina freudiana, Lacan pareciera estar en condiciones de proponer un abordaje posible de la psicosis desde una teoría construida, no desde la neurosis, sino desde las psicosis —no es un dato menor el que así como Freud construyó su doctrina de la mano de las histéricas, Lacan se introdujo en el psicoanálisis de la mano de la paranoica Aimée—. Constatamos entonces que hay enunciados lacanianos que Freud no podría sostener. Si el que define el inconsciente como "estructurado como un lenguaje" es un enunciado perfectamente aplicable al conjunto de la doctrina y la práctica freudianas, el que lo define como "discurso del Otro", en cambio, no. Ahora bien, un enunciado como este último, implica radicales consecuencias. Freud no podría aceptar —su noción de "realidad psíquica" se lo impediría— que el inconsciente es el discurso del Otro, y es ahí que Freud no puede abordar ningún testimonio del psicótico, en la medida en que su concepción del inconsciente lleva imparablemente a que dicho testimonio sea acogido en términos de proyección, es decir, cuestionando la verdad fundamental aportada por el testimonio, que el Otro habla. Ahora bien, cuestionado esto, que el Otro habla, y lo que cuestiona este testimonio relativo a que el Otro habla es precisamente, como he dicho, la noción freudiana de proyección, no importa que, a partir de ahí, se acoja el resto del mismo, porque ahí hemos rechazado la base misma de dicho testimonio: que el Otro habla, que ha hablado, y dijo... lo que sea que haya dicho en el fenómeno alucinatorio.

Luego de 1958 se producen una serie de modificaciones en la doctrina de Lacan, que voy a tratar de puntualizar muy resumidamente, dado que el tiempo es escaso. En primer lugar, el NombredelPadre es cuestionado en la medida en que, en su lugar, Lacan termina proponiendo "los nombres del padre". Digamos así, la pluralización de los nombres del padre implica que se cuestiona que haya el NombredelPadre, con ese valor de significante fundamental, primordial, etc... ¿Por qué? Porque luego del Seminario 5, sobre Las formaciones del inconsciente, que es el Seminario en el que Lacan propone la metáfora paterna, y afirma, aunque él después lo niega, porque Lacan también adolece a veces de falta de memoria, no siempre involuntaria — en el Seminario 17, sobre El revés del psicoanálisis, dice por ejemplo: "en esa época estuve a punto de decir que había Otro del Otro" — ahora bien, no es que estuvo a punto de decirlo, efectivamente lo dijo, y más de una vez, precisamente en el curso del Seminario 5, definiendo al NombredelPadre como Otro del Otro — pero luego, les decía, viene el Seminario 6, sobre El deseo y su interpretación, donde Lacan "revela", digamos, lo que califica como "el gran secreto del psicoanálisis" —es la segunda de las tres ocasiones en las que emplea esta fórmula—, a saber, que "no hay Otro del Otro", y este "no hay Otro del Otro" implica que el Otro está barrado de movida, que la carencia de la estructura es principial, y forma parte de su definición misma. La incompletud e inconsistencia del Otro, entonces, no es resultado de una operación, es la existencia misma del Otro, o por mejor decir, su inexistencia. En relación a esta incompletud e inconsistencia del Otro, entonces, el NombredelPadre, los nombres del padre, es función de suplencia. A diferencia del planteo básico del Seminario 3 y del escrito «De una cuestión preliminar...»: si el NombredelPadre falta, por forclusión en el lugar del Otro, el Otro queda con un agujero que buscará remediarse con el recurso a lo imaginario — a diferencia de este planteo, el que resulta de la fórmula "no hay Otro del Otro" postula el agujero en el corazón mismo de la estructura —de la estructura que en el Seminario sobre La identificación Lacan califica "normal"—, resituando necesariamente así la función del NombredelPadre. Antes de pensar en las suplencias posibles del NombredelPadre, a lo que parece llevar cierta lectura apresurada del Seminario 23, sobre El sínthoma, conviene partir de lo que Lacan había precisado inequívocamente en su Seminario 22, R.S.I., que el NombredelPadre mismo, ahora promovido como los nombres del padre, y allí está precisamente la razón de dicha promoción, cumple su papel suplementario y de suplencia respecto de esta falta radical de la estructura, ya enunciada, por ejemplo en el escrito «Subversión del sujeto...», como "no hay Otro del Otro" o "no hay metalenguaje", o por ejemplo en el Seminario sobre La lógica del fantasma, como "no hay universo del discurso", o más radicalmente, a partir del Seminario 19, ...ou pire, como "no hay relación sexual".

Otra consideración. El NombredelPadre, de ser un significante, pasará a ser una consistencia más, cuarta, en el nudo borromeo. Lo cual implica que este término introduce consigo la consistencia, la exsistencia y el agujero, lo imaginario, lo real y lo simbólico.

No menos importante, el Seminario sobre El sínthoma, que es el Seminario 23, que la lectura apresurada corriente hace de él una especie de "segundo seminario" de Lacan sobre la psicosis — cuestiono esta manera de leerlo: el Seminario sobre El sínthoma no es un "seminario sobre la psicosis", aunque la psicosis esté constantemente evocada en sus clases, tampoco es un "seminario sobre Joyce", aunque este escritor, o al menos su nombre, pues no es seguro que el Joyce del que habla Lacan sea el escritor James Joyce que conocemos sus lectores y sus biógrafos, pero, en fin, aunque este escritor esté constantemente evocado en las sesiones de este Seminario, y menos que menos es un "seminario sobre el tratamiento posible de la psicosis", que no proporcionaba, pero que parecía no obstante que prometía, el escrito «De una cuestión preliminar...» — pero prefiero interrumpir esta consideración, que me requeriría un tiempo del que no dispongo, y en su lugar los remito a un artículo mío, recientemente publicado en los Cuadernos Sigmund Freud, donde me refiero a este punto (3) — lo salteo, entonces, y me limito a señalar lo siguiente: que lo que introduce el Seminario sobre El sínthoma es la paranoia como una estructura en la cual real, simbólico e imaginario están en continuidad, son una sola y misma consistencia, y por lo tanto no hay distinción entre los registros. Pero entonces, la paranoia es la indistinción de los registros... — ¿Esto que digo se entiende? Los que me escucharon este año en mi pequeño seminario en el Hospital de Melchor Romero, (4) supongo, lo entienden, los demás, no sé. En todo caso, para los que no lo entienden, pues no puedo desarrollarlo ahora, se los dejo como un enunciado a repensar. No es posible hacer mucho más que esto, en una mesa redonda, y entonces les transfiero el trabajo de encontrarlo por sus propios medios. — Pero entonces, si esto es así, esto cuestiona otra cosa, otro dato importante de la "cuestión preliminar", que es que la tesis de la forclusión implicaba que, como reza la fórmula ya canónica, "lo rechazado de lo simbólico retorna en lo real", pero si es el NombredelPadre el que introduce la distinción real de los registros, como es el planteo en los términos del nudo, si la paranoia es la indistinción de los registros, entonces queda cuestionada esta tesis de la forclusión, porque real y simbólico, entonces, no son datos de partida, por lo que mal podría funcionar la fórmula canónica sin la previa distinción entre simbólico y real. Para que lo rechazado de lo simbólico retorne en lo real, primero deberían estar distinguidos simbólico y real.

Por último, me parece también importante destacar que en todo este Seminario 23, que se supone —erróneamente— que es "un seminario sobre la psicosis", la fórmula, digamos, el sintagma consagrado por el uso, "forclusión del NombredelPadre", aparece una sola vez, aparece una sola vez, y aparece justamente para disyuntar estos dos términos, que en épocas del escrito sobre la "cuestión preliminar" o del Seminario 3 era imposible disyuntar: "forclusión" y "NombredelPadre". Porque en una de las sesiones del Seminario sobre El sínthoma Lacan se pregunta: "¿Hay otras forclusiones además de la del NombredelPadre?" — Ya esto, la pregunta misma, implica la disyunción entre ambos términos, impensable antes, pero lo que Lacan se responde va todavía más allá: "Es difícil de responder, porque la forclusión es un concepto radical, mientras que el NombredelPadre es algo ligero".

En resumen. Me parece que el Seminario sobre El sínthoma, lo que introduce, no es, como la vulgata lacaniana lo propone, el tratamiento posible de la psicosis que no proporcionaba el escrito sobre la "cuestión preliminar", sino que abre una nueva cuestión preliminar. Con lo cual, vuelvo al punto de partida: retroceder ante la psicosis es saltear una cuestión preliminar.

Tengo muy poco para agregar a lo que ha dicho mi compañero de mesa, dado que en general estoy de acuerdo con lo que él nos ha manifestado en lo relativo a la transferencia en la psicosis. Creo que lo ha despejado muy bien. Pero me interesaría subrayar un punto, para mostrar que Lacan no siempre es contemporáneo de sí mismo. En ese escrito de 1958, pese a que Lacan parece concluir que la transferencia sobre el Profesor Flechsig fue el desencadenante de la psicosis de Schreber, y esto en concordancia con la concepción de entonces sobre la forclusión del NombredelPadre, sin embargo hace al pasar una observación que me parece muy interesante, precisamente en función de lo que acaba de sernos planteado. Ustedes recuerdan, seguramente, el llamado esquema L, que a continuación va a dar lugar al llamado esquema R. En a’ tenemos el lugar de la confusión de persona, el pequeño otro, y en A mayúscula tenemos el lugar del Otro. La tesis de la "cuestión preliminar" es que una perturbación en el orden simbólico situado en A, por la ausencia del NombredelPadre, acarrea una perturbación de lo imaginario que se juega en la relación de a a a’, la relación especular. Por lo tanto, cuando se produce el encuentro contingente con Unpadre — subrayo que es contingente, y éste es otro punto que a veces se deja de lado: la psicosis no es idéntica a la forclusión del NombredelPadre, es la forclusión del NombredelPadre más un encuentro contingente, puesto que en el Seminario 3 la psicosis es algo que se desencadena — esto es muy importante, permítanme este paréntesis un poco intempestivo, porque en el Seminario 23 Lacan se la pasa preguntándose si Joyce era loco, nunca lo responde, pero la pregunta, aunque no la responda, la pregunta misma ya es fundamental, porque se pregunta por la locura de alguien en el que es imposible situar ningún desencadenamiento, lo que equivale a decir que esta pregunta cuestiona la clínica de la psicosis como clínica del desencadenamiento — cierro el paréntesis — entonces, Lacan detectaba esto: que la forclusión del NombredelPadre, con el encuentro contingente con Unpadre, lo que producía era el desencadenamiento del significante en lo real y la regresión tópica al estadio del espejo. Al analista le quedaban entonces dos lugares, aparentemente: o el del gran Otro persecutorio, o el compañero codelirante, la folieàdeux, ambas alternativas catastróficas para el tratamiento. Sin embargo, encontramos en ese escrito una observación al pasar que me parece fundamental para valorizar alguna posición del analista en relación al testimonio que aporta el psicótico, cuando Lacan dice que, a pesar de todo esto, lo que acabo de evocar relativo a la enorme perturbación de lo imaginario, Schreber se dirige a nosotros, los lectores de sus Memorias, y también que las relaciones con su mujer, al menos en el sentido de la amistad, estaban conservadas. Quiere decir que no todo lo imaginario en la psicosis está arruinado por esta perturbación de lo simbólico que resulta de la forclusión. Si bien este escrito es de la época de la primacía de lo simbólico —primacía que se verá cuestionada a partir de la propuesta de un anudamiento borromeo entre los registros—, según la cual lo simbólico determina lo imaginario, sin embargo, algo de la relación al semejante, señala Lacan, está conservada. Ahora bien, deduzco de esta observación que es posible para el analista un lugar diferente que los dos que proporciona el esquema L —por otra parte puesto en veremos desde el cuestionamiento de la noción de intersubjetividad en el Seminario sobre La transferencia... o en la «Proposición del 9 de octubre de 1967...»—, un lugar que no sea ni el del perseguidor ni el del codelirante de la folieàdeux, lugar desde el cual el analista podría acoger un testimonio, aceptado esto que hace unos momentos Rodolfo denominaba "transferencia trastornada" — término que me parece excelente, he escuchado algo semejante bajo la denominación de "transferencia invertida", y también como que "el psicótico postula transferencialmente" — es decir, que se hace transferencia sobre él — en ese sentido, Allouch plantea que acoger el testimonio del psicótico podría parecerse a acoger a un analista en control.

Bueno, es evidente que quedaría mucho por decir, porque este tema es inagotable, y además no sabemos ni medio —quien sepa un poco más, apenas lo suficiente para zanjar definitivamente sobre estas cuestiones, está para el Nobel—, pero entiendo que ya va siendo conveniente que les pase la palabra a ustedes.

NOTAS

(1) La broma estaba facilitada por el contexto: la persona que me presentó lo hizo con la fórmula "A continuación tomará la palabra...", etc.

(2) Me acompañó en esa ocasión, precediéndome, el lamentado Rodolfo Iuorno.

(3) Ricardo E. RODRÍGUEZ PONTE, «El sínthoma: sobre una lectura "de hecho" y una "de derecho". Notas para una lectura del Seminario de Jacques Lacan», en Cuadernos Sigmund Freud, nº 15, Escuela Freudiana de Buenos Aires, Buenos Aires, Octubre de 1992.

(4) Ricardo E. RODRÍGUEZ PONTE, Introducción a la lectura del Seminario «Le sinthome», seminario dictado en el Hospital Alejandro Korn de Melchor Romero, para residentes y concurrentes de los Hospitales de La Plata, MayoJulio de 1992.