Palabras de Apertura:
Alejandra Rodrigo
(*) Jornadas Aniversario "30 años de Escuela (1974-2004)". Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1, 2, 3 y 4 de Julio de 2004.
La Escuela de Atenas, que plasmara magistralmente Rafael en su lienzo, nos da a ver en una escena casi mítica, el espíritu vital de quienes nos legaran el basamento de nuestra cultura occidental.
Podemos reconocer, entonces, de esos tiempos fundacionales, de pie, en el centro, a Platón junto a su ex discípulo Aristóteles, representando con sendos gestos las dos corrientes del pensamiento que marcaron con su enseñanza, el camino para quienes le sucedieron.
Vemos allí a Platón, señalando con el dedo el cielo, de donde proceden las ideas, mientras que Aristóteles tiende su mano al suelo, para indicar que la idea toma su fuente del mundo exterior.
Para Aristóteles , saber y aprendizaje van de la mano del maestro, no se puede enseñar sino aquello que se ha aprendido. En cambio para Platón, discípulo de Sócrates, el aprendizaje se obtiene también de la reminiscencia, no obstante aún para ello hace falta un maestro.
El pretexto para una lectura de la alegoría, que ilustran estas Jornadas, me ha permitido sortear el obstáculo que sobrevendría, si no mediara transición alguna para el entronque del pasaje de esta Escuela, la de Atenas, a otra Escuela, la nuestra.
Ahora bién, realizado el salto Un saber, ¿se enseña?
Aprendimos de una enseñanza, que en posición de analizante, el saber deviene fecundo, a condición de que no se muestre "amaestrable" y mas aún "que la enseñanza podría estar hecha para hacer barrera del saber". Aprendimos, además, que entre el saber y la verdad existe la frontera.
Acudamos, pues, a la cita: "La verdad puede no convencer, el saber pasa en acto".
De una escuela de psicoanálisis se esperará que enseñe. Renovemos hoy el agradecimiento a quienes fueron nuestros maestros y cuya palabra nos causara en la transferencia al psicoanálisis.
Si el conocimiento conduce a la ignorancia, solo podrá restar, de algún aprendizaje si lo hubiera, un real para ser cernido por el saber que nos habita.
Una escuela de psicoanálisis podrá decir de la transmisión en la extensión, por sus dispositivos, ya que al introducir con ellos una legalidad, interpelarán agujereando el goce , los efectos de lo grupal.
Por el lugar que aquella dona, como garantía de formación suficiente, en el reconocimiento de quienes dan constancia y prueba de su implicación con el psicoanálisis y de su posición como analistas, en la dirección de las curas que conducen.
Por la bisagra moebiana que inaugura el Cartel, en tanto realiza la juntura que el análisis del analista articula a la práctica de escuela.
Por el empuje a testimoniar, aunque no siempre devenga en pase.
Para que en él se diga, para que algo pase, de esa marca singular que al arrojar una verdad acerca de un goce inédito , precipite en la lectura nuevas letras, que en la nominación, hagan escuela.
Para que ésta, entonces, ofrezca el resguardo necesario que hace falta para sostener una interrogación permanente, de la lectura del funcionamiento de su organización, como del que-hacer al que la clínica nos invita para que un discurso prosiga.
También, podrá dar a leer y publicar de lo que enseña y dice, "como mensaje de saber en fracaso" que insiste en la palabra escrita, para que el texto plasme y verifique, de vez en cuando y en cada ocasión que lo requiera, aquello que el analista es al menos dos: el que hace su praxis y aquel que lee, en su práctica, los efectos de un decir.
Una escuela de analistas que se haga responsable al sostener la política del psicoanálisis en la del síntoma. "El psicoanálisis", recordemos nos decía Lacan, "es en sí mismo una plaga" "A él se le pide que nos libere del síntoma y de lo real al mismo tiempo, de tener éxito se extinguirá como un síntoma olvidado."
De donde puede deducirse, que no es pasible que sea legislado oficialmente, pues en él, la regulación del deseo proviene de que el goce le está prohibido a quien se diga hablante.
Una escuela, la Escuela Freudiana de Buenos Aires, que pone en acto su discursividad, a través del lazo social que sostiene, certera báscula por donde encuentra su operatividad el efecto sujeto.
Una manera, quizás posible de cerciorarnos de no estar en la impostura, al oradar el saber instituìdo, interrogándolo. Institución de un saber cuyos efectos degradarían su enseñanza al pervertir su transmisión.
Así, el lazo social entre analistas, como lo entendemos, podría dejarse escriturar en la contabilidad de un goce, que se abriría paso a través de lo que Ricardo Estacolchic designara como la masa psicoanalítica.
Y como Freud magistralmente nos lo enseñara, lo que hace masa culmina en la sofocación de la alteridad, cuando no, en la fosilización del sujeto.
Para enumerar solo algunas de sus versiones : la permanencia de la ferocidad de la fratría, la conmiseración en la extrema religiosidad del sentido, la obediencia sacralizada a un ideal incuestionado, la militancia de la servidumbre al amo.
Un lazo social que escriba en su singularidad como cada quien se autoriza por su acto y con otros ya que la reinvención del psicoanálisis no será sin el acto, en el que ese gesto atemporal que inaugura el corte, instaura, delimitando, un real por cuya causa el sujeto se divide.
Nuestro agradecimiento a quienes creyeron en la apuesta de un porvenir para el psicoanálisis y nuestro compromiso nuevamente recreado con el pacto renovado de sostenerla.
Amigos, participantes de estas Jornadas, en nombre de la comisión directiva de la Escuela Freudiana de Buenos Aires me es muy grato darles una cálida y afectuosa bienvenida, transitaremos juntos estos tres días de trabajo que culminarán con una gran fiesta, el día domingo.
Quedan pues, abiertas las Jornadas de Escuela del año 2004.