El duelo y el final de análisis

María C. Alejandra Rodrigo

(*) Trabajo presentado en las Jornadas de Carteles de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1997

(**) Agradezco a mis compañeras del cartel, Adriana Dreizzen, Marina Luis y Liliana Lamovsky, al haberme propiciado con su intercambio la producción de este escrito.

La experiencia el análisis permite que la temática del duelo se haga manifiesta. Lugar para que se desplieguen las más variadas presentaciones, éstas hacen a los modos de tramitar los duelos que se actualizan en presencia y acto en la transferencia, alrededor del otro y del sujeto.

Ahora bien, ¿qué entendemos por tramitar?

El proceso que hace posible que una perdida devenga falta, acontecimiento que conlleva la necesariedad de un final. En tal caso, finalización, realización del fin o conclusión, cualquiera fuese el modo de nombrarlo, La pérdida del objeto sea imaginaria o real, deberá reescribirse simbólicamente para que el sujeto se lea allí donde se ausenta.

Doble lectura, entonces, a producir: la del sujeto, cuya pérdida (aquello que freudianamente lo ligaba al objeto) le anticipa de otra pérdida, y la que concierne al objeto en tanto su caída le releva el lugar vacante en que su imagen se sostenía.

Vemos, pues, que la temática del duelo en un análisis, reedita un trabajo de lectura que reescribe la castración propia y la del Otro, para finalmente conquistar un saber acerca de la falta, en tanto el sujeto se sitúa de otra manera en la economía que rige su goce, quedando advertido de la división de la causa.

Sabemos que no toda pérdida conlleva un duelo, pero sí, que todo duelo conlleva una pérdida para un sujeto.

Entonces, la efectuación de un duelo no es sin que el sujeto del deseo advenga, en tanto la presentificación del objeto señala el pasaje por la angustia.

Duelos detenidos en una historia reprimida, la clínica de nuestros días nos oferta como analistas la apuesta a la que cada análisis nos convoca, no obstante, los modos de qué-hacer con las pérdidas a las que un sujeto se encuentra confrontado, prueban el límite de la estructura, espacio en cuya contextura, convergen analista y analizante.

Límites de la estructura que los tiempos lógicos de un análisis revelan para develar por último, que es en torno al duelo por el objeto, por donde su finalización avanza. Les propongo, ahora, compartir algunas cuestiones que me interrogan acerca del duelo y lo relativo al final de análisis.

La invención lacaniana nos ha donado con su lectura singular, la novedad de un más allá del límite. Límite que la roca de la castración operó en Freud, para definir el análisis como interminable, pues, como sabemos, el inconsciente no cesa de escribir aquello que lo lee interpretable.

Después de Freud, y desde la perspectiva del objeto, los análisis kleinianos, abrevando en el trabajo del duelos en torno a la resolución transferencial, hicieron coincidir su término, justamente, en tanto la conservación del objeto estuviera destinada a preservarlo, reteniéndolo así a perpetuidad, por las vías de la reparación depresiva.

Pero, ¿cuál será la dirección, de que manera deberá realizar su trabajo de duelo al final de un análisis, para que este concluya definitivamente?

La paradoja lacaniana nos ha enseñado, que para poder avanzar en la dirección de un más allá, tal como lo señalábamos, para poder avanzar, repito, habrá que realizar la experiencia de un final.

Pero volvamos, por un instante a Freud, el padre del Psicoanálisis, quién nos recuerda que un análisis termina en tanto se realice la disolución de la transferencia paterna, así exactamente es como lo refiere en Introducción al Psicoanálisis.

¿Qué implicará disolver la transferencia paterna? ¿De que objeto se trata, entonces, al final de un análisis, jugado, ahora a la luz del concepto lacaniano, liquidación de la transferencia?

Cabe aclarar aquí, que considero que un análisis comienza su final mucho antes que efectivamente concluya y que no todo fin le pone término. Propongo, además, a riesgo de cierto forzamiento, que el fin está desde el inicio.

Los invito a repensar algunas consideraciones en relación ala experiencia analítica, escena cuyo dispositivo, recrea el montaje de otra escena, la de los tiempos instituyentes subjetivos, donde se actualizan, por la repetición de las vías regresivas de las demandas, las sucesivas identificaciones a los objetos pulsionales desde donde el sujeto fue llamado a responder, configurando así un Otro que consiste e inviste de sentido al ser.

El analista por su función se hará soporte de los mismos, ofertando un lugar, ahora sí, para efectuar su caída, no solo al desandar el trayecto que la transferencia despliega, sino operando allí, con sus intervenciones, desde los tres registros RSI con los que cuenta. De esta manera, el transito por un análisis, compromete el fantasma del analizante y el del analista pone a prueba su propio análisis, en tanto aborda aquellos puntos ciegos inanalizados, a diferencia de los que resta inanalizable de todo análisis, y lo convoca a realizar el duelo por el analizante que fue.

Entonces, el atravesamiento del fantasma es solidario al develamiento del carácter de señuelo del objeto pulsional, como así también a la inconsistencia del Otro que se sostenía como su portador-donador.

La efectividad de la operatoria analítica, por la vía de la separación, hace posible que el sujeto retorne de su afánisis, anoticiándose en cada vuelta de que la verdad será siempre dicha a medias, arribando al desencuentro originario con que se jugó la partida.

Por lo que resulta, el desencuentro no deviene producto de un final, sino que está en el origen de la constitución subjetiva y también de la escena analítica, renegado en el origen, posiciona al sujeto neuróticamente conforme a su fantasma; velado en el engaño que la transferencia inaugura, será condición necesaria para que esta ficción albergue el lugar disponible que en el amor de transferencia aloje al objeto, metáfora del deseo, y poner allí a trabajar el duelo, en acto, por el acontecer de un análisis.

Así el duelo como aprendimos con Lacan, moviliza todo lo simbólico. Al comparecer un agujero en lo real de la existencia, apela a la textura imaginaria con la que cada sujeto cuenta haciendo conjugar al sujeto, al Otro, al otro y al objeto. Pone en causa la vacilación fantasmática que acomete con su basculación, las alternativas que cada estructura permita.

Del sujeto con el objeto, recorta su pérdida, del Otro connota la falta de un significante que da respuesta de su ser. Quedando advertido del encuentro siempre fallido, ya que no hay relación sexual, será por la división que lo causa como podrá saber siquiera lo que desea finalmente, para disponer de la alternancia de Otro goce.

Sujeto al deseo, la fórmula vacía de la alienación lo habrá destinado, al hacer la experiencia de la falta, el confrontarse con lo que no es, con la falta en ser. Y aquí, se tratará de aquel duelo fundante de la estructura, de sustancia radical, por la que son posible los demás duelos.

Será el tiempo de hacer el duelo por loo que no se tuvo, pero también por lo que no se es, poniendo en juego la propia desaparición y la del Otro, , para que la pregunta por su pérdida se redoble en la de su falta.

Al final de su días, Freud aporta, a la dialéctica del tener, la lógica del ser, identificado el objeto al pecho, nos dice: ..."tener y ser en el niño. El niño prefiere expresar la relación objetal mediante la identificación, yo soy el objeto. El tener es ulterior, y vuelve a recaer ene l ser una vez perdido el objeto... Más tarde tan sólo yo lo tengo, es decir, yo no lo soy..." (1)

Para comenzar a concluir.

La experiencia analítica pone en acto la experiencia del duelo, a través de un trabajo de escritura RSI y su localización en la estructura despeja la ineludible cuestión del resto.

En lo real, lo imposible del encuentro con el objeto, en lo simbólico en tanto no todo el goce está permitido, deslinda la castración propia y l a del Otro, en lo imaginario la discipación de la ilusión que sostenía las identificaciones, arroja desprendido el a, resto de la operatoria analítica, al que habrá quedado reducido el Otro de la transferencia, resto en causa del sujeto por venir.

Si atravesar un análisis implica para un sujeto hacer la experiencia de la falta propia y la de Otro, esta experiencia no es sin la reescritura de lo simbólico en la trama imaginaria con lo real de cada quién.

En el momento de concluir, se leerá el estatuto del objeto como perdido,, cuya marca nombra al sujeto en su singularidad.

La experiencia del final de un análisis, recorta un lugar vacío para despejar un saber hacer allí que, por el acontecer del acto, apuesta a una nueva escritura.

El duelo allí consumado, ¿propiciará la producción del hacer letra, como una de las maneras con las que un sujeto pone en causa el resto devenido al final de una cura?

La letra podrá emerger, como la escritura en la que se lee el deseo.

Pensemos en la letra, tal como la conceptualizará Lacan, haciendo litoral entre el saber del inconsciente y goce del objeto.

La letra, entonces, desprendida, desgajada del significante y del objeto, podrá escribir uno, de los tantos nombres del sujeto...

A propósito de Los Nombres del Padre, Lacan nos recuerda lo que Platón nos legara en el decir de Sócrates: ..."ocúpate de tu alma ... y ocúpate de este objeto al que persigues, no es más que tu imagen...[]...Haz tu duelo en este objeto, entonces conocerás las vías de tu deseo..." (2)

NOTAS:

(1) Sigmund Freud. Conclusiones, Ideas, Problemas. EN: "Escritos Breves". O.C. T.3 López Ballesteros.

(2) Jacques Lacan. Los Nombres del Padre: 1963. -Inédito-.