HISTERIA

Stella Maris Rivadero

(*) Taller "Encrucijadas de la Clínica II" - LAS NEUROSIS INSISTEN - Escuela Freudiana de Buenos Aires; 1998

En la distribución de los temas, a mí me correspondió: LA HISTERIA. Así voy a compartir con ustedes un asunto que me preocupa desde hace algún tiempo, especialmente en la conducción de la cura y, en particular, la cura de las mujeres histéricas, aquellas que quedaron enquistadas en ciertas posiciones de renegación e identificación con el padre.

Destaquemos que la histeria es la neurosis que cuestiona e interroga la función del padre y de sus límites.

"Doble figura de la carencia paterna: la del padre muerto, desde ese momento para abrigar goce, y la del padre perverso, seductor, por quien el escándalo se produce"(1).

Reencontramos esta doble figura en los primeros textos del Psicoanálisis: Estudio sobre la Histeria: "Anna O. e Isabel de R.". Ellas enferman luego de la muerte de un padre amado al que habían asistido durante largo tiempo. Catalina y Rosalía enferman tras haber sufrido tentativas de seducción por parte de su padre. Sabemos que la angustia guía la dirección de la cura, pero de acuerdo a cómo se la conceptualice será posible o no, una cura psicoanalítica. Así también, de acuerdo con la manera en que se conceptualice el tema de la femeneidad será o no posible que una cura llegue a su fin.

El tema al que me refiero es el de la dificultad de hacer declinar la demanda al padre del significante de la femeneidad. Supuesto significante que le brindaría la respuesta al enigma de: ¿Qué es ser una mujer?

Sabemos que no hay significante de lo femenino. Cuando Lacan trabaja las fórmulas de la sexuación brinda una solución al impasse Freudiano acerca de lo femenino, contacto no-todo con el goce fálico (el clitorídeo, la maternidad, el logro de todos los días) también le atrae.

Recordemos que fueron histéricas las que propiciaron que hoy estemos nosotros aquí, las que apuntaron a Freud y permitieron la invención del Psicoanálisis.

Desde hace algún tiempo, llegan a mi consulta pacientes que han estado largos años en tratamiento, donde se han consolidado en posiciones fantasmagóricas de renegación e identificación al padre de la excepción.

Una mujer, para poder hacer algo con el vacío que la habita, tiene en principio, que dejar de pedir eso que le demanda al padre, sino queda en la misma posición en que llegó el límite del análisis Freudiano de una mujer: Mujer infantil, aniñada, satelitando alrededor de la órbita del padre. Padre que debe donar, y que, como no dona, y no puede satisfacer esa demanda inútil, termina siempre cayendo de ese lugar, del padre donador al padre impotente.

La histérica es, precisamente, aquélla que se ocupa más fervientemente, y trabaja para lograr que haya padre en algún lugar. Hace esto a cualquier precio, aún hipotecando una parte de su vida, inutilizándose u ofreciéndose en sacrificio con el afán de hacer existir a otro. Lo hace consistir, consistencia de la cual ella también participa, porque en ese sentido es hábil: si el Otro consiste y puede todo, ella, en algún momento participará de ese brillo supuesto y de esa consistencia ajena, haciendola propia. En consecuencia, si cree en el padre es porque cree en La Mujer, en la Excepción que dice: "no, a la función fálica".

Lo que busca en el padre, lo que le demanda en sus insistentes exigencias es que aquéllo que en el momento propicio, sabe muy bien que no lo va a encontrar en ése, precisamente, ya que sería LA MUJER, si existiera, quien lo poseería.

Es en este cambio que se presenta la dificultad de la cura.

Ese momento de declinación de la demanda para lograr que caduque, porque se presenta la posibilidad de quedar atrapada en el goce materno. La niña atraviesa su etapa pre-edípica, deja a la madre para pasar al padre, después debe abandonar a éste para pasar a sus subrogados.

Cuando trabajamos en el análisis el agujereamiento de ese TODO del padre, generalmente, va aparecer la fantasmagoría con relación a la madre; abre la boca del cocodrilo, como dice Lacan en el Seminario 17 "El revés del Psicoanálisis", puede engullir no solamente a la histeria, sino que esto comprende a cualquier sujeto. Lacan juega en el idioma Francés con la palabra CROCODILE: Croque (muerde), Dile (dilo), en el castellano este juego no es posible.

Entonces, la pregunta es cómo sostener en la transferencia ( interrogante que vamos a trabajar en los talleres) ese tiempo de pasaje, de intenso movimiento, donde hay un punto en el que podríamos decir trabajamos la Clínica en los bordes.

Ese preciso momento de intensa angustia que constituye el pasaje del padre a la madre.

Suelen suceder dos cosas: se cae en un estado de melancolía o se produce un discurso obsesivo: "bueno, soy una mierda; nada sirve sino tengo ese referente paterno, ahora, que hago; ¿en qué posición quedo?".

Referente paterno ilusorio, porque del padre hay que servirse para después poder hacer algo más allá de ese referente, de lo contrario, el padre se torna un punto de referencia desesperante: "hay que andar buscándolo o constituyéndolo a cualquier precio".

Ir más allá del padre, ¿qué implica? "Cuando un análisis logra hacer de lo que llamamos padre una posición desde la que es posible construir una diferencia, el padre que era término diferencial originario, deja de ser un punto de referencia desesperante".(2)

Sabemos que el neurótico prefiere hacer de su castración imaginaria un bastión, antes que enfrentarse con la castración en el Otro, y avanzar en el reconocimiento de la misma.

Debe hacer el duelo por ese lugar de falo imaginario con el que obtura la falta en el Otro, y dejar la consistencia que eso le brindaba "soportando el dolor de ya no ser" para Otro que tampoco existe.

Para ello es necesario el proceso por el cual se atraviesa la posición fantasmática. Posición que protege y en cierto punto tranquiliza, pero es un ámbito estrecho que le impide al sujeto despazarse con libertad en el campo de su deseo.

El camino a la femeneidad implica un largo y a veces doloroso trayecto, pues en el mismo para poder gozar de la falta, de eso que no tiene, de la creación sin creérselo demasiado, para que también pueda gozar de ser deseable tentando a los varones(3).

Una mujer tiene una relación más directa con la castración, desde lo real de la privación, lo que le permite una facilidad estructural para semblantear la falta(4).

En este proceso es necesario que una mujer haga varios duelos, la niña se identifica a la madre, y de ella, en el mejor de los casos, recibe el consentimiento para ser mujer.

Relataré el sueño de una paciente, que está en esa etapa del pasaje donde a la sesión muy angustiada, porque ha tenido una pesadilla. Sabemos que la pesadilla es la aparición del goce del Otro y al sujeto lo deja en posición de objeto, totalmente a merced del Gran Otro. Antes de pasarles a contarles la pesadilla, comentaré algunos datos de interés sobre esta persona. Es una muchacha de treinta y cinco años, tiene un hijo pequeño, y ha decidido no convivir ni casarse con el padre del niño. Después de haber tenido a su hijo, nunca más tuvo ningún tipo de contacto físico con aquél. Esto lo cuenta en los primeros tiempos del análisis como: "éste no me quiere, éste no me desea, éste no quiere saber nada conmigo", y después de cierto tiempo, empieza a darse cuenta que ella se sustrae prontamente en cualquier escena amorosa que él u otro le propongan.

Además, se queja amargamente de las largas discusiones y peleas que tiene con el padre de su hijo por la manutención de éste. Cabe aclarar que este señor se hizo y se hace cargo de la paternidad, tanto en el aspecto afectivo como económico.

Es en este período que está enamorada de otro hombre, con el cual tiene algunos acercamientos. Este señor (al que nombraré Juanito) le propone (a quien llamaré María) un viaje. Entonces ella hace el siguiente sueño: "Está en un lugar, no sabe con certeza si es Sudáfrica o Inglaterra, y está por viajar en un tren, puede tratarse del Blue Train o el Orient Express. A continuación baja por un estrecho pasadizo a una cabina muy lujosa del tren de estilo Victoriano. Cuando desciende a ese lugar, se asoma una amiga de ella, muy amiga, que con una voz por demás especial le dice: "¿Ves?, este no te da nada, para que lo querés". Y además, la mira fijamente. María queda petrificada con esa mirada y la voz sigue repitiendo la frase". En ese momento, se despierta angustiada, y no logra despabilarse del todo. Siente su cuerpo dolorido.

En el curso de la sesión, lo relata contando que ella hace mucho tiempo le está demandando a Juanito un viaje. Efectivamente, el día anterior a la pesadilla, Juanito le dice: "compré los pasajes para ese viaje", resto diurno que ella utiliza. El peso de esa voz la deja atenazada, diciéndose que debe obedecerla, su cuerpo queda tomado y durante gran parte del día no puede sustraerse al imperativo gozoso de esa voz y de esa mirada. Voz y mirada que aparecen sin castrar.

Asocia con Sudáfrica, que es el lugar donde vive su hermano. Ella lo ha visitado en varias oportunidades y lo ha pasado muy bien. Es un sitio que le gusta mucho. Su hermano tiene algunas dificultades, porque posee prejuicios contra la etnia negra, pero, por razones laborales debe permanecer en ese lugar. Para quien tiene prejuicios raciales, fuertemente arraigados, vivir en Sudáfrica es un problema.

De Inglaterra dice que también fue un lugar conocido por ella. Vivió allí tenía veinte años. Estudió una carrera que tenía que ver con Bellas Artes. luego cuenta que su hermano se fue bastante lejos, no solamente por asuntos de índole laboral, sino, además, por problemas con la madre. Agrega que ella, cuando tenía veinte años, también quiso vivir en el exterior, puesto que su madre es una mujer muy demandante, quejosa, despreciativa hasta con sus propios hijos, siempre denigraba a su marido, y, constantemente, le decía a María que era igual a su padre.

En la economía del deseo de la madre de María, este hombre no funcionaba como portador de un falo brillante que a ella le atrajera, no solamente era menospreciado por cuestiones laborales, sino también, lo denostaba en su hombría haciendo chistes obscenos acerca de su virilidad. María carga con el "sos igual a tu padre" quedando ensombrecida por el discurso injuriante de esta madre, restando en una posición melancolizada.

Esta señora también se parecía a la madre de Dora, en la medida en que se ocupaba frenéticamente de la limpieza, pero, a diferencia de ella, tenía algunos comportamientos extraños, y los tiene actualmente, pues suele salir a la noche "a hacer la calle", hecho que le causa profundo dolor a María, obviamente, al ver a su madre en estas condiciones.

Cuando le interrogo sobre esa voz que le dice: "¿Ves que no te da nada?", y esa mirada fija que la petrifica, ella comienza a asociar. Hace algún tiempo que viene trabajando esta línea de voces de las mujeres que le piden que se quede sola, total si los hombres no sirven para nada. Eventualmente, podrían servir solamente si son tomados y mostrados como trofeos ante las otras, por algún sesgo brillante de la posición que ocupan. Trofeos cuyo brillo rápidamente se desvanece ante la mirada o el comentario crítico de alguna de esas otras.

Ella se sitúa en una posición en la qeu le es sumamente difícil pedirle algo a un hombre. Desde el principio, su pedido está invalidado por la idea de que un hombre tiene que dar todo o no puede dar nada.

Hubo hombres a quienes les resultaba muy atractiva, ya que era una señorita de esas que muchos quieren o pretenden, de esas que no piden nada, solamente piden que las acepten. Justamente decía que, una mujer que no pide nada, coloca al hombre en aprietos. No es tan sencillo para él, ya que aquella al no poder pedir, tampoco le permite al hombre dar algo.

En esta línea ella se está debatiendo, en qué posición dejar a un padre o a un subrogado: ¿en la posición de donador?, ¿de poco donador?, ¿de nada donador? Pero, fundamentalmente, pidiendo que le otorguen el significante de la femeneidad. Ese pedido se traslada a la otra mujer, en este caso, esta amiga de María representaba una que sí sabía que era SER MUJER. Y además, sí sabía que se podía esperar de un hombre y también, tenía la palabra en relación a decidir qué daba éste hombre o qué no daba.

Hay una cierta creencia en una etapa de los análisis, donde esta demanda está dirigida también a la madre o a los subrogados de ésta: las otras. Por algo es que la histérica necesita casi permanentemente, para este pasaje, la presencia de un tercero. Pero de cualquier tercero, sino de aquél que albergue el significante de lo femenino.

Suele haber dos versiones de la otra del espejo: la versión propiciatoria, esa que muestra el objeto agalmático y deja ver que otras lo pueden tener y desear, y la versión aplastante, aquélla que se muestra como acaparadora de la totalidad del goce y del saber. De acuerdo con la ubicación del sujeto con relación a esta otra, puede quedar en una posición melancólica de especularidad-rivalidad mortífera con la otra o bien avanzar sobre ese vacío estructural, para llegar a darse cuenta de que cada una deberá intentar su forma de ser mujer.

La mujer deberá hacer un trabajo de acogida y aceptación que para su ser sexuado no existe un padre que pueda donar el Significante de ser LA MUJER. Cuando la demanda caduca, lo que se propicia es una identificación que no da cuenta del ser sexuado. Decíamos que la histérica se vincula al padre por la demanda, demanda que no es de amor.

A diferencia de la histérica, una mujer bordea su real con el no-todo fálico, una relación particular más allá de la demanda del falo, habiendo pasado por el tiempo necesario de amor al padre y de él.

Es por eso que decía, anteriormente, que en este sentido me preocupaba cómo se conducen ciertas curas, que llegan al límite de dejar a las mujeres en la misma posición la cual Freud llegó en su punto de teorización: la envidia del pene y la imposibilidad de avanzar más allá.

Cuando Lacan trabaja las fórmulas de la sexuación por los cuatro quantores de la fórmula, deben rotar tanto los que se dicen hombre como las que se dicen mujeres.

Por el momento, esto es lo esencial, dado el tiempo del que dispongo, después lo desarrollaremos en el trabajo grupal.

Intervención Silvia Wainstein:

Quería hacer un comentario luego de escuchar la ponencia de las tres, donde había un punto en común con relación al significante con el objeto. Me parece que en la puntualización de Cristina del Villar, cuando habla de la neurosis obsesiva es un significante, que ahí tiene la función resistir la aparición del objeto. Es esta descripción que en el discurso del obsesivo encontramos en la Clínica. En la presentación de Hebe Roimiser cuando habla de la FOBIA, dice, trayendo una tesis de Allouch, que el objeto fóbico se resiste a tornarse significante; y en la presentación de Stella Rivadero, al hablar de la HISTERIA, esta demanda del significante de la mujer que no hay, la continua insistencia en aquella, deja colocada a la histérica en el lugar de objeto. Me pareció, de pronto, encontrar una articulación en las tres presentaciones que, obviamente, son distintas según la estructura neurótica que desarrollan en sus estudios.

Stella Maris Rivadero: Me parece interesante lo que puntualizás, porque justamente de eso se trata: de la Clínica. De como alguien puede pasar de ese lugar de objeto de fijación al Otro, a un lugar de sujeto deseante. Nosotros vamos a trabajar con cada estructura el mismo objeto predominante, aunque pasemos por todos los objetos a. Cada estructura tiene una predilección por cierto objeto, el mismo objeto de la fijación, despegándose de ésta va a ser el objeto causa de deseo.

Es necesario hacer pasar la castración de cada objeto, por los tres registros, para dar lugar a un sujeto deseante.

El mismo objeto de la pulsión, al final del análisis o en el transcurso del mismo, despegándose de esas fijaciones va a ser el objeto causa de deseo.

Por eso me preocupaba este punto, y presento un nuevo interrogante: ¿En qué posición se ubica un analista cuando deja a un paciente en ese lugar de objeto?.

NOTAS

(1) Millot Catherine: Nobodady- La Histeria hoy- Editorial Nueva Visión.

(2) Jinkis Jorge: Más lejos que el padre. Revista Conjetural Nro. 22. Ediciones Sitio.

(3) Lerner Eva: Sobre Madres e Hijas. Seminario EFBA a cargo de E. Jabif, H.Heinrich. Clase Nro 3. 1997.-

(4)Amigo Silvia: "De la práctica analítica-Escritura" Vergara Ediciones 1994.-

BIBLIOGRAFIA

Amigo, Silvia / De la práctica analítica:Escrituras. Vergara Ediciones, 1994.

Cancina, Pura / Escritura y Femeneidad. Ediciones Nueva Visión.

Domb, Benjamín / Más allá del falo, Edit.Lugar.

Freud, Sigmund / La femeneidad,Amorrortu Ediciones.

Freud, Sigmund / La sexualidad femenina,Amorrortu Ediciones.

Lacan, Jacques / Seminario XX Aún,Edit.Paidós.

Lerner, Eva / Seminario EFBA. Sobre madres e hijas, 1997.

Vegh, Isidoro / Matices del Psicoanálisis, Editorial Agalma