Clínica de las perversiones

Daniel Piasek

(*) Coloquio de Verano: Escuela Freudiana de Buenos Aires; Enero del 2000

En un texto de 1917 Freud escribió que "a primera vista parece que todo el mundo se halla de acuerdo sobre el sentido de lo sexual, asimilándolo a lo indecente, esto es, aquello de lo que no debe hablarse entre personas correctas". (1). En el mismo texto cita el ejemplo de un médico profesor de la universidad contrario a las nacientes teorías freudianas acerca de la etiología sexual de las neurosis. Algunos de sus alumnos, con el fin de mostrarle que aquellas teorías tenían un fundamento en la realidad lo llaman una mañana en el hospital para que observe el comportamiento de una paciente. Transitando un ataque histérico aquella muchacha estaba realizando los movimientos de parto tal como si un supuesto embarazo hubiera llegado a término. Impertérrito el profesional responde a los jóvenes médicos que creían con ese ejemplo poder arrancarlo de su incredulidad : " está muy bien, pero un parto no tiene nada de sexual !".

El ejemplo sin duda gracioso nos recuerda lo que Freud escribió en más de una oportunidad acerca de los "profanos", agregando que cuando se trata del psicoanálisis debemos considerar entre ellos a la mayoría de los hombres cultos.

Más de ochenta años han corrido desde aquel evento y no sé que piensan ustedes pero se me ocurre que cualquier historia de ese tipo podría desarrollarse en la actualidad. Las resistencias a las grandes verdades analíticas van más allá del tiempo cronológico y como hemos leído, Jaques Lacan le auguraba mejor futuro a la religión.

Pero volvamos a nuestro pequeño e íntimo círculo - el de aquellos que nos dedicamos a la practica del análisis - para pensar acerca de las perversiones. Un hecho innegable es que ninguno de los que integra este círculo hubiera incorporado a su vida y realidad las novedades aportadas por el psicoanálisis en este escaso siglo de vida, si no fuera por el recorrido de su propia experiencia en análisis. Esto tal vez explique en parte que el grupo de los "profanos" siga siendo ampliamente mayoritario.

En el mismo texto Freud escribía acerca de lo que podría darse como una definición amplia de la sexualidad, teniendo en cuenta : 1) la oposición de los sexos, 2) la consecución del placer, 3) la función procreadora y 4) el carácter indecente de una serie de actos y de objetos que deben ser silenciados. Inmediatamente agrega que "una tal definición puede bastar para todas las necesidades prácticas de la vida pero es insuficiente desde el punto de vista científico. Pues quedan por fuera una gran cantidad de sujetos cuya vida sexual difiere notablemente de la considerada como normal. Algunos de estos llamados perversos han suprimido, por decirlo así, de su programa la diferencia sexual y sólo individuos de su mismo sexo pueden llegar a constituirse en objeto de sus deseos sexuales. El sexo opuesto no ejerce sobre ellos atracción sexual ninguna y en los casos extremos llegan a experimentar por los órganos genitales contrarios una "invencible repugnancia" (1).

El mecanismo que gobierna las perversiones se desprende de estas líneas, esa "invencible repugnancia" tiene que ver con la renegación deslizándose no obstante una dificultad que encontramos no sólo en la opinión de los "profanos" sino también en textos de la especialidad. Me refiero a deslizarse a hacer coincidir perversión con homosexualidad, siendo que las perversiones pueden desarrollarse perfectamente en la heterosexualidad, algunas de ellas pintorescas en relación a la escenificación, al papel de la mirada, los casos de fetichismo.

Freud mismo explicitó los lazos que ligan las perversiones a las neurosis.

En sus "Tres Ensayos..." escribe que en ninguna persona normal falta algún elemento que puede designarse como perverso junto al fín sexual normal.

Permítasenos decir entonces que podemos distinguir las perversiones como condimento en estructuras neuróticas, lo del condimento puede pensarse según como cada quien acepte o necesite el picante en su menú, y cuando se trata de una cuestión estructural.

Tomemos como ejemplo lo que pudimos escuchar en nuestro consultorio ( cuanta razón tenía Freud acerca de que estas cosas no se cuentan en reuniones de amigos o parientes) en más de una oportunidad, el caso de aquellos sujetos que no han podido jamas dominar el insustituible ( en esos casos ) estímulo masturbatorio de los genitales. Y aún en sus matrimonios necesitan incluso al cabo de una relación sexual, un episodio a solas en el baño o donde sea de índole masturbatorio.

Podemos pensar que un elemento, una actividad desarrollada con cierta regularidad en la vida de un sujeto ( como esta recién descripta o similares) no alcanza para determinar si se trata de una perversión. En cambio podemos afirmarlo cuando toda la vida del sujeto está entregada a la renegación de la falta.

En los primeros años del dictado de su seminario J. Lacan sostiene que "la perversión es una experiencia que permite profundizar lo que puede llamarse en su sentido pleno la pasión humana, es decir eso por lo cual el hombre está abierto a esa división con sigo mismo que estructura lo imaginario, la relación especular.

La relación intersubjetiva que subyace al deseo perverso sólo se sostiene en el anonadamiento ya sea del deseo del otro, ya del sujeto. El otro sujeto se reduce a no ser más que instrumento del primero, que es el único que permanece sujeto como tal, pero reduciéndose él mismo a no ser sino un ídolo ofrecido al deseo del otro. El deseo perverso se apoya en el ideal de un objeto inanimado. Pero no se contenta con su realización pues si sucede en ese momento mismo pierde su objeto, cuando lo alcanza"(2).

Tratemos de ordenar dos o tres ideas conocidas en forma abreviada. Freud escribió acerca de la neurosis como el negativo de la perversión. Es decir que el neurótico fantasea lo que el perverso actúa. En términos de Lacan equivale a sostener que el fantasma habitante de las estructuras neuróticas, es perverso. Y podemos ubicar en este punto una primera divisoria de aguas entre el rol que juegan el fantasma para el perverso respecto del papel que juega en la neurosis.

En determinado momento de su enseñanza, promediando los años sesenta, Lacan intenta separar neurosis y perversión en función del papel que cumple el objeto "a".

De un estatuto lógico del objeto busca ubicar en relación al goce jugado en cada caso al neurótico y al perverso.

Una lógica es la respuesta al problema de la díada ; cómo hacer del dos, uno ? Uno más uno no es dos - en este ítem - porque siempre tenemos el "a"en el medio. El intento de la perversión es lograr hacer de dos, uno. Que haya ( si se nos permite decir ) proporción, relación, acto sexual.

El fantasma es del orden de lo imaginario, pero hay un objeto determinado lógicamente. Ahí puede engancharse todo lo imaginario.

Esto es, el sujeto atrapado entre significantes, tiene relación directa con el fantasma. Desde el momento en que un significante representa a un sujeto para otro significante, debe haber fantasma.

Esta condición que hace al diagnóstico diferencial entre neurosis y psicosis, al lugar de la interpretación en la clínica, trataremos en el final de estas notas que nos sirva de pista para formular alguna pregunta acerca de las perversiones.

El sujeto perverso reniega de su noción de la madre como deseante. El esfuerzo de la perversión está dirigido a no extraer consecuencias significantes acerca de su saber de la falta. Falta que en un principio tuvo que reconocer, aunque más no fuera que para hacerla efecto de la renegación. El fetichista por ejemplo es quien nada quiere saber de lo que ve. Es precisamente con el objeto fetiche que obtura la noción de esa falta de la mujer ( madre). Decía Oscar Masotta que podemos leer freudianamente al fetichismo como una defensa contra la homosexualidad, dado que el objeto fetiche haría a la mujer más soportable.

En su seminario del año ’66 (3) J. Lacan dice que debemos pensar el goce comprometido en la perversión en relación a la dificultad del acto sexual. Distinguiendo las estructuras neuróticas de las perversas en relación a la diferencia que existe en la cicatríz que el complejo de Edipo deja en cada una de ellas.

Qué es la perversión ? se pregunta. Respondiendo que es "a nivel de la disyunción entre cuerpo y goce, la función del sujeto, es al nivel de esta partición que interviene típicamente la perversión". Lo que en ella se acentúa - en el intento de volver a juntar este goce y este cuerpo separados por el significante - es que "en el acto sexual hay para cualquiera de los dos parteneires un goce, el del otro, que queda en suspenso".

"El hombre se encuentra más efectivamente que la mujer capturado en las consecuencias de esta sustracción estructural de una parte de su goce" (3). Leemos esta diferencia relativa a los dos sexos no sólo por la posición del hombre en relación a la castración, sino por la ventaja en relación a esta sustracción del goce, que se juega en la mujer en relación con la maternidad. Espacio el de la maternidad al cual con la enseñanza de Lacan se le otorga el de ser singular para la mujer, como aquel en el cual puede jugarse su perversión.

Qué puede ilustrarnos el acto sádico, ese en que se juega la economía en función del dolor, a cerca de lo que sucede en la inflexión que va del sujeto al objeto "a" ? Lacan hablaba del contrato que se juega entre el masoquista y el sádico, no hay uno sin el otro.

Si el sujeto se sitúa en la unión, mejor aún decir la desunión del cuerpo y del goce, en el acto sádico se sostiene : "Yo gozo de tu cuerpo, tu cuerpo deviene la metáfora de mi goce". Pero como apuntamos antes en el acto sexual hay otro goce que está a la deriva.

Es en ese contexto donde creemos poder señalar una debilidad, si el término se nos permite, de la perversión, del deseo perverso, respecto de las neurosis.

El neurótico varón suele tener cierto grado de incertidumbre acerca de su capacidad de alcance, de convocatoria a ese otro goce de su partenaire, la mujer en el acto sexual. La gama puede ir desde aquellos a los que les importa poco y se contentan con algunos gemidos de la dama, sean verdaderos o falsos, hasta quienes se angustian enormemente buscando las vías del éxito y no pueden evitar preguntar al cabo de cada relación, a su dama, por los resultados.

Estas cuestiones demás está decirlo se arman también de a dos y remito a quienes lo recuerdan a esa maravillosa escena en una mesa de restaurante de la película "Cuando Harry conoció a Sally". En la charla se trata de si él acepta lo que la dama le está diciendo acerca de la facilidad con que una mujer puede fingir un orgasmo. Como él sigue en su negativa ella pasa directo a la acción comenzando a gemir de a poco, contorsionando su cuerpo, aumenta el volumen, golpea el plato con su tenedor

( por supuesto de todas la mesas los están mirando asombrados y la cara de escozor de él es inolvidable ) los gritos se van aplacando de a poco, reduce el movimiento acompasado de sus hombros, un largo suspiro y sonríe mirándolo satisfecha.

La escena no concluye ahí sino que en un giro magistral el director de la película nos muestra a una señora de la mesa contigua que llama al mozo para pedir que le traiga lo que esta comiendo la chica de la escena. Las expresiones artísticas cuando están bien guiadas son así. Cualquiera de nosotros podría hablar horas sobre la sexualidad sin lograr el efecto y las consecuencias que se desprenden de esa escena.

Volvamos a nuestra distinción entre el deseo neurótico y el perverso en el cual le asignamos a éste último cierta debilidad. La misma se fundaría precisamente en una intolerancia radical en relación a este goce a la deriva del parteneire.

En un escrito de Lacan titulado "Kant con Sade" (4) se ocupa de una voluntad de dominio para el goce. A lo largo del texto se despliega el fenómeno de la satisfacción sexual inhibida en su fin. Lo tomamos por ser útil a nuestra hipótesis. En el contrato sado - masoquista se juega ese intento de dominio del goce que podría expresarse en estos términos : Si querés causar placer a tu partenaire es muy difícil saber si lo lográs. En lo que hace al dolor sí podés causarle y estar seguro.

En tiempos que estudiaba este escrito con el maestro Carlos Ruiz, escuché un chiste que viniendo a cuento lo apunté al costado de mis notas y hoy puedo contárselos. "El hombre soltero es incompleto. Cuando se casa está acabado".

La pausa del chiste me permitirá concluir estas notas. Comenzamos con las referencias freudianas que nos recuerdan un orden de méritos en cuanto al maestro, aquel que gestó hace un siglo todo aquello que concierne a nuestra práctica.

Fue Freud quien guiado por el estudio del las perversiones arribó a la noción de pulsión parcial aplicada luego al estudio de las neurosis.

También el concepto de madre fálica que aplicamos a la lectura del complejo de castración. En textos como "Lo Siniestro" (5) y "La cabeza de medusa" (6), Freud cita a Ferenczi para decir que tiene razón al observar que la cabeza decapitada de Medusa simboliza el efecto terrorífico de los genitales castrados de la mujer, pero con la aclaración que no de cualquier mujer, sino de la madre.

Es de esa comprobación que reniega el perverso.

Aunque creo que es pertinente decir que el sujeto perverso no nos cuenta en análisis ni en ninguna parte que él vió lo genitales de la madre y renegó o sigue renegando de esa ausencia. Ni del deseo de la madre por el padre.

Lo que sí observamos es que no se transitan en la transferencia las cosas del modo en que suceden en la neurosis.

O bien el "pedido" de análisis no se transforma nunca en "demanda", es decir no accede a su decir en falta, no asocia, o bien si se instala ese índice del Sujeto supuesto al saber, signo de entrada al análisis, asociaciones, implicación, hay un tono, un matiz diferente. Por el mismo, ya sea en cada una de las sesiones o bien en tramos más extensos de tratamiento, el mismo no avanza, no del modo en que el neurótico construye su fantasma y lo atraviesa en el recorrido del análisis.

Es en ese punto en que tal vez funcione la fórmula en la cual se postula que el perverso angustia al neurótico, el perverso pretende que el Otro cargue con la barra, la falta de la que él reniega.

Así, si ante las psicosis el analista no retrocedería pues conoce - a diferencia del psicólogo o el psiquiatra - lo que no tiene que hacerse en las psicosis, en las perversiones podemos sostener que quien retrocede, por una cuestión de defensa, es el sujeto perverso.

Cuando se abrieron al mundo los mecanismos de lo inconciente aportados por Freud, cesaron en parte las teorías más delirantes en relación a lo que se llamaba enfermedad mental. En cuanto a las perversiones no sólo se hablaba de genética, de condiciones innatas, sino incluso de un "cerebro de mujer en el cuerpo de un hombre".

Freud escribe a modo de chiste en sus "Tres Ensayos..." que el problema es sencillamente que no sabemos lo que es "un cerebro de mujer". Cesó un poco esa condena pseudo - científica que en parte guarda relación con cierta envidia que puede promover el perverso con su aparente certeza acerca del goce, a diferencia del neurótico que siempre duda en relación a sus vías de acceso. Condena que denuncia uno de los mecanismos mejor descriptos por el análisis ; cuanto más se desea algo es cuando más se desatan sobre eso severas represiones.

Puede ser verdad (cf. Freud ) que lo siniestro ( unheimlich) sea lo "intimo hogareño" ( heimlisch - heimich) que ha sido reprimido y ha retornado de la represión y que en cuanto es siniestro cumple esta condición.

Es lo que quería decirles acerca de las perversiones.

Referencias Bibliogáficas:

S.Freud (Obras Completas)"La vida sexual humana"(1917)

J.Lacan. Sem.I "Los Escirtos Técnicos de Freud"(Editorial Paidós)

J.Lacan. Sem.XIV"La Lógica del Fanatasma" (Inédito-Ficha EFBA)

J.Lacan."Kant con Sade"(1962) Escritos II (S.XII)

S.Freud (Obras Completas) "Lo Siniestro"(1919)

S.Freud (Obras Completas) "La Cabeza de Medusa" (1922).