EFBA-30 años de Escuela-EFBA

LA RESPONSABILIDAD DEL ANALISTA POR SU IMPLICACION SUBJETIVA

Juan Perlo

(*) Jornadas Aniversario "30 años de Escuela (1974-2004)". Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1, 2, 3 y 4 de Julio de 2004.

Agradezco a la Comisión Organizadora, por esta grata invitación que hace reencuentro en una fructífera amistad compartida hace ya tiempo. Invitación que da oportunidad para leer de lo que habiendo hecho escritura en la propia clínica, deviene como intento de esculpir propia teoría.

"Esculpir la teoría es cosa de descarte personal, dice Ulloa, tal vez hasta de despojo y sólo algunas pinceladas de la propia historia cuando es imprescindible para fundamentarla. (1).

Quiero conversar con ustedes acerca de la Responsabilidad del analista por su implicación en la transferencia y en la transmisión.

Por Lacan (2) nos enteramos que "el analista sólo es responsable por su acto" y por Ulloa "que el analista es responsable de la abstención de su indolencia para responder al derecho que tiene su paciente a la indolencia"(3).

Responsable entonces, tanto de su abstención indolente, por negligente, en el propio análisis, y en la debida formación, como también de la abstención de su indolencia renegatoria del propio dolor en la transferencia.

"Permanecer incautos para no errar", finalmente recomienda Lacan (4), no sólo del inconciente sino de lo real, en tanto límite a lo que puede decirse o escribirse.

Situando ya la responsabilidad como abstención de un hacer negligente en el propio análisis, esta responsabilidad encontraría su límite en el impedimento de simbolizar del analista en tanto analizante. Límite enunciado por Cristina Marrone (5) en su referencia a lo actual de la neurosis actual del analista en el fin del análisis, punto de imposibilidad de hacer duelo de su propio dolor. Lo escuchamos como un impedimento posible de sortear, contando con el hábil oficio de un analista que ofreciera un cuerpo flexible para alojar convenientemente al analizante, en todo caso esta situación configuraría un análisis incompleto y no terminado.

Distinta es la apreciación de Fédida (6) del punto ciego del analista, presentado como núcleo poderoso de una formación regresiva y figura de repetición, irreductible al análisis, límite de una práctica y de una teoría. Concluye en la posibilidad de que con la lectura de los escritos de un analista pueda reconocerse y señalarse su punto ciego. Quedaría a cuenta del analista el saber hacer con su imposible estructural para devenirlo contingente operacional.

Quisiera ahora referirme a la responsabilidad del analista en relación a la transmisión de su práctica.

Atribúyese a Lacan la preocupación "de dar más seguridad para evocar lo personal en la práctica, especialmente en lo que se refiere a la marca del caso"(7).

Dumezil y otros (8)sitúan la marca del caso como "un vuelco, algo dicho por el analizante o el analista, un acting-out a veces, un momento de suspenso en la repetición que abre brecha en la resistencia yoica del paciente aferrado al síntoma y en la resistencia correlativa del analista" (9) "Como momentos caracterizados por la oscuridad o la sorpresa en la práctica del analista" (10). Como "recurso para exponer la transferencia del lado del analista quien se encuentra apresado, cazado y a lo cual se consagra como si fuera una pasión" ( (11) y Como "constitución de lo que hace lazo o corte entre la historia del sujeto y las estructuras presentes en la cura" (12)

Voy a relatarles ahora, un trabajo de reconstrucción hecho desde una experiencia clínica propia, para rescatar del caso el acontecimiento que hizo marca, a fin de exponer la implicación subjetiva del analista, dar testimonio de una práctica y hacer transmisión de lo imposible que ella conlleva.

Una negra figura irrumpe en escena desplazando la longa talla de su vestimenta que velaba lo enigmático de un cuerpo sustraído a la mirada. En su rostro destellaba el negro brillante del anteojo antifaz que daba por clausurado el acceso a una mirada posible. Sus pies se perdían en la profundidad de unas largas botas que hacían contorno cerrado con su cuerpo. De su presencia toda, emanaba una inquietante seducción, hostilmente mortífera. Descarnadamente mostraba una letra mortificante que portaba sin saberlo, eficacia de una mirada arrasadora que había expulsado su cuerpo a los confines de una sufriente e invisible existencia. Alzó su voz con tono desafiante, haciendo resistencia a la encerrona promovida por el goce de un otro que aún la martirizaba cruelmente, al tiempo que hacía manifiesto de su terca voluntad de no querer pagar, para sostener la pretensión de goce de los hombres que en su desmesura la arrasaban.

Desde la escena inaugural fue deslizándose en un tortuoso devenir hacia otras escenas signadas por una mortificación angustiosa irreductible, las que hicieron derrotero de toma y descarte, alojamiento y desalojamiento, destino errante de un huésped exiliado que circulaba por historias, casas y cuerpos extranjeros sin poder afincarse. En su exilio se las arreglaba por imperio de la necesidad, oficiando como hábil constructora de deudas ajenas, recurso con que intentaba legitimar el derecho a su alojamiento.

Como es de suponer la escena del análisis no escapó a ese movimiento de entrada y salida ni tampoco al de la deuda. Después de entrecortados intentos de continuidad en su lugar analizante, tras un intervalo de ausencia, llega trayendo una encerrona. Se siente muy mal, pero como era sabido no puede pagar y no contando además con el recurso de aquellos de quienes se había exiliado para aliviar su mortificada existencia.

Se me impuso allí, después de varios años, la responsabilidad de hacer un miramiento - buen trato diría Ulloa- (13)que la alojara en un lugar de crédito real y prefigurativo de ese lugar inexistente de su cuerpo para una mirada instituyente.

Comencé a atenderla con el compromiso de pago cuando pudiera hacerlo. El cuerpo del analista quedaba ofrecido haciendo sostén, por ese sostén que por no habido no podía ser ni perdido ni pedido.

Así pudo retornar de los exilios extranjeros a su sitio familiar, donde la aguardaba el desencuentro renegado con su padre. En esa geografía hizo despliegue de una intimidad clausurada y poco a poco fue bordeando el contorno de un lugar propio, haciendo acrescencia del propio cuerpo. Surge allí el deseo de alojarse en una casa propia fijando, supuestamente, domicilio de sujeto, sobreviene la interrupción por un período de vacaciones y desaparece.

Responde a mi llamado y me propone pasar para dejarme algún dinero a cuenta de la deuda. Me sorprende su respuesta porque no entendía que era eso de pasar por la deuda sin hablar. La invito a que venga y hable. Había postergado su mudanza de la casa paterna por la compra de un auto a nombre propio. Fue una compra que trajo cola de deuda e incidente con el padre. Le habían prometido un crédito para cancelar la diferencia entre lo que tenía y lo que quería, pero le anuncian al momento de cerrar trato que existe un límite para el crédito acordado y por lo tanto un descubierto en el pago que hacía deuda a su cuenta. Se enoja mucho. Rechaza la ayuda ofrecida allí por el padre. Se retira ofuscada. El padre le advierte que no se va a ofrecer más a su rechazo y que le conviene hacer lugar a otro si quiere que un hombre la acompañe en la vida. Es precisamente allí cuando ese padre que no le había hecho el don de su mirada, intenta pagar por primera vez, diciéndole que ya no tiene que seguir demostrándole que ella sola puede, pero sin que en la cancelación de la deuda paterna, hubiese quedado abrochada la deuda atrasada, en cuanto de ese padre ella no había recibido ninguna manifestación de implicación y afectación que hiciera sanción paterna por la injuria consumada, injuria que hizo limitación del crédito subjetivo de la hija.

Intervengo sin poder advertir que la falta de barramiento paterno no permitía la remisión de la deuda superyoica, lo cual hacía que las palabras del padre lejos de ser liberadoras la volvieran a encerrar en el circuito de la deuda inextinguible, nuevamente articulada sobre lo que tendría que hacer y no hace.

Me escucho diciéndole que no podía ignorar que allí había un padre preocupado por la suerte de su hija, que era hora de dejar de trabajar para complacerlo ya que de otro modo no podría salir de ese lugar de desposeída en la vida que tanto la mortificaba.

Al escucharme, prorrumpe en llanto y entre sollozos me dice, "Dijo desposeída, desposeída, qué dolor, qué dolor", luego más calmada, me interpela responsabilizándome "Por qué no me lo dijo antes", ¡Son muchos años de mi vida!, ¡Son muchos años de análisis!. Se va acongojada y vuelve para anunciarme que interrumpe su análisis por haber perdido la confianza en su analista, que no puede continuar, quedando agradecida por el buen trato recibido y teniendo en cuenta que la deuda esta se pagará. Sólo pude responder "No se lo dije antes porque no lo sabía" Se retira diciendo que ahora ella tiene que ver que hacer con su vida.

Quedé sacudido por la sorpresa y confundido por lo que me retornaba de lo dicho y escuchado. Intimado por una pregunta que me inquietaba.¿ De que demora podía ser responsable? ¿Qué seguridad se había perdido con esa demora? ¿Quizás la seguridad de un crédito prometido y no sostenido?.

Había dicho desposeída y eso le dolió ¡, quizás en tanto reconstructivamente , traccionó la letra mortificante retenida? O se ofendió quizás, por la suposición de un saber anticipado del analista que podría haber estado mirándola como a una desposeída.

Ciertamente este significante no estuvo disponible. ¿Por qué? ¿qué podía no saber que me hiciera límite para advertir aquello de lo que se me reclamaba no haber visto antes para sacarla de ese lugar de ignorancia? ¿Qué era esta deuda pendiente que la paciente reconocía al irse y que quedaba retenida en el análisis?

Una ocurrencia vino después en mi auxilio , "no pagar facturas de otro", ocurrencia que me llevó a recordar un arduo recorrido de trabajo en mi propio análisis en que había podido situar un desalojo traumático en relación con la deuda superyoica. Pero la irrupción de este significante nuevo "desposeido" vino a reordenar la deuda y el desalojo a cuenta de un padre que no respondió.

Ambos estábamos implicados transferencialmente en una deuda, ligazón transferencial por identificación del analista a una letra mortificante compartida que le hizo obstáculo para saber antes, demora a instancias de un dolor renovado que obstruía el camino del duelo de lo no perdido por no habido, el amor del otro.

Esta letra compartida estimo hizo marca del caso, lo que unía y separaba a la vez, lo que hizo unión y demora en el corte. Acting out que la despeja en tanto deja la deuda del lado del otro y al analista con su deuda para que se interrogue por su práctica analizante.

Dice Ulloa que no se es analista, sino que se trata de estar analista (14).

Quisiera concluír diciendo que un analista es responsable por su deseo, deseo que podrá ser advertido en el curso del propio análisis y que quizás hará pase en un acto, que en tanto uno no basta si no hace serie del pase, pasándose haciéndolo, en los testimonios de un hacer clínico que lo impliquen en los impasses de su quehacer en el intento de estar y no ser analista.

Bibliografía

1.- ULLOA, F. "Novela clínica psicoanalítica", Paidos, pág.319.

2.- LACAN,J. : Seminario "El acto analítico" Biblioteca EFBA.

3.- ULLOA, F. :"Algo más acerca de la sublimación" Reunión lacanoamericana Tucumán 2003, Inédito.

4.- LACAN, J. :Seminario "Los nombres del Padre" Biblioteca EFBA , clase 2.

5.- MARRONE, C.: "Cuando en el comienzo es el dolor", Actas reunión lacanoamericana Bahía l997.

6.- FEDIDA, P. :prefacio de " L`effort pour rendre l`autre fois" ,citado por M. Ziri, en "La marca del caso", pág 99, Nueva Visión.

7.- LACAN, J: Cuarta de tapa N°1 de Silicet.

8.- DUMEZIL, C.: "La marca del caso" Nueva Visión.

9.- DUMEZIL, C. : Ibid. de 8 pág. 27

10.- GAUGAIN, M : "La marca del caso" pág. 146

11.- ZIRI, M : "La marca del caso", pág. 101.

12.-GAUGAIN, M: Ibid de 10, pág. 146.

13.-ULLOA, F. :Intervención jornada Biblioteca del Congreso de la Nación, sobre "Desamparo y creación", Inédito.

14.-ULLOA,F. : Ibid de 3,