Adicción y Discurso.

Daniel Paola

(*) Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis; Tucumán., 2003.

Pensee: ¿es necesario que nos separemos Orian?

Orian: ¡Es necesario que yo no sea un feliz!. ¡Es necesario que yo no sea un satisfecho!. ¡Es necesario que no se me llene la boca y los ojos con esta especie de felicidad que nos niega el deseo!.…

"El Padre Humillado"

Paul Claudel.

El epígrafe signa en un pequeño diálogo, la intención de reproducir la dialéctica que supongo entre el sujeto y la droga. En el drama "El Padre Humillado" Paul Claudel concluye su trilogía. Pensee la hija de Sichel es ciega. Su ceguera simboliza un mundo tomado por la exclusividad del goce. Un mundo que evoluciona hacia la perversión.

Es verdadero el goce de Pensee hacia Orian: ella quiere ser amada por Orian y quiere un hijo. Orian en cambio es un personaje que produce la sensación de un Cristo moderno. No quiere caer en la tentación de amar a Pensee. Pero cae en ella y pronuncia la frase fatídica: te amo.

Pensee, en este breve comentario, será la droga y Orian el sujeto en tanto una de las cuatro letras que sostienen el discurso. Si Orian muere en la obra de Paul Claudel despues de fecundar a Pensee, la tentación que ofrece la droga toma un curso similar. Todo aquel que se drogue de manera amorosa como hace el que padece una adicción, sufrirá tarde o temprano la consecuencia de enfrentarse a una muerte particular. Si ama la droga como Orian hace con Pensee, corre el riesgo de arrojarse a un fuera de discurso. Pero todo adicto como Orian, en algún lugar secreto no quiere llenarse de esa felicidad.

Estar situado fuera de discurso por encontrarse enamorado de la droga supone una muerte distinta. Una muerte que extermina "lo que hay en nosotros de mortal y que está dos veces muerto" si tomamos como ejemplo lo que dice Orian a Pensee. Una muerte feliz.

Como plantea el epígrafe la felicidad que propone la droga excluye el deseo. Por lo tanto entre ese amor a la droga, similar al enamoramiento alucinatorio que el sujeto psicótico experimenta, y el amor de transferencia se establece una pulseada. ¿Por qué deberían tomar aquellos que son adictos, las delicias de la muerte en vida que el deseo propone a traves del acto analítico, si hay una felicidad que es la droga y que arrasa con esa delicia?.

La transferencia en la dirección de la cura de un adicto, transita por esta vertiente donde está en juego un amor que rivaliza con aquel que soporta el analista con su presencia. Rivaliza la transferencia con un amor que está fuera de discurso. El amor a la droga entonces no es el problema sino que ese amor plantea un fuera de discurso.

Se trata entonces para el analizante adicto, de arribar a un más allá del bien igual que para cualquier otro analizante, pero partiendo de un bien que la droga ya constituye de por sí. Pero esa ética que es la droga y su felicidad, presuponen para el adicto un fuera de discurso porque en discurso se topan con una muerte distinta: aquella que el acto analítico propone vía del deseo con la muerte que la relación a lo simbólico determina.

Las cuatro letras que propone el discurso, agente, verdad, otro y producción serán, para el adicto como para cualquier otro analizante, transporte a las vertientes de una particular esamble de sexualidad y muerte en la pulsión. ¿Pero para qué transar con la angustia que esto presupone si el camino del amor a la droga promete la suspensión del horror del encuentro con la verdad incurable que es aquello que falta?.

Pero una respuesta no se encuentra en la dialectica entre el sujeto y la droga. Tarde o temprano aparecen persecutas, hipocondrías y rechazos. La angustia que invade al neurótico por caducidad de cualquier dialéctica pensante y que la droga arranca, tiene un retorno en el adicto de la mano de esos equivalentes paranoides. El problema es que ese equivalente real de la angustia es un fuera de discurso que el analista tendrá que reconocer.

Quemás tu vida.

Cuando tenía trece años el padre irrumpió de manera violenta en la habitación para castigarlo quien sabe por qué. Arrancó todos los dibujos que decoraban sus paredes y los rompió uno por uno. Le preguntó a los gritos si fumaba marihuana. Él contestó que no. Era verdad que nunca había fumado hasta el momento, pero su padre no le creyó. Al poco tiempo comenzó a fumar todos los días dandole el gusto al padre según todavía dice. El recuerdo del padre arrasador lo ha dejado roto y mal parado.

El infierno para él es la felicidad que la droga brinda. Se queda sin pensamiento de pensar en el momento en que se droga. Posee al pensamiento en una especie de autoconciencia objetiva arrancada de lo mortal. Sin embargo sabe que se encuentra fuera del lazo social. No puede trabajar, no puede dialogar y a fin de cuentas sigue dependiendo del padre.

Ya bastante el pensamiento se agota, ya bastante el ser hablante tiene con el fracaso del cogito como para además soportar el arrasamiento, que propone quien no deja pensar. Porque todos somos adictos si todos tenemos pensee. Todos tenemos pensamiento. Todos somos por lo tanto adictos.

Quien se cree portador de la negación de la adicción es el que arrasa. El que no se sabe adicto a su pensamiento como unica manera de existir. Ya Descartes anuncia que el cogito se agota y por eso es necesario el sum, la existencia. Sucede que el pensamiento puede o no plantearse en discurso. De esta manera el sujeto del inconsciente tambien plantea una adicción. El sujeto del inconsciente puede también estar o no implicado en un discurso.

Quien arrasa por no saberse también adicto, como en este caso arrasa el padre al hijo, termina ubicandose él como pensamiento, como Pensee, como la droga. Asi se generan sociedades de adictos. Ya no de maestros y alumnos ó de analizantes y analizados.

Si se impide pensar porque no se comprende, la insuficiencia del cogito que se provoca en el partenaire, es pasaje al acto. Bastante tenemos con el significante del Otro barrado los seres hablantes, para que encima venga un padre a rompernos los dibujos. La sublimación es fragil como el pensamiento y tenue como el falo que antecede a la puerta del fantasma.

Cuando el pensamiento fracasa si hay alguien que nos obliga a no soportar eso, entonces la droga viene al lugar del pensamiento como su sustitución. No confundamos caída de objeto a, con "te arraso lo que pensás", porque eso conduce a la droga.

La impureza del ser es el resto que en la dialéctica de la Subversión del Sujeto J.Lacan transmite como inevitable para todo ser hablante, valiendose de una cita del poeta Paul Valery. Esa impureza del ser es el resto que habita el momento del fracaso del pensamiento o del cogito, que se ubica representado en el matema del significante del Otro barrado. Es un representante del instrumento del deseo que es el falo. Instrumento que es la puerta de acceso al fantasma estructurado como un lenguaje, donde todo ser hablante se reconoce mortal por estar fijado a la pulsión, que sabemos de muerte.

Ahí en ese preciso instante si el analista llena con pensee, con pensamiento, lo que tendría que ser letra mortal de elección para un sujeto en transferencia, más que analizantes se generan adictos. Si frente al fracaso del pensamiento se sustituye con más pensamiento, se puede tomar al analisis como una droga.

El pensamiento inconsciente es liberador por la hiancia que propone como corazón articulado. Allí hay caducidad. El deseo alivia por lo evanescente de su propuesta que en su corazón se desprende del argumento pensante. Más de una vez frente a un acto analítico los amigos suelen decir: eso no te conviene mejor pensalo. ¿Cómo vas a renunciar a tu nombre, a tu prestigio ó a ese lugar que llena de amor?. Mejor pensalo dos veces.

Corazón lunático.

Él tiene una historia trágica que contar y la cuenta rápida. Un querido hermano ha muerto en su niñez. Otro análisis ha fracasado porque en un momento delante de su familia él dice que no le importa un comino que pueda pasar con el destino de su familia. Todos se enojan mucho. ¿Cómo puede ser tan frío, tan maldito?.

La familia nunca lo controló durante la adolescencia porque de manera lógica el duelo fue y sigue siendo perturbador. Existió la intervención de un terapeuta que de forma muy severa amonestó a los padres por haber abandonado al hijo. Que facilidad de palabra tienen algunos me dije a mí mismo. ¿Qué puede esperarse de padres que pierden a un hijo amado, el goce supremo de la vida, el control amoroso de los que quedan vivos como ejemplo?.

Él se droga desde hace mucho con cocaína. Todo estaría bien si no fuera que sufre de falta de calentura sexual y eso le preocupa porque lo que más anhela es casarse y tener un hijo. Un día logra decirme un secreto que le parece máximo. La fantasía sexual que lo habita y que por lo tanto lo calienta, tiene al cuerpo de su madre como partenaire.

Ama la droga y se llena al mismo tiempo con un amor a su madre que para nada reconoce en la realidad. Esa fantasía está fuera de discurso respecto al amor por su madre privada del hijo amado. Su amor por el objeto es sublime como por la cocaína de la que no se desprende. Se trata de una fantasía sexual no dialectizable. En cambio la angustia para cualquier otro analizante que relatara esa misma angustia sería evidente. Él en lugar de angustia es preso de una consecuencia incomprensible: una inevitable impotencia que le resulta extraña.

 

La Dialéctica.

Leyendo a M.Heidegger comprendo a Hegel. El rasgo de la conciencia tiene el atributo fundamental de una sobreasunción (Aufhebung), en la que se expone a sí misma en la verdad de su esencia. Una esencia de confrontación en doble sentido porque la conciencia se refiere a sí como sí misma. Una propuesta de objetividad del objeto como regla de medida. El curso de la conciencia propone una regla de medida en movimiento del sí al sí mismo. De esto se trata el movimiento dialéctico.

Si esa autoconciencia es para el psicoanálisis el significante, diría que el adicto plantea fuera de discurso el fracaso de la dialéctica. Pero para quien no ama la droga, para el analizante común, el problema es similar porque la angustia, tomando como referncia en el mismo momento de la excomunión de J.Lacan del campo de la I.P.A., en la única clase de los Nombres del Padre, la angustia decía, es planteada como fracaso dialéctico.

La angustia ya desde S.Kierkegaard está planteada como fracaso dialéctico y J.Lacan hace su lectura. La diferencia se establece para el adicto en cuanto la angustia está suprimida porque se ha arrancado el sujeto de lo mortal del discurso. Pero el adicto consulta porque una serie de equivalentes de la angustia se establece. Equivalentes que van de lo paranoide al aislamiento hipocondríaco y que signan un fracaso de la dialéctica entre sujeto y droga, entre Orian y Pensee. Un fracaso dialéctico por estar fuera de discurso.

Aunque exista un fracaso de la dialéctica signado por la angustia entre el Sujeto y el Otro, fracaso por el cual es posible establecer la hiancia liberadora del objeto que causa el deseo, no por eso la dialéctica es falsa. No hay falsa dialéctica aunque la dialéctica fracase. J.Lacan podrá decir que es falsa la dialéctica de Hegel pero no por eso plantea me parece, que haya falsa dialéctica.

Por el contrario lo real tiene su estatuto contradictorio y paradójico que sustenta el Goce del Otro y que supone eso: que no hay falsa dialéctica. El adicto que plantea sus pies fuera del plato del discurso llamando careta a todo aquel que no tiene su amor en la droga en realidad está afirmando que toda dialéctica es falsa salvo esa que lo sostiene.

Que haya fracaso de la dialéctica pero que a su vez no sea falsa, implica que debe aceptarse siempre una posición de lo real en doble sentido simultánea y no sincrónica tal cual la lógica del significante que J.Lacan nos ha legado.

Por lo tanto si no hay falsa dialéctica esto quiere decir que no hay falsa careta. O mejor dicho: no hay falso semblante. De esta forma revisemos el neologismo puesto en juego en el neologismo semblantear que nuestro argot lacaniano ha puesto de moda. No se puede semblantear el semblante porque en el semblante en tanto real no hay falso, hay contradictorio.

Bibilografía

  1. Hegel, M.Heidegger. Edit Almagesto. Bs. As. 2000
  2. El Padre Humillado. P.Claudel. Traducción E.F.B.A.
  3. Los Nombres del Padre. J.Lacan. Clase única del 21/11/63.
  4. Subversión del Sujeto y Dialéctica del Deseo. J.Lacan. Escritos.