El psicoanálisis en la polis.
Daniel Paola
En los hombres corruptos, según Aristóteles, suele dominar el alma sobre el cuerpo, porque siempre el alma manda al cuerpo como un dueño a su esclavo. En cambio si la razón manda al instinto como un rey, las cosas cambian por completo y la corrupción desaparece. "La política" de Aristóteles sigue siendo un texto de referencia porque desde el inicio la utopía, que constituye la idea de pureza para un estado, está afectada por la corrupción. Aristóteles menciona incluso en esa obra cual es la peor corrupción. La peor corrupción es la del mejor ciudadano.
La vigencia de Aristóteles reside en que aún para la política la corrupción es un hecho sin solución. Siguiendo los planteos del filósofo, la corrupción depende de que exista una justa proporción para el estado. Si se supone que el estado debe contar con un número suficiente de ciudadanos para facilitar su inspección y vigilancia, se supone que en la justa proporción estatal, podría existir una policía no corrupta.
La extensión del estado hace un problema de acuerdo al planteo aristotélico. En esa extensión desmedida aumentaría la corrupción de manera proporcional. Se corrompe lo que no se puede conocer.
Sin embargo el desconocimiento puede otorgar razón a la esperanza. Durante el siglo XVII Leibniz, cree encontrar en la religión china el germen de lo incorrupto y hace del emperador un modelo ejemplar de gobernante. Europa se encuentra en el borde del intento de una cruzada para evangelizar China y Leibniz defiende la religión de Confucio con una pasión sorprendente en el "Discurso sobre la teología natural de los chinos". Sin renunciar Leibniz a su fe cristiana, encuentra en la religión china una semejanza casi absoluta.
Al revés de Aristóteles encuentra Leibniz diecisiete siglos después la razón de lo incorrupto en una religión que hace a un gobernante sabio. Se trata de una religión que se ha sostenido sin el contacto con Europa. El germen de lo incorrupto se encuentra en un lugar no explorado.
¿Dónde podría hoy encontrar Occidente lo incorrupto, si ya no existe que explorar entre religiones ó estados extraños?. Ni existe el idealismo derivado de la idea de polis griega, ni la esperanza de lo incorrupto en lejanas tierras remotas que nos permita agiornar una esperanza.
Ubicado el problema de la polis en cuanto a la corrupción que la aqueja desde el inicio, se observa que las alternativas para eliminarla establecen un imposible. ¿Cuál es el lugar del psicoanálisis en la polis respecto a este problema?. ¿Cómo se enfrenta el psicoanalista a la ley sin convertirse en juez ó en abogado sea fiscal o defensor?.
En principio sabemos los psicoanalistas lacanianos que el acto analítico funda una ética regida por un fuera-de-ley. Pero ese fuera de ley no es renegatorio. Se trata de un fuera de ley que establece, me digo a mí mismo, la ley para un sujeto: el deseo imbricado en un sistema de goces, cuya implicancia fálica hace saber que si fuera otro haría falta que no fuese ese. Vale decir: para el acto analítico no hay otra posibilidad que la que se efectúa. No hay matices ni posibilidades para el sujeto de producir mutación por un deseo distinto al que aparece en justa proporción. En este punto el deseo implicado en el acto analítico es incorruptible.
Si bien el acto analítico podría ser una respuesta por parte del psicoanalista respecto a la corrupción renegatoria en la polis, es necesario también que cada analista de su opinión respecto al campo de acción que esto genera en la polis. Hay determinado "topos", determinado lugar que es preciso presentar como representación.
Siguiendo a Deleuze en su artículo "Platón y/o Aristóteles-Leibniz, fundar un "topos" para la filosofía, no es fundar un universo, sino solamente liberar la lógica general de los posibles.
Para Deleuze, tanto Aristóteles como Leibniz, recapitulan ciertos datos formales del ser posible, de manera que no tocan la singularidad de lo que existe. Por ejemplo: creo por mi parte que Aristóteles encarna un positivismo explícito en las categorías y Leibniz encuentra sus conclusiones sin alterar el curso cultural de la China del siglo XVII.
Más allá del planteo de Deleuze, la fundación de lo que él denomina "topos" considero que es aplicable para el psicoanálisis que enseñara Lacan. Más allá incluso de la opinión de Deleuze, pienso que la teoría de J.Lacan se asemeja a su planteo cuando establece en el Seminario VII, la "Etica", impronta suficiente para afirmar la existencia del deseo posible. Aunque sea el deseo posible, eso no quiere decir que al ser posible sea el más fácil de sostener. Y no es fácil de sostener porque porque frente a ese deseo posible el universo queda excluído, si se considera ya desde la "Lógica del Fantasna" que no hay Universo de discurso.
Mi planteo sería el siguiente: la fundación de un "topos" en la cultura por el psicoanálisis, lo excluye de la idea de universo y por lo tanto de lo que consideramos polis. ¿Por qué se quedaba dormido Sócrates en cualquier parte?. ¿Por qué no dormía cuando todos lo hacían?. Porque su sueño era distinto del resto de los que habitaban la polis. Digo en presente, que creo que el sueño de Sócrates tenía por fín que se aceptara, como hoy decimos los analistas lacanianos, una exclusión interna.
El "topos" que puede fundar el psicoanálisis con respecto a su ética de deseo posible e incorrompible, es en cuanto a la polis, de una exterioridad interna. Siguiendo con la cuestión de Sócrates y la cicuta, un problema es que lo exterior que está en el interior sea excluído de la polis o que no sea excluído de la polis y que cada uno entonces reemplace la polis por sí mismo para tolerar esa exclusión.
Cambiando de tema se me presenta a lo largo de esta escritura la palabra topos como aludiendo también al simpático animal subterráneo que vive haciendo túneles y madrigueras. Me parece que está bien ir del "topos" al underground, si con esto me excusaran el inglés que me veo obligado a introducir para señalar cierto tipo de cultura, de la que creo formar parte coma analista.
¿Por qué toda vanguardia artística siempre es catalogada de "underground"?. Creo que que desde hace más de una década que el arte de vanguardia ha capturado esta cuestión del "topos" con su exterioridad interna en la polis. En su libro "Ritos de fín de siglo", Jorge López Anaya hace una decripción del arte argentino y de lo que él denomina Vanguardia Internacional. En este libro me pongo al tanto de la existencia de un crítico de arte norteamericano llamado Hal Forster, que escribió un ensayo en el que rastrea la obra desde Andy Warhol, hasta su presente. Ese artículo realizado por Forster lleva por título "El retorno de lo real".
El "retorno de lo real" significa para el autor que las obras de arte se presentan en tiempo presente y que el escenario de ellas es lo real. El cuerpo es cuerpo fragmentado, mutilado, pierde la cabeza, hay siempre referencias a la violencia sexual, abundan las huellas de sangre, los personajes ruines, la crueldad perversa, la tortura y la exclusión racial y social. El acto de ver una muestra de este arte puede causar rechazo porque apunta a lo propio del sujeto como excluído.
No sé si Hal Forster, conoce o no la obra de Lacan. Pero de alguna manera esta reflexión ha partido de la enseñanaza de J.Lacan y nos llega diría de una singular manera: duplicada. Para nosotros se trata del retorno de lo real del retorno de lo real. Esto es de alguna manera exponencial, tanto en sentido matemático como en el sentido que el arte de vanguardia practica.
En esta exterioridad interna no estamos solos respecto a lo que no se corrompe. Pero el psicoanálisis mantiene entonces allí la vanguardia de la vanguardia con una diferencia: es una vanguardia ignorante de sí misma hasta tal punto que puede causar rechazo. No se trata de un rechazo por lo que expone sino por la ignorancia que nos devuelve la posición del analista en cuanto a alguna solución utópica.
El psicoanalista se ubica así en cierto "underground" y desconoce la difusión que genera su intervención en la cultura al extremo que es vanguardia sin saberlo. Y además existe rechazo por asumir esa vanguardia dado que padece el psicoanálisis de una forclusión del campo denominado ciencia que como paradigma no hace sino retornar a la dificultad de su aceptación. La vanguardia artística hace bandera de la forclusión sin saberlo y nombra la teoría que nos habita en total desconocimiento del nutriente que constituimos, en la generación del común de la sublimación.