Análisis de Control

Daniel Paola.

`(*) Cuadernos Sigmund Freud de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, Nro 22 (Mayo 2001)

Para cualquier referencia a este tema vale la consideración de la dificultad que se presenta al tratar de diferenciarlo de lo que se designa como supervisión. Porque decir supervisión que alguien efectúe sobre otro, resuena a cierta posición super a desempeñar por un psicoanalista, cuando el discurso analítico lacaniano invalida con la función del deseo toda relación supra o súper con su axioma "no hay metalenguaje".

Otra referencia a la palabra supervisión, por alusión a un chiste podría ubicar a determinado hablante-ser como analista en una posición cercana a la del todopoderoso superman, con superpoderes ilimitados tal cual propone la antigua versión del héroe que el comic difunde. Y no olvidemos la visión que acompaña al super al escandir supervisión, porque allí reposa otra contradicción, si consideramos que la letra no es referencia única a lo pulsional escópico como especie de objeto ya que si se trata de la letra las otras especies de objeto, anal, oral y voz no pueden suprimirse por qué sí.

Pero sin embargo el término supervisión se emplea y mejor será establecer su estatuto dado que vox populi, vox dei. Efectivamente la supervisión tiene algo del encuentro con el dios que enseña a nombrar y el que supervisa viene a aprender clínica como si la clínica pudiera transmitirse sin que el que supervisa esté comprometido. Es una pretensión errónea pero comprensible y el que es puesto en el lugar sabrá si se queda embelesado con la divinidad o si lleva el error a su dimensión de equívoco, forzando lo que se dice hacia la cuestión del compromiso subjetivo que el que quiere supervisar porta sin tener idea.

También lo escópico, al ser lo que más elude la castración y al ser lo que se presenta como dominante en la constitución fantasmática permite que la letra se fije, sobre todo, en el campo de la mirada dando consistencia a la palabra supervisión. No es de extrañar entonces que alguien que supervisa quede fascinado con el color de los sillones del dios de turno o lo difame por lo absurdo de sus cortinas, de acuerdo a que oiga o no del dios lo que precisamente quiere oír como enseñanaza.

Sin esa variante de lo pulsional que es lo escópico no llega a cerrarse el espacio fantasmático que de manera equívoca pretende eludir la castración. No habría otra manera entonces, que iniciar la serie por el lado de la supervisión, aunque allí la posición del supervisante se encuentre más teñida de un artificio de aprendizaje universitario, que investida por lo real de la falta del objeto.

Si el que supervisa se encuentra en un momento de compensación fantasmática ( hecho que sucede sobre todo en quienes no se encuentran en análisis), la cuestión de la castración que lo compromete en tanto partenaire de su analizante puede encontrarse elidida. A fin de cuentas se trata de un hecho de estructura, ya que no existiría fantasma debidamente constituído, que carezca de lo escópico como cerramiento ilusorio al acoso del Otro. Sería lógico entonces que alguien que se encuentre en una posición precaria respecto del análisis, sea por tiempo o por falta, solicite supervisar. Sería necio tambien negarse a hacerlo, así como me resulta necio creer que cada nueva consulta implica el arribo de un analizante. No todo paciente, se corre a la categoría de analizante y no por eso un analista deja de atenderlo.

Decir análisis de control, es diferenciar un momento analítico de otro que no lo es en la supervisión. El que propone un análisis de control, ya sabe que la dificultad es con todos sus pacientes o analizantes y no con uno u otro, por alguna circunstancia eventual de falta de saber.

Aquel que en el dispositivo se ubique como analista de control corre con la ventaja de no haber participado en una escena sino en el a posteriori que lo deja libre de la presión que cierta transferencia establece. Para el que demanda análisis de control, creo que el primer paso para poder efectivizar esta práctica implica lo que se ha dado en llamar autorizarse de sí mismo. Se ha dicho, siguiendo lo dicho por J.Lacan, que ese momento de autorización supone el fín del análisis. Pienso por el contrario, que la praxis analítica nos muestra otra cosa distinta, donde el análisis de control marca un inicio posible de esa autorización, casi siempre solicitado cuando el análisis del analista aún no ha concluido. Me parece que aquel que solicita análisis de control, no lo puede hacer antes de considerarse por alguna causa analista.

Una mayor autorización en este sentido, determina que el análisis de control, se desarrolle en un tiempo prolongado y con el mismo analista. Pero también habrá que decir que la palabra control no es la que más se ajusta a lo que sucede en este dispositivo que por el contrario tiende a la flexibilización de lo que se supone controlar como decir.

Ahora voy a tomar algunos conceptos del Seminario "Le sinthome" (1) fechado el día 18/11/75, donde J.Lacan describe dos tiempos diferenciables para el análisis de control. En el primer tiempo, se busca una aprobación del otro por ser necesaria la confirmación de un buen proceder en cuanto a la ética en juego. En el segundo tiempo, se juega con el equívoco del analista que controla y es el inconsciente el que revela los obstáculos del analizante en transferencia.

Parto de la suposición que ubica a quien controla como confuso frente a determinada situación transferencial. La necesidad de una aprobación responde en todo caso a una lógica: el que está confundido se cree excluído él mismo de la transferencia. La aprobación no es más que la demostración que esa transferencia existe y que la exclusión sentida es el resorte del obstáculo en juego.

Aquello que ha dejado en suspenso un proceder lógico es lo que podemos reconocer como punto ciego del analista. Este concepto de punto ciego se encuentra en "Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico", texto de S.Freud publicado en 1912. Allí dice: "…a cada una de las represiones no vencidas en el médico corresponde un punto ciego en su percepción analítica".

Si existe un punto ciego en la percepción analítica del que controla, es cierto que nos encontramos con un obstáculo aún no resuelto por parte de quien controla en su análisis.

Si se ha perdido una lógica entonces allí hay un obstáculo para el analista, obstáculo a su vez no procesado aún en transferencia analítica. Vale decir que en el análisis de control nos enfrentamos a un obstáculo que no se resuelve en ese dispositivo en tanto no se trata de producir una interpretación sobre el analista que supervisa. En todo caso quien descubre su obstáculo podrá desarrollarlo en análisis.

Es por lo tanto difícil el sostén de un análisis de control, si no existe paralelamente un análisis en curso, debido a los efectos movilizantes que se producen. Es cierto que si se trata de una supervisión aislada, se puede tolerar más facilmente este obstáculo, en la medida que una golondrina no hace verano.

Esta primera etapa toca a mi juicio de una manera fuerte, aquello del síntoma o del fantasma del analista que controla. Como axioma propongo que el resorte se encuentra en lo siguiente: el analista que controla se encuentra identificado al objeto imaginario (i(a)) del fantasma de su analizante y el analista de control es el que se las ingenia para descubrir esta mixtura imaginaria. El fín de esta primera etapa se encuentra en el descubrimiento del que controla acerca de la modalidad singular en que se establece en él esta identificación imaginaria y es posible pasar a otro momento dominado por lo simbólico del lapsus.

La segunda etapa consiste para el que controla, en jugar con el equívoco que comienza a liberarse: no se trata ya de una solución clínica para un problema sino que un obstáculo toca todas aquellas cuestiones clínicas en cuestión con lo ciego. El juego consiste en que el que controla es interpretado por su analista de control sin que este analista de control lo sepa, por tocar un punto ciego que el controla comienza a saber pero no lo dice en ese dispositivo.

Allí entonces es lógico que se haga flexible el decir del analista que controla hacia el dicho de todas las transferencias que soporta y así pueda empezar a jugar con su propio lapsus, su chiste o su olvido. El lapsus del analista pasa a ser para el dispositivo del análisis de control, el punto donde se tuercen las aguas debido a que retorna el inconsciente donde el obstáculo lo ciega. Aquí sí podemos tomar aquello de la labor analítica producida de inconsciente a inconsciente donde el punto ciego es expresión de ese encuentro.

El lapsus del analista libera la posición imaginaria del objeto del fantasma del analizante que el que controla encarna sin saber, poniendo en juego su síntoma que deberá desplegarse en la otra escena de su análisis. Aquí se pone de manifiesto que la castración se revela como verdad en el partenaire, en este caso analista que encarna la transferencia. Para decirlo de otro modo: no hay más resistencia que del analista y es imposible que exista algun analista liberado de la posibilidad del obstáculo. No hay analista que no presente obstáculo, en la medida que la dimensión que imprime la estructura es fallada. La relación a esa falla no es la misma habiendo transcurrido un análisis de control, aunque esa falla no desaparezca nunca.

Con respecto a otra variante de la estructura como es la psicosis, la concepción que entiendo del análisis de control, no varía en cuanto que el momento principal sigue siendo el lapsus del analista. Pero esta vez no se trata del encuentro con el inconsciente del analizante, sino por el contrario la identificación imaginaria y el lapsus descubren el lugar imposible donde el analizante psicótico se encontraría con la amputación de la significación derivado de lo forclusivo.

Con la identificación imaginaria y con el lapsus del analista se trata entonces de formalizar que es lo que no debe hacerse en la dirección de la cura para evitar el desencadenamiento. Aunque el desencadenamiento es imposible de evitar tomando en cuenta que sería imposible situar a un individuo sin ninguna posición respecto al goce.

En cuanto a la supervisión con niños, allí la identificación imaginaria y el lapsus del analista, descubren aquel punto donde falla la articulación fantasmatica parental respecto del niño. El analista que controla descubre la interpretación posible surgiendo en un medio camino entre el sentido del juego que se le propone al niño y aquel que se establece con los padres que no son los convocados a la escena del análisis pero juegan a que sí. Se trata solo de un poco de sentido el que se rescata de una deriva inagotable.

En este sentido la cuestión del diagnóstico en el análisis de control presenta todo un problema, porque si en primer lugar solo se espera por parte del que controla la confirmación de su autorizarse, no cabe más que aceptar el diagnóstico propuesto. Esto a menudo es una complicación del análisis de control. En este sentido un error en el diagnóstico de la estructura, tomando un psicótico por neurótico ( como error más frecuente), no empeora las cosas, ya que el desencadenamiento va a ocurrir de todas formas y la aceptación de un diagnóstico erróneo no tiene por qué generar más problemas.

El asunto es lo que no se debe hacer frente a lo inevitable forclusivo de esta modalidad de goce que es la psicosis, a pesar de la insistencia del retorno de lo real. El analista de control puede no discutir el diagnostico, pero sabrá que estatuto deberá darse a la letra en la situación clínica descripta por el que controla. Que se brote un paciente psicótico por alguna intervención errada, no hace suponer que podría haber existido una postura en la transferencia que lo hubiera evitado por siempre. Más bien se trata de saber como se lee una alucinación y para qué hay que hacer esa lectura.

Si en cambio el lapsus o el chiste incluso como formación inconsciente comanda el dispositivo, la condición de la estructura cae por su propio peso, sea respecto a la encarnadura fantasmática que porta el analista que controla respecto a su analizante, develando la represión o la renegación, sea en consideración al encuentro de una significación amputada en la transferencia psicótica como aquello que retorna desde lo real en el analizante tras lo resistencial del que está supervisando.

El diagnóstico en el análisis de control desde luego que tiene su importancia, pero no me parece que sea la cuestión central en juego, porque en verdad es en el lapsus donde el analista evidencia el fundamento de su resistencia como implicación y desde donde comanda la rectificación de la dirección de la cura.

Notas

..(1) "Sucede que yo me doy el lujo de controlar, como se llama a eso, a un cierto número de personas que se han autorizado ellas mismas, según mi fórmula, a ser analistas. Hay dos etapas. Hay una etapa en la que son como el rinoceronte, hacen más o menos cualquier cosa y yo los apruebo siempre –en efecto siempre tienen razón. La segunda etapa consiste en jugar con este equívoco que podría liberar el sínthoma. Pues es únicamente por el equívoco que la interpretación opera." Seminario 23 "Le sinthome". Texto establecido por J.A. Miller en Ornicar? 6. Seminario del 18/11/75.