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Estructura y Subjetivación

Carlos Paola

(*) Jornadas Aniversario de la EFBA. 30 años de Escuela. Julio 2004.

¿Real o verdadero? Todo sucede, a este nivel tentativo, como si los dos términos fueran sinónimos. Lo horroroso, es que no lo son (...)

Jacques Lacan, Seminario 24 (1)

I

 

Podemos conjeturar que es a partir de los planteos freudianos del Complejo de Edipo y de Tótem y Tabú, como así también de la conceptualización lacaniana de la Metáfora Paterna, que en nuestro discurso corriente se ha impuesto la "versión" de una madre devoradora en el origen, para quien el hijo es un objeto inerme de su goce, y a quien un padre debe interceptar con su prohibición. Versión que también hacemos circular en "jerga lacaniana" como un Otro Real, Primordial y Gozador a quien el Significante del Nombre del Padre debe barrar para situarlo como Otro en Falta (2).

[gráfico] - consultar versión impresa en la biblioteca de la EFBA

Desde esta perspectiva por la que solemos mirar, es el Padre quien funda la Estructura, agenciamiento por el cual deviene primero, irreductible e imprescindible. Ubicado en el centro del Registro Simbólico, concebido como una suerte de Otro del Otro, su inscripción vía la metáfora es la operación sin la cual no habría falta (3).

La Estructura, entonces, adviene secundariamente como efecto de esa operación de fundación consistente en la precipitación de una barrera ante el goce de la madre.

Desde la misma perspectiva, conceptualizamos la Psicosis como la falta de esa barrera necesaria, para luego hablar de "fallas" en la Estructura, entretejiendo una metapsicología de los tiempos no cumplidos de la Constitución Subjetiva.

Finalmente, "barrar al Otro" se convierte en la Dirección de toda Cura porque, una y otra vez, hay que vérselas con ese Otro Gozador, que incorporado en la comida totémica, retorna al modo de una dispepsia.

Allí donde lo pensamos muerto, la emoción lo mantiene vivo...

Y es que, precisamente, la lógica de esta "versión" reintroduce la figura obscena ya que, la noción de pérdida de goce a causa del Padre, es una suposición que no deja de sostener ese goce como posible (4).

Formulado así, el dar cuenta de nuestro quehacer queda rebajado a teoría neurótica, en tanto dicho planteo "olvida" que, cuando el "Goce del Otro acecha", es el fantasma lo que sostiene su posibilidad.

Paradójicamente, habiendo sido elevado lo fantasmático a la categoría de axioma, en esta suposición de un Otro gozador a quien el Nombre del Padre sólo fallidamente puede barrar, adjudicamos también una falla en la constitución del fantasma. Así, al modo de una última horneada que falta, dicha falla es "a reparar" en la escena de un análisis.

Para decir de una vez mi convicción: la paradoja a la que nos arroja esta "versión" encarna un obstáculo central en nuestra praxis: el de tomar Fantasma por Estructura; el de confundir Estructura con su Subjetivación.

 

II

Hay, al menos, una otra perspectiva.

Promediando el Seminario "El Deseo y su Interpretación" Lacan comienza a producir una subversión de su concepción anterior al afirmar que el gran secreto del Psicoanálisis es que no hay Otro del Otro (5), que no existe ningún significante que garantice la continuación concreta de ninguna manifestación del significante y que, esta falta no se produce al nivel del Otro en tanto que Real, sino en tanto que lugar de la palabra (6).

Poco después, en la Subversión del Sujeto, dirá que el Goce está prohibido a quien habla como tal, que el Goce del Otro no existe, pero que el neurótico se figura que el Otro exige su "castración" (7).

Por lo tanto, desde esta otra perspectiva se puede afirmar que no hay agente de tal prohibición, sino que la prohibición es relativa a que se habla. Y más aún: que la incompletud del Otro es función del Sujeto en tanto busca y no encuentra en la batería un significante que lo represente (8).

Ahora bien, el Sujeto como falta en ser, resultado de la acción vaciadora del Significante, no es el todo del Sujeto. Como ya sabemos, de esa acción queda un resto que le resiste a la muerte que el Significante introduce: lo que se aloja en el intervalo, lo vivo del cuerpo, lo que Lacan llamaba el defecto en la pureza del no ser. Este resto resiste velando aquello con que se encuentra en el lugar del Otro y configurando las distintas modalidades de goce (9).

Por lo tanto, podemos decir que es también función del Sujeto velar la falta en el Otro, y que esa falta es velada por la pantalla del fantasma que introduce así la suposición de un goce del Otro no castrado (10).

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Formulado así, el Nombre del Padre no es Fundación sino Subjetivación, ya que, vía la metáfora, interpreta ese goce faltante sustituyendo la Imposibilidad por una Prohibición (11).

Como Padre del Nombre (12), no funda sino que introduce el sentido, aunque no es la única instancia capaz de realizar semejante tarea ya que, también el delirio puede aportarlo. Claro que, a diferencia del delirio, el Nombre del Padre, como anclaje del sentido, posibilita que el Sujeto hable "en nombre de" y no tenga que tomar a su cargo la elaboración de todo el saber, trabajo extenuante al que están condenados los delirantes (13).

Ahora bien, delirante o no, la Interpretación no se halla en el mismo nivel de precipitación que la Imposibilidad. Como podemos leer en L’Insu: la Metáfora está justificada por la Estructura (14).

Por eso, podemos afirmar que cuando el "Goce del Otro acecha" volviéndose invivible la vida, no se trata del fantasma que está "a medio construir", sino de su pantalla que está insuflada de sentido.

Precisamente, es con el sentido que operamos en la práctica analítica, como dice Lacan en R S I, no operando más que para reducirlo (15).

 

 

III

Luego, así como decimos del fantasma que es una respuesta protectora a eso primero angustiante de la falta en el Otro, podemos hacer un paralelo al situar el cuarto término del nudo como una suplencia de eso primero que no hay: la relación sexual.

Sigo un planteo de Rodríguez Ponte (16):

- En el comienzo de RSI Lacan dice que Freud ha necesitado de un nudo de cuatro anillos para que lo real, lo simbólico y lo imaginario no se suelten, quedando identificado el cuarto anillo con el Nombre-del-Padre, el Complejo de Edipo y la Realidad Psíquica.

- A Lacan, en cambio y en un principio, parece alcanzarle con el nudo borromeo de tres consistencias, escritura de la "no relación sexual".

- Sin embargo, poco después de haber articulado el nudo borromeo con los tres registros en equivalencia, se encuentra con la lógica de la nominación, topándose también al parecer, con la insuficiencia del nudo de tres para dar cuenta de las distintas presentaciones subjetivas.

- A continuación, aplana el nudo y le agrega letras y campos de inmixión de un registro en otro.

- Pero de este añadido, que primero es "extranodal" y que da lugar a una mezcla de escrituras de distinto orden, pasa a una escritura nodal que se hace cargo del "añadido". Introduce, así, el cuarto término del nudo al que llamará Père-version en R S I y Sinthome en el seminario siguiente.

- De este modo, en este cuatro que no es el mismo de Freud, sitúa la función de la Nominación, pero también la de Reparación y la de Suplencia.

- Asimismo, esta cuarta consistencia va a absorber lo que antes Lacan ubicaba con las letras JA, J y Sentido, por lo que esta escritura da lugar a aquello que antes restaba en el intervalo. Esto es, lo vivo del cuerpo.

Ahora bien, esta necesariedad del cuatro no cancela el tres, ya que ambas escrituras son coexistentes en tanto, en mi opinión, plantean dos niveles de precipitación.

Entonces, el nudo borromeo de tres consistencias, lo número uno (17), RSI, en tanto escritura de la no relación sexual, dice de la hiancia causal que llamamos Estructura.

Luego, si ese cuarto término que introduce la relación sexual vía la Suplencia, es el Sinthoma con el que se responde a esa falta primera, podemos pensar el nudo borromeo de cuatro consistencias, RSIœ , como una escritura que sería de la Estructura, su Subjetivación.

 

IV

Un rodeo derivado de mi prehistoria arquitectónica.

Resulta un "hecho natural" contar con calles y edificios, fachadas y murallas, arrabales y centros. Espacios que se entraman, que se anudan, que se nominan con nombre propio, nominando a su vez a quienes los habitan: la ciudad.

Aunque compartida con otras especies animales, hay una vocación de lo humano por habitar espacios construidos.

¿Pero cómo es que nos las arreglamos para construir sin la ayuda de eso que en los animales solemos llamar instinto y, qué estatuto tiene esa suplencia que se nombra espacio arquitectónico?

Anudamiento de espacios, entramado de redes, intervalos donde se habita: la ciudad tiene una estructuración compatible con la escritura. Pero una escritura en donde pueden reconocerse dos niveles de precipitación.

Un primer nivel viene dado por la traza urbana, materializada en la antigüedad mediante los actos rituales de fundación, con los cuales se demarcaba el espacio, surcando la tierra con el arado.

A partir de este trazado no era necesario construir ningún edificio para que la ciudad toda quedase constituida. Bastaba con la marca para que cobrase existencia (18).

Cuando los romanos fundaban una ciudad, trazaban con el arado, formando una cruz, un surco de sur a norte y otro de este a oeste. De esta manera quedaba el área dividida en cuatro regiones. Luego, un surco circunvalaba dichas regiones, delimitando la ciudad y asentando las bases para las futuras murallas.

Estos dos caminos trazados según los ejes cardinales, cortaban el trazado de la muralla, constituyendo así las puertas de la ciudad, que salvaban la situación de encierro (19).

[gráfico] - consultar versión impresa en la biblioteca de la EFBA

Finalmente, en el centro, en la intersección de los dos ejes, se hacía una cavidad en donde se colocaba una porción de tierra de la ciudad de Roma. así quedaba constituido el axis mundi, eje vertical que religaba las tres zonas cósmicas (20).

De este modo, entre el centro y la muralla, se fundaba un intervalo, un espacio sagrado de protección y encierro. Por fuera el desorden, lo profano, la amenaza, el caos.

Por medio de estos actos rituales de fundación, el lugar de residencia del pueblo quedaba identificado con el centro del mundo (21) y la ciudad devenía fijación a una entidad finita. Como metáfora de centro, era una marca en lo geográfico que orientaba en la homogeneidad de un territorio sin cota.

Luego, un segundo nivel, se precipitará sobre el anterior: el cuerpo arquitectónico. Y éste pondrá en juego otro tipo de existencia ya que, en la edificación, estará implicada una consistencia material del espacio.

Para que la traza urbana consistiera, bastaba la dimensión simbólica del surco del arado sobre la tierra. Pero para que se precipite un cuerpo arquitectónico, hará falta manipular el ladrillo, el bloque de piedra, el tirante de madera, como así también el volumen, las formas, la textura, el espesor, las alturas, las distancias.

Luego de los actos rituales de fundación, Rómulo mató a Remo porque éste osó pasar por encima del surco sagrado de la muralla.

Y aunque se trate de una obviedad, resalto que no es lo mismo un surco que un muro porque, una vez precipitada la muralla, sólo será posible el pasaje a través de las puertas.

Y, precipitada la muralla, de la traza no habrá más acceso que su consistencia material.

 

 

V

 

Todo lo que es mental, al fin de cuentas, es lo que yo escribo con el nombre de Sinthome, es decir, signo.

Jacques Lacan, Seminario 24 (22)

 

Dice Lacan al final de L’insu que el inconsciente, ese aluvión de lenguaje (23), material que nos habita (24), ha sido identificado por Freud a Lo Mental (25). A continuación, define Lo Mental como tejido de palabras entre las cuales hay equivocaciones posibles, siendo el Inconsciente el responsable de esas equivocaciones que nos hacen soñar. Luego concluye que, desde que el hombre duerme, "inconscientea" con todas sus fuerzas (26).

Ahora bien, si pasamos nuestro tiempo en soñar (27) y no hay en ningún caso despertar (28) ¿cómo dar cuenta de la Imposibilidad con que el sexo se inscribe en el Inconsciente (29) que llamamos Estructura si no accedemos más que a su Subjetivación que constituye Lo Mental?

Reflexionó una vez mi hijo: - ¡Papá: qué difícil es darse cuenta que se está soñando cuando se está soñando!

Si el despertar es lo real bajo su aspecto de lo imposible (30), y lo real no está ligado sino por una estructura, y estructura no quiere decir nada más que nudo borromeo de tres consistencias(31), tal vez despertar sea el instante de advertir que se sueña, tal vez el despertar sea ir más allá del padre.

Notas:

(1) Jacques Lacan, Seminario 24 L’insu que sait de l’une-bevue s’aile a mourre. Traducción Ricardo Rodríguez Ponte y Susana Sherar del texto establecido por JA Miller en Ornicar, clase del 14-12-76, Biblioteca de la EFBA C-344.

(2) Ricardo Rodríguez Ponte, Clínica de los Goces, Seminario de la EFBA, Clase 7 del

5-8-92.

(3) Ricardo Rodríguez Ponte, El Síntoma. Una Introducción, Seminario dictado en la EFBA, Clase 3 del 29-05-95.

(4) Op. Cit. en (2), Clase 8 del 19-8-92.

(5) Jacques Lacan, Seminario 6 El Deseo y su Interpretación, clase 16 (25-3-59), Traducción Hugo Levin, Adelfa Jozami y otros de la versión JL, Biblioteca de la EFBA C-882.

(6) Op. Cit. en (5), Clase 20 (13-5-59).

(7) Jacques Lacan, Subversión del Sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano, (septiembre de 1960) en Escritos II, siglo veintiuno editores, 1975.

(8), (9), (10) Op. Cit. en (3) Clase 3 del 29-05-95.

(11) Op. Cit. en (2) Clase 8 del 19-8-92.

(12) Jacques Lacan, Seminario 23 El Sínthoma, clase del 18-11-75, Traducción Ricardo Rodríguez Ponte, versión crítica digitalizada ( J A Miller y M Chollet), Biblioteca de la EFBA C- 2119.

(13) Ricardo Rodríguez Ponte, Psicosis, la cuestion preliminar...y otras cuestiones, Seminario dictado en la EFBA, clase 8 del 12-09-98.

(14) Op. Cit. en (1), Clase del 08-03-77.

(15) Jacques Lacan, Seminario 22 R S I, clase del 10-12-74 Traducción Ricardo Rodríguez Ponte, versión crítica digitalizada ( J A Miller y M Chollet), Biblioteca de la EFBA C- 2120.

(16) Op. Cit. en (3),

(17) Jacques Lacan, La Tercera, Conferencia pronunciada en...

(18) Georges Gusdorf, Mito y Metafísica

(19) Lewis Munford, La Ciudad en la Historia

(20) Fustel de Coulanges, la Ciudad Antigua, Editorial Porrúa, México 1986 (Primer Edición Paris, 1864)

(21) Mircea Eliade, El Mito del Eterno Retorno, Emecé Editores, Bs. As., 1968 (Primer Edición Paris 1951)

(22) Op. Cit. en (1), clase del 10/05/77

(23) Jacques Lacan, Radiofonía, Editorial Anagrama, Barcelona 1977 (Scilicet 1/2, Paris 1970)

(24) Op. Cit. en (1), clase del 11/01/77

(25) Op. Cit. en (1), clase del 10/05/77

(26) Op. Cit. en (1), clase del 17/05/77

(27) Jacques Lacan, Palabras sobre la Histeria, Publicado en el Suplento Belga Cuarto, 26/02/1977

(28) Op. Cit. en (1), clase del 17/05/77

(29) Op. Cit. en (23)

(30) Op. Cit. en (1), clase del 19/04/77

(31) Op. Cit. en (1), clase del 08/03/77