Los Destinos de la Pulsión en la Cura

Mónica Morales

(*) Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis: Buenos Aires; 1995.

"Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera...". Julio Cortazar, Rayuela.

Si de la represión hay indicios, es que hay algo que presiona. Algo que tiene carácter de irreprimible, aun para la represión misma.

La pulsión es tensión. Es un forzamiento al principio del placer. Es en el borde de la homeostasis que se instalan las pulsiones parciales.

La pulsión es la única manera posible para un sujeto de transgredir el principio del placer.

Es frente a la presencia del Otro, que el sujeto advierte la existencia de un goce más alla del principio del placer. Su deseo es un vano rodeo para poder pescarlo.

Al padre totémico se le supone un Goce absoluto. Goza de todas las mujeres. Pero el goce se somete al saber y hace de él, su medio. El sintoma es el efecto de la sumision del goce al saber inconsciente. Pero hay algo queda por fuera del saber.

Hay un goce anudado al inconsciente. Y hay un resto que es rechazado por el saber, resto desanudado del inconsciente. Resto que escapa al orden simbólico.

Las pulsiones son lo que queda del goce perdido, lo que no termina de anudarse a ese orden de lo simbólico.

Freud habla de la insistencia pulsional. Habla de la inercia del psiquismo, de la viscosidad de la líbido. Habla de la fijación. No es aquello de la pulsión que insiste como resto? Por eso, para cada zona erógena, para cada pulsión parcial, hay un objeto que funciona como resto. La pulsión es parcial por el resto que es.

Lo real en el sujeto es cómplice de la pulsión. Real reencontrado en la insistencia de la Tyche.

La Tyche indica que la vida no es sueño , dice Lacan. Se articula en el despertar, que oculta otra realidad que yace tras el sueño. Detrás del sueño, y detrás del fantasma, se oculta el Trieb.

Entonces, como pensar la cura en relación a ese resto de goce que es la pulsión? Una dirección de la cura orientada hacia ese real.

Freud habla de los destinos de las pulsiones, de las aventuras de las pulsiones. La vuelta contra sí mismo, la transformación en lo contrario, la represión, la sublimación.

La vuelta contra sí mismo y la transformación en lo contrario hacen a la reversión significante. El ida y vuelta en que se estructura la pulsión. Es de carácter circular esta reversión fundamental en tres tiempos: ver- ser visto. Y en el tercer tiempo, algo nuevo aparece: un sujeto. Con la aparición de este sujeto "que es propiamente otro", la pulsión cierra su circuito en el darse a ver.

Y es este el Ziel, el fin de la pulsión. Es el retorno en circuito alrededor de un objeto. Objeto que es un hueco, un vacío, que ocupa el objeto a. La pulsión se satisface contorneando el objeto que eternamente falta.

La dialéctica de la pulsión es la del tiro al arco. Lacan diferencia el aim, el trayecto, del goal, la meta. La pulsión sale del borde de la zona erógena y a ella vuelve, como un lazo que se cierra sobre si mismo. En este trayecto se dibuja el objeto de la pulsión.

El análisis debe operar a nivel de la satisfacción misma de la pulsión. Algo debe rectificarse, algo que requiere del sujeto un gran esfuerzo, un gran sufrimiento. Un hacerse mal en pos de una satisfacción. Satifacción inútil, que se topa con las murallas de lo imposible. El camino del sujeto se estrella contra dos murallas: la muerte y la sexualidad.

El sujeto de la pulsión es acéfalo. En ese lugar vacío de sujeto se instala la estructura del Ello. La estructura que organiza el Ello es muda, es el desorden de la sincronía del lenguaje. La sincronía es el montaje pulsional, la articulación disjunta entre la fuente, el objeto, el fin y el empuje.

La estructura muda del Ello es la gramática pulsional.

El ordenamiento diacrónico revela la legalidad de la combinatoria significante del inconsciente.

La pulsión tiene con el inconsciente, una comunidad de hiancias. La articulacion es en terminos de tensión, de ahí, el valor de las zonas erógenas.

Lacan recurre a la topología cuando debe dar cuenta de la demanda y la pulsión, y su gramática. Cuando calla la demanda, comienza la pulsión. Esta es silencio, el goce pulsional es mudo.

Es posible hacer pasar el goce al inconsciente? Lacan nos dice que la puesta en juego del deseo del analista anuda la pulsión a la demanda.

El objeto de la pulsión es el objeto causa del deseo. Depende de la demanda para su producción. Objeto de la pulsión, objeto causa. Resto y causa comparten una comunidad topológica pero difieren en la función que cumplen.

En la fórmula del fantasma, produce el fadding del sujeto, lo divide, lo hiende. Aparenta una encarnadura que hace de pantalla a lo real.

En la fórmula de la pulsión esta ausente, implícito en el trayecto que lo dibuja.

Este objeto es inseparable del significante de la falta en el Otro, del significante de su deseo. Pero no se recubren.

Este objeto cae en la operación de la separación y se instaura como perdido. Operación mediada por la Tyche, que permite al sujeto de la alienación, salir de su indeterminación.

Este objeto perdido es lo que falta al Otro, lo que causa su deseo. No son sus significantes, sino el intervalo entre ellos. Ese intervalo que hace, que más alla de lo que el Otro diga, se esconde una pregunta por lo que desea. La falta hace pregunta. Y el sujeto responde con su propia falta.

El Otro consiste y el sujeto se asegura una existencia en el Otro. Un lugar en el Otro. Esa particular manera de situarse frente al Otro que encuentra un sujeto, constituye su fantasma.

Una niña es mirada

"Salía de noche al jardín y tenía miedo de darme vuelta. Parecían pasos siguiéndome... una mirada que se me clavaba en la espalda..."

La mirada me sorprende, no es una mirada vista sino imaginada en el campo del Otro, dice Lacan. Remite a un ruido, a unos pasos. La mirada me sorprende y me reduce a una cierta vergüenza. La mirada es presencia del otro como tal.

"Siempre me miraba... Una vez me sorprendió masturbándome, me miró como acusándome y sentí tanta vergüenza... y rabia. Me abría la puerta del baño para ver que estaba haciendo.... Recorría nuestras habitaciones para saludarnos... de pronto, me levantaba la sábana para descubrirme..."

A nivel de la dimensión escópica se encuentra el objeto a. El objeto a es algo de lo que el sujeto se ha separado para constituirse. A nivel oral es el nada, en tanto que eso de lo que el sujeto se ha destetado ya no es nada para él. El nivel anal es el lugar de la metáfora, un objeto por otro. Ambas se situan en relación a la demanda.

La pulsión invocante y la pulsión escópica se situan frente al deseo.

En la dimensión escópica, el objeto en juego, es la mirada. La mirada es ese objeto perdido y de repente reencontrado en la propia vergüenza frente a la aparición del otro.

El sujeto intenta acomodarse a esa mirada, y se convierte en ese punto desvanesciente con el que confunde su propio desfallecimiento. Esa mirada lo sorprende, lo borra, lo hiende. Esa mirada soporta el fantasma del que el sujeto se cuelga. Es el sujeto en función del deseo.

Lacan habla del fenómeno de la anamorfosis. El cuadro "Los Embajadores" de Holbein muestra dos personajes engalanados de la época. Las vanidades de las artes y las ciencias. Asi es percibido dentro del espacio geometral que solo capta al sujeto como representación. El alejamiento del cuadro hace surgir el espacio de la anamorfosis. Emerge, entonces ante nuestros ojos, un objeto... una calavera. El brillo de la vanidad se ha tornado en la pura nada que somos.

La anamorfosis muestra al sujeto nadificado, encarnado en imagenes del -fi de la castración. Castración que organiza el deseo a través del marco de las pulsiones fundamentales.

Lucía es la hija menor de una familia muy católica. Su hermana mayor es la preferida del padre. Su segunda hermana es la más buena, Su hermano es el brillante, médico como su padre.

Y ella, solo la más linda.

Su demanda de análisis se anuda a una confesión. Confesión llena de pudor que da cuenta de un síntoma que se articula a la transferencia.

Síntoma como manera de presentar al analista lo real de un goce.

Lucía no podia abandonar sus prácticas masturbatorias. Sentía verguenza por ello. Sus relaciones sexuales ... no sabía lo que era el orgasmo. Suponía que era algo que ella no alcanzaba, algo que sentian otras mujeres. No estaba segura de "acabar", y no "acababa" por pensar en que tenía que "acabar". Entonces tenía que masturbarse porque a solas con uno mismo es más fácil...

Un recuerdo : "Siempre me gustó bailar frente al espejo. De chica jugaba a que era una vedette y me ponía plumas de colores y me desnudaba frente al público... a veces pensaba que me veían por la ventana."

En otro momento me relata, también a modo de confesión, su fantasía. La fantasía que convoca para "acabar".

"Es una escena en la que voy a ser penetrada... desde atrás, como si me fuesen a someter..."

Poco después, tiene un sueño. Es como la escena que la excita, pero algo más... una mujer mirando. El hombre es un médico, por eso hay cierto temor respecto de lo que va a pasar.

Mientras me lo cuenta, advertimos algo tan obvio... su padre es médico, proctólogo.

Lucía es profesora de Educación Física. No le gusta mucho su trabajo. Estudió esa carrera al igual que una de sus hermanas. Era una carrera corta, adecuada para una mujer, había sugerido su padre.

A ella le gustaba la pintura, el psicoanálisis, y otras cosas.

Luego de un tiempo de análisis, comienza a ir a un taller de pintura.

Pinta un cuadro. Me habla de él y en algún momento, me lo muestra. Son dos niños sentados de espalda.

En todo cuadro, se manifiesta algo del orden de la mirada. "Al mirar cuadros, incluso los más desprovistos de lo que se llama normalmente la mirada constituida por un par de ojos, ... acabarán viendo como en filigrana, algo tan específico para cada uno de los pintores que tendrán la sensación de la presencia de la mirada. Pero eso solo, es objeto de búsqueda, y tal vez solo ilusión." Nos dice Lacan.

En la dialéctica del ojo y la mirada, la no coincidencia. Como en el amor. Cuando demando una mirada, siempre es lo fallido. "Nunca me miras allí desde donde te veo". Y "lo que miro nunca es lo que quiero ver". Esa es la relación entre el pintor y el que mira. Un engaño.

Lucía sigue pintando cuadros. y me habla de ellos. Colores y trazos. Abstractos. Ya no pinta como su maestro, tiene algo de estilo propio.

"No me gusta volver sobre los cuadros que ya terminé... podría descubrir que no estan "acabados"... como cuando volvemos a un tema que yo daba por cerrado... me irrita que Ud. me haga volver... es una decepción..."

Más adelante, se le hace claro que lo que desea es pintar. Ya no trabajará más en Educación Física.

Produce varios cuadros. Aparece la idea de exponer. Es un anhelo cargado de angustia. Exponer es "exponerse". Los amigos,los críticos, la familia...

En los últimos tiempos del análisis toma el riesgo: decide exponer... pero no su cuerpo. Dar a ver sus cuadros.

Cual es la función del cuadro con respecto a aquél a quien el pintor lo da a ver? Parece un trampa. O acaso un deseo del pintor de ser mirado.

El pintor da a mirar su obra. Al ojo le da un alimento. Pero invita a aquel a quien presenta el cuadro a deponer ahí su mirada. Como se deponen las armas. Se le da algo al ojo y aparece en la mirada, la pacificación.

Lacan agrega que no es así en la pintura expresionista. Ella satisface la demanda de la mirada.

La pintura es un "domeña- mirada". El que mira se ve llevado a bajar la mirada.

En relación a poetas y pintores, Freud se detiene. En la creación de Leonardo, intenta encontrar la función de la fantasia originaria.

La pintura no es el equivalente ilusorio del objeto. Es la dimensión del engaño. Es "otra cosa" de lo que creemos ver. Es un mas allá de la apariencia, es la Idea. Es el objeto a.

Pero el objeto elevado a la dignidad de la Cosa.

En el gesto de la pincelada, se produce un cierto descenso del deseo. Un deseo al Otro en cuyo final esta el dar-a-ver.

Lucía se despide de mi dejándome un regalo: su pintura más querida.

En esta cura, una escena insistía con la monotonía de un fantasma. Luego se produce el sueño. A partir de ahí, surgen los significantes que dan cuenta de los modos de relación de este sujeto al Otro y del goce que lo habita.

Detrás del fantasma, yacía la pulsión escópica.

La pulsión escópica traza su recorrido. Antiguos y nuevos significantes dan voz a la gramática pulsional y a su goce mudo. Ver su propio cuerpo, ser vista, darse a ver.

Es esta una manera de tramitar el goce. Pasar el goce al inconsciente. Es abordar esa hiancia que se abre entre el saber y el goce.

El procesamiento del goce permite el desanudamiento del síntoma. Síntoma que acompañó su demanda de análisis. Síntoma como nudo de significantes que permitió ubicar un lazo entre su goce solitario y el analista.

En el seminario de "La Lógica del Fantasma", Lacan reformula la alienación, a partir del cogito cartesiano. El vel alienante es "yo no pienso" o "yo no soy". Separación válida entre Ello e Inconsciente.

La elección forzada del lado del "yo no pienso", es el ser del goce. Es la estructura gramatical, soporte de la pulsión. El Ello esta agujereado por un de-ser: el objeto a. Es la verdad de la estructura: un ser hecho de nada. Frente a ese punto se construye el fantasma, como matriz de significaciones.

Del lado del "no soy", pienso está primariamente reprimido. Lo impensable de ese pensamiento es la inexistencia de relación sexual. Produce el objeto a. El objeto a entre la pulsión y el deseo.

Los destinos de la pulsión en esta cura. Lucía se encaminó de la elección del "yo no pienso" al "yo no soy". Lacan llama a este movimiento en la cura, operación de verdad. El síntoma como ser de verdad es inseparable de esta operación. Y en el límite de su metáfora: lo real como imposible del sexo.

Al final de esta elección, se encuentra, como única realización del sujeto, la experiencia de la castración.

Es la destitución subjetiva. El deser, bajo la forma del a, se coloca del lado del "yo no pienso". Corresponde a la posición del analista, y es ahí donde se produce el deser en el final del análisis. Es equivalente a la destitución del Sujeto Supuesto al Saber.

Lucía acepta lo "inacabado". Y la experiencia de la castración le permite un más allá: la creación.

La creación, destino privilegiado de la pulsión. Acaso un más allá del goce ordenado por el falo?

BIBLIOGRAFIA

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