Algunas notas sobre "Variantes de la cura tipo"
Marta Mor Roig
(*) Jornadas Aniversario "30 años de Escuela (1974-2004)". Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1, 2, 3 y 4 de Julio de 2004.
Siendo Variantes de la cura un escrito clave donde Lacan contextua el psicoanálisis en su tiempo y en el tiempo que puede resultar el nuestro tambien, quiero evocar algunos momentos de los orígenes que hicieron marca.
Marcas que abren vias y con ello la posibilidad de los desvios.
Rescatar el recorrido freudiano no tiene el sentido de una mera curiosidad histórica. La propuesta es pensar los obstáculos que aún de otra formas se nos presentan en las curas que hoy conducimos. La propuesta es dejar abierta y vigente la pregunta qué hacemos cuando analizamos, articulando así lo que procura un análisis con la posición del analista. Posición que, importante es decirlo, requiere de "paciencia y mesura" (1) como condiciones frente al acto de la palabra y ante aquello que insistiendo, resiste a la palabra.
Cuentan que cuando Freud asistía a las clases de Charcot oyó de éste una frase que le quedó indeblemente grabada. Fue en oportunidad que un discípulo frente a una histérica, interrumpió al gran neurólogo para decirle: "Eso no puede ser, contradice la teoría" a lo que Charcot respondió concisamente: "La teoría es buena, pero no impide que eso exista". Tal vez ese fue el momento que Freud descubrió que lo imaginario podia hacer enfermar el cuerpo. Y al ver que las curas que se producían cual milagros advirtió aún borrosamente la fuerza de la transferencia.
Era un camino que lo llevaría a descartar progresivamente la hipnósis, la presión de las manos, el cara a cara. Todo ello resultaba demasiado turbador.
Así fue quedando el dispositivo: el paciente acostado en el divan y detrás el analista viendo sin ser visto, indicando la relevancia del oir.
Lo que parecía ser un punto de llegada no resolvía los problemas; más bien fue generando un dejar todo del lado del paciente, apoltronándose el analista en un sillón demasiado cómodo. Un confort que Lacan denuncia como desviación, en tanto para mantenerlo, en ese momento muchos de sus contemporáneos, rechazaron la pulsión de muerte surgida para demostrar la imposibilidad de adaptación con ideal alguno y con ello la imposibilidad del sujeto de alcanzarse como idéntico a si mismo.
Escapar al inconciente no podia ni puede disimular el alejamiento de Freud y es la práctica de la cura en esas condiciones lo que hace derivar o desviar el psicoanálisis hacia una especie de poder totalitario.
Fue entonces que Lacan comenzó a pensar en el revés. El psicoanálisis volvio a tornarse no sólo incomodo sino vulnerable.
Lejos de un "confort" el analista soporta la angustia, el amor, el odio y no lo hace ni responde en tanto pareja.
Como entender el dispositivo desde el otro lado del diván es el desplazamiento propuesto.
Gustamos de repetir que el analista esta en una posición imposible. Por lo menos es así si creemos en esta fórmula: "lo que busco en la palabra es la respuesta del Otro. Lo que me constituye como sujeto es mi pregunta" (2)
Estas escuetas frases vienen a recordarnos que el analizante habla y con ello busca respuesta. Al no responder el analista sobre el contenido de su demanda (lo cual no equivale a la caricatura de no responder nunca a nada) el sujeto permanecerá pregunta, sostendrá el enigma.
La definición más simple del enigma advierte que se trata de una pregunta sin respuesta. El enigma señala el incesto. Por eso, acercarse en demasía a una repuesta, reponder la pregunta, como en el caso de Edipo, no es sin catástrofe.
En el revés hallamos la otra posición: es cuando hay una respuesta sin pregunta. Esta perspectiva no puede dejar de evocar la insistencia de aquello que describe la clínica actual; solemos decir el paciente se presenta sin pregunta, el mismo se ubica como respuesta. Tal inversión no es menos catastrófica.
Si responder a la pregunta es juntar tantos los términos como si de un incesto se tratase ; cuando no hay enigma reina el silencio y la soledad, caldo tambien de la pulsión de muerte.
Una y otra de estas versiones seducen más de una vez nuestro quehacer. De un lado el afán de comprender y hacer comprender, de dar la solución, de querer interpretar todo o interpretar tan rápidamente que tocando desconsideradamente el goce se propician actings o pasajes al acto. Del otro lado no menos peligroso la distancia, la mudez y la exaltación del puro sin sentido. Posiciones ambas que lejos de producir una apertura hacia el deseo provocan más bien un deslizamiento mortífrero hacia el goce, dificultando hasta impidiendo el surgimiento de un síntoma nuevo en análisis. Posiciones ambas que apoyadas en una teoría que las avala priorizan algún saber teórico al saber del inconciente que, lejos de lo preconcebido, sorprende y requiere de una actitud espectante por parte del analista. Expentante significa esperar.
La indicación, si es que la hubiera, habla no sólo de paciencia sino de mesura, la mesura que tambien se encuentra en el medio decir. Respetar la estructura del enigma es operar medio diciendo.
Avancemos un poco más alrededor de esta posición.
Si del lado del paciente la regla fundamental lo invita a decir todo lo que se ocurre, del lado del analista se habla de neutralidad. Lo neutro lleva nuevamente a ubicarlo. Lacan recuerda a Ferenczi rescatando alguno de sus textos. Es un justo homenaje a un analista de la primera generación que se alejó del criterio de salud que adjudicado al analista como virtud lo deja immune de toda responsabilidad. Reducir la ecuación personal, ponerla entre paréntesis, sostenía, lo cual equivale a reducir el personalismo del analista, las identificaciones narcisistas más sólidas. (3)
De esta forma la concepción de la cura, tema tan polémico, quedará indefectiblemente articulado a la posición del analista. Lacan prosigue en esta dirección con frases que en tanto semidichas nos dejan en saludables semioscuridades. "El psicoanálisis es la cura que se espera de un psicoanalista" escribe en Variantes (4) dejando un "se espera" que se abre a más de un destinatario, agregará luego en un momento cercano: "el analista cura menos por lo que dice y hace que por lo que es". (5)
Anticipo del deseo del analista al que orienta hacia la búsqueda de las causas. El ser del analista supone esto: el sostenimiento de la pregunta por la causa, reduciendo o borrando las identificaciones sólidamente constituidas en el yo. Supone el deseo como lugar de sostén de la transferencia lo que nos lleva a agregar en esta "reducción de la ecuación personal" la elaboración de los goces y de la castración por parte del analista. La posición desde esta dimensión promueve y sostiene el interrogante de nuestro ser en el quehacer.
En un artículo de 1912 titulado "Sobre los tipos de contracción de las neurosis" (6) Freud se pregunta acerca de los motivos del enfermar. Si bien la cuestión es interesante, no es a eso que me voy a referir. Sólo quiero resaltar una referencia en la que señala o propone al analista operar con "patrones éticos" que lo lleven a contemplar que los sujetos enferman tanto si resignan un ideal como si lo quieren alcanzar.
La mención de patrones éticos es textual. Claro que no aclara mucho más que este esbozo de articulación con la paradoja del ideal. Lacan durante un año dictó un seminario al respecto y nunca dejará de insistir sobre la ética del psicoanálisis. Y si insiste es en tanto resiste.
Por eso y ya concluyendo, a la reducción de "la ecuación personal" habremos de extenderla a la reducción del narcisismo de las teorías, o narcisismo del teórico es decir a la teoría como puro anclaje en la ilusión de saber entender y responder a todos o casi todas las preguntas.
Por el otro la reducción del narcisismo del "práctico" del que eleva la experiencia a la categoría de lo único valioso. Peligrosa postura en tanto lleva a justificar "cualquier hacer". Así el "experimentado" instaura una serie de significaciones imaginaries que lo dejan ubicado como respuesta sin pregunta.
Por un lado o por el otro aquello que corre riesgo es el deseo del analista y con ello el análisis del inconciente. Y ese riesgo es ubicable en todos los tiempos.
Referencias bibliográficas:
O. C. Amorrortu T. XXI