"La dignidad, entre la ética y el acto"

EVA LERNER

(*) Jornadas Aniversario de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. " 30 años de Escuela". PANEL: ÉTICA Y ACTO. Julio de 2004.

A la Comisión de Jornadas y a mis compañeros de la Comisión Directiva un cálido agradecimiento por el esfuerzo y el entusiasmo puesto en la realización de estas jornadas. Me detendré en los agradecimientos a ellos y a todos los miembros de la EFBA en el cierre, ya que tengo la oportunidad de hablar varias veces.

Mi homenaje a la Escuela para este Aniversario, 30 años, es tomar la palabra en serie con mis compañeros de Escuela, los de de mi generación, con los que comparto una larga transferencia de trabajo, en esta Escuela que toleró mis silencios, mis tropiezos y mi rebeldía con la teoría.

La inaudita riqueza de la experiencia analítica que supera infinitamente su campo teórico me sugiere siempre nuevas reflexiones, sobre todo porque la teoría muchas veces, no se si por desgracia o por suerte no me cierra.

Lo que voy a trabajar no es ajeno a una de las primeras oposiciones de palabras que escuché al entrar a la escuela cuando jugábamos con las palabritas: deseo de reconocimiento y reconocimiento del deseo.

Esta vez se trata de algunas notas del estauto de lo que significa para el sujeto "la dignidad" si por dignidad entendemos las consecuencias de hacerse responsable de su deseo.

La neurosis finalmente, no es otra cosa que el infructuoso esfuerzo por dignificarse y el síntoma es el mejor testimonio de ello.

  1. En el plano teórico la primera cuestión entonces que para mí abreva de la clínica es: si podríamos acordar o no en que el argumento fantasmático viste de dignidad a lo que de indigno tiene el rebajamiento del deseo. En cambio el síntoma por su padecimiento viste de indignidad la dignidad que encubre su cifra?
  2. La segunda cuestión que me planteo es la cuestión de la coincidencia del acto con la acción al final del análisis. Si la posición del sujeto se rectifica en el fantasma , debe, en relación a su deseo ,ya dispone de un saber hacer,que escribe algo de esa posición en el lazo social.
  3. La tercera cuestión que planteo es si qué del nuevo Imaginario agujereado del final del análisis hace coincidir algo del yo con el sujeto deseante.

Si bien decimos que el acto es del analista y en futuro anterior, es no calculable, sus efectos de corte en el analizante, inocente de su fantasma, lo convertirán en responsable en cambio, de las acciones que lleve a cabo a partir de esos efectos, para salir de la indignidad.

Esos efectos, si lo fueron de una confrontación ética entre deseo y acto habrán sido, también en futuro anterior, si dignifican, acto y se leerán en al dimensión del decir.

La pregunta obligada: ¿has actuado en conformidad con el deseo que te habita (1)? implica lógicamente a la siguiente , en tanto sus efectos deben ser localizables: ¿has llevado a cabo hasta sus últimas consecuencias las acciones necesarias, para estar a la altura de tu deseo?

Y quién es el que ha estado a la altura de su deseo?

Quién es el que no ha cedido en su deseo si ha llevado a cabo hasta sus últimas consecuencias las acciones correspondientes que articulan deseo y acto

El sujeto? El yo? La persona?

Y de que se trata en las acciones?

El sujeto es efecto del acto y qué entonces de los actos de aquél que es efecto del corte?

Un pequeño rodeo.

Es en la dimensión de la palabra, en los efectos en el discurso que se localiza la secuencia lógica de la experiencia analítica y produce efectos en los otros registros.

Es recién allí que toman su verdadero estatuto los efectos de sujeto (2).

El "sujeto" o mejor dicho lo que habrá sido el efecto sujeto si puede ser leído en la letra, es decir, cortado y recortado de las escansiones de las secuencias significantes en las que está enfrentado, enrostrado, identificado, degradado, vapuleado, como objeto, es un efecto evanescente.El sujeto entonces, es un efecto evanescente.

No así la estabilización de su causa deseante. Esa no será evanescente.

Si en el mismo lugar en que vacila su ingreso en el discurso, es decir cuando se trata del objeto a, entra un analista, se instala la bisagra de la transferencia que no es precisamente a su persona.

Alguien está allí que sería mejor que no se crea que es "Alguien".

El analista entra no en tanto sujeto del conocimiento sino en tanto instrumento recibiendo en su cuerpo, vacío de pulsiones, que acepta ser tomado por las pulsiones del analizante, es decir en la transferencia, los estragos de lo que nombramos: indignidad .

Se abre así la dimensión real de la transferencia que enlaza el cuerpo de ese que allí hace de analista, único estatuto de su presencia real.

Así entra el analista en la vida privada.

A partir de allí es de esperar que no haya más vida privada, en ambos sentidos, que esa vida privada de dignidad sólo pueda hacerse pública recuperada la posibilidad de la dignidad.

El efecto sujeto, en tanto el deseo es del Otro, localiza en el mismo acto de corte y de vaciado, la medida de la indignidad en la que se encuentra y no deja otra salida ética que esa inscripción entre "los otros", es decir en el lazo social.

Las acciones obligadas con el deseo se imponen cuando se vuelve necesario hacer coincidir lo que era la medida del Otro con otra medida, la del deseo.

Algo se gana y algo se pierde.

Cómo situar entonces el estatuto teórico de la dignidad?

Situamos la indignidad tributaria del narcisismo, paño del registro imaginario como el lugar donde ella se refleja.

La consecuencias del agujereamiento por lo simbólico del imaginario esférico que se sostiene del ideal del yo será una nueva consistencia imaginaria no narcisística en la que se resitúa lo real de la causa deseante y cae la prestancia yoica a cambio de la recuperación de la dignidad.

Anudado a lo real y a lo simbólico el narcisismo no se refiere más al estatuto meramente especular sino a otro estatuto de lo imaginario que contempla otras coordenadas.

Situamos en el registro imaginario al cuerpo sostenido en su imagen por el objeto a en lo real, habitado por las pulsiones y anudado por la palabra.

Es en el paño del narcisismo que el agujero simbólico que comienza como rasgo se inscribe como trazo cuando la estructura está bien anudada .

Si el paño narcisístico está bien agujereado por lo simbólico da al sujeto la satisfacción libidinal requerida para su necesaria relación con el yo.

Si no, esta tarea es del análisis.

En su fijeza las condiciones del fantasma rebajan el estatuto del deseo del parlêtre .Su construcción es su deconstrucción

En otras palabras , una causa perdida viste al parlêtre de sustancia gozante, la que bien anudada a los trazos de la filiación y de la genealogía producen en el mejor de los casos un estatuto de dis-posición al goce fálico, es decir al síntoma .

Paradoja de lo que del síntoma dignifica.

Al igual que la transferencia el síntoma posibilita y resiste al mismo tiempo en tanto mantiene alejada la verdad que habrá restablecido la dignidad no sólo en su cifra sino a condición de un acto de decir que aún aguarda.

El análisis resitúa las relaciones al objeto y a la Ley nombres de la operatoria que llamamos castración y que indican que no se puede sostener una cosa y la contraria sin caer en el limbo de la indignidad , cara indecorosa de la renegación en el lazo social

Es la misma red significante de la que se extrae la letra del cifrado del síntoma y de la coartada del fantasma , la que es a la vez el reservorio de la dignidad .

Es el cuerpo de un analista, el que puede ser su pasador.

Esto supone que el analista haya abandonado el amor narcisista él mismo, ya que es gracias a esta nueva consistencia imaginaria, no narcisísta que la transferencia es posible.

Ahora bien, retornemos a las preguntas iniciales ¿has actuado en conformidad con el deseo que te habita?¿has llevado a cabo hasta sus últimas consecuencias las acciones necesarias para estar a la altura de tu deseo?

Podríamos agregar que estas acciones sean cuales fueren, se sancionan finalmente en el bien decir? que no es lo mismo que decirlo bien o decirlo amablemente?

Y quién es el que dice?

Se encuentra el yo en el mismo estado al final del análisis?

¿Podemos hablar de una solidaridad del imaginario agujereado, no narcisista con los efectos de sujeto?

Si la respuesta es afirmativa y el yo ya no será más que un agujero, ya no se trata de corregir una diplopia entre el sujeto y el yo

El yo, en los enunciados de la persona que habla, es solidario del camino recorrido y eso se lee nuevamente en la enunciación.

La dignificación de la posición deseante, rebajada en el fantasma antes del análisis y que requería del síntoma para hacerse oir, pasa a ser una experiencia de lo necesario de ser dicho respecto a la responsabilidad deseante y aunque bordee lo imposible , "de síntoma en síntoma" en adelante será ya discursivo y la vida tendrá ya otro sentido.

"El psicoanálisis, aunque sea por la senda del engaño debe avanzar hacia la senda de lo verdadero si no, amenaza resbalar hacia la pista de la impostura y no habría diferencia entre el decir sí y el decir no." (3)

NOTAS

(1) Lacan, Jacques / Seminario 7 "La ética"Cap XXI pág.370 Editorial Paidos

(2) Lacan, Jacques / Seminario 15 " El acto analítico" .Biblioteca EFBA

(3) Lacan Jacques / "Los Nombres del Padre" Clase única. 20.11.1963.