
SABIDURIA GARANTIZADA
María Rosa Laborato
(*) Jornadas Aniversario "30 años de Escuela (1974-2004)". Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1, 2, 3 y 4 de Julio de 2004.
Quien más, quién menos en algún momento de su vida se ha confrontado con el hecho de que no hay sabiduría garantizada, que las referencias o lo que sabíamos hasta ese momento nos presentan sus límites. Pero el ideal neurótico se resiste a tal evidencia y si observamos a nuestro alrededor casi todo en esta sociedad nos ofrece garantías y de más de un año por cierto.
Por ejemplo: si tomamos una coca-cola las burbujas nos garantizan sonrisas para vos y para mí. Los políticos nos prometen un mundo feliz y junto con algunos medios de comunicación son los intermediarios para que nuestros goces se solidifiquen en los bolsillos de otros.
Es decir que el poder nos oferta una solidez ficticia pero tan creíble y adorable que así estamos en el mundo si no, no se entiende matemáticamente que unos pocos dominen a tantos, aún cuando posean el dinero y las armas, y que el libro "My life" de Clinton tenga previsto un éxito semejante.
Si algunos de los aquí presentes vieron la película cuyo título es el que elegí para encabezar este escrito, sabrán de qué se trata. Los que no la hayan visto no se preocupen porque no se las voy a contar, y menos el final, sólo voy a tratar de tomar algunos elementos que me permitan plantear lo que hace a mis preguntas y a mis pensamientos por estos días.
Por un lado no puedo olvidarme del marco que propone este trabajo, un cumpleaños, el de la Escuela en este caso, y en los cumpleaños siempre hay un balance. Algo de esto sucede en la película, los protagonistas son dos hermanos que en un viaje a un país lejano pierden todas aquellas referencias que les daban un lugar seguro y consolidado a nivel social: su familia constituida, su dinero, su tarjeta de crédito, etc.
La directora nos sitúa ante una tragicomedia, ella juega y nos instala una sonrisa a lo largo de la película, o por lo menos a mí me la instaló, por lo grotescas que son algunas situaciones donde todo el tiempo nos parece que eso que le pasa a los protagonistas nunca nos va a suceder y por otro lado, sabemos que nos puede llegar a suceder si no en todos, en algunos de sus aspectos.
Les decía, entonces, que además de la posible lectura irónica que promueve este título, también en lo que hace a la película, otra lectura es que cuando se nos pierden algunas referencias sobre las que nos recostamos tan plácidamente, la invención, la posibilidad de la sabiduría se nos abre. La otra alternativa no es tal y tendría que ver con quedarnos llorando por lo perdido.
En cuanto a lo social, Freud es quien allá lejos y hace tiempo señala en su "Psicología de las masas y análisis del yo" los motivos del sustento del poder, pero por otro lado a lo largo de su teoría plantea que aunque la sociedad mejore hay dos interrogantes, la muerte y la sexualidad, con los que cada sujeto tendrá que vérselas. Y es en la indagación de la respuesta sintomática que la histeria da a la sexualidad que descubre el psicoanálisis.
Jugar la partida que implica un análisis no es tarea sencilla ni para un analizante ni para un analista. Lacan en el seminario "El acto psicoanalítico" va a establecer una clara diferencia en la labor que le corresponde a cada uno, al analizante le toca el hacer, va a decir: ".... él hace algo, llámenlo como quieran, poesía o manejo....", es decir su parte en el juego es la de asociar libremente.
Al analista, en cambio, la parte que le corresponde es la del acto. Va a referir que hay un cierto dejar hacer que lleva implícita la técnica analítica, en cuanto a dejar sucederse a la asociación libre, pero que el sólo dejar hacer deja intacto el lugar del sujeto supuesto saber.
Siguiendo con la metáfora del juego, vemos que se nos presenta una primera dificultad, ya que en él las reglas para cada participante son distintas. Dejo para más adelante la aclaración de la elección de esta comparación entre el juego y el análisis.
Freud se ubica en este lugar de sujeto supuesto saber, según la concepción de Lacan, ya que se da cuenta y ahí descubre la transferencia, que no es de su persona de lo que se trata en el análisis, que su subjetividad debe quedar en suspenso y se debe dejar llevar por la asociación libre del analizante para que en la lectura de la cadena significante aflore una verdad. Ahora bien, es Lacan quien puede hacer una elaboración teórica sobre el lugar que le cabe a un analista y se deja causar por el límite al que llega Freud, su más allá del principio del placer, para definir su clínica como una clínica de lo real, en la que introduce una tercera dimensión que va más allá de la lectura del significante y que hace al surgimiento de la verdad de la letra.
La función de sujeto supuesto saber que asume el analista en una cura se relaciona con la constitución subjetiva del neurótico, es decir que es una cuestión de estructura, y se podría traducir en que él supuestamente sabe lo que le pasa al analizante, quien se presenta al inicio de un análisis con demandas tales como las de: "dígame qué hago" o "¿por qué me sucede esto?".
Va a referir Lacan en su seminario sobre el acto psicoanalítico: "La transferencia se instala en función de sujeto supuesto saber, exactamente de la misma forma que fue siempre inherente a toda interrogación sobre el saber.
Más aún, yo diría que por el hecho de entrar en análisis hace referencia a un sujeto supuesto saber más que los otros."
Si interrogamos el texto acerca de por qué en un análisis se pone en juego el sujeto supuesto saber más que en la búsqueda de otros saberes es, justamente, porque entra en juego el cuestionamiento del Otro y sus significantes, el origen de nuestras primeras respuestas ante la realidad.
El sujeto va a estar determinado en el mundo como efecto del significante pero hay puntos en que el saber del Otro hace falla, está en falta, no ofrece respuestas y son esos puntos los que cuestionan en nombre de la verdad, son aquellos que le conciernen en tanto tiene que plantearse como sujeto sexuado y mortal. Interrogar el límite donde el saber del Otro no responde y alcanzar una respuesta propia pero abierta a la interrogación constante que nos plantean la muerte y la sexualidad es la tarea de un análisis.
Para alcanzar su verdad como sujeto, verdad que tiene estructura de ficción, no es sin el sujeto supuesto saber que el analizante la alcanza, pero a su vez éste sujeto supuesto saber debe ser arrojado para ser reducido a una función de causa como semblante del objeto "a". Va a decir Lacan que el acto del psicoanalista es ser causa del recorrido de un análisis e implica una ficción.
Retomando el inicio de este escrito, entonces, podemos pensar en cómo se complementa esta cuestión de estructura a nivel social con el Ideal que viene a representar este Otro que supuestamente sabe lo que nos va a convenir, lo que nos hace bien. La ética del psicoanálisis no se basa en la búsqueda de lo que a nosotros analistas nos parece bien o bueno para un analizante, la búsqueda que nos implica es la de su deseo y esto conlleva el alejamiento de cualquier ejercicio de poder. Por eso va a decir Lacan que ética, transferencia y acto van a estar profundamente relacionados.
Va a plantear que los que practican este acto psicoanalítico, acto de arrojo pero no heroico digo yo, ya que son capaces de un acto semejante dado por el respaldo que otorga un saber, una experiencia, pueden clasificarse como profesionales. Sin embargo, va a decir que lo que atañe a la naturaleza propia de este acto es la posición que hay que sostener para ejercerlo hábilmente y que se trata justamente de no hacer de él profesión y "que se trata de algo así como de una conversión en la posición que resulta del sujeto en cuanto a su relación al saber".
Ya desde el seminario 2, en el capítulo "Saber, verdad, opinión" Lacan va a establecer que el psicoanalista se debe moldear en un dominio diferente de aquel en que se sedimenta el saber, que poco a poco se va formando en su experiencia.
Tomo una frase: "En todo saber hay, una vez constituido, una dimensión de error, la de olvidar la función creadora de la verdad en su forma naciente. Vaya y pase que se la olvide en el dominio experimental, ya que éste se encuentra asociado a actividades puramente operativas.... Pero no podemos olvidarlo nosotros, analistas, que trabajamos en la dimensión de esa verdad en estado naciente."
Vuelvo al seminario sobre el acto psicoanalítico y ahí refiere que fuera de la transferencia no hay tal acto. Es en ella donde el límite del Otro se pone en juego. En cuanto a los efectos de la interpretación, Lacan refiere: "¿Así mismo a qué nivel son recibidos los efectos de la interpretación? Al de la estimulación que aportan a la inventiva del sujeto. Me refiero a la poesía de la que les hablaba hace un rato.
Qué quiere decir por lo tanto al análisis de la transferencia. Si algo quiere decir no puede ser otra cosa que la eliminación de ese sujeto supuesto saber, porque no hay para el análisis, ni mucho menos para el analista ninguna parte -y esta es la novedad- del sujeto supuesto saber; sólo hay lo que resiste a la operación del saber haciendo el sujeto, a saber, ese residuo que podemos llamar la verdad."
Va a establecer Lacan que en el acto analítico él mismo está tomado y que ese acto al psicoanalista "lo coloca radicalmente en falso con respecto a esa condición previa" o sea la del sujeto supuesto saber porque en el acto el sujeto no está incluido. Es por este quedar colocado radicalmente en falso, por este tropiezo que el acto psicoanalítico no puede ser elucidado por el analista, no puede ser más que elidido por ser insoportable en alguna de sus consecuencias.
El sujeto, en todo caso, reencontrará su presencia en tanto que renovada más allá del acto. Y desde su lugar de enseñante Lacan va a tratar de captar este acto y capitalizarlo en la forma de un saber. Refiere que uno de los modos de aprehensión del saber, el que más nos va a interesar a nosotros analistas es el que sintetiza en la frase: "yo pierdo". Va a decir: ""yo pierdo", pierdo el hilo". Esta pérdida es la que constituyó los primeros pasos del análisis, el campo del lapsus, del tropiezo, del acto fallido.
Y con éste perder el hilo déjenme jugar un poquito y enlazarlo con mi comparación del análisis con el juego, partiendo de aquél carrete de madera atado a un hilo que arrojaba el nieto de Freud acompañado por sus significantes: fort-da, juego que describe en su "Más allá del principio del placer". Este objeto que comanda al sujeto y que Winnicott va a llamar objeto transicional, es el que le va a permitir a Lacan arribar a su propio invento: el objeto "a". Un objeto que no es objeto sino una letra y el referente de una pérdida.
Lacan va a modificar la concepción de la transferencia de Freud al plantear que es desde el lugar de semblante del objeto "a" que el analista va a operar como causa para que el analizante pueda ir creando su lugar propio como sujeto.
Jugar la partida que implica un análisis no es una tarea sencilla porque los dos, analizante y analista, tienen que perder primero para poder ganar. El analizante para ganar un lugar como sujeto primero tiene que perder su lugar de objeto para el Otro, develando así su castración y el analista perder su lugar de sujeto supuesto saber en primer término y después su lugar de semblante de objeto "a" al llegar al fin de un análisis.
Es condición para jugar dejarse sorprender, dejarse tomar por la caída para que gane el juego la invención, una sabiduría por cierto no garantizada sino sostenida en la apertura que propone otra nueva partida.