El suicidio y Massada...cuando las rocas no pueden cortarse con espadas

Elena Jabif

(*) III Jornadas de Carteles. Escuela Freudiana de Buenos Aires, 1992.

En la nieve del Kilimanjaro, la montaña más alta del Africa, se encontró un leopardo muerto, nadie supo explicar como perdió su rumbo y como llegó allí. El acertijo de Hemminway se resuelve en el saber popular, al decir que había perdido su olfato. ("El rastro es una cuestión de olfato".)

La vida se vuelve insoportable, la pérdida de un amor, el sufrimiento, el honor, la culpa y la vergüenza, se convierten en el engranaje de la tragedia suicida.

Interrogarse por la búsqueda de una causa, nos sitúa en relación al suicidio en un lugar de desconocimiento, ya que las motivaciones pueden ser múltiples, de acuerdo a la estructura del sujeto.

Kant decía del suicidio: "Es la destrucción arbitraria y premeditada que el hombre hace de su naturaleza animal".

Erich Fromm, plantea el suicidio en términos de empresa comercial: "Es como el balance de la vida que puede fracasar (y agrega), el individuo se suicida de la misma forma que un hombre de negocios se declara en quiebra, cuando las pérdidas exceden las ganancias, y cuando se ha perdido la última esperanza de recuperarlas".

En cambio A. Delmas lo considera como el acto por el cual el hombre lúcido, pudiendo elegir entre vivir o morir, elige la muerte bajo la necesidad ética.

Darse muerte como un acto ético, nos conduce a interrogarnos: ¿es posible elegir la muerte? ¿Cual es la lógica del acto suicida, donde aún si se pierde la vida, no se renuncia a la existencia?

Considerado antiguamente como un acto que quedaba fuera de toda delincuencia y hasta laudable, en casos extremos; se pasó por implicancia del cristianismo a ejercer el rigor, en contra del suicida. En la "Divina Comedia" Dante Alíghieri da referencias al trato recibido por los suicidas, hace alusión a los premios y castigos de ultratumba, cuando Dante llega a la segunda sección del séptimo círculo, se presenta a sus ojos una visión horrible. "En este sector se castiga a los suicidas por haber despreciado el don de la vida, fueron transformados en árboles y malezas".

Sí bien las sanciones religiosas y jurídicas hacen del suicidio un crimen, concluyen que no puede castigarse un hecho consumado, tampoco el intento frustrado, sin embargo, las letras de dicha sanción, permiten que un acto privado como el suicidio, se constituya en una cuestión de interés público y social.

En Crimen y Costumbres en la Sociedad Salvaje, B. Laminowski nos dice: "Los Salvajes del Archipiélago de las Trabiand, consideran el suicidio casi como una institución puramente jurídica. Se practica el luo, que consiste en lanzarse desde lo alto de una palmera o el envenenamiento, mediante la ingestión de un líquido de la vesícula biliar de un pez llamado Soka.

El autor plantea que las dos formas fatales se utilizan ante situaciones sin salida acompañadas por un sentimiento de honor hasta el límite.

El suicida es un criminal, ahí, donde se mata, mata -fórmula Freud-, quien en consideraciones actuales, sobre la vida y la muerte dice: "La historia es una serie de asesinatos de pueblo a pueblo. De este modo, aparece formulada la prohibición, «No matarás», esta manera nos da la certeza de que descendemos de una larga generación de asesinos, que llevamos en la sangre, el deseo de matar, como quizás nosotros mismos todavía. A juzgar por nuestros deseos inconscientes, no somos más que una pandilla de asesinos".

No hay coherencia posible, por un lado se construye y por el otro, se destruye. Lucha pulsional en el interior del aparato psíquico. En "El malestar" Freud recuerda su propia resistencia a la concepción de un instinto de destrucción, que evoca la tendencia innata a la maldad, el funcionamiento ineluctable de esa agresividad, cuando se trata de las relaciones con el semejante, induciendo a teorizarla como pulsión destructiva, pulsión de muerte no erotizada, que se opondrá al progreso de la civilización, pero también a los proyectos de vida de un sujeto.

A partir de la experiencia original del asesinato primordial, el hijo a modo del poeta épico, puede acceder al lugar del héroe, sin embargo, cuando los padres están fuera del alcance del asesinato para desearlos o para matarlos; la consistencia del Otro real, lo enlaza al sujeto en una posición creyente y pasional de invencible entrega, que expulsa toda traza de diferencia.

Después del suicidio de Horacio Quiroga -como ella escritor- Alfonsina Storni le dedica estos versos: "Morir como tú, Horacio, en tus cabales y así como en tus cuentos, no está mal un rayo a tiempo y se acabó la feria... Allá dirán nos hieren cada hora, queda escrito nos mata el final..."

En el año 37 se suicida Quiroga, en el 38 Lugones y al poco tiempo, a Alfonsina, la conmueve profundamente, el suicidio de la hija de Quiroqa, Eglé. Ese mismo año, en Mar del Plata, después de haber escrito su último poema, "Voy a dormir", se suicida arrojándose al mar.

La fascinación de un gesto irremediable ante lo perdido, como invencible falta, mostrando esa exclusión fundamental donde el sujeto se precipita desde su historia, esencialmente fuera de la escena.

En diálogo con Sábato, dice Borges "Yo apruebo el suicidio, mi padre postrado por una hemiplejia, se negó a ingerir remedios y a alimentarse. Se dejó morir lentamente y creo, que de esa manera, se necesita más coraje. Mi abuelo se hizo matar en combate por razones políticas. Montó a caballo en primera línea, se puso un poncho blanco para hacerse más visible frente al enemigo y recibió una descarga. Fue allá por 1874, en un pueblo de Buenos Aires llamado 25 de Mayo".

El suicidio tiene cierta cuota de acto fulgurante y desconcertante, colapso fantasmático que lo arroja al suicida más allá de un borde y lo catapulta como señal perenne en el recuerdo, de los otros. Alan personaje de "El extranjero" se pregunta ¿vale la pena vivir? Se contesta "en la insistencia de una transparencia imposible, el hombre se confronta ante su propia oscuridad, es esencial morir sin haberse conformado." Cuando el hombre absurdo contempla su tormento, silencia todos sus ídolos, alternativa que propicia lo irremediable de un acto que abarca la pasión de la libertad suprema.

Massada, es un ejemplo de suicidio colectivo, que acontece como suceso que marca una escansión histórica, y que muestra como la obscenidad del tirano es una voluntad, que invariablemente fracasa cuando se encuentra con el límite, con el freno en el ejercicio del deseo, donde el héroe trágico despliega su acto en términos de rebelión.

Sin embargo, el deslizamiento al tema sacrificial, es inevitable para los argentinos, dos sucesos de la realidad social de nuestros días, desnudan el horror de hombres que descubren como su tierra ha perdido el alma. La primera escena muestra a un grupo de trabajadores que se han infligido graves cortes en el cuerpo como amenaza ante la posible perdida de trabajo, días después por el mismo motivo, otro grupo amenaza con desbarrancarse con su herramienta de trabajo, un acto fugitivo que marca la violencia de una crisis que lleva a la disolución social.

Massada es un palacio de Palestina, que pertenece a la ciudad de Judá. Significa "Fortaleza de la montaña". Fue construido por Jonatan Macabeo y reforzado por Herodes, quien circundó la meseta con una muralla inexpugnable en el año 73 d. J.C. -4° año Vespasiano-. En ella, grupos de judíos rebeldes se opusieron a los romanos, los sitiados se mataron con sus esposas e hijos y a raíz de este holocausto, hoy se los recuerda.

Al mando de la rebelión se encontraba un pescador Galileo Eleazar Ben Yair, que acompañado de Miriam, su mujer, y de su hijo Rubén, mantuvo en jaque al general Silva durante tres largos años. Silva, padecía la perturbación que le provocaba, una amante judía, Sheva, de quien se termina enamorando.

En esos días el Emperador, decide enviar a Pomponio Falco para investigar la demora en la conquista ya que "Encontraba embarazoso que un puñado de miserables judíos resistieran tanto tiempo las armas de Rama". Falco recibe de Silva la siguiente respuesta "Será mejor que aprecies su naturaleza obstinada si también quieres comprender que luchan codo a codo con sus familias, además los dirige Eleazar Ben Yair -y concluye- "Las rocas no pueden cortarse con espadas". Silva tenía sus esperanzas de acceder a Massada a través de la construcción de una rampa, para la cual habían traído 40.000 esclavos judíos, ya que el acceso al palacio era a través de un camino estrecho llamado "La senda de la serpiente", por donde no pasaba más que "de a un hombre".

A medida que los romanos se acercaban, el jefe judío aparecía en las alturas aprovechando la acústica y vociferando su desafío.

Eleazar llevaba la rebelión en la sangre, durante el asedio de Jerusalén, tres de sus hermanos habían sido crucificados por los romanos. Encima de la puerta de su cuartel general tenía una leyenda que decía "Sólo Dios es el Señor, la muerte no importa, la libertad es todo".

En el seno del grupo de judíos había divergencias, algunos planteaban una resistencia pasiva, otros preferían la esclavitud, a la muerte. Eleazar los instaba a recordar que "La clemencia de los romanos era de poco fiar".

La necesidad de ser astuto con los que amaba y el esfuerzo de sostener argumentos de resistencia dejaban a Eleazar, en la posición extrema que alcanza a un padre; al tener que aplacar la tentación de los hijos de renunciar al sacrificio.

La preocupación del General Silva, era cada vez mayor, temía que Massada se convirtiera en un símbolo para los demás judíos dentro de los muros la partida de un grupo de familias había causado gran daño, algunos pensaban en "cierta clase de futuro junto a los romanos".

Eleazar se sentía cada vez mas preocupado, entonces le pregunta al sacerdote Hillel ¿cómo debe hacerse para matar a un hombre o a una bestia sin causarle dolor?

Hillel responde: -"el método es simple, debes cortar de un solo tajo la vena yugular, la muerte será indolora ¿planeas tu propio sacrificio? -le pregunta-.

-No, sólo me estaba preguntando -murmura Eleazar-.

En Massada, Eleazar, se estaba preparando para el encuentro con Silva. Deseaba cansarlo, Silva intenta convencerlo de las desventajas de su posición. Eleazar insistía que no era un soldado sino un hijo de Dios y que no aceptarían la esclavitud ni la explotación, "no estamos de acuerdo con el colonialismo romano".

Hay que recordar, que es una época de tiranos, donde la voluntad de poder era proporcional a los métodos de "terror".

¿Qué ocurría en Massada mientras tanto? Eleazar estaba desesperado, había intuido un hostigamiento de las catapultas romanas, pero no una destrucción semejante. Ahora el pueblo se hallaba unido, ante el feroz ataque. Desecharon cualquier idea de rendición.

Eleazar observó, que las mujeres se agrupaban en silencio y sus hijos se aferraban a ellas aterrados tenían aspecto de pasmados, como si ya estuvieran muertos, miraban hacia la puerta occidental, donde las grandes piedras golpeaban contra ella, con unos ojos que se negaban a ver lo que veían.

Eleazar pensó. "Esos ojos, me perseguirán para siempre", no solo pedían la salvación sino que la esperaban.

El pueblo en actitud desafiante prende fuego a Massada, los mismos sacerdotes incendian la sinagoga. Ondulantes ríos de chispas cruzaban Massada, intentando quemar "todo lo que parecía precioso y que muestra nuestro desprecio por cualquier tipo de posesión".

Destaquemos que esta decisión tiene como referencia enlazada el sustraer a la devoración del Otro el objeto de su goce. Eleazar le dijo a Miriam que debía constituir un ejemplo y ella le dice "Tus deseos son mis deseos, más que nunca deseo creer que seremos una persona para siempre".

Miriam comenzó a peinarse con suavidad, aplicó cuidadosamente pintura en sus párpados se perfumó con mirra y dijo a otras mujeres: "Al igual que vosotras lloro por dentro pero ningún romano me escuchará".

Se fueron reuniendo las familias en torno a su jefe, quien los arengó recordándoles que: "Dios les ofrecía la oportunidad de morir con valentía la muerte, ella es parte de la vida, Dios nos prepara para ella, a su modo, desde que nacemos. Robemos a los romanos su victoria. Salgamos del mundo en un estado de completa libertad."

Siempre puesto en posición infantil (es decir creyente), el suicida juega su partida al modo de un ser, que se lanza a una salida vagabunda al mundo puro, a la búsqueda, al encuentro de algo rehusado por doquier.

Lo rehusado: el derecho de una vida en libertad y la muerte como bien propio; el suicidio se entreteje en su valor de revés como estrategia ante el obstáculo real, impuesto por el Otro real, lógica que se enraíza en la alternativa del advenimiento a la libre existencia. En el tiempo final de la historia cada hombre fue el encargado de realizar el cometido con su familia: si el varón había muerto, su lugar sería tomado por su mujer o elegir quien debía dar el golpe redentor.

Se decían: "Llevaremos esto a cabo con el propósito de la victoria y con el nombre de Dios en los labios".

Los romanos que penetraron por fin en Massada, hallaron a todos los judíos muertos, cuidadosamente colocados yaciendo unos al lado de otros. Con patética sorpresa dijeron:"Se han matado unos a otros y no ha quedado ninguno".

Massada desplegó en la escena del mundo la posición de un sacrificio que se resiste a perderse en las sombras de una voluntad de poder que no le pertenece.

En la historia de la humanidad, Massada, es una larga lista de muertos que testimonian en el corte que sus cuerpos soportan, que la entrega del sujeto con su prójimo, es irremediablemente en términos de carencia.

BIBLIOGRAFIA

* Freud, S. Consideraciones actuales sobre la vida y la muerte.

* Freud, S. Totem y Tabú, Obras Completas, Amorrortu Editores.

* Freud, S. El Malestar de la Cultura.

* Freud, S. Duelo y Melancolía.

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* Lacan.. J. Seminario La Etica.

* Lacan, J. Seminario X La Angustia.

* Laminovsky B. Crimenes y Costumbres de la Sociedad Salvaje.

* Alighieri, D. La Divina Comedia.

Massada Novela Histórica de Ghamm.

* Enciclopedia Espasa Calpe. Suicidio.