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PRESENCIA Y SEMBLANTE DEL ANALISTA

Elena Jabif

(*) Jornadas Aniversario "30 años de Escuela (1974-2004)". Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1, 2, 3 y 4 de Julio de 2004.

Canto a nuestra señora, la diosa de la noche, la novia velada

"Tu, la que en la tarde entras por el ocaso"

Poema Ugaritico

Claude Halmon sigue con Lacan un análisis de control entre septiembre de 1974 y julio de 1979. En su testimonio relata que el inicio de la experiencia se abre con una pregunta de Lacan, sobre su deseo de constituirse en analista. En ella, querer ser analista estaba ligado con el hecho de que su padre se había negado siempre, a que aprendiera la lengua materna: el húngaro, ya que lo escuchaba sin comprender su significación. Practicar el psicoanálisis era recuperar el sentido primigenio de la lengua materna.

La experiencia transita en la riqueza de la fluidez transferencial, Lacan la obligaba a ser analista al descubrir en cierto modo su estilo. La convocaba a no ahorrarse su singularidad y al mismo tiempo era riguroso a los principios. Se podía hacer todo y decir todo a condición de mantener con el paciente una distancia simbólica: no aceptaba que le hablara de sí mismo a un paciente en la cura.

Este aprendizaje se disloca en el año ´78, cuando Halmon advierte que su analista de control estaba prácticamente ausente en el encuentro. Cito "reconozco que me sentía incapaz de darme cuenta de la realidad de su estado, me puse a pensar que su mutismo y el acortamiento de las sesiones eran interpretaciones; una manera de significarme que mi práctica no era buena. Me atribuí todas las culpas. Pero mi analista me hizo una interpretación que me ayudó. "Hay Lacan, (me dijo); el Lacan de su transferencia no es lo mismo".

No es lo mismo, no es el mismo, cuando lo real irrumpe en la presencia del analista, ante la resistencia neurótica, el yo ideal se instituye como un punto fijo, un orden intangible, dónde el repliegue narcisista exacerba la violencia y la crueldad o las sensaciones del todo vale o el no vale nada

Tiempos oscuros de la presencia, cuando el semblante se viste con la piel de Maia, velo hinduista de la madre fecunda. "Ella" en pos de la ilusion del universo entero, desteje los lazos que unen sus hijos a la tierra.

La presencia del analista, capturada entre el ser y la nada se convierte en un combate por la supervivencia, entre la tierra y el cielo, entre pasado y futuro, entre el yo ideal y el ideal del yo, se imprime el movimiento imaginario que asume la novia velada de la ficcion.

Con sorpresa o indiferencia, con rebeldía o con odio, cada analizante habrá aprendido, que su analista como cualquier otro, es mortal.

Para algunos este acontecimiento abre la vía de la pasión en un avatar demostrativo, para otros por furtivo que sea, tendrá el matiz de la sorpresa y dejará su huella.

Sócrates tuvo que beber la cicuta para revelarse mortal, por haber amado en plus la verdad, buscó de manera profunda pasar de la premisa universal a un silogismo particular.

Sexo y muerte es un acontecimiento que emerge de manera contingente para el sujeto, un defecto del discurso, según la expresión de Pascal, todo lo que vive muere, para todo el mundo y uno por uno, una vía que le permite al niño que habita en la subjetividad del analizante, aproximarse a lo impensable de la pura pérdida, poniendo en acto su division.

La presencia del analista se impone como el precio a pagar por ser sexuado y mortal, esta pertenencia al conjunto de mortales permite no confundirse en un movimiento afectivo con los semejantes.

Hobbes no se había equivocado al considerar, que si los hombres son fundamentalmente desiguales en su potencia, no logran alcanzar igualdad alguna, sino en la común debilidad de su potencia singular, igualarse no se obtiene sino poniendo en juego la propia desaparición.

Pertenecer al conjunto marca diferencias, solo en el momento en que alcanzo a concebir mi exclusión, alcanzo la semejanza en el rasgo rigurosamente simbólico que supera la simple apreciación imaginaria.

Para el niño, armar el juego de la desaparición en el mítico fort-da de Freud, es vital. Adquirir los medios simbólicos permite que la presencia-ausencia , no cese de funcionar, de alejarse-acercarse, de mostrarse-esconderse, ser o no ser, tener o no tener. Esta vía lúdica, de la presencia y de la ausencia divide al mundo en al menos dos, lo que no se encuentra en un terreno se puede buscar en otro lugar. La seguridad especular acompaña este tránsito simbólico, aún en el laberinto edipiano donde los conflictos tan violentos y pasionales no dejan de estar en espejo. Es la tormenta del moi sostenida por un narcisismo impecable donde se producen las identificaciones mas contradictorias del yo.

En el transcurso del análisis la presencia en su borde imaginario se gasta, se suaviza, momentos vibrantes sacuden el moi, es el tiempo donde el yo (je) queda interesado y expuesto por lo que acaba de sucitarse en transferencia, ambos dejan de ser una primera y segunda persona para emerger como una mitad sin par.

El yo (je) progresa en el manejo de la herramientas simbólicas, se sorprende en un trasfondo de ausencia, redescubre la castración en el ser para la muerte, pathos digno de un destino trágicamente humano. Vida y muerte no son extranjeros para el ser precario que da su osamenta a la presencia del analista.

La mitad del amor conducido hacia la pulsión de muerte, muestra la partición del cuerpo pulsional, cuando el cuerpo deja de ser impulsado hacia atrás en un camino regresivo de las pulsiones parciales, la presencia del analista deja de ser un artificio fascista, no necesita estar sostenido en la negra profundidad de un padre violento, violador o sodomita, o en una fijación masoquista a la piedra angular del deseo materno.

En los tiempos del inicio de la transferencia, el velo cosmico de Isis llevara en su seno la inscripcion de los destinos humanos, la leyenda de una lengua adamica abrira el camino, a la sabiduria divina de los Proverbios, el nombre del Impronunciable se leera en letras sagradas, que solo el gran Sacerdote en soledad podra pronunciar.

En los tiempos de un fin, en cada vuelta, un desgarro parira al hombre primigenio en su caída. La letra tendra el valor errante y misterioso como el cuento de la letra de Ayin, quien orgullosa de su nombre, significa: ojo, podra leer lo que otras no leean.

La letra Ayin quien no poseia libros propios, iba a casa de un escriba, para leer de sus cuentos. Cuando terminaba de leer la historia, volvia al alfabeto y les contaba a sus compañeras lo que había leido.

A Ayin le gusto el cuento de un pobre pastor llamado Akiba, porque la palabra Akiba comienza con la letra Ayin, y sucedió que el sabio tambien tenia deseos de leer la historia de Akiba.

El sabio miraba a Ayin y exclamaba: ¡He leido esta historia tantas veces, y nunca encontre un Ayin demas en estas paginas. Este Ayin no pertenece a la historia.¡

El sabio decidio echar un sueñecito para descansar la vista, mientras dormia Ayin se leyo hasta la pagina diez. Entonces desperto el sabio y volvio a su historia,¡ otra vez¡ ¿ quien oyó alguna vez de una letra que aparece primero en una pagina y luego en otra? El sabio busco otros sabios que presurosos fueron a ver el misterio, no pudieron hallar ninguna regla acerca de un Ayin de mas en la historia de Akiba.

Los sabios decidieron acudir al gran rabino, lo encontraron leyendo la Biblia, y le contaron el misterio.

El rabino en compañía de todos los sabios, se pusieron a leer la historia de Akiba. La pagina 18 era la ultima del cuento. En ninguna parte pudieron encontrar a Ayin. La causa es que esta había terminado de leer la historia y se había marchado a su casa.

No hay ningun Ayin de mas en ninguna parte, declaro el rabino, debe haber sido un producto de su imaginacion. Y se volvio a su casa con la Biblia.

Los sabios se sentaron y se miraron unos a otros, a traves de sus enormes anteojos. Hasta el fin de sus dias siguieron hablando del misterio de Ayin, que se desvanecio tan pronto el rabino vino a echarle una mirada.

Los procedimientos de simbolización antiguos ordenaron el goce humano, propiciaban la vida, un cuerpo no crece si nadie le habla, aislado de su semejante, privado de los proyectos que trama con los otros, muere. La presencia está tomada por un cuerpo humanizado. Los primeros dibujos infantiles dan cuenta del antropomorfismo de la representación, el tallado que brinda lo simbólico sobre el cuerpo pulsional, le dan marco a la obra. Cuando un cuadro está bien enmarcado la obra crea al cuerpo. La presencia da marco, levanta una barrera contra la destrucción total que puede provocar la pulsión, brinda una estética cuando aprende el arte de la sublimación, en esta dimensión la presencia es el acto del artista que habita en el analista.