Tormentos de guerra: La máquina

Elena Jabif

(*) Jornadas de Convergencia; 2003.

A menudo tengo la tentación de aceptar cualquier cosa, de ser un buen ciudadano argentino en la Argentina, de ser un buen stalinista o un buen brezhneviano en la Rusia soviética, de aceptar cualquier cosa, pero sé muy bien que no aceptaría jamás ser un canalla... (Eugene Ionesco)

En el nacimiento fulgurante de la tragedia, la historia del exterminio nace de la oscura arqueología de una pérdida irreparable de la condición humana. Caín se convierte en diablo, un antidios que lucha por el alma del hombre, asesino de su hermano descubre en el espejo del mundo la parte del mal que le pertenece. La añoranza de una unidad restablecida acompaña a la lucha, en ocasiones asesinas por la diferencia. Goethe clama que se retire el crédito a las reglas morales de la civilización, que se guíe cada uno por el amor a sí mismo, que el hombre haga suya la propia naturaleza.

Esa naturaleza para Sade es un Moloc cruel, una bestia que busca refugio ante una vida llena de tormentos, el amor crea lazos de servidumbre, la orgía es socializada y las aberturas del cuerpo son declaradas propiedad universal, si la escoria crea nueva vida, el genocidio es la primera ley cuya esencia es criminal.

En los campos de exterminio el semejante reducido a un número, fue la antesala de una cifra génerica de muertos sin nombre, el silencio del crimen deniega la propia existencia de la subjetividad y por lo tanto desconoce la humanidad que habita en la propia existencia.

La perversión de la cual una sociedad ha sido presa, puede llegar a destruir sus mitos fundadores, obstaculizando el acceso a la palabra, desconocer la dignidad humana de morir bajo el nombre propio, abyecta el reconocimiento del prójimo y el mal actúa en contra de la alteridad del otro y de su subjetividad.

El juicio de Nuremberg representó en lo público lo humano, criminales enfrentados a testimonios de otros, al que no pueden reconocer como hermanos y a quienes no pueden ignorar en su proximidad, también juzgó a una sociedad que ha reconocido su acto, aceptando la sentencia que

los ha sancionado.

Si no hay condena no hay reparación, en ese resorte la naturaleza del escorpión, expulsa su implicancia en el tóxico social, la repetición del discurso canalla bajo el nombre del culto a lo mismo, retorna como estigma en el odio fraterno, que se instala en las sociedades apocalípticas, en el medio de las tensiones inherentes al lazo social.

La clínica psicoanalítica nos conduce a interrogar el vuelco trágico de la relación del hombre con su semejante, en tanto analistas estamos abiertos a escuchar el infierno, sin embargo el pedido de consulta de un sombrío personaje del nazismo, me sorprendió en lo impensado de la experiencia. Cínico, había borrado del alma toda huella humana, construyendo con el muro de su metalenguaje, el engranaje necesario, para autonombrarse " la máquina."

Un hombre de avanzada edad me pide consulta por sentirse abrumado, por ideas que se le imponen a las que denomina tormentos de guerra. Cuando le pregunto lapsus mediante si su nombre es Jacobo, me dice inquieto que no, él es Klaus.

Su hija con la que mantiene una distancia más que prudente, le sugiere un analista con la peculiar traza de una desemejanza casi oceánica, ya que el protagonista de la consulta es un alemán nazi, que esgrime con orgullo una férrea voluntad de poder, un carácter templado por la militancia en la juventud hitlerista, una vocación de dominio construida como ingeniero naval de guerra, y la particular nominación de ser uno de los hijos elegidos del Furer, para dirigir los destinos del imperio.

Los tormentos de guerra tenían la ausencia absoluta de afectividad, no habitaba el amor, ni el odio, ni la pasión, aun menos el dolor, esgrimía con orgullo el nombre de "la máquina", afirmado en un recuerdo juvenil, la casa paterna es bombardeada por aliados, dentro del sótano de su casa, como primogénito, él y su padre sostienen dos vigas de madera, la máquina se tensa al máximo, la casa se derrumba, el búnker con los hermanos queda indemne.

El broche lo aporta el entrenamiento hitlerista que consiste en rescatar muertos de bombardeos, recuerda familias enteras sentados en sus sótanos muertos como si estuvieran dormidos.

Le digo conmovida que siento una profunda pena por tanta vida perdida.

La voz de mando había construido un muro ante cualquier matiz de angustia, de todos los hijos del padre Klaus había sido adoptado por los ideales del tío paterno, un teniente coronel que portaba en el mito, una abnegada fidelidad germana.

Convivía con el círculo íntimo de Hitler, los últimos tiempos de la guerra como prueba de su devoción al Furer, logra que se lo envíe a la primera línea de fuego. Herido por los rusos, es cargado en un carro que accidentalmente cruza la línea del frente ruso, se lo considera desaparecido.

Otro tío paterno Hans aporta al paciente su segundo nombre, siendo sargento muere en el frente. El padre de oficio matarife es preso de los ingleses, muere en la cárcel de tuberculosis, previamente deshereda a sus hijos y esposa como sanción a un supuesto abandono, digo supuesto porque toda la familia que queda es presa en un campo de los aliados, del cual Klaus escapa gracias a los buenos oficios de un General sudamericano.

Como evoca Gerald Posner en "Los Hijos de Hitler" cito, "Buenos Aires fue una escena adaptable, ya que Menguele se mezcló en una comunidad alemana grande y poderosa. El dictador fascista Juan Perón era desembozadamente pro nazi y había proporcionado diez mil pasaportes argentinos en blanco, al vacilante Reich nazi en los últimos días de la guerra . Con el antisemitismo institucionalizado en toda la vida argentina los nazis hallaron un clima agradable que se diferenciaba al de pos guerra en Alemania."

Klaus junto a un suizo se convertirá en un próspero socio de negocios latinos, cualquier operación aún con ingleses será en lengua alemana, ya que el juramento hitlerista prohibe expresamente el uso de otra lengua.

Una de sus hijas, como la protagonista de la película "La cajita de música" se gradúa de hippie, traductora pública de inglés, militante comunista y un acérrimo silencio de la lengua germana, la convierten en feroz detractora de la perversión paterna. Otra hija emigra a Suiza desconociendo todo lazo amoroso con él.

"Comprendí- relata, Posner, que no era cosa fácil estar sentenciado de por vida a ser hijo de un criminal de guerra nazi. En la Alemania Occidental de posguerra, con su milagro económico de las décadas del 50 y del 60, los nazis eran considerados una oscura sombra del pasado que convenía olvidar. Los hijos como Rolf Menguele que fueron criados en otras fronteras, debían enfrentarse con las acciones de sus padres, sin la ayuda de la sociedad alemana"

Recordando su entrenamiento en Polonia, la memoria de Klaus recupera una escena del reencuentro con un amigo de la infancia, se da en las barracas, lo "unheimlich" tiene matiz de festejo, enfundados con trajes de polacos muertos, dramatizan la victoria que fortalece lo siniestro.

En los tormentos de guerra, la máquina presenta un frente interno con su actual mujer. Un abdomen imponente despierta su horror, ya que en simultánea evoca el cáncer de su primera esposa, ambos cuerpos se hacen uno, el maltrato de la voz despunta una crueldad impecable, el desprecio público por los excesos de "ese" cuerpo tensan al máximo los lazos en el matrimonio, no puede entender el desajuste sexual de su objeto.

Recuerda con nostalgia las experiencias de campo, me aclara, no de concentración sino de reproducción, hermosos ejemplares de cabellos rubios trabajando con los jóvenes hitleristas, por una raza aria de pureza superior.

Entre comentarios de una impecable filosofía nazi, su crianza prusiana nunca vacilaba, cuanto más adversa era una situación, más pulida parecía la coraza de su confianza. Siendo un miembro ambicioso y comprometido de la Jungvolkfurer, líder de la juventud hitleriana demostró con su fecundidad el compromiso con la causa.

Sobre el exterminio, me dice de manera impersonal que las eliminaciones masivas de población civil tenían epicentro en un pensamiento filosófico y científico, aclara que era necesario salvaguardar la pureza racial de la nación-

Finalmente especula, sobre los beneficios que brindó, la fuerza laboral esclava para compañías alemanas, muchas de las cuales fueron fuentes de negocios para Klaus, en la solidaria argentina nazi.

Con ironía comenta que Hitler era un pintor, que se decía alemán pero era austríaco, su padre un sencillo gendarme de frontera, su debilidad empeoró la situación de la guerra, apresurando planes conspirativos para removerlo y tomar el control del gobierno.

Un grupo entre los que se encontraba Stauffenberg soldado legendario del comando berlinés, se

convierte en hombre clave de la conspiración, estos hombres no deseaban que se los acusara de la

derrota de Alemania, el esfuerzo llevó el nombre de código Valquiria, por las bellas doncellas de la

mitología noruega que rondaban los campos de batalla para elegir a aquellos que debían morir.

Hitler debía morir en la guarida del lobo, sin embargo sobrevive herido al estallido de una bomba,

oficiales leales que habían dudado pasan a apoyarlo.

Hitler y Himmmler se habían embarcado en una feroz campaña para aniquilar todo vestigio de

resistencia, oleada de arrestos, sentencias a muerte, abrochan la solidaridad histórica del padre de

Klaus con la otra arista del genocidio. Los traidores colgados de ganchos de carne en el matadero

del padre de Klaus, marcan el comienzo de una brutal venganza que arrasa a Alemania.

Finalmente dice él, la guerra se perdió por ser el Furer un "pobre hombre".

Le confirmo que como hombre, pobre.

El amo tensa su vara comenta que en la Argentina las mujeres son rubias pero muestran raíces negras.

Le contesto que la humanidad padece, cabezas rubias de raíces negras.

Nunca un duelo para él, ni compasión ni pena, desconoce la vital experiencia de la culpa, "el dolor – escribe -Enrique Ocaña- es un privilegio del viviente porque le otorga rango sobre el resto de los seres indolentes".

Despunta un enigma que lo rebela, en el único lugar que experimenta el desamparo del esclavo, es frente a su computadora, su soledad lo convoca a buscar consuelo en internet, múltiples lenguas lo acompañan en sus noches de horror y de insomnio, prójimos diferentes escuchan del extranjero su lamento por la vejez, el deterioro corporal y la muerte.

Si la experiencia del análisis es de castración, me resultaba revulsiva la alternativa de conducir la cura de un ejecutor de la muerte, la práctica del psicoanálisis íntimamente ligada a lo real, no es insensible al testimonio del estupor del prójimo, frente al genocidio.

Me descubro con sorpresa en un ideal romántico, del juego de las lágrimas, del verdugo, espero al menos una.

La máquina me pregunta como surge el psicoanálisis, le digo con humor, que un brillante judío lo escribió en lengua alemana.

Después de un rato de silencio me dice con cinismo, que este viejo jubilado reconoce que sus tormentos son silenciosos y sin afecto, pero de una ferocidad que apesta, a la cual no piensa resignar.

Acordamos terminar el encuentro, no hay pacto analítico sin condición humana, no hay cicatriz, no hay espectros ni vacíos. El psicoanálisis no aloja canallas.

Quizá esta vez, ante lo real de la vida y de la muerte, con "un minúsculo y quebradizo cuerpo humano," la solución final cae del otro lado.

 

Bibliografía

Gerald Posner- Los hijos de Hitler

Ricardo Forster – Walter Benjamin y el problema del mal