Adolescencia y violencia: La disfunción del padre en la clínica de adolescentes

Elena Jabif

La función del padre en la clínica con adolescentes se refiere a la clínica psicoanalítica tal como se realiza en ese encuentro, cuando formulamos preguntas para encontrar las razones que guían nuestra práctica y que permiten decidir el qué hacer del analista. Esta perspectiva permite, a mi entender, delinear la especificidad del acto analítico con adolescentes y tomando a Freud y Lacan trataré de despejar tempranamente la incidencia del padre en los actos violentos de adolescentes. Lacan en una conferencia sobre criminología dice que el psicoanálisis aporta luces a la autonomía de una experiencia irreductiblemente subjetiva.

Plantea que hay una idea confusa en la que confía mucha gente honesta y es que ve en el crimen una erupción pulsional, Lacan dice que esta es una imagen difícil de extirpar en los fantasmas colectivos, por la satisfacción que procura en mostrar al criminal en un lugar bien diferenciado del conjunto social y a figuras fundamentalistas les ofrece una tranquilizante omnipresencia.

Si lo pulsional significa la irrebatible animalidad del hombre, la forma del adagio que reza: Homo homini lupus es engañosa al expresar que la ferocidad del hombre con su semejante supera cualquier destrucción animal. La crueldad implica la humanidad, y apunta a un semejante aunque sea un ser de otra especie, ninguna experiencia como la del análisis ha sondeado esta cualidad patética del amor. "Amarás a tu prójimo", en la lucha a muerte por puro prestigio se hace el hombre reconocer por el hombre.

Elecciones de objeto fatales que a menudo aparecen en la escena del crimen como una revelación de las figuras del destino, la satisfacción criminal nos presenta el limite de la acción dialéctica, inefable goce cuando una sociedad en tiempos violentos se pierde en la imagen fascinante de un hedonismo que nos introduce en las ambiguas relaciones entre la realidad y el placer.

El furor curandis nos lleva a pensar que alcanzamos sabiduría para encontrar coordenadas del crimen absoluto, nuestros ideales reducen la comprensión del crimen y nos condicionan en una objetivación criminológica, finalmente los analistas debemos recordar la función privilegiada de los dones del sujeto en su enlace al otro sujeto, ya que esta relación con el prójimo inscribe nuestros deberes en el orden de una fraternidad matizada por la ética.

El texto de los analistas del equipo del Área de Adolescentes del Hospital Manuel Belgrano -Mariana Castrelli, Norma Toro, Ernesto Schvartz y Rita Wassertheil- interroga cual es la maniobra posible que tiene el psicoanálisis en casos donde la demanda viene desde el juzgado, cual es su lugar en la transferencia en adolescentes asesinos, ladrones, portadores de armas de fuego, para traer el pan a sus casas o para su beneficio personal.

Estos profesionales sitúan actuaciones en la adolescencia, "referidas a situaciones por las que atraviesan los jóvenes en busca de cierta sanción simbólica desde el lugar del Otro, frente a la emergencia pulsional. Adolescente que empieza a tener su propio acervo simbólico, pero no siempre cuenta con los recursos apropiados para hacer frente a las situaciones con las que se topa, orientándonos hacia la cuestión de la función paterna y sus implicancias, interrogándonos por la clínica donde notamos cierta relación ambigua en torno a la ley, de una legalidad diferente".

Relatan los siguientes casos que permiten avanzar por las marcas sinuosas del dolor.

Martín tiene 15 años. Llega al Servicio derivado por el Juzgado, en el que tiene una causa por robo calificado, posesión de arma de fuego y privación ilegitima de la libertad. Desde el año pasado sale a robar autos con un amigo. Dice que lo hace por la plata, que usa para comprarse alguna cosa o para ir a bailar.

En la ocasión en que lo detienen, y por la cual se abre la causa, asaltaron a un hombre que salía de la fábrica con un maletín con dinero, lo metieron en su auto y se fueron. Antes de dejar el auto, la policía los atrapó. Esto ocurrió porque todavía no habían llegado a la villa. "Si te metés por los pasillos te perdés y no te agarran más". Durante su detención la madre lo fue a ver 2 o 3 veces. El padre, ninguna. Nunca le dice nada. Está a la mañana en la casa porque trabaja de camionero recolector de residuos. Cuando regresó a la casa, éste le dijo: "Ya volviste?"

Ante mi pregunta acerca de que es lo que le preocupa de todo esto, responde que el cierre de su causa porque le dijeron que si él vuelve a hacer algo, la madre va presa. Ella le dice "no les des bola". Los padres debían sospechar que él robaba, supone. Martín es el mayor de 4 hermanos, le siguen uno de 14, una hermana de 8 y un hermanito de 3. Este ultimo le preocupa; teme que algo le pase porque anda por la calle. Por esas calles pasan autos robados a toda velocidad, y pueden atropellar chicos que andan por la calle. Cabe aclarar que Martín relata todas estas cosas, con una sonrisa y siempre contestando a mis preguntas. No manifiesta ningún sentimiento, parece estar anestesiado.

Cuando Martín fue detenido, ella lo fue a ver pero no lo retó, porque "él sabe lo que tiene que hacer". Martín suele acercársele y decirle "yo soy chorro". Ante lo cual ella se ríe, o le dice que no es verdad. Según ella, no lo educó para ser chorro.

Por indicación del Juzgado, estaba trabajando en el taller mecánico de su tío.

Esta intervención de la ley es desestimada por la madre, al decirle que no le dé bola a la amenaza de encarcelamiento de ella, y que no vaya más a trabajar.

Qué maniobra implementar para que este decir se transforme en una interrogación dirigida a mí y que le permita pasar de la acción a la palabra? Es posible esto, habida cuenta que quedo ubicada en el lugar de la imposición?

Mediante sus acting, Martin encarna la pregunta fallida, por su ser, robo calificado, posesión de arma de fuego, privación ilegitima de la libertad, desenmascara la verdad, que habita como secreto en la posición del padre, y revelar, la relación del amo con el goce. El, hace signo del desfallecimiento del padre de la función, su padre recolector de residuos con su omisión instala al sujeto en el goce de una lengua materna mortífera, que promueve que se produzca lo peor, un discurso que desconoce los pactos simbólicos bajo el cual todos aceptamos someternos, muestra que la naturalidad pulsional, no es el lugar del bien sino el de la violencia. Dando vueltas anestesiado Martin transita como la bestia de Minos por un laberinto melancólico destinado a perderse. Finalmente en un reducto del afecto sale a la luz, el amor por su pequeño hermano; este ultimo le preocupa, autos robados pasan a toda velocidad y pueden atropellar chicos que andan por las calles, por vía de identificación con el Padre simbólico, Martin instituye en la letra del mandamiento el "no mataras", en este punto resigna el lugar de Caín.

Preguntándose cómo construir una demanda de análisis en pacientes que vienen obligados desde el Juzgado, los analistas nos exponen que Néstor viene acompañado por su mamá buscando "un tratamiento ambulatorio por el tema de las drogas". Dice, "andaba robando, drogándome, no quiero terminar en un pozo. Empecé a los 13 con marihuana y a robar". "Yo dirijo mi vida y me fijo qué es lo mejor para mí". "Primero fue mi hermano, privado de su libertad hace siete años y medio (1992). Le dieron 15 años de condena. Yo iba a verlo a mi hermano, después ya estaba adentro".

"En mi casa siempre tuve la base del estudio, no me faltaba nada". Pregunto "si no te faltaba nada porqué salías a robar? "¡ah! no sé ni idea, me mató, era que me gustaba". En el transcurso de las entrevistas me entera que lo derivan del juzgado por una causa que tiene abierta, robo agravado seguido de muerte. Estuvo detenido, estaba por nacer su hijo y que quería estar con él.

De chico se quejaba de que su papá no lo abrazaba, que no era demostrativo" estaba, pero estaba pintado" Todo lo que yo tenía era por mis hermanos, él no me daba nada, cuando le pedía algo me mandaba a trabajar".

Siempre fue un hombre violento, vivió en un internado porque no lo podían mantener en el hogar, "esa es la niñez que le dieron a él". "A él no le interesa si salgo a robar, él es muy soberbio, se cree que él puede todo solo" "Un día casi lo maté, le puse una pistola en la cabeza y lo hice arrodillar, me tiene que respetar como yo lo respeto a él" "A la granja venía a hablarme de política, ¿yo para qué quiero un padre así? Yo quiero un papá que me pregunte ¿cómo estás que vas a tener un hijo?" "Cuando estuve privado de mi libertad, le pedía que me abrace, que me pregunte, no que sea mi compinche". "Lo que me hizo cambiar, fue el nacimiento de mi hijo, definitivamente, no quiero que a mi hijo le pase lo mismo que a mí". "Yo no tuve el amor de mi papá y yo a mi hijo le quiero dar lo que a mí no me dieron". Hace poco estaba durmiendo en la casa y escuchó al padre decir: "por esta puta no puedo cocinar". Inmediatamente se levantó, "le rompí la boca, él no puede hablarle a mi mamá así, la tiene que respetar".

Néstor hace un viraje y confiesa: "lo que le dije al Juez era una mentira, yo quería que me mandaran a una granja, para salir y seguir robando para comprarme un auto y una casa, lo que pasa es que esa mentira (la de querer recuperarse) se convirtió en verdad".

Néstor, tiene inscripta en su causa, robo agravado seguido de muerte, un padre al que define pintado soberbio, violento, y que cree que puede todo solo se erige como un amo del objeto que desconoce el brillo que otorga el juego sexual, "por esta puta no pude cocinar, La respuesta del adolescente, no se hace esperar... le rompí la boca, a mi mama la tiene que respetar" estos trazos organizan el primer rasgo de la tragedia.

La historia de Néstor enseña como la reproducción del viviente inscribe más que nunca, lo que de estructura estaba allí desde siempre: la imposibilidad de demostrar lo verdadero de la paternidad.

El hijo en busca de filiación no puede evitar la opción de dar crédito o no a la palabra de la madre, es decir de volver a toparse con la imposibilidad de demostrar la verdad de la paternidad. Esto es de otro orden: no de demostración sino de fe. La paternidad es un acto de fe, "No tuve el amor de mi papa, a mi hijo le quiero dar lo que no me dieron", muestra que en ese lugar instaurado por el "tú eres mi hijo" se engendra el sujeto del 'yo soy tu padre', recibiendo el locutor su propio mensaje bajo una forma invertida. ese es el vínculo paternidad/ filiación, del cual Néstor quedaba excluido.

Desde la escena que nos convoca, la dureza de un brazo ejecutor sobre la cabeza del padre torna a Néstor un dimisionario, tomando el atributo de educar al padre bajo "la perversion", la crueldad del Otro real retorna con su sombra, sobre el sujeto.

Carlos se recorta con sus 14 años, consulta derivado por la médica de adolescentes, por una enuresis que lo acompañó siempre. Afirman que se agudizó un poco más desde que su padre fue apresado, luego de un tiroteo con policías. Manejaba una combi que transportaba menores prostitutas. Se encuentra alojado en una cárcel de "máxima seguridad", pues en el enfrentamiento portaba armas de guerra. "Mi papá traía putas a un quilombo" dirá Carlos. "Es un boludo, tuvimos que vender la casa que teníamos para pagarle al abogado y vinimos a vivir a esta villa. en vez de buscarse un trabajo bien se dedicaba a esto... En que pensaba mi viejo para buscarse un laburo así?".

Su padre se comunicaba con Carlos a través de unos cuadritos que hacía en la cárcel y que le enviaba por intermedio de su abuela paterna. No lo iba a visitar a la cárcel. Sólo por un comentario de su padrastro, que dijo: "si yo estuviese en la cárcel me gustaría que mi hijo me visite", es que se decide a pasar una tarde en el penal, junto a su padre.

Carlos, nunca controlo de noche, un padre de la noche que se convierte con sus quilombos, en un técnico limitado a la especialidad del goce, en términos de ley sadiana "gozaras del objeto sin limite", lo que tiene para transmitir, además del goce del dinero y la prostitución de menores parece de muy poco peso, en relación a lo nuevo que el hijo tiene que recibir. Durante la vida del joven personaje, otros se introducen entre él y su padre, para darle un saber-hacer otra versión del padre que aporta letra a la función paterna.

Cada vez que el padre es un amo del goce, es decir un sujeto que identifica el significante paterno que lo representa al discurso canalla, hace marchar el cuerpo del hijo por una zona de riesgo... la enuresis nocturna... ya que este amo demonio desconociendo el orden simbólico que regula las alianzas, hace surgir la violencia propia y del semejante

Finalmente, Mariana, tiene 14 años, tiene aspecto aniñado, a pesar de su cuerpo robusto. Su madre, una mujer obesa la acompaña a esta primera entrevista. Dice que fue derivada por la dermatóloga porque su hija tiene "mucha caspa" y "le salen unas cascaritas en su cabeza".

Cuando habla de sus hermanos, dice que los siete, son de cuatro padres diferentes.

Mariana comenta que cuando va a la cárcel a visitar a su hermano, su madre saluda a todos: "Eran todos amigos de mi mamá". "Algunos roban para drogarse, no roban para darle de comer a la mamá" En su discurso el tema de la muerte está muy presente. Dice que "el pasillo ancho" de la villa antes lo llamaban "el pasillo de la esperanza" y ahora es "el de la muerte". "¡Todas las personas se matan ahí!".

Comenta en cada sesión sobre algún conocido baleado por la policía o por bandas opuestas dentro del mismo barrio o que alguno se suicidó. Les tiene bronca y miedo a los policías porque dice que tiran a matar. "No persiguen a los violadores..." "... Yo prefiero a los chorros... que a los violadores... ¿usted a quién prefiere? (Me interroga)".

Mariana, aun mantiene en su aspecto aniñado, la edad de la inocencia, su madre una mujer con múltiples excesos, por indicación de la dermatóloga, la trae a consulta mucha caspa y cascaritas en su cabeza, muestran que el dolor para esta muchacha se ha constituido, en una cuestión de piel. La madre como una Eva primigenia ha parido hijos al infinito, no hay secuencia, no hay cifrado de lo que se ha perdido, en los pasillos de la muerte circulan los muertos vivos, no hay espacio para el duelo de un hermanito desaparecido. En el pan diario de la subsistencia, Mariana encuentra lo ideal de la paternidad, en un papá que trae para comer y otro que una vez que ha purgado sus asuntos con la ley, tiene un trabajo legal que ayuda ha que no falte el pan La castración, según la cual el Padre no se basta a si-mismo, no crea la ley como un Dios creador, sino que está sometido a la ley que representa, sólo en la medida en que la padece aparece nuevamente dignificada su condición simbólica.

Mariana se las ingenia para extraer como resto sublimatorio, su deseo de ser abogada para defender a los que ama, una lonja de la punción de vida, al servicio de la neurosis que hace consistir al padre a cualquier precio como objeto de amor. Esta variable le otorga un papel decisivo al padre simbólico en la configuración clínica, ya que la instala en la vida social, en el hallazgo "del buen pan" de las organizaciones sociales.