DETRITUS: Masoquismo moral; El malestar en el alma de los argentinos

Elena Jabif

El Detritus nos invita a internarnos en la fecundidad del mal, en el nacimiento fulgurante de la tragedia del pecado. La historia nace de un acto maldito, la inocencia revulsiva del Paraíso, nos introduce en el doloroso camino del cronos y la muerte, en la oscura arqueología de una pérdida irreparable, la pareja primordial se enfrenta a la alquimia del sexo y la muerte. Ambos en la serpiente, encuentran la rebelión contra una creación fallida, se prometen lo que ella les susurra "tan pronto coman del árbol serán como Dios, conocedores del bien y del mal", abren sus ojos y se dan cuenta de que están desnudos, como un hilo de Ariadna el pecado original, los sustrae del laberinto, acontece una grieta en la creación.

Hegel desprecia al paraíso, sentencia "es un jardín para animales", en su tierra se produce la pérdida de una unidad incuestionada, testigos del nacimiento del no, accedemos al agasajo del primer acto de libertad humana.

En la época del cristianismo primitivo el mal se convierte en diablo, un antí Dios que lucha por el alma del hombre, con su muerte Jesús redime a los hombres, sin embargo Caín el hijo de Adán, asesino de su hermano se convierte en el segundo gran patriarca del género humano.

Con el diluvio universal Dios resigna su fundamentalismo, muestra comprensión hacia el género humano, conoce a fondo su criatura, desde el Antiguo Testamento, el mal, no solo pertenece a la condición humana sino también a la divina, el Dios conservador descubre en el espejo del mundo, la parte del mal que le pertenece, el contacto con el mal fomenta creativamente una alianza divina, tras el diluvio universal, por encima del abismo, se llega al pacto social.

En la búsqueda del origen del mal, las antiguas historias narran en primer lugar el nacimiento de la libertad, el despertar de la conciencia y con ello la experiencia del tiempo, por lo cual el mundo se convierte en objeto de cuidado. Narran en segundo lugar los embrollos dramáticos, que surgen por el hecho de haber diferencias entre los hombres, por el hecho de que estos se hagan conscientes de ellas, en adelante la humanidad quiere diferencias, y que ellas se difundan activamente.

La añoranza de una unidad restablecida acompaña la lucha, en ocasiones asesinas, por la diferencia. Esta esperanza se une con la imagen de un Dios, cuyo trono esta por encima de todas las diferencias y oposiciones, y con la imagen de una humanidad que todavía no conoce ninguna diferencia, o que ya no necesita hacer ninguna.

En el relato de la torre de Babel, la Biblia narra como querían los hombres realizar su unidad. Existía un lenguaje común para el género humano, y por eso los hombres confiaron en una obra en común, en la que debían colaborar todas las fuerzas. Una torre cuya cúspide llegue al cielo y que nos permita conquistarnos un nombre. Esta empresa audaz hace que salga Dios a escena. Dios ve ahí una repetición de la antigua petulancia, de querer ser como él.

Primero, los hombres hicieron el intento con el conocimiento y la libertad, ahora lo intentan con la voluntad de unidad. Sin duda, la unidad se da solamente en Dios. Si los hombres quieren realizarla tienen que vérsela con Dios, que confunde la lengua del género humano. Mediante la construcción de la torre de Babel, debe superarse la enemistad.

Para Agustín el hombre ha salido de las manos del creador inacabado, tiene por delante la tarea de terminarse, pero padece de un orgullo peligroso que lo conduce a que el espíritu, se complazca excesivamente en sí mismo, Agustín considera vinculante conocer el propio poder, a fin de querer lo recto es decir lo que podemos, en este sentido define el estado paradisíaco. Allí el hombre no lo podía todo, pero tampoco lo quería todo, así podía todo lo que quería. Cuando el poder y el querer tienen el mismo alcance, también lo limitado puede ser perfecto. El hombre es el escenario de una gran confusión, el poder y el querer ya no están sincronizados en él, el hombre quiere más y quiere algo distinto de lo que puede, y también puede más y puede algo distinto de lo que quiere.

Le falta conocimiento de sí mismo. Ni siquiera conoce su propia voluntad, y con frecuencia solo conoce su poder cuando despierta después de un fracaso.

Sócrates se apoya en la piedad, el dios Apolo venerado en Atenas como médico del alma localiza la enfermedad en la discordancia. Sócrates propone que nadie quiere algo malo de manera voluntaria, todo quieren lo bueno para ellos, aunque no sepa cada uno lo que es bueno para él. Con frecuencia Sócrates se clasifica a sí mismo un comadrón, un maestro en el descubrimiento de múltiples errores sobre el bien y el mal, el cuerpo y sus pasiones necesitan que el alma los dirija e integre, si se produce una rebelión del cuerpo contra el alma, los apetitos buscan su bien por cuenta propia, la consecuencia es el desorden, finalmente el apetito dejado suelto, no encontrará el bienestar que buscaba.

El sueño socrático que aspira a una soberanía libre del cuerpo, conduce a la inmortalidad del alma, último diálogo antes de beber la cicuta.

La vida del espíritu desvía al gran mal, la muerte, triunfante se mantiene como público.

La civilización nos conduce al vuelco trágico de la relación del hombre con su semejante, mas allá de Caín, el otro en ningún caso termina de ser reconocido hermano, la denegación del asesinato deniega la propia existencia de la subjetividad y por lo tanto desconoce la humanidad que habita en la propia existencia.

Jacques Hassoun cita a Jacques Bertin en su crónica "Malin Plaisir" escribe: "la vergüenza nos considera como insignificantes, todos los días es un veneno, y eso vuelve al alma exhausta. Hassoun plantea que esta actitud, obstaculiza el advenimiento de un discurso simbólico que la culpa propicia.

La perversión de la cual una sociedad "verde" como la nuestra, ha sido presa, puede llegar a destruir sus mitos fundadores, la repetición invade la escena obstaculizando el acceso a la palabra de Caín : "mi castigo es demasiado grande para poder ser soportado".

El pentateuco nombra al hermano, las tensiones sociales y el amor que se encuentra siempre limitado por la ley, oscurecen el reconocimiento del prójimo y el mal actúa en contra de la alteridad del otro y de su subjetividad, sustituyendose las coordenadas simbólicas por la anarquía social.

Caín representa lo humano, demasiado humano, el hombre enfrentado a otro, al que no puede reconocer como su hermano y de quien tampoco se puede deshacer, también representa al asesino, que ha reconocido finalmente su falta, y soportado una sentencia que lo ha castigado por su crimen de negar. Una sola secuencia de este recorrido que se resigna, propicia la repetición bajo el nombre del culto a lo mismo, el odio fraterno se instala en las sociedades apocalípticas como la nuestra, en el medio de las tensiones inherentes al lazo social, la Argentina llora su errancia.

Auschwitz constituye lo impensado, la realización monstruosa de un proyecto inédito en la hisoria de la humanidad; Hiroshima, la tecnologización de la guerra hasta borrar toda huella humana. El siglo XXI en nuestra frontera será incapaz de superar el juicio de la historia, si la barbarie es su experiencia cotidiana.

"La redención -dice Walter Benjamín-, no es un premio a la vida, sino mas bien el último refugio de un hombre, que como dice Kafka, tiene el camino bloqueado por su propio hueso frontal".

El hueso devorador recrea la naturaleza del escorpión sadiano, que reclama en el pensamiento de Goethe, el retiro del crédito a las reglas morales de la civilización, que cada uno se guíe por el amor a sí mismo, que haga suya la propia naturaleza, pero para Sade ella es un Moloc cruel, una bestia, el goce es un refugio, rosas sobre las espinas de la vida, en medio de un frío universo está la muerte segura, una vida llena de tormentos, el amor crea lazos de servidumbre, la orgía es socializada y las aberturas del cuerpo son declaradas propiedad universal.

La escoria crea nueva vida, la aniquilación de nuestros inocentes se erige en una de las primeras leyes de la naturaleza, ya que su esencia es criminal.

Juliette, la furia del mal necesita a Justine, una virtuosa que pueda ser deshonrrada y atormentada. Para llegar al disfrute de lo obsceno, el deleite necesita espectadores que se resistan, sin embargo la soledad captura la esencia, está vacío el cielo y fría la tierra, el paso sadiano hacia el mal absoluto fracasa cuando quiere descubrir su libertad, lo único que descubre es que continua transitando las huellas de la naturaleza.

Baudelaire sueña liricamente con los cadalsos, cuando Poe traduce la pesadilla de los perversos, a la magía lingüística, y las ebrias mareas de imágenes de Rimbaud tienden a la confusión sístemática de los sentidos. Su producción conduce al corazón de las tinieblas, el mal se convierte en tentación estética, para el joven Flaubert, al mal lo ha domado en una lucha cuerpo a cuerpo, dándole forma artística.

La cabeza de Nietzsche tribula fantasías violentas, la furia salvará del sufrimiento al hombre del futuro. Hoffman pronuncia a su tirano, una epifanáa sombría. "¿Locos que buscáis por encima de mi?, ¡Desierto es el espacio sombrío allá arriba, pues yo mismo soy el poder, vosotros os hundis aniquilados en el polvo!." La fiesta menemista prepara bajo la tutela de un cómplice silencio, el banquete que compromete en acto el futuro fracaso de millones de argentinos.

Margaret Susman retoma la pregunta de Job ante un Dios que se sustrae, Job se acurruca en las cenizas de su vida, el orden del mundo esta perturbado, un mal inexplicable y un Dios insondable se confunden entre si, Job se mantiene piadoso ante sentencias de ceniza y baluartes de barro, protege a Dios ante sí mismo, quiere preservarlo de hundirse en la condición de un demonio de la naturaleza.

Baudelaire en el poema inicial "Las flores del mal" busca una musa fea que bostezando se traga el mundo, el poeta resiste a un absorbente vacío, un agujero negro en el interior del hombre, donde las flores del mal, preservan del abismo.

Kafka habla de una santidad desesperada, se pregunta si no hay manera de escapar al mal, ¿porqué no transformarlo en algo sagrado y sublime?, la vida humana está para malgastarla, sacrificarla, ponerla en juego. Bataille descubre con espanto, que el mal que él había poetisado, en Buchenwald se ha estatizado.

Freud impresionado por las experiencias de la primera guerra mundial capitula en su ilusión de un progreso imparable de la humanidad, el fin de la vida es la muerte, por un lado la vida quiere disolverse en los océanos del Eros, y por otra parte, quiere regresar a la quietud de la piedra, la petrificación se convierte en horizonte de redención.

Ante el abismo, donde no existe la menor relación entre el goce y la muerte, el masoquismo moral argentino inventa la voz del Otro en la oreja financiera. La subversión del orden ético, erige al goce dionisíaco en ley, la ferocidad superyoica legitima el sufrimiento en el hambre de nuestros niños. Sin el porvenir de una ilusión, el ser del hombre reaparece en lo real bajo una forma completamente plena, el detritus.

El castigo al infinito ofrece una prueba de existencia, una férrea sutura de nuestra dignidad, permite que el mal encuentre en la afligente repetición de la historia argentina, la via regia de una provocativa crueldad natural.

Hassoun se pregunta ¿Porque la Esfinge se habia suicidado?, que faltaba en la respuesta de Edipo, que llevó a poner de manera ostensible, en acto, una demostración de la muerte. Se contesta: "después de haber evocado las tres edades del ser humano, la del niño pequeño, del adulto, y del anciano, quizá tendría que haber agregado, él es mortal".

Bibliografía

El mal Rudiger Safranski

Walter benjamin. El problema del mal, Ricardo Forster

Imago Masoquismo

El oscuro objeto del odio, J.Hassoun

El exilio de la palabra, Ricardo Forster

Seminario 21, clase 8 J.Lacan

Seminario 6, El deseo y su interpretacion Clase 19 J.Lacan

La logica del fantasma, Clase 11/01/67 J.Lacan

El malestar en la cultura, S. Freud

El problema economico del masoquismo S.Freud.