Caracter y duelo

El rasgo que conjura la pena

Por, Elena Jabif

La identificación como proceso general, reconocido por todos los pk. sicoanalistas de todas partes, es una estigma en el sujeto, de la pregnancia. del Otro, e incluso quizá sin mayúscula, porque existe también identificación al semejante. La identificación es el proceso que toma del l.Otro, con o sin mayúscula, un elemento que a partir de allí va a señalar al sujeto mismo y a orientar su estilo. Este elemento de impronta, Lacan lo llklamó en un momento, el rasgo unario poniendo de relieve una expresión de l,Freud. El rasgo unario esta allí para decir que se trata de un rasgo discreto, pero que no implica ninguna unidad, que no implica la unión con el Otro,.

Ese rasgo unario, que va a marcar al sujeto y a orientarlo, signa el carácter educativo del sujeto, e incluso su carácter sugestionable ese carácter abierto a la influencia a la palabra.

El sujeto identificado es siempre un sujeto influenciado, lo sepa o no generalmente no lo sabe. Está en Freud la idea que hace de la identificación, el mecanismo por el cual se constituye la multitud de los semejantes y también el mecanismo que asegura la relación al jefe. Es del sujeto identificado del que pueda decirse que el " yo es otro".

Para toda identificación, incluso identificación con el síntoma, podemos preguntarnos a quién se identifica el sujeto y con qué elemento. Cuál es el término que se adopta y de quién se toma. Tomen por ejemplo, el pequeño síntoma de Dora, su tos nerviosa: el rasgo de la respiración es el rasgo unario identificatorio y está tomado del padre. Aun es necesario preguntarse ¿ que padre?. No cualquier padre, es el padre considerado en su relación a la sexualidad, más precisamente el padre supuesto impotente, y no es excesivo decir que se trata de una identificación por el síntoma, la alienación al Otro es inherente a la identificación.

Vemos la paradoja, el síntoma en tanto que tal, por el contrario, signa en un sujeto la sigularidad es lo más diferemte que hay, a la universalización y si la identificación crea lo mismo, el síntoma crea la diferencia. En ese sentido el síntoma tiene algo de real, está más bien en el registro de la separación en relación al Otro, y tan cortado de la dialéctica del sentido que no sería excesivo hablar de su feeling con la castracion.

Ciertamente hay que introducir aquí matices y preguntas, y preguntarse si lo que acabo de decir puede sostenerse a todos los tipos de síntomas o no. Ven ustedes inmediatamente que el síntoma histérico plantea una pequeña objeción, puesto que el sujeto histérico tiene una inclinación a identificarse al síntoma del otro, lo que quiere decir que el sujeto histérico presenta la paradoja de una utilización " colectivizante" del síntoma. En general no son grandes multitudes, pero sin embargo, constituye pequeñas amalgamas. Segunda cuestión

¿ es verdad en todos los estados del síntoma?. Podemos hablar de estados diferentes del síntoma, y en particular suponemos que el estado del síntoma en la entrada a un psicoanálisis para un sujeto dado, no es el mismo que a la salida. Por lo tanto hay que introducir matices. Partamos de esta oposición la identificación es normativizante, conformista, colectivizante, mientras que el síntoma es un principio de disidencia.

Retomo la pregunta que atraviesa mi trabajo de este seminario ’’¿Es el rasgo de caracter una tendencia restitutiva que tiene como meta dominar aquello que amenazo un cierto equilibrio del yo, que tiende a rehacer aquello que fracaso para convertirlo en exito, que tiende a protegernos del peligro y del trauma, que nos permite asumir un rol activo ahi donde fuimos condenados por lo real a sufrirlo pasivamente, que nos permite resolver los duelos que no hemos resuelto?’’

Caracter, pena y aflicción intensa se conjuran en la afirmación narcisista, el menoscabo de la perdida se afirma en una existancia endurecida, y en el horizonte del sujeto la prevencion, ante el sentimiento melancolico que se produce cuando una cuña de lo real, ha horadado un agujero irreparable, en el cuerpo del yo en total desamparo libidinal.

La identificación es uno de los elementos que acude a restañar la herida, al modo de una falsa cicatrización que permite sustituir lo perecedero por el ‘’yo soy’’ del sujeto.

Repasemos sucintamente que Lacan situa un tipo de identificación producida, cuando el sujeto asume una imagen, podemos inferir que puede ser una imagen o puede ser un significante o a veces puede ser una producción en un sujeto a partir del cual asume su síntoma. Sigamos la vía de la identificación que se asume a nivel de la imagen, la mascara invade la escena, el sujeto se instala en el puerto seguro del’’ yo soy’’

Un rasgo de carácter que se paga resignando el pienso, nuestro sujeto identificado no podrá pensar en lo que es como sujeto del inconsiente, estara robotizado, determinado en cuanto al ser, a la acción y al querer en una pura reproducción, quizá la identificación del yo fija al sujeto en una escena para él previsible, calculable sin reductos desconocidos, que lo alivia al desconocer la incertidumbre que lo acompaña, esta variable tiene función de cobertura. Identificado a un rasgo de la imagen del semejante, se refuerza el yo ideal.

Joan Riviere recuperaba el valor de la mascarada en la conducta del sujeto, pretensión de autonomia pueden enmascarar un ser influenciado por el otro hasta la medula. El análisis puede poner a luz, rasgos de carácter que soportan identificaciones de este orden, algunas veces construidas por la vía del dolor, cuando el ser es cuestionado por un destino arbitrario, vacio de todo sentido, como la miseria misma del sujeto.

El ‘’yo soy’’ enmascarado, indica el esfuerzo de sustraerse de un alcance de lo real, también evita lo simbólico que hace del síntoma una formación del inconsciente, ya que lo simbolico es siempre lo que se le atraviesa a las intenciones del sujeto, creer en un síntoma es tener fe, de que el sentido puede virar a la metáfora posible.

Por el camino de pensar a un sujeto en un estado de’’ yo soy ‘’, recupero un texto de Freud titulado "Consideraciones sobre la guerra y la muerte",

recordemos algunas cuestiones que nos plantea’’ en el inconsciente todos nosotros estamos convencidos de nuestra inmortalidad’’

‘’ nuestro desconocimiento de lo real, no evita que cuando la perdida llega, nos sentimos siempre, hondamente conmovidos y defraudados en nuestras esperanzas’’.

Acentuamos siempre la motivación casual de la muerte, el accidente, la enfermedad, la ancianidad, delatando nuestra tendencia a rebajar a la muerte, de la categoria de la necesidad a la de un simple azar. La consideración al muerto, que para nada la necesita esta para nosotros arriba de la verdad, y también por encima de la consideración a los vivos.

Esta actitud del hombre civilizado ante la muerte queda complementada por el derrumbe espiritual, cuando el duelo por una persona amada a herido el alma del sujeto.

Taxativo Freud nos dice enterramos con ella nuestras esperanzas, nuestras aspiraciones y nuestros goces, no queremos consolarnos y nos negamos a toda sustitución del ser perdido, nos conducimos como los asras, que mueren, cuando mueren aquellos a quienes aman.

La vida se empobrece, pierde interes, la puesta maxíma en el juego de la vida no debe ser arriesgada, se hace entonces sosa y vacía, como un fliert americano que se sabe desde un principio que a nada a de conducir. La tendencia a excluir la muerte, de la cuenta de la vida trae consigo otras muchas renuncias y exclusiones, es tema de la confederación hanseatica que reza, navegar es necesario, no es necesario vivir.

Quizá es demasiado triste que en la vida pueda pasar como en el ajedrez, en la cual una mala jugada puede forzarnos a dar por perdida la partida, esta efracción yoica en el ‘’yo soy’’, evoca como en el campo de la ficción, hallamos esa pluralidad de vidas que nos son necesarias, morimos en muestra identificación con el protagonista para luego sobrevivir dispuestos a morir otra vez, igualmente indemnes, con otro protagonista.

En 1913 de la mano de Lau Andreas Salomé, Rainer María Rilke conoce a Freud en Munich, sede del cuarto Congreso Psicoanalitico al que ella habia concurrido. Al parecer pasaron ambos toda la tarde juntos paseando y conversando de modo que " el joven pero ya celebre poeta" del diálogo que Freud recuerda dos años después, es Rilke. Ante la perdida de tantas vidas y bienes ocasionadas por la guerra. Freud recuerda su argumentación de ese momento, con respecto a la queja del poeta, para quien el carácter perecedero de lo bello lo dejaba en la imposibilidad de gozarlo. Freud refuta esta posición afirmando que el que algo vaya a ser perdido no menoscaba su valor, al contrario las limitadas posibilidades de gozarlo lo tornan aún más precioso. La pretensión de eternidad traicionando su filiación, señala Freud, queda desacreditada en cuanto a su pretensión de realidad. ¿ Cual es esa filiación? Proviene de nuestros deseos y del rechazo de todo aquello que pueda resultar doloroso, o sea del principio del placer aunque Freud aquí no lo nombre. Que su argumentación no influyera para nada en el ánimo de sus acompañantes, lleva a Freud a inducir que ello se debe a un especial estado de ánimo. Denomina a ese " poderoso factor afectivo que enturbiaba la claridad de su juicio" " rebelión psiquica contra el duelo" Dice " La idea de que toda esta belleza sería perecedera, produjo a ambos el (poeta y un amigo taciturno), tan sensible, una sensasión anticipada de la afiliación que les habria de ocasionar su aniquilamiento y ya que el alma se aparta instintivamente de todo lo doloroso, estas personas sintieron inhibido su goce de lo bello por la idea de su indole perecedero.’’

¿ Anticipación del duelo? ¿ Es que tendriamos que pensar con respecto al duelo una anticipación al modo de señal, como en el caso de la angustia? En 1915 Freud no ha elaborado aún la angustia como angustia señal y cuando así lo hace en " Inhibición, síntoma y angustia", será la ocasión en que esta cuestión pueda ser retomada. Por el momento digamos que si algo puede anticiparse es porque de algún modo es ya conocido, el sujeto ha sido ya advertido del dolor propio a la afiliación del duelo.

Si la experiencia de la pérdida es constitutiva del sujeto como hecho originario, pérdida, sucesivamente reactualizada en cada nueva pérdida. ¿Se trata en cada duelo de una reactualización de un duelo originario y constitutivo? ¿ y en ese caso, qué es lo que diferencia un duelo actual de un duelo pasado? ¿ y que consecuecias tiene esa experiencia pasada con respecto a las posibilidades futuras de soportar el duelo, y de vivir la vida a riesgo del dolor, que puede ocasionar perder lo que amamos y lo que valoramos? Por el momento Freud afirma que el duelo es un proceso, y como tal, destinado a terminar, a comunicarse en su propia consumación, y por lo tanto la interrogación deberá dirigirse a aquellos casos, como los del poeta que pareciera haber renunciado a lo apreciable, simplemente porque no se mostró permanente, por lo que Freud deduce que se halla agobiado por el duelo que le causo la perdida, la argumentación de Freud se sostiene de situar la distancia entre lo ideal y el objeto.

El objeto que ha recorrido una cierta trayectoria que lo aleja de lo ideal, es el objeto que lo torna suseptible, condición, habilitadora del deseo. Dice Freud de la libido que al comienzo de la evolución, se oriento hacia el propio yo, para más tarde aunque en realidad muy precozmente dirigirse a los objetos, que de tal suerte quedan en cierto modo, incluidos en nuestro yo. Si los objetos son destruidos o los perdemos, nuestra capacidad amorosa ( libido) vuelve a quedar en libertad y puede tomar otros objetos como sustitutos, o bien retomar transitoriamente al yo.

El trabajo del duelo ( Trauerabeit), se define así como un proceso de desprendimiento y renuncia. " Una vez que haya renunciado a todo lo perdido se habrá agotado por si mismo y nuestra libido quedará nuevamente en libertad de sustituir los objetos perdidos por otros nuevos, posiblemente tanto más valioso que aquellos.’’

Freud se pregunta sin embargo, por que el trabajo de duelo tiene que ser un proceso tan doloroso. Ha realizado la constatación de que la libido se aferra a sus objetos y rechaza desprenderse de los mismos, aún cuando ya dispone de sustitutos. Esta comprobación de Freud nos exige interrogarnos sobre que es lo que determina esta suerte de viscosidad de libido, que se niega, cuando ha perdido algo, a pasar a otra cosa. Freud ha encontrado posiblemente la respuesta, pero aqui no la explicita, cuando,describiendo el proceso por el que la libido se dirige a los objetos, dice que estos pasan a, en cierto modo, " estar incluidos en nuestro yo", de modo que se trata de un pedazo del yo, en definitiva de lo que hay que desprenderse. En "Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte" así va a ser explicitado, " cada uno de aquellos seres amados era, en efecto, un trozo de su propio y amado yo. El hombre aprende por el otro, la experiencia dolorosa de la propia muerte. La propia muerte es inimaginable siempre que intentamos aproximarnos a ella lo hacemos sólo como espectadores. Nadie cree en el fondo en su propia muerte. En el inconciente somos inmortales. Pero, con respecto a la muerte del otro, adoptamos una actitud convencional que se derrumba cuando se trata de la perdida de una persona amada " Enterramos con ella nuestra esperanza, nuestras aspiraciones y nuestros goces, no queremos consolarnos y nos negamos a toda sustitución del ser perdido.’’

En este artículo, con la constatación de este aspecto nacisistico del duelo, un paso fundamental ha sido dado en la teorización freudiana. La muerte del otro es inaceptable doblemente. Por un lado, presentifica la propia muerte por el otro, es la pérdida de una parte del propio yo. La actitud de evitación de la muerte desemboca en el empobrecimiento de la vida, "cuando la puesta máxima en juego de la vida, esto es, la vida misma, no debe ser arriesgada". A ello van a ser agregados, como cuestión que contribuye a tomar más engorroso el trabajo de duelo, los deseos de muerte.

Freud apela aqui en la explicación, a los temas ya introducidos en totem y tabu. La divinidad, la idea de Dios y de una Providencia, se enraizan en el crimen más antiguo de la humanidad el parricidio. El mito en Freud, sabemos apunta a situar un lugar en la estructura de los seres hablantes, el lugar del padre muerto en relación en constitución de la ley. Pero sin hacer mención aqui a la prohibición de incesto, lo que Freud va a desarrollar el tema de la ambivalencia. El ser amado también es un extraño, un enemigo.

¿ Se trata de un retorno en el otro, del crimen reprimido? Pareciera que se trata en cada muerte de la reactivación del crimen primordial con la emergencia del sentimiento de culpabilidad. Dice Freud " Ante el cadáver de la persona amada el hombre primordial inventó los espiritus y por su sentimiento de culpabilidad, por la satisfacción que se mezclaba a su duelo, hizo que estos espiritus primigenios fueran perversos demonios, a los cuales habia que temer’’. Ante la muerte de la persona amada nacieron, la creencia en el alma, la creencia en la inmortalidad y el sentimiento de culpabilidad. Nacieron también los primeros mandamientos eticos. " No matarás’’ es el primero.

Vamos a detenernos en este punto. La prohibición fundamental, fundante del orden humano y la civilización, es la prohibición del incesto y son las fijaciones incentuosas las que siguen desempeñando un rol fundamental en el inconciente, esto ha quedado claramente establecido por Freud en muchos lugares.

En Totem y tabu la ley que se establece luego del parricidio es la ley de la exogamia, de modo que cuando aquí se propone el " no mataras" como ley primera tenemos que ponerlo en relación al desarrollo que Freud ha seguido.

En su intento explicativo de los sentimientos de culpabilidad, al recurrir a los albores de la conciencia, el primer mandamiento, " no mataras" constituye ya el origen de una etica. Se trata de un otro registro diferente a aquel fundante de la prohibición del incesto. El registro del mandamiento es un registro de prohibiciones explicadas y explicitas en palabras. La prohibición del incesto no requiere ser explicitada, es la ley muda que sin necesidad de que nadie la diga, rige todos los intercambios. El mandamiento, se corresponde a la ley dicha y escrita y ordenada la conciencia moral.

Allouch trabaja un texto titulado Ajo, es un articulo sobre el duelo, recupera del libro de Aries una frase que comenta la muerte en Occidente, y dice que cada uno se encuentra habitado por sus muertos, cita a Dupery quien muestra claramente como la posición de cada uno con respecto a alguno de sus muertos, esta funcionando permanentemente en las determinaciones más cruciales de su vida, en ciertos trazos en apariencia de los más anodinos, pero también, en lo que cada uno aísla como sintoma. El autor sostiene que el duelo no es separarse del muerto, si no cambiar la relación que tenemos con el.

Freud penso que el duelo es escencialmente por el padre, en una correspondencia privada dice que la muerte del padre es la cosa más terrible que pueda sucederle a alguien. Allouch lo discute. Cito´’semejante muerte si llega el caso es terrible, pero ese superlativo es intolerable y constituye una afirmación errronea.’’ Leyendo a Oe, en el relato de un cuento de un padre que encarga matar a su bebe por tener malformaciones, deduce que lo que la novela nos enseña es que el padre es alguien que ha dejado huellas, incluso es alguien que en el momento de su muerte ha dejado desde hace un tiempo de producir noticias, como si su cuenta estuviera completa.

Así el duelo puede pensarse a partir de la herencia de esas huellas, en el trabajo de duelo, el sujeto debe hacer las suyas, una por una, de manera de volver a arrojarlas al mundo. Quien ha perdido un hijo, la perdida que transita es radical, ya que no solo pierde a un ser amado o un pasado en comun, si no también todo lo que, potencialmente el hijo le hubiera brindado si hubiese vivido, como hacer suyas las huellas simbolicas,-se pregunta - si no existieron nunca por la prematurez de esa vida.

El trabajo de duelo está ampliamente excluido, Allouch dice "no se puede perder a quien no ha vivido". Produce el texto un teorema´´Si yo soy el soporte de la falta de alguien y si ese alguien muere, cuanto menos haya vivido, tanto más su vida, seguira siendo una vida en potencia, tanto más espantoso sera mi duelo y más necesaria la convocación de lo simbolico, ligada ya no a las huellas, sino a la falta de ellas’’.

¿Como sobrevivir a la locura que tiene como partida el duelo? ¿ como recuperar una perdida en el seno mismo del Yo.? Un duelo puede detenerse en la identificación a un rasgo del objeto amado, acuñandose en esa marca un rasgo de caracter, la sombra del objeto cae sobre ese rasgo, tomando como impronta la consistencia del objeto perdido.

Así el objeto causa del desengaño a sido integrado al Yo, a traves de una marca integrado al mismo.

Si bien la identificación como mecanismo generalizado participa de la constitución del yo, la identificación narcisista al objeto de exagerada intensidad, tiene como condición la elección narcisista del mismo, donde se elige en base a lo que uno es, a lo que uno quisiera ser, a lo que uno fue, o a ese pedacito de uno mismo que habita en el objeto.

Desde esa incrustación primordial del Otro en el seno del yo, los aspectos imaginarios del yo se reconocen, en la identificación especular con el semejante, la ambivalencia no reconocida al objeto, se refugia en la dureza del rasgo como una operación defensiva, que incorpora al objeto perdido en el yo ideal, recuperandose la integridad narcisista en la afirmación caracterial.

Carlitos Gardel es un testimonio clinico, sobre el recurso defensivo de una analizante mujer, quien sobre la herida traumatica, producida por una falta en lo real por la perdida de su pequeño hijo, el ‘’ yo soy’’ cicatriza la herida del moi, siendo la egocentria del caracter, el testimonio del maximo desamparo subjetivo para tramitar lo perdido.

 

Carlitos Gardel

Elena Jabif

Eliana, bella, rubia, diafana, ojos color de oceano, ha batallado con un destino congelado en el dolor de un duelo primigenio.

19 años resignados a la melancolia paterna, muestran un padre retirado de la escena de la vida, con un cuerpo resquebrajado por esclerosis multiples en placa y profundas escaras, en las cuales Eliana conjugaba su decepción en lagrimas.

Dos hermanas y el desafio de conducir el hogar paterno, las entrelaza en una profunda amistad donde nadie opaca el brillo de una confianza incondicional, ambas apuestan a salvar la dignidad del padre, ganando en la escena publica, el reconocimiento al nombre propio donado por el.

El matrimonio adviene con los ribetes freudianos que las histericas gozamos desde el nacimiento del psicoanalisis,

Un marido roto, con varios fracasos economicos en su haber, porta escaras subjetivas que Eliana con sabiduria neurotica vela y revitaliza. Cada epopeya de salvataje es acompañada por el sentimiento indigno del fracaso y la insatisfacción de su feminidad, la reivindicación de su sexo la conduce a una competencia feroz con los hombres, pletorica de falicidad.

La repetición de una marca, acuñada en el nombre propio del padre, retorna en elecciones que atraviesan a su marido, a su amante, a su hijo primogenito y a otros personajes masculinos de la historia intima de esta mujer.

Carlos 1, se corporiza en su primer hijo varon, un pequeño que contrae cancer al contar un año de vida. El padecimiento de su hijo endurece al maximo la afectividad de la paciente, largas internaciones petrifican su soberbia, en el hospital todas las madres de su entorno munidas de su dolor, enseñan a Eliana el rostro de la peste.

Altiva, amalgamada en la piedra, teñida de extrañeza, escucha gemidos infantiles que se’’le pegan en la piel,’’ hoy con un profundo rictus de amargura se dice ‘’no estuve a la altura de las circunstancias.’’

La tarde del entierro de su bebe, un marido enloquecido por el dolor la posee sexualmente, una mujer despojada de su alma ofrece en repudio a la bestia, un cuerpo anestesiado por el duelo, en un pasaje al acto que recuerda el texto de Clara Cruglak sobre la pelicula Bleu.

Entre la vida y la muerte, Eliana emerge enhiesta del horror con un significante con tufillo a viejo ‘’Ahora es mi vida, yo soy Carlitos Gardel.’’

Prestigiosa publicista participa de una camaraderia con varones empresarios, que la vitorean en las noches de Karim, por ser una langa, eficiente y refulgente colega, que aprende a sortear dificultades con la mejor letra de Gardel.

La recomposición maniaca del duelo, se abrocha en una simultanea maternidad en el tiempo del hijo perdido, rigida, cuadriculada, elabora saberes que permiten una crianza de su nuevo hijo.

Saberes que diferencian al maximo a los hermanos, tienen de marco al ausente, quien es sistematicamente ignorado, el silencio que eleva al objeto perdido a un lugar inaccesible y desierto, retorna años despues, con ribetes de terror en la pesadilla de un muchacho pusilamine.

Apresado en el estupor que le impone el contacto con lo desconocido, 16 años despues el joven escapa de muertos que rondan la escena social, cualquier lazo amistoso se convierte en fraterno, arcaicos restos sin sepultura significante, se erigen en lo siniestro. El panik attak de su retoño, motiva la consulta de nuestra Eliana.

Ante la sepultura de su pequeño, una valkiria desafiante de lo real, increpa a su madre, quien llora por años al nieto perdido, ella desprecia su angustia, expulsa fotos de esa vida fugaz, tampoco lo sueña, un proceso de progresión continua invade su cuerpo, desconociendo el limite que la recorta del objeto perdido.

Carlitos y su metamorfosis, revive en un amante esplendoroso, que desconoce los silencios del alma, fascina a la paciente estableciendose una pasión anorgasmica y salvaje por 15 años mas.

Las entrevistas giran con la sujeto cuando sueña por primera vez con su niño, primer paso de un duelo por el cual el muerto deviene en un significante accesible a la rememoracion, el disco rigido del softwere se humaniza.

Sueña’’ En una sombria estación de ferrocaril estamos mi hermana, mi mamá y yo, una pequeña criatura nos acompaña, Distraída miro el lugar, es de un viejo estilo europeo, con terror advierto que a ese niño lo han robado, tengo la certeza de que es una mujer, la desesperación de mi madre me sorprende, en ese momento despierto’.

Una pequeña criatura robada por una mujer, evoca un Carlitos cobarde, un amante que no jugo su carta de amor, una mirada complice, demasiado distraida detras de un viejo estilo, propicia el robo de la otra.

Una pequeña criatura compartida por las tres, un pedazo unico para la endogamía, evoca un Carlitos perdido para la desesperación de una abuela sin consuelo, murmura tan sombriamente como el matiz de su sueño ‘ ’es una deuda de por vida su dolor, mientras ella lloraba, yo me decia, ya nadie te detiene Carlitos Gardel.’’

Otro sueño la encuentra con un señor, en una escena amorosa, azorada el candidato la cuelga en el momento de climax, para irse a lavar las manos.

Larga experiencia de hombres que se lavan las manos, interroga su decepción amorosa con el padre, construida en el tiempo de los primeros tacos, para mi sorpresa Eliana por primera vez, se reconoce en la serie de los que se lavan las manos, me dice’’ me canse de mi cobardia, una foto de mi hijito la puse de espaldas, durante años’’ me pregunta ‘’¿podre soportar tenerla en mis manos?

La invito a traerla, con sus recuerdos al divan.