ALMA Y SU DOLOR

Elena Jabif

(*) Jornadas de la Práctica Psicoanalítica "Lo Real de la Transferencia". Plenario Lo real de la Transferencia. Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1998

Sobre una tumba

La casa del impulso llora la muerte de un bien amado,

Triste está Eros, constructor de ciudades,

Y llorando la anárquica Afrodita

W.H.Auden, palabras de tributo en el funeral de Sigmund Freud

Viena recibe el nacimiento de Alma Shindler en 1879, futura esposa de Gustav Mahler, Walter Gropius y Franz Werfel, se constituyo en una verdadera leyenda al ser amada por celebres artistas del siglo XX.

Un amante padre, afamado paisajista vienes, narra cuentos y marca con el Fausto de Goethe el alma de la pequeña. A los 12 años una orfandad temprana la encuentra formada con toda la gracia y la astucia necesaria para moverse en la Viena del 1900. Siendo adolescente la fascinación por la música gira al campo de la composición, en memoria al padre se concentra en las obras de Robert Shumann.

En plena ebullición de la Nueva Escuela Vienesa de Compositores, los placeres de la música movilizan su vida, un largo coqueteo con su maestro Zemlinsky, promovido en sus inicios por Brahms y una sólida amistad con Schoenberg atesoran para Alma, un puñado de cien canciones y una carta del destino escrita para siempre en la clave de la música.

A los 21 años conoce al director de la Opera Imperial y compositor más destacado de Viena, Gustav Mahler quien con inusitado interés se ofrece a oír las canciones compuestas por Alma, pero rápidamente le sitúa por escrito, que en un mundo mágico como el suyo habría lugar para un solo compositor

En la superficie pulida de un espejo la vanidad de Mahler, colma en el fantasma la ilusión de ser el amo del objeto, condenada a un goce ignorado Alma abrocha el descentramiento de su existencia, una existencia reducida en si misma a una repetición apagada del deseo de vivir.

Un dolor intolerable tan largo como la vida misma finalmente la lleva a decidir, que su juventud había terminado, escribe en su diario al respecto "nada ha fructificado en mi, ni mi belleza, ni mi espíritu, ni mi talento".

La resignación de Alma y su desagradable sensación de que "su marido concentrado en su propia vida como un fanático, simplemente me ignoraba", es conmovida por la enfermedad de su hija Marie de cinco anos, enferma de difteria quien fallece tras una larga agonía.

Malher durante la enfermedad escapaba, por sentirse incapaz de soportar el sufrimiento de su hija, en el dolor de Alma se erigía para él, la fantasmagoría de ocho hermanos muertos y la tristeza de su madre interpretada como homenaje póstumo a ella, en Kindertotenlieder. "Canciones a la muerte de los niños". Dice el autor: "me sabe mal tener que escribirlas" -confesó una vez - y me sabe mal que el mundo tenga que oírlas algún día, ¡son tan tristes!". Líderes de sabor amargo que intentan desatar los duelos de amores perdidos, sonidos de una fuerza interior que tienden a desembarazar a Mahler de los obstáculos para el movimiento de la vida, canciones a la muerte de los niños, que protegen al sujeto contra el último dolor de un goce ilimitado.

Para Freud ningún compositor se ha expresado de modo más conmovedor en lo que llamo "la lucha entre el Eros y la muerte, como se presenta en la especie humana", de la sinfonía Resurrección, Malher pretendía hacerla sonar "como si viniese hasta nosotros de otro mundo", "luego se eleva a las alturas en las alas de los ángeles", "el clímax del ultimo movimiento llega cuando la contralto entona la ferviente plegaria" cree, mi corazón cree. ¡¡Nada estará perdido para ti!!".

Nada esta perdido para ti se dibuja en la Segunda Sinfonía en "atroces dolores de cabeza que le impiden escuchar tumultuosos e inacabables aplausos". A la manera de un rayo, un mas allá del principio del placer conmociona al yo, el dolor corporal encuentra su huella en el inconsciente, una señal de alarma que renueva su pacto sacrificial en el corazón mismo del trauma.

Al grito de su cuerpo Malher lo reconoce en un precedente bíblico, de la imagen más perfecta del artista creativo que es Jacob, "que lucha con Dios hasta que le bendice, solo cuando estoy haciendo un esfuerzo terrible en la creación de mis obras, puedo arrebatarle a Dios una bendición ".

En un segundo tiempo mientras Malher se entretenía con la idea de una orquesta propia, Alma otra vez embarazada perdía a su bebe, ante la tristeza de un vigente duelo busca un retiro en Austria, encontrando en los brazos de un joven arquitecto Walter Gropius, consuelo.

Recordemos que con él, contrajo matrimonio años mas tarde, teniendo otra hija llamada Manon en homenaje a la heroína de Puccini, quien murió a los 18 años enferma de poliomelitis en Venecia, y otro hijo extramatrimonial con el escritor Franz Werfel, quien recibió el nombre de Martín, el que también murió cumplidos los 10 meses.

Mahler absorto como siempre en sus composiciones, tuvo que enfrentarse a los hechos cuando el impetuoso amante de Alma, envió una carta al señor en vez de la señora Malher. El tipo de desliz freudiano cuyo mecanismo estudia Freud en su psicopatología de la vida cotidiana le hace comprender al instante, que el amante de Alma le había escrito la carta para pedirle su mano.

Ante la certidumbre de un mal irreparable, un dolor enloquecido que testimonia un fantasma desmoronado paraliza la escritura de la partitura de su Decima Sinfonía. Finalmente decide consultar a Sigmund Freud.

El verano de 1910, lo encuentra a Freud muy preocupado en resolver desde un texto de Mothley "El incremento de la República Alemana", como ¡¡algo increíblemente pequeño puede convertirse en grande, por medio de una obstinación y determinación inquebrantable!!

Recibe entonces un telegrama de un distinguido personaje vienes que necesitaba urgentemente su ayuda y le pedía una cita. Freud era muy reacio a interrumpir sus vacaciones pero no podía negarse a ver a Gustav Mahler. Concertaron una cita no sin dificultades. Al telegrama original de Mahler remitido desde un pueblo tiroles donde se encontraba de vacaciones, le sigue otro que lo anulaba, luego otro pidiendo una nueva cita, seguido de una segunda cancelación. "Mahler sufría de locura de la duda por su neurosis obsesiva y repitió esta actuación tres veces" explica Ernest Jones. Finalmente ante la intimación de Freud se encuentran en Leiden,

Durante toda una tarde pasearon por la vieja ciudad universitaria, mientras Freud realizaba un psicoanálisis de urgencia, condensado en una sesión de un día.

"Fue como sacar una viga única de un edificio misterioso", recordaba Freud años después, en una carta a Theodor Reik, "si doy crédito a las noticias que tengo, conseguí hacer mucho por él, en aquel momento. en interesantes expediciones por la historia de su vida descubrimos sus condiciones personales para el amor... tuve muchas oportunidades de admirar la capacidad psicológica de aquel hombre genial".

Reik con humor señalo que la mayoría de miembros de su profesión se llevarían las manos a la cabeza, por lo poco ortodoxo de una sesión analítica tan maratoniana "pero, aclara, las situaciones y circunstancias extraordinarias exigen medidas extraordinarias".

La sesión de Leiden tuvo un sorprendente resultado, Freud le dice a Mahler que él buscaba una mujer como su madre, pero además de trabajar sobre cuestiones del nombre de ambas, recorta del objeto un inquietante rasgo, "con una madre tan agobiada por inquietudes como por un gran dolor, usted desea que su mujer sea igual".

Por fortuna Alma tenia una fijación complementaria, "ella amaba a su padre y solo puede elegir y amar a un hombre como usted, su edad que tanto le preocupa, es precisamente lo que le atrae. No tiene porque angustiarse".

Cuando regresaba a Austria Mahler se sentía optimista, con el sentimiento de dejar de estar inmerso en el dolor de cargar con un delito del cual no era causante, pero que a su vez por la implacable fatalidad del destino, lo definía responsable,..... escribe un poema en el tren en el cual hunde la raíz de su tormento,

" Las sombras de la noche se disuelven,

lo que siempre me torturo con terror

ha desaparecido por el poder de una palabra "

Freud recordaba años después en una entrevista que las experiencias infantiles de Mahler tenían una importancia especial en su música y en su neurosis "Su padre, aparentemente un bruto, trataba muy mal a su esposa y cuando Mahler era pequeño tuvieron una escena particularmente dolorosa.

El niño no lo pudo soportar y se fue corriendo de la casa. En aquel momento un organillo callejero estaba tocando una popular tonadilla vienesa, desde entonces quedó inextrincablemente fijada en su mente la conjunción de la gran tragedia con la frivolidad, un estado de animo traía consigo al otro".

La contribución de Mahler a la música clásica era esta polifonía de estados de animo, el músico definía su arte como "un sentido de añoranza que va mas allá de las cosas de este mundo".

En las variaciones del andante en la Cuarta sinfonía, Mahler encuentra una melodía que pone en movimiento a la sonrisa de Santa Ursula, mientras la escribía se le aparecía la cara de su madre tal como la recordaba de niño, con profundas marcas de dolor, "ella que había sufrido sin fin había decidido perdonarlo todo por amor".

Para Shakespeare en La tempestad lo que es pasado es prologo, Mahler va al encuentro de su enigma en la ciudad elegida por Freud, Leiden que en alemán quiere decir sufrimiento.

Sufrimiento que entra en el calculo transferencial del analista. cuando Freud deliberadamente hace recaer en el significante la zona de la cita, sufrimiento que juega su efecto electrizante en la música de un lied de alto lirismo melancólico, que canta a muchachas que siembran lotos a la luz del sol.

Tristeza que conduce al compositor moderno Stokhausen ha definirla "como un rango de pasiones, donde lo más angelical y lo mas animal, sueñan con otras regiones del universo".

Un año después de su experiencia analítica Mahler era llevado en estado agónico a Francia con un diagnostico de endocarditis incurable, días después moría como Beethoven durante una tormenta. Su muerte enciende la creación de Thomas Mann quien pinta en Muerte en Venecia un retrato de Mahler en tecnicolor, transformando la imagen de un hombre atlético y vigoroso, en un viejo achacoso que no tiene nada mejor que hacer, que perseguir a un chico guapo por las calles de una ciudad en decadencia.

El encuentro entre Mahler y Freud abre un surco en el cuerpo del sufrimiento, otorgando letra a un dolor que en sí mismo solo es la extraña expresión de un errático real. Leiden entra en concordancia con el deseo del analista, su presencia aloja un dolor inasimilable para el sujeto.

La lectura sensible producida en el encuentro, dibuja en letras la cicatriz de una pasión indecible. Franqueado el umbral de la separación traumática y salvaje del objeto amado, el dolor del Otro primordial hecha raíz en tierra de Leiden

La verdad para Mahler se aloja en el duelo ignorado por el Otro, el sentimiento de la presencia con todo lo que ella implica de misterio, toma cuerpo en la exacta ambigüedad de la intervención freudiana, la extracción de una viga única de dolor recorta el excedente imaginario de un barroco deseo de pecado, devolviéndole al sujeto la implicación en su enigma, vía regia que soporta una incertidumbre vital.

El acto psicoanalítico artesano de la castración, pone al sujeto en relación a lo real de la transferencia, contorneando el dolor de Alma la pulsión extenúa su textura, hasta el punto donde el cierre efectúa el corte. A partir del hallazgo del objeto el sujeto cambia su relación al goce pudiendo abordar su declaración de sexo y muerte.

Después de la primera guerra mundial la invención de la pulsión de muerte con su fuerza interior se sitúa en la vanguardia del expresionismo y el surrealismo, como un movimiento privilegiado de conservación de la vida, Franz Kafka, Tristán Tzara, Max Ernst, Picasso y otros incorporan el termina freudiano al vocabulario del arte.

Stefan Zweig y Thomas Mann, iban a consultarle como si se tratase de una especie de Oráculo de Delfos. Zwieg escribe " Su claridad para los intelectuales europeos en el exilio, se convirtió en un insistente impulso de vída".

Fue en el noble final de una vida memorable entre la hecatombe de una época criminal, donde el arte acude al lecho mortal de Freud ¡¡escribe Zweig, "Una vez en una de mis ultimas visitas lleve conmigo a Salvador Dali, en mi opinión uno de los pintores mas dotados de la joven generación, que admiraba intensamente a Freud

Mientras hablaba con Freud, él hizo unos apuntes. No me atreví a enseñárselos porque Dali con clarividencia, ya había incorporado la muerte en el relato ".

Ante lo real de la transferencia, el sujeto con clarividencia descubre que su vida jamas se agota en lo que le pasa, desarraigado de una repetición que lo extravía, resigna el goce masoquista, de ser un temible alquimista del dolor.

Finalmente ante lo irremediable transforma la búsqueda en hallazgo, bajo el peso fecundo de una revelación el sufrimiento trasciende el mero padecer, la caída del Otro oracular deja una enseñanza borgeana...

"la espada morirá como el racimo

el cristal no es más frágil que la roca

las cosas son su porvenir de polvo

Adán, el joven padre es tu ceniza

el ultimo jardín será el primero

la aurora es el reflejo del ocaso

el alto muro, la ultrajada ruina

el rostro que se mira en el espejo

no es el de ayer, la noche delicada

de los tiempos lo ha gastado".