Enseñanza, Transmisión y Fin de Análisis

Elena Jabif

(*) Apertura de la Red de Seminarios de la EFBA, 1998.

1918 es el año donde Freud propone la inclusión de la enseñanza del psicoanálisis en la universidad, es la respuesta que daba a un cuestionario formulado por Ferenczi, que poco después iba a ser nombrado profesor de psicoanálisis en la universidad de Budapest. En aquel momento apenas terminada la revolución de 1917 se esperaba que el psicoanálisis se incorporara al contexto de subversión y tomara parte en la renovación de la enseñanza en el seno de una universidad revolucionaria. En esta Hungría el reclamo unánime era el de la verdad desenmascarada. Si bien se esperaba del psicoanálisis la pureza y una verdad inconmovible un Freud apesadumbrado reconocía de manera confidencialmente a Lamp Degrot "que el análisis corrompe el carácter de los analistas", a su vez su confidente le contestaba que "la posición de poder que se les adjudica a los enseñantes con respecto a sus discípulos, hacen que el psicoanálisis deje de comprometerce en su búsqueda de la verdad"

Freud concibió su obra como susceptible de todos los desarrollos y todas las modificaciones, la invención del inconsciente, sexo, castración y muerte, posicionaban al psicoanálisis con relación a la ciencia en una práctica comprometida con la libertad, pero en poco tiempo la fidelidad y un narcisismo colectivo convertían al lenguaje freudiano en ritual, ganando un formalismo más cercano a nivel fantasmático; a los ideales de la ciencia en detrimento de la poesía que Lacan con cierto juego definía como un ardid del analista.

Lacan especulaba sobre el mantenimiento casi religioso de los términos empleados por los post freudianos, al estudiar la experiencia analítica, se preguntaba si los conceptos fundamentales eran conceptos en formación, en movimiento, y concluía diciendo que la mayoría de los conceptos que heredaron los discípulos de Freud, habían sido falseados, quebrados, adulterados, afirmaba "los que son mas difíciles se archivan en un cajón" y remataba diciendo: "la lectura de los fundamentos del psicoanálisis se habían deslizado a una lectura cabalística donde la tradición Hebraica conducía a interpretar los textos, anagramas y letras hasta el limite de la interpretación". La cábala supone a la escritura como un texto absoluto, nada puede estar librado a azar: "nada puede ser casual en un texto absoluto" observa Borges.

El fin del análisis tal como lo entendía Freud no permitía advertir a sus discípulos que se podía ir mas allá de la amenaza de castración, el sujeto quedaba suspendido: si era masculino de la amenaza de castración y si era femenino del pennis neid, esto implicaba que en el fin Freudiano el paciente tanto varón o mujer quedaba reclamando el falo a un Otro que se lo debe. Esta posición ignoraba la relación ilusoria del deseo con su objeto, el problema de un fin enunciado así era lo irreductible de la neurosis de transferencia, que a veces aparecía como un callejón sin salida, desembocando en un perfecto estancamiento de las relaciones del analizado y el analista.

Finalmente la cause del inconsciente se convertía en el limite de la creación freudiana y exponía el abroquelamiento del sujeto en la castración, esta doctrine religiosa creaba un dispositivo que constituía en el Otro un respeto ancestral a la letra del padre, dejando al sujeto cómodamente instalado en la renegación pasionaria de la castración del

Otro

1967 es el año donde Lacan concibe a la experiencia de la práctica del pase como un artificio destinado a ubicar una función lógica que sostuviera la existencia del analista intentando preservar una enseñanza y la Escuela que se funda en ella. En la aventura de avanzar en la lógica clínica de un fin, este artificio acuñado en la historia intima del sujeto, presenta un saber agujereado que permite en su valor de prueba, investigar dificultades halladas en la practica analítica

Un espacio de reflexión basado esencialmente en su valor de transmisión, donde los pasadores muestran una óptima disposición pare dejar pasar el testimonio del pasante, reproducir contagiosamente los sinuosos bordes de una historia de análisis sufrida testimoniando un saber que no cesa de no escribir un estatuto de existencia lógica para un analista

Llegar al fin del análisis implica pare un sujeto encontrar su lugar más verdadero, es advertir el hallazgo de una falta esencial pare el hombre, que se llama deseo y que se traduce en el fin del análisis como castración. La travesía de un fin le transmite a un sorprendido sujeto que su analista, aquél que lo condujo hasta esa frontera por su acto, devino allí algo arrojado, residuos de una antorcha transferencial que descubre en sus cenizas el desser del Otro, finalmente aprende del pase que la caída del S.S.S. ha golpeado el ser de su analista.

La castración del Otro implica una caída que enfrenta al sujeto con su fondo, en el cual un hombre aprende que ante lo real no puede esperar ayuda de nadie, en este sentido es donde Lacan apuesta a que ese fin sea didáctico, el sujeto debe alcanzar y conocer el desasosiego absoluto ante la castración del Otro .esto se traduce en la esterilidad de la dispute con el Otro, el sujeto advertido de que la castración es incurable se sirve de ella pare ir mas allá de ella

Esta revelación, es una enseñanza que no tiene nada de doxa, porque no es una revelación del Otro, y nos conduce a pensar un psicoanálisis siempre abierto a nuevas letras pare los analistas y su formación.

La experiencia del pase así como la pensó Lacan, permitió crear un dispositivo que echaba luces sobre el fin del análisis, y que permite reencontrarse al modo de un aprendizaje, con eso de lo cual se esta prisionero, con eso de lo que se esta cautivo. Es descubrir la cara Real de eso en lo que se esta enredado. E1 pase enseña que el deseo del analista ha advertido la armadura que sostiene al sujeto, esto quiere decir que el análisis no consiste en que un sujeto este liberado de sus síntomas, sino en que el sujeto sepa (en este sentido el análisis es didáctico) que sepa porque esta enredado en lo simbólico, en sus marcas y en sus consecuencias que son sus síntomas, el análisis consiste en darse cuenta porque se tienen esos síntomas, en este sentido su suerte esta ligada al saber, saber desembrollarlo, manipularlo, desenvolverse con él, saber hacer allí con su síntoma ese es el arte, el arte de su sinthome.

Pero lo más interesante es que el sujeto no solo aprende como lo ha enredado su inconsciente, sino que su destino de ser sexuado lo ha puesto en un mundo donde lo Real esta allí. "Como lo dice el poeta... nada nuevo emerge si no se encuentra el hombre con la muerte"

Es posible hacer de la transmisión de la experiencia del pase enseñanza. Este saldo de transmisión es lo que permite que la nominación de analista de escuela no sea una más de las nominaciones de la serie paterna, además permite acceder a un saber contingente, no standard, incluso inventado sobre la no-relación sexual, al enfrentarse el sujeto a la lógica de un particular real, a la lógica de lo imposible de cada uno, la teoría deja de ser filosofía y la experiencia una empiria, el pase es la condición de una nueva epistemología adecuada al objeto del psicoanálisis, donde no hay un analista universal ni un psicoanálisis sin limites, a partir de aquí en la note italiana Lacan formula un principio "no hay un saber universal sobre el ser del analista" "no hay analista sin transmisión"

Efectivamente, la puesta de Lacan era la de hacer del psicoanálisis algo del orden de lo transmitible. Lo que esta en juego en el pase es justamente el punto en el cual se puede demostrar y transmitir que la experiencia analítica no es del orden de lo inefable y que el pasaje de analizante a analista no involucra una experiencia mítica. Es decir que hay en ello un esfuerzo epistemico pare hacer pasar el psicoanálisis al terreno de la ciencia, aunque en rigor se bate de una praxis. Finalmente podemos decir que lo fundamental en el orden de la transmisión, en las distintas modalidades que puede tomar pero sobre todo con respecto al pase, es que lo que se puede transmitir corresponde a una cierta relación con el deseo. Desde esta perspectiva, la transmisión respondería a una articulación del deseo y del saber, susceptible de poner en evidencia una forma de decir, por la cual algo del deseo, con respecto al goce podría decirse y ser transmitido .

Heidegger nombro "Gelassenheit" a la ecuanimidad del alma, serenidad frente a la presencia de los objetos del mundo, un espíritu abierto al secreto que pone en marcha al deseo, serenidad del alma dirigida hacia un horizonte incierto, Serafín un animalito inventado por Kovadloff suspiraba con sus ojos de colores cambiantes desde un cuento infantil, rogando que alguien se anime a inventarlo. E1 curioso animalito marchó a Buenos Aires en busca de un escritor de cuentos: "¡Como me gustaría que alguien se animara a inventarme! (le confeso lleno de esperanza)"

E1 escritor de cuentos carraspea y lo miro de reojo: -¿Sabe lo que pasa, mi querido señor? A mí nunca se me ocurriría inventar un animalito como usted. -¿Por qué? Le pregunto el animalito haciendo pucheros. -Bueno... contestó el escritor de cuentos con un poco de vergüenza y casi en secreto; porque en este país no se puede decir todo lo que uno quiere, en este país hay una dictadura ¿Lo sabia usted? Y además -aquí la voz del escritor tembló- yo no tengo mucha imaginación. Una voz le dice "solo podrá inventarte quien se anime a ser feliz", ¿¡quien se anima!? Pregunta el curioso animalito, parpadeando y llenando la pieza de reflejos, le contestan: "Los que juegan y sueñan y amen todo lo insospechado"

Así nació Serafín en la case de cal blanca y en los brazos de María una nena pecosa, peinada con trensas. Los chicos no se cansaban de él porque era cierto y era de mentirita, era un juguete y era un ser vivo, era como uno pensaba que alguien podría ser y también era como a uno nunca se le hubiera ocurrido.

Era real y era un sueño, por eso cabría en todas partes y nunca molestaba, solo animándose a ser feliz se podía estar con él, y Serafín el curioso animalito inventado por María aprendió a reír.

Gelassenheit Heideggeriano serenidad del alma, se recupera inesperadamente en el fin del análisis, entre lo real y el sueño el sujeto acepta que las contingencias creen nuevos mundos, fuera de la inercia fantasmática. Este aprendizaje deja un resto, en la frescura del cuento, a lo animal: no merece que se le dedique otro signo, mas que la risa.