wpe6.jpg (2288 bytes)

Variantes de la Cura Tipo

Haydée Heinrich

(*) Jornadas Aniversario "30 años de Escuela (1974-2004)". Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1, 2, 3 y 4 de Julio de 2004.

Sabemos que la melancolía, en los términos en que la plantea Freud, en lo manifiesto tiene que ver con una pérdida en relación a la cual el sujeto no puede tramitar el duelo. Y que allí se abre un tiempo de tristeza que no tiene fin. Tristeza nao tem fin, dice Vinicius. Hace poco encontré una frase de Rep, en la contratapa de Página 12, que decía: tristeza nao tem principio…

La pregunta que quisiera compartir con ustedes es si podemos decir algo acerca de esa otra melancolía, esos estados de tristeza y desesperación que no tienen comienzo, que no se desencadenan por una pérdida o decepción, sino que, de algún modo acompañan al sujeto desde toda la vida.

Si hay algo que define a la melancolía es el dolor, y en la clínica vemos que el sujeto –cuando no se conforma con las acusaciones contenidas en quejas, lamentos y autorreproches - puede inventar otros artilugios para liberarse de ese dolor, y que en ese intento, muchas veces hace cosas locas.

¿Cómo pensar esas cosas locas? Lejos de desestimarlas, entiendo que hay que reconocer que son las maneras que el sujeto ha encontrado, por el momento y a falta de otras más eficaces, de combatir su dolor inconmensurable. Se trate de una adicción, de un acting o de un intento de suicidio.

Ahora bien, una de estas cosas a las que puede aferrarse el sujeto en su deseperación, y a la que quisiera referirme hoy, es a la ilusión de encontrar su salvación mediante el amor; lo distintivo de ese amor es que se trata de un amor pasional: ilimitado, fusional, absoluto, y que tiene como misión redimirlo de tanta tristeza y soledad. La pasión como un intento de curarse de la melancolía.

(p.245) "Todas las noches me siento en mi apartamento y espero que den las doce, - dice Elizabeth Wurtzel en su libro autobiográfico Nación Prozac - agarrotada por el miedo a que Jack no me llame, aterrada de que no me quiera ver, de que se vaya con otra, segura de que si tal cosa llega a suceder no tendré más remedio que meterme en mi bañera anticuada y teñir de borgoña el agua caliente, con la sangre que me brote de las muñecas. Apenas lo conozco, nuestra historia empezó hace sólo dos semanas, pero estoy totalmente obsesionada desde el primer día. (...) La verdad es que si no fuera una idea tan devastadora, podría incluso admitir que Jack no significa nada. Da lo mismo quién sea él;. (...) Me engancho a todo y termino sin nada, sintiéndome indefensa. Lloro la pérdida de algo que nunca he tenido. Estoy enferma, muy enferma. Dios, cómo echo de menos a mi madre en todo momento. Mi madre, por descontado, últimamente no me habla. Sólo estamos yo, Jack y la botella."

Subrayo: devastación, obsesión, suicidio, indefensión, todo, nada, nunca.

Al poco tiempo, su novio es otro, Rafe: (p.297) "Vivo en total oscuridad, con la constante esperanza de que Rafe me llame, o pensando en llamarle. (...) Lloro por la naturaleza elusiva del amor, la imposibilidad de tener a alguien siempre y por entero que sea capaz de colmar el hueco, ese hueco abierto en mí se ha llenado ahora de pura depresión. (…)

Al cabo de un tiempo llegué a un punto en el cual ni siguiera me bastaba estar con Rafe. Siempre estaba demasiado lejos. Hasta cuando follábamos, hasta cuando él estaba dentro de mí, tan a fondo como puede estarlo un ser vivo, lo sentía tan lejos como si estuviera en Marte, en Júpiter o en Venus

Obviamente tampoco esta relación podía durar, pero ¿podemos decir que la depresión posterior de Elizabeth es por no poder hacer el duelo por esta pérdida, o es que esa relación ya está marcada desde el inicio por la imposibilidad de la pérdida?

Por la imposibilidad de soportar la pérdida que implica el fort, porque sin fort no hay da, no en la separación final, sino en la separación que hay en el más mínimo parpadeo y también por la distancia inexorable que hay estando juntos.

Sabemos que la melancolía ya está presente en la elección narcisista del objeto y en el modo adictivo de relacionarse con él, mucho antes de que se lo pierda. Creo que de esto se trata en esta pasión, que no es amor y que no es enamoramiento.

En su libro "Las pasiones intratables", Jacques Hassoun (p.14) dice que la pasión es insaciable, que tiene una estructura binaria, devoradora. Y que el objeto de la pasión es llamado a sostener el narcisismo desfalleciente del apasionado. Y que el objeto se revela siempre insatisfactorio, aún en el momento en que está más presente.

En el amor, en cambio, está en juego la falta y la alternancia del fort-da, el amor es efecto del significante, incluye la separación; si el amor es "dar lo que no se tiene", es porque en el amor está contemplada la castración.

Y así como hay sujetos que se hacen adictos a personas, otros se hacen adictos a sustancias. Jacques Hassoun, plantea concretamente que la anorexia, la bulimia y la toxicomanía son equivalentes sintomáticos de la melancolía, y propone a la pasión como reverso de la melancolía.

¿Pero qué es lo que hace que para un sujeto la separación, el fort, sea insoportable?

Hay distintos modos de plantear esto, pero hoy quisiera seguir el razonamiento que nos propone Jacques Hassoun: él dice que en la melancolía el problema es que la madre no pudo ceder el seno. Estamos hablando del tiempo lógico en el que el primer objeto, el objeto oral, tiene que poder ser dado por perdido POR LA MADRE, para que este destete inscriba una primera pérdida por la cual realizar un duelo.

En Posición del Inconsciente, Lacan plantea que la función del destete prefigura la castración. No es el niño el que tiene que perder el seno, es la madre primariamente, dice: es entre el pecho y la madre donde pasa el plano de separación que hace del pecho el objeto perdido que está en causa en el deseo.

El destete supone que la madre sea capaz de entender que en el amamantamiento es ella quien pierde el seno. Su destete, dice Jacques Hassoun, volvería entonces posible el del niño. El niño sólo puede ceder lo que está constituido como perdido para el Otro. Es en esta operación que se constituye el objeto.

Por el contrario, si la madre no acompaña al niño en el destete no se estará inscribiendo el significante pérdida, es decir que no se está inscribiendo un primer duelo que es necesario para afrontar futuras pérdidas y tramitar el duelo por ellas.

Tampoco se produce el objeto en su estatuto de perdido, que tendría que ser el posterior objeto causa de deseo. Y al no desprenderse ese objeto, el sujeto no podrá identificarse al objeto en tanto perdido, con el valor fálico que esto conlleva, sino que quedará retenido en una identificación mortifera a ese objeto en tanto resto. ¿Quién podría desearlo en esa posición de resto?

El encuentro con el otro, estará entonces fatalmente marcado por la necesidad de encontrar, por una vez en la vida, una prueba de amor infinito que demuestre que su certeza de no poder ser deseado por nadie, es incorrecta. Es en esta ilusión que cifrará cada vez su apasionada e infructuosa esperanza, que será vivida como su última chance.

Ahora bien, ¿cómo transcurre el análisis de un sujeto, para quien la transferencia, cuando con suerte se instala, no lo hará por la vía del amor sino, necesariamente, de la pasión? Ofensas, reproches, demandas pasionales a todo o nada, a cualquier hora del día y de la noche, a matar o morir. ¿Qué interpretar? ¿Qué decir que no sobre?

Creo que es en transferencia que deberá introducirse la falta de modo tal, que entreabra la posibilidad de soportar una despedida que anuncie un reencuentro, una frustración que no sea devastación, una separación que no sea desaparición, un encuentro que no será total sino fallido: ausencia en la presencia y presencia en la ausencia, es decir, un fort que incluya un da y un da que incluya un fort.

Como regalo de Navidad, le envié una vez a una paciente un mail con unos párrafos del Principito, en los que el zorro le pedía que lo domestique. No sé si lo hice por la desesperación de ella o por la mía, o tal vez para decirle que finalmente había entendido algo de lo que ella, sin saberlo, me estaba enseñando.

"¿Qué significa domesticar?" le pregunta el principito al zorro. Apprivoiser, según el diccionario, efectivamente, significa domesticar, hacer que un animal sea menos salvaje, y en sentido figurado es hacer que una persona sea más sociable, más dócil.

¿Podríamos traducirlo entonces por "sosegar" o tal vez por "apaciguar"? ¿Será eso "hacer entrar al elefante en el cercado, hacer que el caballo salvaje dé vueltas en el picadero"? ¿Se tratará en estos análisis de ingeniárnoslas, pacientemente, para sosegar a quien no tiene sosiego, para apaciguar a quien no tiene paz?

- "¿Qué significa domesticar? preguntó el principito.

- Es una cosa demasiado olvidada, dijo el zorro. Significa "crear lazos…"

- ¿Crear lazos?

- Por supuesto, dijo el zorro. Por ahora no eres para mí más que un niñito similar a cien mil niñitos. Y yo no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. Yo no soy para ti más que un zorro similar a cien mil zorros. Pero si me domesticas, nos necesitaremos mutuamente. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo…

- Mi vida es monótona, dijo el zorro.(…) Pero si tú me domesticas, mi vida se llenará de sol. (...) Y además, mira! ¿Ves allá los campos de trigo? Yo no como pan. (…) Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Y eso es triste! Pero tu tienes cabellos dorados. ¡Entonces será maravilloso cuando me hayas domesticado! El trigo, que es dorado, me hará acordar de ti. Y yo amaré el ruido del viento en el trigo…

El zorro hizo silencio y miró largamente al principito:

- Por favor, ¡domesticame!, dijo.

- Yo quisiera, respondió el principito, pero no tengo mucho tiempo. Tengo amigos que descubrir y muchas cosas por conocer.

- No se conoce más que lo que se domestica, dijo el zorro. (…) Si quieres un amigo, domesticame!

- ¿Y qué hay que hacer? dijo el principito.

- Hay que ser muy paciente, respondió el zorro. Te sentarás primero un poco lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y tu no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca… (…)

Al día siguiente volvió el principito.

- Hubiera sido mejor que volvieras a la misma hora, dijo el zorro. Si tu vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, desde las tres que yo empezaré a estar feliz. A medida que avance el tiempo, más feliz me sentiré. Pero si vienes a cualquier hora, no sabré nunca a qué hora preparar mi corazón… los rituales son necesarios.

Así fue que el principito domesticó al zorro. Y cuando se acercó la hora de la despedida:

- Ah! dijo el zorro… voy a llorar.

- Es tu culpa, dijo el principito, no quería hacerte daño, pero tu querías que te domestique…

- Por supuesto, dijo el zorro.

- Pero vas a llorar! dijo el principito.

- Por supuesto, dijo el zorro.

- Entonces, no ganas nada!

- Claro que gano, dijo el zorro, por el color del trigo."