MODERNIDAD Y POSTMODERNIDAD (parte I)

Oscar A. González (1994)

Introducción

El debate modernidad – postmodernidad tiene sus dificultades porque para algunos la postmodernidad es parte de la modernidad misma, mientras que para otros, es un indicativo del fin de la modernidad.

Además unos y otros por momentos parecen querer ser los autores de cierta ruptura. Hay acuerdo sobre el hecho de qué cierta ruptura está en juego, lo que se discute es ¿qué tipo de ruptura es? ¿Quién la generó? ¿Quién es el autor?, y también, ¿qué se rompió?.

Podríamos decirlo del siguiente modo: la caída de los grandes ideales y de las utopías ¿señalan necesariamente el fracaso de la modernidad, o es la misma en estado de resolución?

Entonces ¿qué es la modernidad? y ¿qué es la postmodernidad?, éstas son nuestras preguntas de hoy.

Viano dice en "Los paradigmas de la modernidad"[1] que la misma es un concepto autorreferencial. Brinda el siguiente ejemplo: los griegos pensaban que eran modernos respecto a los egipcios; los eruditos alejandrinos respecto a los artistas clásicos, etc. O sea que aquí lo moderno se instala sobre un fondo de "decadencia" o "primitivismo previo". Lo moderno es lo mejor en relación a lo anterior y lo moderno es lo que rompe con algo que queda atrás.

Por otro lado Maldonado en "El movimiento moderno y la cuestión post" [2] dice que "post" es un prefijo por el cual se pretende persuadir que hay un después, luego remata diciendo: "hablan de Post pero, en último análisis, lo que tienen en mente es un Pre."

Son dos citas que parecen anunciar una crítica a la modernidad como tendencia a lo mejor, y a la postmodernidad como retorno a la premodernidad tras una promesa encubierta de algo por venir.

Me parece que donde no hay demasiadas discrepancias es en el diagnóstico de la era que vivimos, ahí casi todos parecen coincidir.

Lipovetsky en La era del vacío [3] describe así la actualidad postmoderna: "estamos frente a un proceso de retracción del tiempo social e individual donde el individuo reclama cada vez más el derecho a realizarse. En otra parte afirma: "es la edad del deslizamiento: del windsurf, del skate, del Ala Delta, etc." En consonancia con esto dice Miller en Matemas II [4]-[5] : "...metonimia al infinito donde la verdad última es que no hay verdad última, donde la palabra final es que no hay fin (...) Yo lo llamaré por mi parte metonimismo (otros decontructivismo)."Era del deslizamiento y de la metonimia.

"Se pretende una vida sin imperativo categórico. Todo es a la carta: trabajo a domicilio, restaurantes superespecializados, psicoterapias dinámicas con técnicas rápidas en lugar de lo tratamientos llamados intelectualistas." Sigo con Lipovetsky: "Descompromiso del Estado, indiferencia y relativismo: ¿quién cree en el saber, el poder, el trabajo, el ejército, la familia, la iglesia, los partidos políticos, etc?"[6]

Observamos un predominio de la indiferencia y la frivolidad, este autor llama neonarcisismo al estado del hombre actual en tanto que la cuestión gira en torno a: "cuidar la salud, obsesión por el cuerpo y por el sexo; hay un intento de reciclar una juventud infinita . Pánico a la degradación del cuerpo, se vive sólo el presente."

Se observa una "ausencias de lo trágico"; la Guerra del Golfo, televisión mediante, alcanzó el mismo estatuto que una película de aventuras.

Se impone una "ética hedonista" y un culto a la intimidad. Se socava la "ética protestante" por un capitalismo que provee créditos y tarjetas que permiten el acceso al objeto inmediatamente, y no con el consumo y el ahorro de aquella ética protestante.

En lo religioso surge un creyente sui generis, se mezclan los Evangelios con el Corán y el budismo Zen. Se puede ser unos meses cristiano, otro budista, etc.

En el arte se ve que ya no hay estilos nuevos, "todo está ahí" sólo se trata de combinarlos. Estamos ante un eclecticismo que combina todos los estilos de todas las épocas.

La moda pret-a-porter reemplazó a la alta costura, el desaliño y el desenfado son moneda corriente.

"El Yo se realiza y se convierte en el gran objeto de culto de la postmodernidad"[7]

En fin, podríamos seguir describiendo la situación actual, pero prefiero hacer un cierto recorrido para rastrear el problema en sus raíces. En todo caso tal vez después podamos retomar los hechos actuales y reubicarlos con los parámetros que vamos a abrir.

Para esto haremos una breve reseña de la razón y pensé tomar algunas de las afirmaciones de Kant, Hegel y Nietzsche que dieron lugar al debate que nos convoca.[8]

Quedan de lado por razones de tiempo autores fundamentales como Descartes y Heidegger entre otros.

Ustedes saben que la razón nace en Grecia. En el siglo V a.C. con Sócrates, Platón y los sofistas tenemos pruebas de su existencia. En realidad los griegos inventan la razón occidental, que es la que nosotros recibimos.

La razón viaja a través de los siglos bajo el ala y el control de lo tradicional. Cuando llega el Siglo XVI o XVII se desata una fuerte conmoción: todo lo establecido es cuestionado. De este modo la razón penetra en áreas impensadas, en áreas prohibidas que eran propiedad exclusiva del orden religioso. En lugar de custodiar lo tradicional, ahora la razón cuestiona y acomete contra ello.

La razón abre entonces un punto de fractura, de ruptura con el orden tradicional.

Aquí tenemos una primera cuestión, Tra-dición implica que algo ha de transmitirse eternamente, algo que no debe interrogarse.[9] Pues bien, la razón mete sus narices ahí precisamente.

Esta es la razón moderna, que cuestiona la armonía que el orden tradicional sostenía con sus supuestos teológicos, cosmológicos, etc. Los mitos permitían al orden tradicional que cada pieza tuviera su lugar en un universo armónico. Estos mitos caen y surge la ideología en su lugar.

La razón moderna surge como un instrumento que ilumina zonas oscuras del espíritu humano, su objetivo es sacar al hombre y liberarlo de las sombras que lo envuelven. Al respecto Voltaire decía: "liberar al hombre de las supersticiones"[10].

De lo anterior deriva el término iluminismo o Siglo de las Luces.

En la contratapa de los Escritos II de J. Lacan se hace alusión a que el texto mencionado prosigue un debate "siempre el mismo" – dice – se reconoce por ser el debate de las luces." Lo que quiere decir que el psicoanálisis para Lacan se encuentra dentro del debate de las luces, es parte del mismo.[11]

Prosigamos con nuestro itinerario de la razón. Decíamos que en la modernidad la razón comienza un crítica al dogma tradicional y por ello entra en conflicto con la fe. Razón versus fe.

Para llevar a acabo dicha empresa la razón a aprendido a hablar un nuevo lenguaje: el lenguaje matemático o si prefieren, físico matemático.

La física y la matemática ofrecen ahora una imagen de racionalidad integral y transparencia absoluta.

No hay nada que pueda escapar a la inteligencia humana, Galileo afirma que hasta lo sensible es inteligible.

Es tal el deslumbramiento por este lenguaje físico matemático que Descartes –fundador de la modernidad según Hegel- dice que la perfección divina exige que Dios mismo escriba en ese lenguaje matemático.

A la vez, el lenguaje matemático hace operable a la Naturaleza y la estabiliza.[12]

Es en el seno de este clima de euforia que el iluminismo romántico alemán y el racionalismo francés –enciclopedismo- escriben las primeras letras de la modernidad con profundas expectativas de conquista y con fascinación por las certezas y profecías que esta era anuncia.

El anhelo moderno consiste en que el hombre se haga dueño y poseedor de la naturaleza. Pero este afán de dominio y conquista traerá también el dominio sistemático de unos hombres por otros hombres, explotación racional del hombre sobre el hombre.

Esa razón que puede clasificar –la clase de los blancos, la clase de los negros- es la misma que lleva el germen de la segregación. Segregación que puede estar inclusive justificada racionalmente, matemáticamente como en el caso de los neodarwinianos contando las circunvoluciones cerebrales en negros y en blancos para demostrar la supuesta superioridad de estos últimos.

Si tradicionalmente el orden social y político era sobreentendido como algo dado naturalmente, ahora surgen disciplinas autónomas. De este modo en política se dividen las aguas; por un lado un mundo espiritual donde reinan Dios y sus representantes sobre la tierra, y por el otro, el orden temporal con un soberano (el pueblo de la Revolución Francesa).

Esta sencilla separación implica en realidad, el paso de muchos siglos y el proceso de dejar atrás la idea de que el poder emana de lo divino.

Con el soberano surge el Estado Moderno, una especie de nuevo Dios que va a ir creciendo de modo tal que hará decir a Hobbes que: "Durante todo el tiempo que los hombres viven sin un poder común que los mantenga a raya se hallan en las condiciones que se denomina guerra..."[13].

Este "poder común" sería el Estado y entre líneas uno puede leer en la cita que él es tan poderosos y bondadoso que podría erradicar la guerra o al menos controlarla. Es decir que el Estado es sí mismo el que garantiza las condiciones de pacificación, es un exceso total.

De este modo tenemos que en la modernidad se da un pasaje muy importante porque el hombre se va desprendiendo de la dependencia a lo tradicional y se va sometiendo a lo que él mismo ha creado: el Estado Soberano.

Este estado, si bien habilita la participación popular por medio de su "representación" va a ir generando fuertes dolores de cabeza porque dará lugar al terrorismo de Estado.

Si en un principio el Estado es como un Dios que puede regular justamente los conflictos humanos desde un más allá de dichos conflictos, posteriormente Marx, Engels y luego Lenin van a denunciar que no está por encima de las clases sociales: o es un Estado burgués (capitalista) o es un Estado proletario (dictadura del proletariado en el comunismo).

Vemos así surgir la política como disciplina autónoma, pues bien, algo similar ocurre con la economía de la mano de Adam Smith y con la historia que puede razonar el pasado hasta el presente.

Además la razón tiene su sujeto, el sujeto del conocimiento. Sujeto que es el fundamento, el sustrato desde donde se legitiman los hechos.

Historia y sujeto son dos términos que debemos retener porque son ellos los que habrían desaparecido, según los teóricos de la postmodernidad.

Veamos ahora cómo Hegel trae el problema de la historia y del saber absoluto. El lleva las cosas a un punto realmente inaudito, a una especie de "locura del saber". Es asombroso que alguien llegara a poner las cosas ahí donde la realización de la razón marcara su cúspide y también lo que podría ser su ocaso.

El sistema hegeliano es circular y su cierre indica el momento en que se alcanzó ese saber absoluto.

Hegel nos va a servir para ubicar una especie de "apoteosis de la razón" donde finalmente se pretende alcanzar un saber absoluto, un saber sin resto: "Todo lo real es racional y todo lo racional es real".

Sentencia que presume el saber absoluto de un todo discursivo, de un "universo de discurso".

Al esquema hegeliano lo represento del siguiente modo:

Estamos en el punto "A" , allí tenemos el "ser en sí", la Tesis. En un segundo tiempo surge la negación (-), eta es la operación más importante de la dialéctica, aquí se constituye la Antítesis por acción de la actividad negatriz. Por último el tiempo de la Síntesis que contiene tanto el "A" como el menos. Este nuevo estado del ser se alcanza por superación, eso quiere decir que ahora la negación no permanece autónoma, sino afectando a un ser específico al que lo determina: ( – A). La muerte ha determinado al ser.

Esta síntesis pasa a ser luego la tesis de otro ciclo dialéctico, partiendo ahora de que –A=B. Luego "B", como acabo de decir entra a ser la tesis de otro ciclo dialéctico.

Esta dinámica continúa así hasta llegar al punto "-N" (ver gráfico), allí ocurre algo muy importante dice Hegel: se termina el ciclo activo de la dialéctica porque negar "N" es afirmar "A".[14]

Es decir que -N=A, allí se produce la realización de la razón, se alcanza la verdad total. Se trata del saber absoluto.

Es también el punto donde el Estado es todo puesto que aquí Hegel ve surgir el "Estado Superior Libre", que es para él, el "Estado prusiano" (napoleónico). Un estrado universal.

Kojéve dice en Introducción a la lectura de Hegel: "Napoleón culmina la historia". Hegel se da cuenta de ello. Es el "saber absoluto", que ya no deberá ser modificado ni completado puesto que ya no habrá nada nuevo en el mundo . Este saber describe la totalidad de lo real: es la verdad, total y definitiva."

Retomando, el advenimiento del Estado mundial es para Hegel el anuncio del fin de la Historia. Ya no queda nada nuevo por negar ni afirma.

Esto es relevante porque "el fin de la Historia" es uno de los caballitos de batalla del postmodernismo, donde desde cierta lectura, tal vez selectiva de Hegel, concluyen también que es el fin del sujeto.

Volviendo a Hegel podemos observar algo más, y es que la Historia es para él es el desarrollo del espíritu y posee una finalidad – un telos – un fin hacia el que se tiende.

Pensar que en este desarrollo hay una finalidad trae consecuencias; ha servido para justificar hasta los más terribles horrores como una etapa que era necesaria atravesar para alcanzar otra supuestamente mejor. Es decir, que en nombre del progreso – otro término esencialmente moderno – se puede llagar a justificar cualquier cosa.

Dejamos descansar un poco a Hegel y vayamos a dialogar un poco con Kant. Mucho más prudente, menos seducido por el "saber absoluto" había captado ya este problema y por eso pretende encontrar los límites de la razón con la razón.

Entonces, tenemos por un lado el ascenso de la razón que llega a la cima con Hegel, ahora Kant busca sus límites (no es que Kant venga después ya que nació antes que aquel).

Se pregunta sobre las condiciones necesarias para que el conocimiento sea posible. Habla de una razón pura, de categorías y del pasaje por la verificación para lograr que una hipótesis sea verdadera. Deja el campo a la ciencia para que se expida sobre lo que es o no verdadero.

Pero Kant está advertido de que hay algo que no puede conocido, es "la cosa en sí" ("nóumeno"). Afirma que el hombre no puede conocer la causa primera, lo que podrá alcanzar es, en todo caso, un saber formal.

A lo que voy es que Kant no adhiere al saber absoluto; pero cuando pasa a la razón práctica, al acto moral del hombre, sí, reintroduce lo absoluto. ¿Cómo? Por medio de las conocidas Máximas Kantianas: "Actúa de tal forma que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre como principio de legislación universal."[15]

Acá la experiencia de lo absoluto es singular, pero vale para todos. La máxima surge cuando el sujeto considera que ciertos principios prácticos contienen una determinación universal conforme a su voluntad individual.

Con Kant se da un pasaje de "estar bien en el bien" (hedonismo) a "estar bien conforme a la Ley". Es la pretensión de desear conforme a la Ley, lo que implica la transformación del deseo del Otro en demanda del Otro. Neurotización de la filosofía.

Rescatemos la experiencia moral porque este es un punto en el que los postmodernos parecen no poder dar una respuesta, luego veremos.

El pensamiento kantiano abre a la experimentación y a la verificación científica sin caer en el positivismo de Comte, quien suponía que la "sociedad científica" o la "Ciencia" iban a terminar con la metafísica. Kant dice ¡No!, algo no entra en ese campo, razón por la cual la metafísica sigue pataleando.

Es decir que Kant no cree en una verdad total . El conocimiento verdadero es el que surge del campo experimental y del racionalismo crítico trascendental.

Mientras nos abocábamos a Hegel y a Kant, si agudizamos nuestros oídos, vamos a oír una sarcástica carcajada. Es la de otro gran pensador, ¿de quién se trata? Se trata de Nietzsche.

Él no va a tratar de acotar la razón con la razón como Kant. Va más allá; propone arrasar con todo ese discurso engañoso de la razón.

Acusa a Sócrates de demostrar lo que la razón quiere demostrar, le adjudica un método tautológico y mentiroso de validación: es verdadero sólo lo que es verdadero para la razón.

Nietzsche deja de lado el problema de la verdad por considerarlo un falso problema, lo reemplaza por el de los valores. De este modo habría valores nobles que son los que afirman la vida positivamente y valores mediocres que niegan la misma.

Descree de la razón y anuncia la muerte de Dios entre otras cosas (esto se puede leer en El jubilado).[16]

Además ve en el Estado un enemigo del pueblo, un obstáculo para la afirmación de la voluntad de poder.[17]

Esta voluntad de poder, que nada tiene que ver con la razón, es un instrumento fundamental para iniciar el tránsito hacia el superhombre.

El tenaz enfrentamiento a lo racional hizo que los postmodernos hallaran en Nietzsche argumentaciones que terminaron haciéndolas propias. Podríamos pensar que parte de la polémica modernidad – postmodernidad nace con el cuestionamiento a la razón moderna y su universalización.

¿Recuerdan que vimos claramente el "finalismo" en Hegel? Bien, Nietzsche dice al respecto que "no hay ley según la cual desarrollarse..."No hay para él, tal finalismo, rompe con eso.

Gianni Váttimo, uno de los teóricos más serios del postmodernismo dice: "la idea de superación que tanta importancia tiene en toda la filosofía moderna, concibe el curso del pensamiento como un desarrollo progresivo en el cual lo nuevo se identifica con lo valioso en virtud de la mediación de la recuperación y de la apropiación del fundamento-origen (...)es puesta radicalmente en tela de juicio."[18]

La Historia, que alcanza un estatuto ontológico, es para los modernos el discurrir del progreso y la superación.

Los postmodernos pretenderán la "disolución" de la categoría de "lo nuevo". En este sentido, lo "postmoderno" es "post-histórico" o si se quiere "a-histórico", al menos esa es la pretensión. Recuerden que el fin de la Historia lo abrió Hegel. El progreso con su renovación continua supone una novedad cada mañana, pero eso ahora devino rutina, ya no hay revolución. En este sentido, el futuro que promete la modernidad es un futuro vacío, según este autor.

Prosigo con Váttimo: "el hombre moderno hace de la lectura de los diarios "su oración matutina", en cambio el hombre postmoderno está más centrado en su época: simultaneidad, contemporaneidad, deshistorización de la experiencia..." [19]

Los postmodernos toman de Nietzsche el nihilismo entendido como "situación en la cual el hombre abandona el centro y se dirige hacia una X." Lo que pasa que parece un nihilismo sin lo trágico.

La muerte de Dios que anuncia Nietzsche es esa "desvalorización de los valores supremos". Nosotros hemos visto por otro lado, que la muerte del padre en Freud es una forma de preservarlo. Para Váttimo no hay dudas de que "la postmodernidad filosófica nace con la obra de Nietzsche".

Luego agrega que el hombre del siglo XIX padece de un exceso de conciencia y esto le impide producir una verdadera novedad filosófica. A esto llama "enfermedad histórica".

Comentando a Nietzsche en Humano demasiado humano escribe: "Si la modernidad se define como la época de la superación, de la novedad que envejece y es sustituida inmediatamente por una novedad más nueva, en un movimiento incesante que desalienta toda creatividad al mismo tiempo que la exige

Y la impone como única forma de vida...si ello es así no se podría salir de la modernidad pensando en superarla."[20]

Es decir que la superación es una categoría moderna y que para ir más allá es necesario abandonarla. La "superación crítica" no es salida para él. Cuando dice "superación crítica" se refiere al "neokantismo" que tiene en J. Habermas su más fiel exponente y que es para muchos uno de los últimos héroes intelectuales que aún vive. Luego hablaremos de este autor porque es quien hace una crítica muy firme al postmodernismo. Los considera representantes del conservadurismo.

Váttimo dice que el "conocimiento" no es más que una serie de metaforizaciones que tratan de ajustarse a la "palabra justa, canonizada", a lo consensual y convencional. Por eso sostiene que la noción de verdad se disuelve. No hay verdad última: hay aperturas históricas.

Desde esta óptica la rememoración no es más que la función de vivir, es algo en sí, no tiene la función de preparar algo, es emancipación en sí mismo. En otras palabras: no hay finalismo.

Para esta corriente del pensamiento las grandes verdades han caído, el saber absoluto también, sólo se puede esperar un saber residual o una verdad débil. Se trataría de una "verdad aligerada" por estar menos tensionada la oposición metafísica sujeto-objeto, o verdad-fundamento. Todo eso pierde peso.

Hagamos un primer repaso de lo dicho hasta acá:

- En la modernidad la razón es ordenadora.

- La modernidad trae aires de libertad y de ruptura con lo tradicional.

- Surge la universalización, la tendencia a la unificación global.

- Se cuenta con un nuevo lenguaje: el físico matemático con utopía de resolución.

- La ciencia rechaza al sujeto que el psicoanálisis hará suyo.

- Con Hegel se llega al saber absoluto.

- La muerte de Dios en la pluma de Nietzsche.

- Se autonomizan la Historia, la política, la economía, etc. "El arte por el arte", consigna harto conocida señala el desprendimiento de lo sagrado y de las cortes.

- Creación del Estado omnipotente.

- Idea de progreso basado en la noción de superación hacia algo mejor en pos de una finalidad.

Cuando en psicoanálisis hablamos de "progreso en la dirección de la cura"¿en qué sentido lo hacemos? Seguramente no lo hacemos en un progreso "hacia delante" sino paradójicamente de un progreso que acarrea inexorablemente el incremento de la regresión. Una especie de regresión progrediente.

- Como efectos de la modernización podemos observar también la intervención de centros hegemónicos sobre áreas periféricas dependientes.

- Con el progreso, con el "telos", surge el "futuro" y las grandes profecías, las llamadas "narraciones utópicas de lo nuevo" que prometen libertad, igualdad, soberanía de los pueblos y equidad en la repartición de las riquezas. Es decir, hay un proyecto de emancipación. Lo anterior hace pensar que "una modernidad sin utopías no es modernidad".

Continuando con el resumen, podríamos agregar que la ilustración inscribe la Revolución Francesa, barre con el sistema tradicional pero repone la "esperanza mesiánica". Hay una cita de Infantino en Marx contra la modernidad que dice recordando a Hegel: "la verdadera filosofía conduce a Dios así como al Estado".[21]

Entonces, en el lugar del Mesías tenemos al Estado o a Dios. Es por medio de esta dialéctica que el hombre introduce la ilusión de un sentido de marcha que conduce necesariamente a la reconciliación consigo mismo y con el mundo. De este modo ingresa el "telos" en la Historia.

Por último, respecto a la modernidad no debemos olvidar el papel de la vanguardia

Es el tiempo de los grandes maestros a través de los cuales se expandieron las ideas de las luces.

Fíjense lo que ocurre el la década del 70/80 según Follari (Postmodernidad y crisis política): se produce la "caída de los grande maestros".[22] En el 79 Poulantzas, uno de los mejores exponentes de la escuela de Althusser en el campo sociológico, se tiraba de un duodécimo piso. Sebag se había suicidado en el Paraguay; Pecheux había caído con su automóvil a alas aguas del Sena. Ninguno era un gran maestro, pero todos pertenecían a la escuela de Althusser. Quien a su vez, después de estar internado varias veces, asesina a su esposa Helen, antigua militante judía en la resistencia nazi que habría influido en el paso de Althusser del catolicismo al marxismo. Althusser muere en el 90.

En el 76 muere Mao-Ttsé-Tung . En el 80 Lacan disuelve la escuela y muere poco después.

En el 89 muere también Roland Barthes arrollado por un automóvil, dicen que ya no quería vivir. Ese mismo año fallecen Sartre. Eric Fromm y Marcuse.

Foucault vivirá unos años más. Muere joven a los 58 años y sus últimos tiempos estaba dedicado a prácticas perversas masoquistas.

Estas necrológicas dan cuenta cómo la vanguardia intelectual que encarnaba una actitud crítica contra el poder termina drásticamente, como en lo caso mencionados o en su defecto abdicando en su criticidad, asumiendo u postmodernismo complaciente y descreído del cambio social. El último héroe intelectual que sobrevive es para muchos Habermas.

Este autor neokantiano trata de salvaguardar el espacio puede funcionar la experiencia moral. Este intento pretende demostrar que la experiencia moral no es sinónimo de tiranía como promulgan los postmodernos, quienes promueven a su vez un "relativismo cultural", porque concluyen que todo consenso es equivalente a totalitarismo; con esta posición los postmodernos dejan que el "conservadurismo" se instale y gobierne cómodamente.

Este relativismo cultural, "esteticista" y "presentista" habla de consenso locales con un visión fragmentada y escéptica que deja al sujeto desnudo frente a la moda, la publicidad, etc.

La sospecha de que toda universalización implica coerción está ejemplificada en la posición de Lyotard: no hay posibilidad de encontrar denominadores comunes, universalmente válidos. En su "guerrra al todo"[23] los postmodernos dejan al sujeto más cerca de la otra tiranía; la de quedar atrapados en recipientes cada vez más pequeños, preso de lo existente. Solipsismo como resultado de una ¡guerra al todo! Solipsismo frente a la nostalgia por el todo y lo uno. La ética relativista es "ética del depende", equivalente al "no te metas" de la época de la dictadura.

Ellos insisten en rescatar los "juegos del lenguaje" como lugar de la diferencia y Habermas inteligentemente les dice esto: "lo común de los juegos de la lingüística está en que con el aprendizaje de un lenguaje (...) se aprende a la vez algo así como el juego lingüístico, (...) se adquiere a la vez competencia para la reflexión el propio lenguaje (...) para la comunicación con todos los demás juegos lingüísticos".[24]

Por el otro lado, los postmodernos, tienden a "literaturizar" la Historia con el riesgo de que se produzca un "secuestro del acontecimiento" y un hecho histórico se convierta en una novela o en un reportaje de alto rating.

Proponen un sujeto acrítico, entregado al "brotar de la vida", sujeto sin moral, imposibilidad de reflexionar: fin de la ética.

Para Baudrillard: "el futuro ya ha llegado, todo ha llegado, todo está aquí...no tenemos que esperar la realización de un utopía revolucionaria..."[25]

Los "Sex Pistols" ya cantaban ¡No hay futuro!

Para finalizar traigo una cita de Habermas: "...el proyecto de a modernidad todavía no se ha realizado". Dice, y propone que en lugar de abandonarlo como una causa perdida deberíamos aprender de los errores de aquellos programas extravagantes que trataron de negar la modernidad.[26]

NOTAS

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[1] C. Viano: "Los paradigmas de la Modernidad", en El debate modernidad postmodernidad, Ed. Punto Sur, pág. 175.

[2] T. Maldonado: "El movimiento moderno y la cuestión "post"", en El debate modernidad postmodernidad, Ed. Punto Sur, pág.260.

[3] G. Lipovetzky: La era del vacío, Edit. Anagrama.

[4] J. A. Miller: "Lacan Clínico", en Matemas II. Edit. Manantial.

[5] Las negritas son mías.

[6] Idem 3.

[7] Idem 3.

[8] F. Chatelet: Un itinerario de la razón, Ed. Nueva Visión.

[9] A. Juranville: Lacan y la filosofía, Ed.Nueva Visión, pág. 376.

[10] Idem 7.

[11] J. Lacan: Escritos II, Ed. Siglo XXI.

[12] L. Jalfen: "La postmodernidad", en Cuadernos Sigmund Freud N°16. EFBA, pág. 16

[13] Idem 7.

[14] O. González: "El mito del amo y del esclavo en Hegel y en Lacan", en Lacan y el retorno a Freud: comienzo de una enseñanza, EFBA, clase del 8/6/93, pág. 3,4 y 5.

[15] Idem 7.

[16] F Nietzsche: Así habló Zaratustra, Ed. Alianza, págs. 347 a 352.

[17] Idem 15.

[18] G. Váttimo: El fin de la modernidad, Ed. Gedisa.

[19] Idem 17

[20] Idem 17.

[21] L. Infantino: "Marx contra la modernidad", en El debate modernidad postmodernidad, Ed. Punto Sur, pág. 200.

[22] Follari: "Postmodernidad y crisis política", en El debate modernidad postmodernidad, Ed. Grupo S.A., págs. 15 a 21.

[23] J. F. Lyotard: "¿Qué era la modernidad?", en El debate modernidad postmodernidad, Ed. Punto Sur, pág. 166.

[24] J. M. Mardonés: El neoconservadurismo de los postmodernos, en la Biblioteca de la EFBA.

[25] A. Welmer: "La dialéctica de la modernidad y de la postmodernidad", en El debate modernidad postmodernidad, Ed. Punto Sur, pág.324.

[26] J. Habeermas: "Modernidad un proyecto incompleto", en El debate modernidad postmodernidad, RD. Punto Sur, pág.142.