EL CUERPO Y LAS PSICOSIS

Benjamín Domb

(*) Publicado en "Más allá del falo...". Buenos Aires: Lugar Editorial; 1996.

Las cuestiones referidas al cuerpo en psicoanálisis, se han convertido en los últimos tiempos en eje de interés por parte de los analistas y con motivo.

Cada vez más los analistas, nos ocupamos de los fenómenos que se producen a nivel del cuerpo, ya sea que se trate de pacientes neuróticos, de los llamados fenómenos de borde, bordes

de las neurosis, las adicciones, la enfermedad psicosomática, etc; como así también en los enfermos estructurados a la manera de las psicosis.

Demandas de nuestra práctica junto a un paulatino y cons-

tante avance en el trabajo teórico, nos conducen a reinterrogar ciertos fenómenos que se producen en el límite, en el límite de la eficacia simbólica.

Lacan, a partir de su retorno a Freud, pone límite a la exuberancia imaginaria del psicoanálisis de su época. La lógica del significante, el Nombre del Padre, represión, castración, etc, han hecho posible reubicar el lugar el Otro como fundamen-tal para comprender la estructura del sujeto, y para encarar el tratamiento de las neurosis de transferencia.

Es Lacan quien invita a no retroceder frente a las psico-sis, lo cual también implica avanzar sobre terrenos que no han sido aún debidamente explorados, pero teniendo en cuenta, que si no queremos "echar los bofes", es necesario reinterrogar al psicoanalisis, y no aplicar indistintamente el método freudiano a todo paciente que se nos ponga adelante. Es decir, que la regla fundamental, el diván, la interpretación, etc., son cues-tiones a reconsiderar cuando la estructura no es la de una neurosis de transferencia.

Si bien recordabamos el llamado al retorno a Freud, Lacan poco a poco va más allá de su maestro hasta diferenciarse de él nítidamente. En la última década de sus seminarios, más concre-tamente a partir de su trabajo con el nudo borromeo, va a propo-

ner que en psicoanálisis debemos empezar a contar partiendo del tres como primero, que los tres Real, Simbólico e Imaginario, se necesitan para anudarse borromeanamente, es decir que haya agujero por donde anudar, pero con eso no basta, ya que un agu-jero sólo lo es si existe una consistencia que haga de borde del agujero, y que ésta consistencia a su vez, limitara con la ex-sistencia, de lo real, más allá del borde, y sólo a partir de allí podrá haber nudo, es decir estructura del parlêtrê.

Lacan ha ido trabajando paso a paso, cada uno de los registros, dando lugar, en la época del retorno a Freud, a la primacia de lo Simbólico. Ahora bien, en el último tramo de su enseñanza reubicó a partir del nudo, a los tres, R. S. I., plan-teando antes que primacia, equivalencia y heterogeneidad de los tres registros.

¿Qué es el cuerpo para el psicoanálisis?

Cuerpo pulsional, cuerpo erógeno, autoerotismo, narcisismo primario, secundario, son los términos con los que Freud nos hablo de la relación al cuerpo.

Antes de comenzar su enseñanza, me refiero a la serie de sus seminarios, que coincide con el momento de establecer la estructura como Real, Simbólica e Imaginaria, alrededor del año 1953, Lacan en 1936, escribe un primer trabajo acerca del "estadio del espejo" para el congreso de Marienbad. Hay allí una teoría del cuerpo, del cuerpo fragmentado y de la imago del cuerpo unificado, y un momento de jubilo por parte del niño, al captar su imagen como unificada, momento de anticipación imagi-naria. Años más adelante, va a retormar ésta cuestión a partir de lo que se conoce como el esquema óptico (**), en referencia al Ideal del Yo y el Yo Ideal, produciendo la escritura i(a), ima-gen de a, escritura que condensa, tanto la relación al otro, el semejante, como también, la relación al objeto "a" causa del de-seo, objeto del fantasma. A la altura de este esquema óptico, la constitución del cuerpo depende del Otro, del ideal del Otro, I(H).

(*) Lo escribimos de esta manera ultrasimplificada para hacer notar que el tres aparece primero, incluso en las formas más simples de un sólo nudo. No se piense que estamos dibujando la estructura como si fuera una circunferen-

cia, nada de ello.

(**) Lacan: Seminario I. Los escritos técnicos de Freud. Escritos II, Obser-vación sobre el informe de Daniel Lagache "Psicoanalisis y estructura de la personalidad".

Recordamos además los trabajos acerca de la agresividad en el psicoanálisis, de 1948. Allí se elaboran cuestiones referidas a los afectos, es allí donde trabaja los celos y la agresividad diferenciándola de la agresión.

En esos primeros trabajos hay una teoría acerca de la constitución del cuerpo, de la imagen especular, de los afectos, todo ello ligado al deseo de la madre. Se trata de un momento de la constitución del sujeto, que es necesario reconsiderar, cuan-do queremos referirnos a la función del cuerpo en psicoanálisis, no sólo a su patología, sino a la constitución del cuerpo, en estrecha relación con el narcisismo.

Lo que ocurre es que en el tiempo de la primacia del signi-ficante, pareciera perder importancia ésta relación al cuerpo, para enfatizar la relación a la palabra y la relación al padre, al Nombre del padre.

Por otra parte es subrayada la relación al cuerpo, cuando trabaja las cuestiones referidas al goce, ya sea "el goce del cuerpo del Otro" como "al cuerpo como sustancia gozante", años más adelante.

Antes de pasar al tema propuesto en nuestro título, el cuerpo en las psicosis, consignemos que Lacan en la "Tercera" coloca directamente la palabra cuerpo dentro del redondel de lo imaginario.

 

 

 

 

 

 

Recordemos aún como una referencia más, que es en el seminario "Le Sinthome", donde Lacan habla de continuidad entre lo real y lo imaginario, continuidad por supuesto imaginaria, es allí donde a la estructura le agrega el cuarto nudo el del Nombre del Padre.

Dejaremos por el momento lo que de la reversión del Toro sugiere de la estructura del cuerpo, para ir de lleno a nuestro tema, recordando tres referencias a la clínica de la psicosis, de alguna manera ya clásicas. Sólo haremos en esta ocasión un recorte muy puntual, referido al tema que nos ocupa.

La primera es la de la tesis de Lacan de 1932. Allí presenta a Aimeé (*), donde se destaca el hecho tan significa-

tivo como es que la intrusión de la hermana mayor en la vida de Aimeé, después del nacimiento de su hijo, esta intrusión, no provoca la más mínima reacción por parte de Aimeé. Esta hermana mayor se apropia del control de la dirección de su hogar, y asume el rol de madre, sustituyéndola, todo ello sin que tenga la más mínima reacción, nada de agresividad se produce, no hay rivalidad fraterna, ni cólera, no lucha por hacer reconocer sus derechos, por mantener su lugar. La reacción agresiva defensiva, tan propia del neurótico, está ausente.

La segunda referencia es la que Lacan produce como homenaje a Margueritte Duras, a partir del libro "El arrebato de Lol V. Stein", se comprueba algo que si bien no es exactamente similar, tiene absoluta relación: "El acontecimiento traumático... la noche del baile, en T. Beach, durante el noviazgo de Lol con Michael Richardson. Al despertar el alba, éste la abandona definitivamente arrobado como está por aquella con la que acaba de bailar; Anne-Marie Stretter y esto bajo la mirada de Lol."

Y aquí también como Aimeé, Lol no dice su dolor, nada

de reproches, de lucha, nada de enfrentamiento directo para conservar su lugar. Frente al encuentro entre su prometido Michael y esta otra Anne-Marie, frente a ésta visión y a ésta certidumbre de su novio bailando con otra, esto no parecía ir acompañado del sufrimiento esperado, no se cumple el viejo algebra de las penas de amor, ningún escándalo, ni con la otra ni con él, su prometido hasta ese instante. Sólo observa la escena hasta el final y cuando la nueva pareja se retira, ella simplemente cae. Ella es sin consistencia, dirá Lacan.

A esta altura ya podemos adelantar una primera definición Lacaniana: en el psicótico hay ausencia de la identificación resolutiva de la denominada fase del espejo, que cuando es lograda funda una lógica de exclusión: o yo o el otro, ausente tanto en Aimeé como en Lol.

Hay ausencia de lo que comúnmente y con motivo se llama el amor propio, del que tanto padecen por otra parte los neuróticos.

Finalmente la tercera referencia que hoy recordamos es Joyce, la escena que Lacan retoma de la paliza que Stephan recibe por parte de Herón y sus dos amigos. Stephan acordándose de la misma, se pregunta "por que no guardaba mala voluntad a

(*) J. Lacan. De la Psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad, Ed. siglo XXI.

aquellos que lo habían atormentado. No había olvidado en lo más mínimo su cobardía y su crueldad, pero la evocación del cuadro no le excitaba al enojo"... ..."Y aún aquella noche, dice más adelante, al regresar vacilante hacia su casa a lo largo del camino de Jones, había sentido que una fuerza oculta le iba quitando la capa del odio acumulado en un momento con la misma facilidad con la que se desprende la suave piel de un fruto maduro" (*).

Del mismo modo que en los casos anteriores, Lacan señala que el joven Joyce no siente cólera, ni agresividad, ni resentimiento "Hay desprendimiento de su imagen, como la piel de un fruto maduro".

"Esta forma del dejar caer, de la relación con el cuerpo propio es totalmente sospechosa para un analista".

A partir de allí, Lacan escribe el nudo de Joyce donde por un lapsus de la escritura del anudamiento se produce, como consecuencia, que lo imaginario quede desanudado y por lo tanto se desprende.

 

 

 

 

 

 

 

Es allí que por el artificio de su arte, por la escritura,

Joyce logre reparar su nudo, lo que Lacan denominará, ni más ni menos, su "ego".

 

 

 

 

 

 

 

Podríamos agregar a ésta lista, otros de nuestra propia cosecha: aún perdura en mis ojos la visión atroz de una niña en los pasillos del Hospital Tobar García, que en el centro de su cara, en lugar de la nariz tenía un agujero, por donde podían verse los cornetes, el hueso, ella no ocultaba la falta, la

(*) (J. Joyce, Retrato del Artiasta Adolescente, Alianza Editorial, Madrid.)

mostraba, se había arrancado, poco a poco, cascarita y piel, poco a poco todo el apéndice nasal. Podría agregar aquel caso que nos comentaron de aquella madre que iba a pesar a su hijo en la balanza del carnicero. En todos estos casos que hoy agrupamos en su diversidad contienen un elemento en común, la relación al cuerpo y como extensión la relación al semejante.

Hablamos de falta de consistencia en un caso, de la intru-sión del semejante en otro, en un tercero de que el cuerpo se desprende como la cáscara de un fruto maduro, sabemos también de las experiencias, en algunos pacientes psicóticos, de fragmenta-ción corporal. En otro de esa falta de reacción agresiva tan propia de las relaciones con el semejante. Todo esto relaciona-do con lo que podemos denominar no una, sino diferentes fallas a nivel de la constitución del cuerpo, en relación al deseo de la madre.

La forclusión del Nombre del Padre esta en el origen de las psicosis, lo que hoy nos preguntamos a partir de los últimos desarrollos de la enseñanza de Lacan, y fundamentalmente a par-tir del nudo borromeo: ¿es lo único que ocurre?, ¿Explica todas las formas de psicosis que conocemos?, ¿Puede haber otra manera de llegar a producirse una psicosis sin que esta forclusión este en el principio?

Me parece importante volver a destacar la incidencia cons-titutiva que tiene la relación al deseo de la madre, que no ha sido suficientemente destacada por los psicoanalistas lacania-nos.

Hay una relación directa, del deseo de la madre con el cuerpo del sujeto y con el agregado de que los afectos, el capítulo de los afectos pertenece a la misma órbita.

Si bien la constitución del sujeto, depende de la castración operada por efecto de su agente, el padre real. Castración por un lado del niño y por otro de la madre, sobre ambos recae la barra de la castración con efectos distintos sobre cada uno de éstos dos protagonistas, sobre el niño a partir de allí se abre la posibilidad de que se engendre un sujeto, con la entrada del mismo en la neurosis, si se producen las operaciones necesarias, es decir si no se produce a éste nivel la forclusión del Nombre del Padre.

Sobre la madre también opera ésta castración, poniendo de manifiesto su falta. No es que el padre real castre a la madre, sino que al producir la separación de la pareja Narcisismo-madre fálica, deja al descubrimiento que la maternidad era sólo la vía fálica, para resolver el enigma de la femeneidad. Pero he aquí que ésta salida maternal, cuando no se produce como ecuación simbólica pene-niño, cuando una mujer no tiene entonces, el deseo de tener un hijo como sustituto simbólico, es decir cuando el hijo no ocupa el lugar de objeto "a" que causa su deseo, cuando éste no puede llegar a ser el falo de la madre, cuando la madre como el Otro no goza de su hijo en el sentido constitutivo del goce del Otro. Entonces lo que se produce es una grave falla en la constitución del cuerpo con las consecuencias que estamos señalando.

El goce de la madre ex-siste, es el goce supuesto sobre el niño, del cual también goza el niño, siendo gozado por la madre, este goce es constitutivo del cuerpo del niño.

Digamos que una madre desea, simbólicamente, a su hijo, lo desea como objeto "a". Imaginariamente lo reviste como si fuera su atributo fálico, finalmente goza de este niño realmente, sin duda que a este goce es necesario ponerle un límite, es decir la castración.

Ahora bien, cada una de estas tres operaciones deja su huella en el niño. Señalamos que es a partir de esta relación con el Otro primordial que se constituye el cuerpo del niño por una vía que lleva implícita obviar la falta de relación sexual, haciendo de una mujer una madre fálica, en esta operación mater-nal ella pasa del lado hombre de las fórmulas de la sexuación.

Se trata de tener el falo, de esta manera el niño pasará por el tiempo de ser el falo de la madre para que si se reprodu-cen los cortes necesarios, finalmente devendrá un sujeto y tendrá un cuerpo. Un cuerpo narcisticamente libidinizado si

ella, su madre, habría gozado de él, y luego operado la castra-ción.

Freud, tal vez sin saberlo, en su artículo sobre la femineidad, comienza por plantear ¿qué quiere una mujer? esto queda sin ser resuelto y continúa con los tres caminos posibles para la mujer, de los cuales la maternidad, es el normal. Tenemos entonces del lado de una madre el tres como primero, lo real de su femineidad, como falta radical, el deseo materno como simbólico y el niño como falo, como imaginario. Esto esta esquematicamente planteado ya que cada uno es a su vez tres, dejemos por el momento esta cuestión.

Qué pasa cuando en una mujer no aparece el llamado deseo de la madre y va a pesar al niño en la balanza del carnicero, allí no han siquiera un cuerpo, el infans es una media res, un pedazo de carne. ¿Es posible que sobre este pedazo de carne algo del orden del cuerpo se constituya?. Si el niño sobrevive a ésta experiencia, cuestión ya difícil, es posible que sobre este pedazo de carne, a pesar de todo algunas identificaciones especulares precarias se puedan producir, sin embargo podríamos decir que hay para éste caso un destino marcado, podrá tener, tal vez, alguna vestimenta, pero dificilmente tenga un cuerpo como objeto "a". Como dira Lacan tendrá un vestido sin un cuerpo que lo sostenga.

Podría darse el caso que este pedazo de carne sea efectivamente valorado por esta mujer como un pedazo realmente suyo, que obtura su falta, entonces no hay un hijo que investir libidinalmente, se trata efectivamente de un cuerpo que es un pedazo del cuerpo del Otro, es así como algunos pacientes psicóticos, pueden arrancarse poco a poco su nariz y dejan así la falta del Otro al descubrimiento a nivel de su cara. La cuestión podría, en otros casos, situarse a nivel de las identificaciones especulares, de la mirada del Otro o cuando esa madre se desengaña prematuramente del valor fálico, lo que tendremos en sus diversas variantes, es el cuerpo en las diferentes psicosis.

Seguramente esto irá acompañado de la forclusión del Nombre del Padre, pero en estos casos, éste entonces no es el único problema, ni siquiera es el principal.

Se tratará de una falla radical en la relación con el Otro primordial que produce una falta en la constitución del cuerpo, que vuelve al sujeto absolutamente permeable a la intrusión del semejante, a la vez también sin ningún tipo de pantalla frente a la intrusión del significante, del Otro, es que las palabras les son impuestas. En esta situación el sujeto esta absolutamen-te indefenso. Es entonces que la psicosis como formación viene en su defensa.