LA POSICION FEMENINA Y EL GOCE DE LA MUJER (i)

"El diablo en el cuerpo"

BENJAMIN DOMB

(*) Publicado en "Más allá del falo...". Buenos Aires: Lugar Editorial; 1996.

Es el seminario Encore, 1972/73, que Lacan introduce su escritura La, luego de haber -en los dos seminarios precedentes- desarrollado sus formulaciones lógicas de la sexuación.(1) Las recordamos: para los que se inscriben del lado hombre tenemos: que indica que el hombre en tanto todo se inscribe mediante la función fálica, que encuentra su límite en la existencia de una x que niega la función: es lo que se llama función del padre.

Del lado mujer ... la cual no encuentra ningún límite en ... no existe ninguna x, es decir expresa la inexistencia y niega la función fálica, fórmula de lo imposible.

La escribe, y en algún modo rebasa la fórmula que se lee no-toda. La mujer se inscribe mediante la función fálica dejando aclarado que no es su única lectura, ya que estas cuatro escrituras lógicas guardan una interrelación entre sí, es decir que cada una de ellas reubica a la otra.

¿Qué ha sido lo que lo ha llevado a Lacan a proponer estos desarrollos, luego de haber establecido los cuatro discursos, en el Seminario L'Envers de la Psychanalyse, 1969/70?

Sabemos que uno de estos discursos es el de la histérica (ii), también llamado el del analisante y es a partir de este discurso que Lacan trató de ubicar lo que es la mujer, como siendo aquello que resulta ser la verdad de la histérica, es decir el objeto "a" en el lugar de la verdad. Se trataba para la histérica, de producir un Saber sobre la mujer que Lacan connotaba con la impotencia pero también se trataba, por aquella época, de alcanzar a través de la histérica, todo lo que se podía elucubrar acerca de la mujer.

S: sujeto

S1: significante amo

S2: Saber

a: objeto causa de deseo, plus de gozar.

Indudablemente no fue suficiente, no es por vía de la histérica que se alcanza la mujer. Este discurso no hace de La mujer más que su semblante porque, y esto es lo que nos demuestra después Lacan, La mujer no es alcanzable a partir de ningún discurso, ella es un fuera de discurso, es decir un real.

Es en esta ruptura que va de la histérica a la mujer que la enseñanza de Lacan escribe los dos enunciados, que a partir de aquí son fundamentales para la comprensión no sólo de la teoría sino de la práctica psicoanalítica:

"No hay relación sexual" porque "La mujer no existe"

Es lo que está escrito en las fórmulas de la sexuación y en lo que aparece por debajo de la figura horizontal en el gráfico del seminario del 13/03/73: y que reubican el lugar de lo real como lo que no cesa de escribirse, lo cual queda anotado en el algebra lacaniano como S(A), significante del Otro tachado, que quiere decir que en este punto el inconsciente no responde, es decir que no hay Otro del Otro. Así mismo el ya mencionado La, la tachado, señala que La mujer no existe, es decir no hay significante de la mujer en el inconsciente.

Esto me permite formular el siguiente algoritmo que si bien no está escrito en la obra lacaniana, no resultará un forzamiento sino que avanza en la misma linea.

a

La

donde "a" viene a ocupar el lugar en el cual la mujer se propone como objeto del deseo del hombre y el La señala el único lugar donde la mujer obtiene su certeza, es decir en su goce, no hay nada que defina la mujer que no sea su goce. Por supuesto este goce está más allá de las palabras.

"Hay un goce de ella, de esa ella que no existe y nada significa. Hay un goce suyo del cual quizás nada sabe ella misma, a no ser que lo siente: eso si lo sabe. Lo sabe desde luego cuando ocurre. No les ocurre a todas."(2)

Lo que trato de escribir con este algoritmo es una escisión que intenta resolver la confusión entre aquello que aparece siendo la posición femenina y eso otro que es su goce; dicho de otro modo, no es de su posición que la mujer obtiene su goce.

Antes de continuar con el desarrollo de este algoritmo veamos rápidamente qué nos dice Freud de las mujeres, lo primero que nos dice, tal vez como al pasar, y que debemos retener es que son un enigma, al decir de Lacan, E , una enunciación a la que le falta un enunciado.(3)

Pero inmediatamente, Freud, hace de la mujer una madre ecuación simbólica, niño-pene, mediante, y esto en el mejor de los casos, ya que la inhibición de la sexualidad, es decir frigidez o el complejo de masculinidad que la conduce a la homosexualidad sino serían el resultado.

Sin embargo será de una nota al pié de página del caso Dora, que Lacan sacará partido, y durante gran parte de su enseñanza, el ejemplo de la Sra. de K., será quien ostente los emblemas de la feminidad y esto por vía del padre de Dora que así la habría señalado.

Esto no es, ni más ni menos, que dejarle al hombre si bien no cualquiera, un padre, para que resuelva el enigma por las vías de su deseo. Lo cual nos coloca de lleno en la sexuación del lado del hombre, de este Lacan nos dice; El hombre al fin de cuentas no hace pareja ni con el significante, ya que este más bien lo representa, el significante fálico, ni tampoco hace pareja con la mujer, ya que esta no existe, en tanto no hay significante de La mujer. El hace el amor con su inconsciente y hace pareja con el objeto "a", causa de su deseo, a través del cual intenta alcanzar al otro sexo, lo cual no es más que el fantasma que tapona la falta del Otro S(A), en esto el hombre es un perverso polimorfo. Esto ya lo habíamos subrayado en "La falla del inconsciente es Ellamor".

La clínica psicoanalítica, de esto nos da suficientes indicaciones, para los hombres, las mujeres no son más que objeto de deseo, de lo cual ellas se quejan; los atributos de la femineidad que ellos valoran los conocemos, no son más que un pedazo del cuerpo, que ellas cuando se animan saben muy bien remarcar, para eso está la moda: unos pantalones bien ajustados, la minifalda en algunas épocas, los vestidos escotados, el top-less, el cola-less o lo que se les ocurra, ellas lo hacen precisamente para incitar el deseo, después se quejan de que son tomadas como objeto. Ahora bien, si, por lo que fuera el hombre no encontrara ese pedazo del cuerpo, ese semblante de "a" en ellas y se viera enfrentado a La mujer, en su esencia, el resultado no sería alentador, la eyaculación precoz o la impotencia advendrían. Es por eso que decimos que el hombre no soporta La mujer, la transforma, como puede en objeto "a".

Por otra parte, el "tú eres mi mujer" constituye desde el hombre a su compañera en mujer, digamos simbólicamente sin que ellas, por esto, alcancen en absoluto nada relativo al goce, sólo logran ocupar el lugar de mujer de..., porque un hombre la determinó. Es el drama de muchas que buscan desesperadamente un hombre para alcanzar esa identidad femenina, nunca lo encuentran porque no se sabe desde dónde éstas lo buscan.

Qué les pasa a ellas cuando se encuentran sometidas al deseo masculino? Es lo que constituye lo que conocemos como el masoquismo femenino, la mujer identificada al objeto "a", es un fantasma masculino, al cual la histérica, a veces se presta muy bien, en su intento de alcanzar La mujer desde esa posición, si es que ella encuentra alguna satisfacción en esto, marcando con ello su superioridad ya que es ella quien le otorga al hombre su potencia, en esa satisfacción de todos modos difícilmente encuentra su goce sino que identificada al objeto "a", lo que encuentra es el falo.

Entonces, de qué goza una mujer cuando goza, cuál es su goce, ese que despierta todo tipo de polémicas acerca de su inexistencia, esa muestra de satisfacción que se refleja en el rostro de esas mujeres y que Lacan señalara en la Santa Teresa de Bernin, como paradigma las que coloca en la portada de su seminario XX, Encore en la edición en francés. Ese goce que despierta la intriga y el interés tanto de hombres como de mujeres y que domina el acto sexual.

En la medida en que ella es no-toda fálica es que está desdoblada ya que si bien por un lado habita el lenguaje por otro no-toda ella lo habita. Esto, aunque más no sea porque el lenguaje no puede decirnos qué es una mujer, cada vez que lo intenta nos habla de la madre, del objeto de deseo del hombre, o bien la mal-dice.

Ahora bien, este desdoblamiento que señalamos les ofrece la clara posibilidad de distinguir en ellas, dos tipos de goce diferentes. No es que en el varón esto no se dé absolutamente sino que como lo señala Lacan, a cualquiera de los dos sexos pueden ubicarse del lado mujer de las fórmulas de la sexuación. Pero por algo le llamo a un lado hombre y al otro mujer, una primera respuesta es que este goce en la llamada relación que no hay es propio de la mujer que no existe que el hombre a su vez también pueda alcanzarlo es otra cuestión. Se trata de poner en claro que es aquello que llamamos hombre y a lo que le decimos mujer.

Entonces, para ellas, dos tipos de goce diferentes, por un lado el goce llamado fálico es decir el goce ligado al significante, a lo simbólico es decir ligado a la castración. Algunas mujeres sólo obtienen este goce, es decir están ubicadas del lado hombre de las fórmulas de la sexuación, en esta posición queda detenida la histérica identificada al hombre en lo que Freud denominó la fase fálica. Este goce que busca el objeto "a", es la resultante del hecho de habitar el lenguaje.

Ahora bien, ¿cómo es que una histérica -alguien que se constituyó en relación a un Otro, a un padre que hizo de este padre su sostén, gracias al cual pudo separarse de su madre y admitir la ley- cómo puede llegar, cómo les puede ocurrir que alcancen ese Otro goce?, propio de su esencia como mujer, ese goce del cual, hasta el momento, ellas mismas, no dicen nada, hacen mutis, pero que sin embargo se les nota en el cuerpo, lo reflejan en su rostro, en su sonrisa.

Para evitar malos entendidos, señalemos que al menos en ese momento, esa histérica pudo prescindir de su sostén fálico, en ese momento dejó su estructura histérica pudo dar un salto y colocarse del otro lado de las fórmulas de la sexuación. De todos modos los remitimos a releer en este punto lo que ya dijimos en la "Falla del Inconsciente es Ellamor"(iii).

Goce del objeto se opone al goce de la falta, "Si hay algo que verdaderamente falta en el ser hablante, no es tanto el objeto "a" sino ese agujero en el Otro que se articula S(A), fuera totalmente de lo simbólico".(4)

Es de esta ausencia del Otro de lo que goza la mujer y lo que le sirve para alcanzarlo, es esa ausencia de significante de la mujer, es decir que allí donde ella enfrenta la vacuidad de la ausencia de su esencia en tanto mujer, esa vacuidad vendrá a recubrir la vacuidad del Otro en esa suerte de exacta coincidencia.(5)

Por lo tanto dejemos asentada la siguiente afirmación: no es el goce fálico, el goce ligado al significante el que posibilita el acceso al goce suplementario de la mujer, sino por el contrario el significante hace obstáculo a este otro goce, ya que es precisamente de esa ausencia de significante de lo que la mujer goza.

Se trata de devenir mujer y es por ello que no existe, porque cuando lo alcanza no existe, es muy difícil decirlo de otra manera.

Pero, repitamos, no sólo se evacua ella, también despoja al Otro de todas sus cualidades y de todos sus defectos, de todo lo humano, es decir de todas las dificultades para el goce, el Otro también pierde su nombre, no lo tiene, esto la teoría lo denominó S(A). Y este movimiento es simultáneo al de su propio despojamiento. Por qué significaría, si se pudiera sólo despojarse ella misma conservando el Otro en su lugar, sus atributos, su nombre, ya lo hemos dicho, entonces sólo lograría hacerse objeto "a" del deseo del Otro, se propondría para ser gozada por el Otro, no alcanzaría entonces su goce.

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Se trata de algo que, la palabra falta evidentemente, de algo que no es una relación, sino el recubrimiento de un vacío, que Lacan señaló con esta letra La, por otro vacío señalado por este otro matema S(A).

Como se lo podrá notar por lo dicho hasta aquí de lo que se trata es de la pérdida de la subjetividad, de una desubjetiva-

ción y entonces cómo no apreciar las dificultades y hasta el te-

rror que esto significa y que hasta cierto punto explican todos

los problemas que en la clínica encontramos referidos a dicho referidos a dicho goce, se trata ni más ni menos de algo seme- jante a una forclusión de lo simbólico, no por nada se dice de algunas mujeres que gozan como locas y muchas otras le temen a dicha locura.

Habíamos dicho que la mujer no-toda se inscribe en la función fálica, que ella se desdobla, si por un lado tiene relación con el falo, por otro, por ser en lo que se llama la relación sexual radicalmente Otra, es por lo cual está íntimamente relacionada con Dios sin nombre, la mujer es entonces, uno de los nombres de Dios.(6)

Es por eso que me ha venido el título de la película de Mario Bellochio, "Con el diablo en el cuerpo", porque el diablo también es uno de los nombres de dios.

Y si ella sufre el desdoblamiento que acabamos de mencionar, también ella está escindida entre su semblante objeto de deseo, es decir su posición y aquello que es su goce.

Hay mujeres hermosas que no gozan, hay otras no tan hermosas sin dificultad para alcanzar su goce.

Hay algunas, hermosas o no, que dicen buscar al hombre que nunca encuentran. Hay otras, lindas o feas, jóvenes o viejas, que nunca lo buscan y siempre lo encuentran, nadie sabe qué es lo que hacen, ni siquiera ellas mismas, entonces no lo duden, éstas últimas saben transmitir algo, es como si se les "notara" el diablo (La) en el cuerpo (a).

NOTAS

Este trabajo se articula y en muchos puntos se superpone con otro reciente, que lleva mi firma: La Falla del Inconsciente en el Amor, publicado en los cuadernos Sigmund Freud Nº10.

(i) Presentado en la Reunión Lacanoamericana de Punta del Este, Uruguay.

(ii) S -------> S1 , discurso de la histérica.

a <------- S2

Impotencia

(iii) Ver el capítulo correspondiente a este mismo libro.

(1) Lacan, Seminario D'un discours qui ne serait pas du semblant (1970/71)

Lacan, Seminario ... Ou Pire 1971/72

Lacan, El Saber del psicoanalista 1971/72.

(2) Lacan, Seminario Aun. Pág.90 Ed. Paidós.

(3) Lacan, Seminario Le Sinthome 1975/76 Inédito.

(4) Lacan, Seminario L'Insu que sait de L'Une-Beuve S'Aille a Mourre 1976/77. Intervención de Alain Didier Weill en el Seminario del 21/12/76.

(5) La estructura topológica del teorema de Heine-Boral que invoca Lacan en la primera clase del Seminario Encore, da Cuenta de esta estructura. Véase Topología, Hocking y Young, Ed. Reverté S.A.

(6) Lacan, Seminario Aun, uno de los capítulos se lo denominó Dios y el goce de La mujer.