
El sentido del síntoma depende del porvenir de lo real
Aída Dinerstein
(*) Jornadas Aniversario "30 años de Escuela (1974-2004)". Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1, 2, 3 y 4 de Julio de 2004.
¡Qué frase! ¿Cómo cernirla, dado que todos sus términos, sentido, síntoma, porvenir, real, tienen un peso tal que nos arrastra, cada uno, hacia sí, intentando volverse eje en la cuestión? Frase que no deja de entrar en cierta colisión con una -el sentido del síntoma es lo real- que se lee poco más arriba en el texto y también, no sin ironía, con lo que la comenta, en lo que sigue a ella. "El sentido del síntoma depende del porvenir de lo real, o sea, ... del éxito del psicoanálisis. Lo que se le pide es que nos libere de lo real y del síntoma. Si triunfa, si tiene éxito en esta demanda (...) podemos esperar todo, o sea, un retorno de la verdadera religión."
Ahora bien, si prestamos atención al verbo utilizado: "depende", una cierta conmoción se produce, y lo que era subordinado revela ocupar un lugar sustantivo. Pender: "estar colgado de". El sentido del síntoma está colgado, entonces, del porvenir de lo real, y esto nos lleva dos páginas más adelante en este escrito en donde Lacan dice: "Lo picante de todo esto, es que en los próximos años el discurso del analista dependerá de lo real, y no al contrario. El advenimiento de lo real no depende del analista en absoluto. El analista tiene por misión hacerle frente. A pesar de todo, lo real muy bien podría encabritarse, sobre todo desde que tiene el apoyo del discurso científico." Ya en la Conferencia de Prensa pronunciada poco antes de la lectura de este texto, estamos en 1974, Lacan pronostica que en los próximos años la ciencia introducirá montones de cosas absolutamente perturbadoras en la vida de cada uno y que a esas perturbaciones será necesario darles un sentido, lo que lo lleva nuevamente a hablar de la religión. En los próximos años, ¿son éstos ya, los que estamos viviendo? Y por otro lado: "en los próximos años, el discurso del analista dependerá de lo real, y no al contrario." ¿Es que no fue siempre así?
Estamos en un nudo de problemas que intenta cernir las relaciones entre el psicoanálisis, la religión y la ciencia. Creo que se trata de considerar no solo los bordes que estos otros discursos hacen al del analista, sino , y sobre todo, de estar atento a lo que podría haber de religioso en el psicoanálisis (excesos en la primacía de la dimensión S/I de la transferencia) así como de lo que de lo científico-técnico se puede colar en nuestro discurso, haciéndonos perder la vía. (Ciertos usos del mathema, la escritura, la letra.)
En cuanto al término porvenir no pude evitar que se me impusiera la evocación del texto freudiano "El porvenir de una ilusión" lo que, me parece, merece alguna reflexión acerca de la diferente posición de Lacan, respecto de Freud, sobre todo en lo que respecta a la ciencia.
No hay duda que Lacan establece cierto parentesco entre el discurso de la ciencia y el del psicoanálisis. Un pensamiento sin cualidades y una teoría de la letra suponen un sujeto, para ambas disciplinas, no cualificable, de donde se pasa a un postulado fuerte: que el sujeto del psicoanálisis no es otro que el sujeto de la ciencia. Pero si, respecto de la operación analítica, la ciencia no le es exterior, si ella estructura de manera interna el campo del objeto del psicoanálisis, Lacan, a diferencia de Freud, no va a sostenerse ni en una concepción de ciencia ideal ni en un ideal de cientificidad para el psicoanálisis. Simplemente para situar un lugar en la obra donde queda indicada esta particular relación a la ciencia tomaremos algunos enunciados que encontramos en la "Introducción a la Edición Alemana de los Escritos." En ese texto Lacan señala que los tipos clínicos dependen de la estructura y es en esto mismo en lo que allí se manifiesta un real próximo al del discurso científico. Pero... hay un pero, ya que aclara: "he hablado de real, no de la naturaleza. De donde entonces indico que, lo que depende de la misma estructura no tiene forzosamente el mismo sentido. Es en eso que no hay análisis sino de lo particular: no es de ninguna manera de un sentido único que procede una misma estructura y menos aun si ella toca al discurso." Para Lacan, entonces, por más que haya cierta equivalencia de estructura, hay difracción entre el psicoanálisis y la ciencia. No es el mismo real el del psicoanálisis y el de la ciencia, tampoco lo es el tratamiento que de este real hacen uno y otro discurso. De allí que el psicoanálisis encontrará en sí mismo el fundamento de sus principios y su método.
Si el psicoanálisis mismo es un síntoma del malestar en la cultura habrá que estar advertido de esta singular dependencia de su sentido respecto de lo real. Recordemos lo ya citado al comienzo de esta exposición: Si nos esforzamos en que tenga éxito, respondiendo a la demanda que se le dirige de liberar de lo real así como del síntoma será el triunfo de la religión. Otra importante diferencia con Freud, en el punto en que Lacan señala que Freud, consecuente con su idealización de cientificidad se forzó, se esforzó en hacer digerible el psicoanálisis, en hacerlo comestible. Es, según Lacan, lo que hace la ciencia, darnos objetos, "los gadgets", para ponérnoslos en la boca, objetos que creemos comer, consumir, pero que en definitiva, nos comen. No se trata de esforzarse en que el psicoanálisis triunfe, que tenga éxito, se trata de si el psicoanálisis sobrevivirá o no. No es una cuestión a desdeñar, nos parece un punto interesante de reflexión para quienes estamos interesados en la política del psicoanálisis.
La posición de Lacan respecto de la ciencia sigue la senda de Koyré. Y es en esta senda que se marcan momentos históricamente definidos: la importancia del cristianismo en la demarcación entre ciencia antigua y ciencia moderna; la ciencia moderna inaugurándose con Galileo y Newton y en correlación con el cogito cartesiano y el tratamiento del cálculo por vía de la letra. En la frase que comentamos Lacan parece indicar otro corte, más actual, también históricamente situable: "en los próximos años", corte en el que se especificarían ciertos efectos de la ciencia, novedosos, efectos que indicarían eso que él denomina el encabritamiento de lo real. ¿Tendremos que hablar del calentamiento del planeta, de la epidemia de sida, de la clonación, de las nuevas formas de reproducción de la vida? La ciencia pretende dominar lo real y produce nuevos síntomas. Es en este punto en que Lacan se muestra esperanzado: en la convicción de que no será posible que los gadgets se impongan verdaderamente, que no sean, ellos mismos, un síntoma. Aquí, otra diferencia con la ciencia: hay un real al que se accede por el camino científico pero hay otro, el real real, el verdadero real, que jamás llegaremos a dominar, el real del que da cuenta el psicoanálisis. Y el tratamiento de ese primer real, el que se escribe en el síntoma cifrando un goce que se articula como sentido, el analista lo hace orientando en el sentido de lo imposible de imaginarizar, orientando en el sentido de aquello a lo que se accede sólo por vía de la escritura. Escritura que debe hacerse sin ningún efecto de sentido, S1 homólogo del objeto a, objeto del que no hay ninguna idea. Esta es la tarea del analista: no pudiendo anticipar ni dominar lo real, se tratará, eso sí, de hacer frente a esto que se impone impidiendo que las cosas marchen, impidiendo hacer ilusión de universo.
Ahora bien, dijimos antes que hay difracción entre psicoanálisis y ciencia y que el primero encontrará en sí mismo sus principios y su método. De ahí que, la perspectiva historizante, si bien puede ser interesante en cuanto a estar atentos a las nuevas formas que toma el síntoma, no debiera hacernos perder de vista la lógica propia del discurso analítico.
Es en esta perspectiva que nos importa adelantar una última reflexión. Si la castración es la cuestión lógica radical de la experiencia psicoanalítica y esto es así por la verdad irreparable de que, para el ser hablante hay falla en el saber en los puntos en que éste debe confrontarse con el hecho de que es sexuado, la enunciación, o el decir, si se prefiere, no podrán suprimirse. Lo que supone a su vez efectos en la relación que el psicoanálisis tiene con su propia teorización. No hay positivación del concepto, tampoco transmisión integral. El mathema debe ser leído, y no es posible hacer un uso de los nudos que tome la forma de la aplicación. Nuestra tarea es más ardua: retornar una y otra vez a la letra de Lacan, seguir, una y otra vez, las vueltas en que su discurso se va construyendo. Me interesa, en este punto, la perspectiva que al respecto encontramos en el texto de Jean Louis Sous "Les ptits mathemes de Lacan". Sous nos propone el término "alógeno" (individuo extraño, no autóctono) que, según él, caracteriza la obra y las escrituras lacanianas. Marca de fábrica alógena en la que el avance lento, paciente, progresivo de la formalización se acompa ña de retomas y retornos sucesivos que no pueden aprehenderse bajo la modalidad del concepto. Y que exige de nosotros ese mismo avance lento, paciente y progresivo para preservar el soplo, la letra de la enunciación del discurso de Lacan.