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Dificultades en la transferencia: Los rasgos de carácter

Mariana Davidovich

(*) Jornadas Aniversario "30 años de Escuela (1974-2004)". Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1, 2, 3 y 4 de Julio de 2004.

Freud sitúa a los rasgos de carácter como un obstáculo para el trabajo analítico. Son continuaciones inalterables de las pulsiones originarias, sublimaciones o formaciones reactivas contra ellas.. Entonces no funciona en ellos la represión sino la fijación pulsional y por tanto el superyo. El síntoma está tramitado en la metáfora y la metonimia, produce ecuaciones en lo simbólico, es una verdad amordazada que se da a leer en el retorno de lo reprimido. El rasgo de carácter, en cambio, es un signo que se muestra y que "habrá sido letra", litoral entre el saber del significante y el goce del objeto, una vez que haya sido señalizado. Podríamos decir que lo que se abroquela como rasgo de carácter es un goce congelado, intacto que ha quedado incrustado en el yo. Reich en su libro " Análisis del carácter" plantea que las resistencias caracteriológicas, no se expresan en el contenido del material sino en los aspectos formales del comportamiento general, no es entonces lo que el paciente dice sino c,omo habla y obra, cómo sonríe, cómo camina. Esto plantea ciertas dificultades en la transferencia en la MEDIDA EN QUE "ESO SE MUESTRA". Los rasgos de carácter se presentan del lado del ser, "soy así", cuestión que dista de la incomodidad del síntoma y su consiguiente pregunta. De allí la dificultad en su abordaje.

Un recorte clínico: María habla en voz tan baja que apenas logro escucharla. Es una voz agónica, deslibidinizada. Sentada, apoya su cabeza contra la pared, como si no pudiera sostenerla. Sus ojos están entrecerrados. Su ropa es típica de una Sra. Mayor, al igual que su peinado. No puede estudiar, está cursando cuarto año. No piensa en nada en particular, cree que le quedó alguna secuela de la operación que le hicieron el año pasado cuando le extrajeron un cavernoma cerebral aunque los médicos le dijeron que no tendría secuelas neurológicas. Le señalo que ese año rindió todas las materias bien aún cuando estuvo 50 días sin ir al colegio. Subrayo el enigma de lo que estara causando dificultades en su concentracion.

Su madre murió cuando ella tenía un año. Se descompuso, el padre la llevó a una clínica cercana a su casa, pero innmediatamente pidió que la trasladen a un centro médico de mejor calidad. Antes de ser trasladada murió, creen que fue un aneurisma . El padre de M. decidió que lo mejor era comprarse una casa al lado de la abuela materna, y dejó a María y a su hermano dos años mayor viviendo con su suegra. La abuela materna fue entonces quien cuidó a estos niños hasta que María tenía seis años. En ese entonces plantea que estaba sin fuerzas para seguir haciéndose cargo de ellos y el padre los "traslada" como presos dirá M., a vivir a La Plata, a la casa de la tía Mirta, la hermana de la madre. El padre iba a visitarla los fines de semana. Nadie midió entonces el quiebre que esto provocaría en M.

M. no puede precisar por qué vuelven a vivir con la abuela en tercer grado, sólo menciona que su hermano se peleaba con su primo, y que su abuela los extrañaba. Esta vez, el padre compra dos departamentos en la capital para vivir él al lado de sus hijos que vivirían con su abuela. M. la pasó muy mal desde cuarto grado a tercer año. No tenía ningún amigo; luego cambió de división y logró tener algunas amigas que la iban a visitar todos los días mientras estuvo internada. Pero este año al comenzar las clases, le plantearon que sólo serían compañeras , no amigas porque ella no había llamado por teléfono en todo el verano.

M. tiene un rostro pálido y triste. En una ocasión se viene con el pelo suelto, cuestión que destaco especialmente. Le digo que está hermosa y que me encanta como le queda el pelo así. Ahora cada vez que entra espera mi mirada y algún comentario sobre su ropa. Sonríe contándome en que negocios ha comprado esa ropa que ahora porta con un cierto agalma.

Pero nuestra analizante llora muy angustiada porque en el colegio la pasa pésimo, en los recreos está sola, los fines de semana va a la casa de la otra tía hermana de la madre. Me cuenta que el profesor de psicología, ante un pedido de ella de no tener que hacer un trabajo le dice: Vos te crees la víctima del mundo!! Llora y dice: estoy mal, es el profesor, son las chicas, es todo. Intervengo: por qué no te acercás a charlar en el recreo en vez de quedarte en un rincón? NO, dice furiosa, no entendés que ellas no quieren hablar conmigo? Le digo: supongo que cuando te ponés así tus amigas se alejan, lograste asustarme, intentando producir un recorte en ese permanente malestar que se monta sobre un real padecido que no lograba ser horadado. Se va molesta.

La queja empieza a dar lugar a relatos más minuciosos de lo cotidiano. UN compañero le pegó un chicle, otro le gritó caracúlica. En una ocasión me cuenta que habiéndose puesto de acuerdo todos los compañeros de no entregar un trabajo en una materia, ella decidió entregarlo igual porque necesitaba levantar la nota. Dice: Son unos pobres tipos, ellos nunca se comportaron bien conmigo, así que no se lo merecen. Le digo entonces que ella tampoco se merece estar sola, y agrego que a veces se tiene que prender al grupo aunque no esté del todo de acuerdo. Le señalo su dificultad para aflojar con su hermano cada vez que se pelean, es él quien siempre apacigua la furia que hay a veces entre ellos.

En la entrevista que tuve con el padre, leí algo así como que en la vida hay que aguantar . Este hombre nunca volvió a formar pareja después de la muerte de su mujer," por los chicos." Le preocupa que M. no tenga amigas, y su encierro. " Ahora tampoco quiere ir a La Plata, no sé qué le pasa con su tía. Es muy especial." A mi me llama cuando necesita plata. Responde escuetamente a mis preguntas, me cuenta que su hermano fue siempre el preferido de sus padres, él era criticado en todo, inclusive en la elección de su carrera a pesar de ser físico. Su enunciación es sin matices.

Le pregunto a M. por qué volvió de La Plata, dice que el hermano se peleaba con el primo. " Y por eso volvieron le pregunto, eso a cualquiera lo enojaría!! Claro dice aliviada, ella me quiere besar como si nada y quiere que vaya allá de vacaciones; yo no voy a ir!! Esta modalidad de cortar el vínculo sin poder dialectizarlo suele ser frecuente en M., quedando absolutamente aislada del otro.

Trae un sueño: Era el fin del mundo. Había una bomba y estaba por estallar. Mi misión era que tenía que sacar a mi abuela , y a mis primos. Mi hermano estaba durmiendo, lo lograba. Si su misión es salvar al Otro, la bomba no estalla.

Algo del gesto furioso de su cara comienza a ligarse a la palabra. No voy a ir a la Plata, no quiero que mi tía y mi abuela decidan lo que tengo que hacer. Mi abuela me dice que tengo un carácter de mierda, yo le digo que a vos te escucho porque me hablás de otro modo; vos me dijiste que a veces estaba subida a un caballo y es verdad, pero no puedo acercarme a nadie. Es en esta linea donde habla de la tristeza que siente, y no de lo caraculica que es. En otra ocasión dirá: Le grité a mi papá porque mandó una cama mía a La Plata y yo le había pedido que me haga un lugar en su casa para cuando quisiera ir. El me había dicho que sí pero después hizo lo que quiso. Me insultó, me dijo que era una negra de mierda, que era el peor error de su vida, que siempre lo llamaba para pedirle plata.

Mi hermano me grita y me pega. Como puede ser tan hijo de puta conmigo cuando yo lo banqué? Mi abuela me dice mordete, no le contestes. A mi el año pasado me fue bien en el colegio, puede ser que esté triste, como vos decís. Una compañera la abraza luego de un desfile para juntar plata, me dejé abrazar pero no le pude decir nada.

En los rasgos de c., la acumulación de goce no produce sufrimiento, y con el goce enquistado la letra arde en el cuerpo. Al estar el sujeto ubicado como a postizo, se suspende la función significante y el deseo no se puede articular en la medida que el A comanda. Falta la angustia que es constitutiva de la función del a, Y del sujeto del deseo. Recordemos que el objeto del deseo no tiene sentido mas que cuando fue vuelto a echar en el vacío de la castracion primordial, el a tiene que desprenderse del i(a), pero en los r.de c. queda incrustado en la imagen. Los signos perceptivos como primera transcripción de huellas que vienen del A, se leen en la imagen, son la impronta del goce del A en el cuerpo, en un sujeto que sabemos se efectúa en las sucesivas pérdidas de goce.

Sabemos que las histericas le enseñaron a Freud el camino del inc. como cadena de saber, y el valor de la palabra. Onticamente el inc. es lo evasivo, la ranura donde algo sale a la luz un instante para luego volverse a cerrar. Lacan resitua leyendo a Freud al inc. como una hiancia,, y afirma como decíamos que si el inc. tiene onticidad, ella es del orden de lo no realizado. Las formaciones del inc. rompen la unidad del discurso interrogando al yo.

En los r. de c., lo que no pudo ser simbolizado se presenta como signo en la transferencia, se muestra al analista, quien será el primer lector de la traza a diferencia de las formaciones del inc. que ya son lectoras y el analista hace una relectura de ellas.. La verdad está en manos de otro que no es interrogado y que viste al yo, lo real, el ello como signo se enquista en el yo como una astilla y el fantasma no opera como pantalla . .Wo es War, soll ich werden: donde eso estaba Lo Real,, el ich, el sujeto ha de advenir. Cómo es entonces que de lo real adviene un sujeto? Recordemos que las trazas( trace de pas) guardan conexi{on con el cuerpo palpitante del goce del A, trazas que a la vez que fundantes, aplastan al sujeto de no ser borradas. Solo el borramiento de la huella, posibilita la emergencia de un Sujeto en lo Real, al forcluir el sentido falico del A, para poder reescribir los significantes del Sujeto. Entonces lo que se abroquela como rasgo de c. son huellas no fonemáticas que se muestran., trazas que no pasan a ser significantes, hasta que el trabajo analitico lo hace.

La dificultad que presentan los rasgos de c. es que toman totalmente al yo haciendo al sujeto soberbio, enojado con la vida porque el objeto fue en exceso cesible ( el padre la dejo a cargo de la abuela, de la tía y nuevamente de la abuela, para finalmente regalar su cama, dejandola sin lugar en la casa) tomando el yo en este caso las caracteristicas de la pulsión anal. En los r. de c., el moi ha perdido los paréntesis, y el objeto no pasa a ser aludido en el inc., bajo escala falica. El superyo se hace oir con fuerza en la dimension de un goce sin fin y sin ley , en su cara de pura mudez pulsional., punzando aquello que del padre no logró hacerse símbolo.

A la vuelta de las vacaciones la llamo porque no había venido al consultorio, y me dice con vehemencia que yo la estaba presionando. Le digo que probablemente le cueste entender que tiene un lugar y que a eso se debía mi llamado. María irrumpe en llanto, dice que volverá a llamarme.

El analista deberá escribir la letra aplastada , congelada en su imagen. Las alteraciones en el carácter hablan de un goce que no ha sido perdido, dando cuenta de que el falo no termina de operar como distribuidor del goce trabando el circuito pulsional .En lugar de girar la pulsión alrededor de un vacío, toma al yo como objeto. Es el amor del A lo que permite al goce condescender al deseo, al vacío que lo posibilita. Para que algo pase a la memoria, para ingresar en la represión deben borrarse las huellas de los signos perceptivos , ese circuito se ve trabado y el Otro que se presenta como absoluto. Allí donde el inconsciente no funciona como cadena de saber, la reescritura de la verdad retorna a través de trazas no fonemáticos. Es la parte real del significante, son astillas de letras que se muestran, y allí el falo es un "cómico triste ", ofrecido al ello. El analista permite que la libido que estaba en el fondo del espejo invista al yo real auténtico permitiendo un pasaje del gran A al pequeño a. La recuperación narcisista fuera del espejo deja como saldo menos fi, no soy una caracúlica estoy triste, agujero en lo imaginario que inscriba el objeto como causa, horadando la fijeza del rasgo de carácter.