Nostalgias del Far-West

Osvaldo M. Couso

(*) Intervención en un Panel del Coloquio de Verano "Variantes de la cura tipo". Escuela Freudiana de Buenos Aires, 7 de enero de 1998.

La neurosis se constituye cuando al hecho mismo del lenguaje mortificando la carne, se le superpone el golpe significante que, proviniendo del padre, interpone una primer línea defensiva. Intermediando entre lenguaje y viviente, el padre (en sus tres aspectos: real, simbólico e imaginario) posibilita al sujeto no quedar como objeto de un Otro absoluto, no ser absorbido, devorado, reducido a la dimensión de puro cuerpo.

Pero esa operatoria que nombramos metáfora paterna, es soportada por una persona. Lacan lo llamó un ¨...personaje real investido de símbolo¨. En tanto persona, en tanto cuerpo sexuado, cortará por un lado, y por otro lado renegará del corte que ha realizado. Se reestablece un punto de goce y con él una nueva sujeción del sujeto a un Otro. Ya no será a un Otro sin ley, puro capricho que no parece padecer restricción alguna en su arbitrariedad... pero sí a un Otro que conserva un elevado matiz de omnipotencia. Ya no será a un Otro a quien la significación fálica no limita... pero sí a un Otro donde esa significación se excede y se transforma en omnipotencia fálica. ¨La ley es el deseo del padre¨, dice Lacan. El golpe significante queda indisolublemente unido al goce de golpear, y promueve inevitablemente el goce de ser golpeado. La ley incluye un punto de goce que se agrega a la operatoria significante.

El Padre Real es el agente de esa operatoria, y es tal la discordancia entre la trascendencia de esa función y la persona que la lleva a cabo, que su figura se presentará enaltecida, exagerada, elevada a una potencia de la que verdaderamente carece. Por eso, a ese ¨estar en el medio¨ del padre, Lacan lo llama estar en el ¨mi-Dios¨. Así, al ejercer su papel de agente de la castración, el Padre Real no puede no generar un Padre Imaginario que ¡nuevamente! sujeta al sujeto, y hará necesarias nuevas operaciones de corte.

El éxito de la función paterna posibilita la neurosis, ordena la vida misma de las personas en torno al eje central de sostener ese Dios, o bien servirse y prescindir de él. De ello trata una breve historia que quiero contarles. No me pertenece, es de otro Osvaldo, el escritor Osvaldo Soriano, y la elegí porque aunque algo triste, tiene gracia y ternura.

Había una vez... en los E.E. U. U. un cowboy famoso, un forajido que se transformó en héroe. Su gesta fué particularmente simpática para los sudamericanos, ya que, perseguido por las autoridades, debió, como tantos otros, emigrar... y vivió en América del Sur junto con su amigo del alma y una amante que (se sospecha) compartían. Fué acribillado a balazos por la policía, no se sabe si en Bolivia, o si en la Provincia de San Luis, o en la Patagonia argentinas. Su nombre era Butch Cassidy, su amigo el Sundance Kid, y su amante la (¿ volcánica ?) Edna.

Entre asaltos a trenes y bancos, Butch Cassidy habría tenido tiempo de enamorar y embarazar una argentina, de quien tuvo un hijo natural, llamado William Brett Cassidy. De él dice Soriano:

¨El hijo de Butch Cassidy no conoció a su padre pero la leyenda del cowboy le pesó toda la vida. Al muchacho le hubiera gustado estudiar filosofía pero todos querían verlo con un revólver en la cintura, igual que su padre. Si luego William Brett se convirtió en uno de los árbitros más temibles que el fútbol haya tenido en todos los tiempos, eso fue fruto del azar y de la rapidez con que desenfundaba el revólver.¨ (...) ¨La justicia argentina lo buscaba por dos asesinatos y varios asaltos a los bancos de la provincia de Santa Cruz.¨ (...) ¨... los chilenos le reprochaban haberse llevado todo el oro de Villarica y secuestrado a las dos mujeres más hermosas de la comarca. Pero... (...) ... William Brett andaba por el mundo siempre solo y desamparado.¨

¨Llevaba una vida errante y soñaba con llegar un día a las praderas de Texas y Arizona donde su padre se había hecho fama de ladrón inapresable. A todos les decía que era norteamericano y en las conversaciones fingía un inglés de cinematógrafo aunque había nacido en una estancia y era desertor del ejército argentino.¨

¨Se hizo cowboy y árbitro de fútbol e iba de pueblo en pueblo - siempre en dirección de la lejana Arizona - ganándose la vida en partidos legendarios que se jugaban sólo para que él los dirigiera.¨

¨Iba a caballo por los caminos de tierra y conocía a todos los viajantes de comercio y a los aventureros que recorrían la región...¨ (...) ¨Aparte de los que se veían en las películas, Cassidy era el único cowboy en un país de gauchos. Eso le granjeaba algunas simpatías y el odio de todos los comisarios de policía... ¨

El revólver (útil para el referato en aquellas comarcas casi bárbaras) y la filosofía tal vez hubieran sido para William Brett la posibilidad de transformar alguna de las marcas recibidas. Incluso había llegado a articular (aunque de un modo precario) ambas cosas: uno de los motivos de su éxito como referi era que la gente sencilla del sur ¨... lo creía ecuánime porque llevaba una bolsa llena de libros y en los partidos nunca expulsaba a un jugador sin presentarle excusas aún si después le disparaba un balazo a los pies.¨ Entre los libros que llevaba en su bolsa, se destacaba la Etica de Spinoza, y como ¨... en ese tiempo no existían las tarjetas de amonestación y expulsión, a cada fallo discutido Cassidy sacaba la Etica y se sentaba en el medio de la cancha a explicarles a los jugadores las definiciones de Spinoza sobre el amor, el orgullo, la envidia y los celos.¨ El método no dió resultado, tal vez porque provocaba largas demoras en los partidos... o porque, como sucediera en cierto partido entre socialistas y comunistas, dicho método daba pie (siguiendo qiuizás una costumbre muy argentina) a interminables réplicas que se hacían desde los textos de Marx, Engels y Lenin... Lo cierto es que el referato no reorganizó para él el uso del revólver, ni dió soporte a sus intereses filosóficos. Así que siguió viaje a Texas, guiado por la huella de su padre (aunque recorriéndola en sentido inverso). Cito:

¨Cuando pasó por el pueblo donde se decía que habían matado a su padre, William Brett desenfundó el revólver y asaltó dos bancos y el correo sin que nadie le opusiera resistencia. Era un gesto de orgullo pero también un acto de pura necesidad, ya que le estaban haciendo falta otro caballo y alguna ropa para cubrirse. Los que se llevó eran billetes con muchos ceros pero antes de llegar a la frontera con Brasil la moneda se había devaluado tanto que apenas pudo comprar un par de botellas de whisky y un regalo para una muchacha...¨

A pesar de haberse encontrado con el obstáculo de esa ¨costumbre¨ tan argentina (y aún sudamericana), William Brett Cassidy continuó su viaje, y alcanzó la frontera de Texas:

¨Cuando vió el alambrado que separaba los dos países y al otro lado una estación de servicio y una llanura pelada, el corazón empezó a darle saltos. En ese lugar Butch Cassidy y el Sundance Kid habían pasado su juventud robando todos los bancos y William Brett creyó que, además, habían sido felices. Se acercó a la frontera llorando de emoción pero en el puesto de policía le pidieron el pasaporte y la visa para ingresar en los Estados Unidos de América. El cowboy ignoraba lo que era una visa pero se manifestó dispuesto a pagar por ella con los meses de cárcel que fueran necesarios.¨

¨Un funcionario de policía sacó un formulario de un cajón y le preguntó si padecía enfermedades contagiosas o hereditarias, a lo que Cassidy respondió sin bajarse del caballo...¨ (...) ¨Luego le requirieron si tenía la intención de asesinar al presidente de los Estados Unidos. El hijo de Butch Cassidy preguntó quién ocupaba el cargo en ese momento y cuando escuchó el nombre de Eisenhower manifestó no conocerlo personalmente ni tener cuentas pendientes con él. Al fin, cuando le preguntaron si había pertenecido al Partido Comunista...¨ (...) ¨...declaró con orgullo que unos años antes había sido elegido para dirigir un partido de fútbol entre socialistas y comunistas...¨

¨El policía se puso de pie, alertó al sheriff y a los aduaneros y le pidió a Cassidy que se alejara del país de la libertad. El cowboy alegó que había viajado durante años atravesando el continenete americano para llegar a Texas y citó un par de veces a Hegel para llamar a la razón a los funcionarios. Pero no hubo caso: el sheriff lo intimó a alejarse de la frontera y desenfundó el revólver para hacer más convincente la orden. Ese fue el gesto decisivo. Cassidy sacó también su revólver, se afirmó sobre la montura y mandó al caballo que saltara por encima del alambrado. La pobre bestia lo intentó, pero ya no estaba para esos trotes e hizo un triste papel. Un policía disparó al aire pero Cassidy empezó a tirar con la misma determinación que, pensaba, alguna vez lo había hecho su padre. En la confusión alcanzó a saltar al otro lado de la frontera y sintió, bajo sus pies casi descalzos, la tierra caliente del desierto de Texas

¨Eso es lo último que sabemos de él.¨ (...) ¨William Brett Cassidy había cumplido el destino inverso de su padre que salió de los Estados Unidos y fue acribillado en América del Sur.¨ Sartre decía que ¨... el hombre es el que hace con lo que hacen de él.¨ El corte, la primera diferenciación que implica la función paterna, provee al sujeto de un significante que lo sostiene y lo incluye en una legalidad, trazando una vía como posible. Pero por otro lado, lo mismo que sostiene tiende a someter. El símbolo proporciona marcas, pero a la vez encasilla en ellas. Abre las puertas al mundo de ¨ficciones verdaderas¨ en que vivimos, pero hace ineludibles las vías para transitarlas. Por eso en la neurosis se trata de cómo el sujeto puede servirse de las marcas constituyentes, pero transformándolas para encontrar rumbos que le sean propios.

Mishima dijo cierta vez: ¨Un padre es una máquina de ocultar la realidad, una máquina de urdir mentiras para los niños. Pero eso no es lo peor: íntimamente, cree que representa la realidad.¨ Y William Brett se creyó los cuentos para niños. Su triste final ilustra descarnadamente hacia dónde conduce la búsqueda (neurótica) del Padre. Una frase de Lacan: ¨El Padre deseado por el neurótico es claramente, como se ve, el Padre muerto. Pero igualmente un Padre que fuese perfectamente dueño de su deseo, lo cual valdría otro tanto para el sujeto.¨ Si el sujeto declina su subjetividad misma en manos de alguien a quien supone saber lo que el propio sujeto necesita. Si entrega su destino mismo a ese Otro que cree indestructible... tal sumisión no es ¨inocente¨, apuesta al programa del Principio del Placer, en la ilusión de participar, formar parte, tener su ¨ porción¨ en el goce que el Otro detenta... y esperar ¨su hora¨ para ocupar el mismo lugar que el Otro ocupa.

El cuento que William Brett quiso creer demasiado fué el de la omnipotencia fálica. Cuando esto sucede, es como si lo Real se desanudara: Lacan dice que la falta de relación sexual tiene que ¨adquirir una forma¨; lo entiendo como la constitución de un borde que permita connotarla, que posibilite recorridos que la contorneen, y que vayan ¨modelando el vacío¨ que nos constituye. La creencia en el Falo no es ese borde, sino lo que pretende taponar, renegar de dicha falta. Así el sujeto no puede sostenerse en relación a su carencia, y va siendo empujado hacia el goce, ya que el deseo no es puesto en causa.

Sin embargo, por un tiempo ¨los cuentos¨ pueden funcionar, y puede parecer que todo encaja: hay quien goza de mandar y quien de ser mandado. Y mientras el mandato tiene vigencia, el sujeto cree tener un lugar en el Otro, creencia que se manifiesta porque aparecen como ¨resueltos¨ al menos dos de los aspectos que angustian al hombre: Por un lado, se siente autentificado en su ser mismo, en su identidad; niega así que por ser ésta de raigambre simbólica, es siempre problemática. Por otro lado, cree adueñarse del deseo, pacificando su carácter descentrado, enigmático e inquietante. En suma: se sostienen, ilusoriamente, el ser del sujeto y la consistencia (sin fallas) del Otro. De ambos aspectos nos ilustra William Brett.

Pero Lacan nos ha enseñado que para que la creencia se sostenga es necesario que sea evitada a toda costa la situación en que se pone a prueba su veracidad. Es así porque en esa verificación se evidenciará lo efímero e ilusorio de ese ¨arreglo ingenuo¨ que es el fantasma. Ese fué el error de William Brett, por haberse creído demasiado el ¨cuentito¨, pretendió llegar a la tierra (sagrada) que su padre había pisado. ¿Qué ansias lo llevaban allí? ¿Por qué no se habría conformado realizando un destino de ¨hijo natural¨, de cowboy de las pampas, utilizando el revólver para la ¨sudamericana¨ ocupación de referiar partidos de fútbol? Les propongo la idea que es por una falla en la función de Padre Real, que deja en exceso al Padre Imaginario.

El padre proporciona al Deseo de la Madre una respuesta... que es muy particular, ya que introduce (vía doble vuelta significante) la dimensión del objeto. Es decir que es más que una respuesta, porque permite intuír de allí en más, la imposibilidad, la relatividad de cualquier respuesta. El exceso del Padre Imaginario contradice este hecho, ya que hace parecer que la respuesta consiste efectivamente, recubre lo Real. Hace pensar que lo que dice el padre... es. Paradójicamente, por tanto creer, no se sostiene la creencia como tal.

Por tanto creer ese sueño de una tierra de aventuras, de gestas gloriosas, de coraje, de héroes románticos y amistades inquebrantables... William Brett avanzó hasta el límite en que se demuestra lo ilusorio de la creencia misma. Como un niño que cree tanto en Superman que es capaz de arrojarse por la ventana porque está seguro de poder volar... En ese sentido podría decirse que la función de Padre Real es la de proporcionar la kriptonita. Por falta de kriptonita se le hizo imposible a Cassidy el duelo por el Padre Imaginario, y por eso se arrojó de cabeza... en una película del Far - West. Metáfora del sueño ¨sudaca¨ de ocupar un lugar en el consistente Otro de la libertad, del ¨american way of life¨, del progreso y el triunfo de la iniciativa individual (dada la igualdad de oportunidades).

Cuentos, cuentos que arrasan con tradiciones, con símbolos y con culturas enteras, transformando guerreros en lustrabotas, niñas en prostitutas... hombres en esclavos.

Pero eso no es todavía lo peor (como diría Mishima). Porque el lustrabotas no padece de un total arrasamiento de su subjetividad. Tiene aún una ubicación, aunque a costa de ofrecerse como señuelo al deseo del Otro, y quedar identificado al objeto que goza haciendo gozar al Otro. Lo peor es que el excesivo predominio del Padre Imaginario, ya no es el simple sostenimiento del Otro de la verdad, es decir ese Otro que trata de ¨asegurar¨ la supuesta verdad de las ficciones (aunque para ello deba, como sucede con la Religión, inventar un Paraíso donde el fantasma se sostiene eternamente... aún después de la muerte).

El exceso sostiene a un Otro diferente al de la verdad. Es un Otro que empuja al goce, que postula no solamente el ¨cuento¨ sino la demostración de que el cuento es realidad... un cuento que se presenta como real. Ese Otro no posibilita a los sujetos ubicación fantasmática alguna. Los empuja sin descanso, y con ello los hace caer hasta de la identificación al objeto: caen como objeto en lo real. Los empuja más allá de toda escena, más allá de la neurosis misma. El sujeto ya no podrá responder con el fantasma o con el síntoma, sino sólo con los comportamientos más locos, más actuados... cuando no los más abyectos, ya que en la desesperación por mantenerse en la escena que se quiebra, se pone en juego ¨lo peor¨ de las personas.

Estos fenómenos, que tal vez puedan ubicarse en el borde de la misma neurosis, se observan especialmente en determinados contextos sociales o momentos históricos, en que pareciera haber una ¨presión social¨ hacia el goce. Por eso el relato de William Brett Cassidy no es sólo una metáfora de ¨sudacas¨: De algún modo todos somos los ¨hijos naturales¨ de un pistolero casi... casi invencible. Y es en ese casi de la pistola donde se ponen en juego: vida, sexo, locura y muerte...

Para finalizar, un breve texto que debo al poeta Antonio Requeni. Se llama ¨Piedra libre¨ y dice:

El padre juega con sus criaturas.

La cara vuelta contra la pared

y el brazo levantado hasta los ojos,

está contando como si llorara.

Y mientras cuenta sus criaturas crecen,

van por el mundo, suben escaleras,

se enamoran o estudian geografía.

Cuando termina de contar, el padre

entra en los cuartos y revisa muebles.

Apenas ve. ¿Quién apagó las luces?

Su voz, que ha enronquecido, los invita

a dejar de una vez sus escondites.

Y los hijos regresan, jubilosos.

¡Cómo han crecido! Son casi tan altos

como los sueños que en su juventud

solían desvelarlo dulcemente.

¡A contar! ¡A contar! - exclama el padre.

(Los grandes siempre vuelven a ser niños).

Y los hijos se apoyan contra el muro,

hunden la frente entre sus brazos. Cuentan.

Y mientras cuentan - once, doce, trece ... -

el padre se va haciendo pequeñito.

Cuando terminan de contar lo buscan.

Lo buscan pero el padre no aparece.

Se ha escondido debajo de la tierra.

En su belleza el poema me enseñó que al principio es el padre el que cuenta. Pero si puede cerrar los ojos, para que haya algún rincón escondido a su mirada. Si puede anticipar el final y llorarlo (aunque todavía esté contando)... entonces llegará el tiempo en que sean los hijos los que cuenten.

¡Que falta le hubiera hecho a William Brett Cassidy un padre que se fuera haciendo cada vez más y más pequeñito! Pero parece que el pobre Butch Cassidy nunca pudo jugar a la escondida ...