Humor y Psicoanálisis

Osvaldo Couso

(*) Charla presentada en el Centro de Extensión Psicoanalítica (Centro Cultural General San Martín): 29-10-1991

En primer lugar quiero agradecer a Viviana Dreidemie y a través de ella al Centro de Extensión Psicoanalítica, por la invitación que me hicieron... aunque debo decir que me pusieron en el aprieto de venir a hablar de aquello con lo que la gente se ríe, y eso se parece bastante a la posición del "agua fiestas"... Justamente para evitar ponerme demasiado serio o solemne decidí invitar a un amigo humorista, Conrado Geiger, a quien pertenece el diseño de un pequeño folleto que les ha sido entregado al entrar.

Preparando algunas palabras para decirles esta noche, volví a recorrer el libro de Freud sobre "El chiste...". Allí recorté lo que me parece la motivación fundamental de Freud para escribir ese texto. En realidad puntualizaré dos de ellas:

En primer lugar el hecho de que todo descubrimiento de lo Inconsciente produce risa, aunque la cuestión de que se trata no sea para nada graciosa, sino más bien dramática, incluso trágica. Freud considera ese efecto risueño como una confirmación de lo interpretado. Pero a la vez es como si se preguntara con cierta perplejidad: "¿De que se ríe...?"

En segundo lugar el hecho de recibir (como comentario de sus interpretaciones) muchas veces la respuesta de creer que lo que Freud decía era un chiste. Imaginan ustedes a Freud componiendo pacientemente la interpretación de un sueño, por ejemplo, para que una vez efectuada ésta, el paciente se vuelva en el diván y le pregunte: "¿Me está cargando...?"

Ambos son momentos difíciles, que Freud resolverá utilizando la repetición significante para leer allí algo más de lo que se decía: leerá la homología, la comunidad de estructura entre el chiste y los sueños, que los citúan como expresiones del trabajo de un sistema, de una organización, de una estructura que suponemos virtualmente operando en algún lugar.

Si el trabajo del sueño es el conjunto de procesos de transformación que convierte las ideas latentes en el contenido manifiesto, la genialidad de Freud radicará en demostrar la similitud entre ese trabajo y la técnica del chiste. En éste lo que produce el efecto no es el pensamiento expresado, sino la forma, la expresión verbal. Es en éste sentido que Freud lo relaciona incluso con la poesía: lo decisivo no es "que se dice", sino "como se dice".

Es sabido que en el mecanismo de producción se pueden estudiar los dos ejes en los que opera el Inconsciente, que ya habían sido descriptos para los sueños: la condensación y el desplazamiento (que Lacan relacionará luego con la metáfora y la metonimia). La primera aparece por sustituciones similares a(###) cadencias y juegos de palabras en general, además del carácter abreviado, que es fundamental. Un ejemplo clásico es del médico que luego de revisar a la paciente le dice al esposo: "Humm, no me gusta nada..."; el esposo responde: "Hace años que a mí tampoco...". El desplazamiento en cambio consiste en desplazar el acento psíquico de una palabra a otra, con lo que se logra un sentido a partir de lo desatinado o lo extremadamente simple. Un cómico argentino, Alberto Olmedo, manejaba el desplazamiento extraordinariamente, hacía un personaje que era maltratado por su jefe, quien lo humillaba y golpeaba, finalmente le contaba un chiste (bastante malo) del que Olmedo tenía que reírse; pero el allí se vengaba desplazando el acento a un detalle intrascendente del chiste... supongan, por ejemplo, que el jefe le hubiera contado el chiste del "caballito verde", que todos conocerán... Olmedo hubiera preguntado: "¿Y por que era ver?..."

Bien, esto en cuanto a los dos ejes del trabajo del Inconsciente. Pero en ese mismo texto Freud se ve llevado, casi a regañadientes, como si se le impusiera, a trabajar lo cómico. El humor es ubicado por Freud como una de las especies de lo cómico.

Quisiera subrayar la clara distinción que Freud establece entre el chiste y lo cómico:

En el Chiste siempre hay tres. Eso forma parte de su estructura misma. El chiste se dirige a un tercero. El juego significante implica un lugar tercero. Freud lo dice a su modo cuando explica que lo que el chiste hace oír depende del contexto. El chiste de la "hormiguita y el elefante", por ejemplo, contado en una mesa redonda sobre si es posible el psicoanálisis en los Hospitales (como dijo un amigo en esas circunstancias, la hormiguita hubiera preferido tener que pagar...), hace escuchar algo sobre el goce. Contado en cambio en un congreso de sexología... puede escuchar algo sobre el No hay relación... La idea del tercero es un modo freudiano de decir la dimensión del Otro. El chiste no es de nadie... y es de todos. Se comparte, viene del Otro, y compensa por un instante la soledad del hombre. Parafraseo a Lacan diciendo que " el que hace un chiste no está solo" (tomado del Seminario 7: "El que come no está solo").

En cambio en lo cómico es suficiente con dos. No hay tercero, por eso abre a otra dimensión: a la de la prestancia, al narcicismo. Lo cómico devela, descarga, presenta lo oculto, desnuda, degrada hace caer la prestancia de personas eminentes. Se sirve para ello de la caricatura, la parodia, la exageración, el disfraz. Un ejemplo de Sendra: "Así es, María Mercedes - dice él-, el mecanismo de capitalización de la deuda es complicado y difícil de explicar... para darle un ejemplo, supongamos que usted es el país deudor y yo la potencia acreedora... Bueno, ahora apague la luz y relájese...".

En el humor hay un chiste, es decir que funciona allí el Inconsciente con sus mecanismos. Pero hay algo más: lleva también a esa dimensión propia de lo cómico, donde se trata de velar o develar una verdad.

El humor consiste en que en una situación cuyo desenlace produciría intensos sentimientos o emociones (dolor, susto, terror, enojo, disgusto, desesperación, etc), el que Freud llama "el humorista" hace un chiste. Ello le permite un "ahorro" de esos sentimientos. Una cita: "La esencia del humor consiste en que uno se ahorra los efectos que la respectiva situación hubiese provocado normalmente, eludiendo mediante un chiste la posibilidad de semejante despliegue emocional" (1). Otra cita: "Es medio de conseguir placer, a pesar de los efectos dolorosos que a ello se oponen, y aparecen en sustitución de los mismos". (2)

Desde el principio Freud relaciona el humor con el trauma. Así lo demuestra el hecho de que cinco de los seis ejemplos que utiliza en 1905 están referidos a situaciones traumáticas (en cuatro de esos cinco se trata de la muerte).

Freud va a destacar tres rasgos fundamentales en el humor:

1- El carácter de exaltación, de grandeza de espíritu, el triunfo del Yo sobre las exigencias y sufrimientos de la realidad.

2- Queda triunfante el Principio del Placer, en cuyo registro es "hecho entrar" lo traumático. Retroactivamente resuena en este punto para nosotros el esquema de "Más allá del Principio del Placer", de 1920, en el que el trauma es definido fundamentalmente desde el punto de vista económico como la cantidad excesiva de energía libre, que excede la capacidad de control del aparato, al que exige la puesta en marcha de mecanismos de elaboración psíquica, de ligadura.

3- La protección. El "humorista se conduce como un padre que consuela y muestra a un hijo que la situación temida no es terrible. En 1927 adscribe esta protección al Superyo (instancia parental incorporada). Deberá dedicar toda una página a justificar como ese amo severo puede proteger al Yo. Pero es una idea que también puede leerse en "El Malestar en la Cultura", la del amor y protección provenientes del Superyo. Idea que creo tendrá importantes consecuencias en el decisivo paso que dará Lacan en la teorización del tema del Padre.

Quedémonos por ahora con las ideas de: Una realidad potencialmente peligrosa, o traumática. Y el humor como uno de los mecanismos por los cuales el aparato psíquico logra hacer entrar al Principio del Placer lo que lo excede, triunfando sobre el trauma.

Sin embargo, puntualizando esto, Freud parece dudar en cuanto a cual es el mecanismo último por el cual el humor logra su propósito: ¿Fuga de la realidad? ¿Rechazo de la realidad? ¿Defensa?.

Cuando habla de fuga, ubica al humor en serie con otros medios de rehuir al sufrimiento: alcoholismo, locura, neurosis, ensimismamiento (3). Pero se distingue de ellos en que trabaja sin salir del terreno de la normalidad.

Cuando habla de rechazo de la realidad, lo relaciona con las ilusiones, que venía trabajando por esa época (4). Ilusorio se contrapone a real: son ideas que aclaran y explican los "enigmas del mundo", y nos reconcilian con "el dolor de la vida" (5). Aunque Freud no precisa las diferencias, creo que hay al menos una que es decisiva: la ilusión implica una creencia, dar por cierto, juzgar como verosímil algo incomprobable.

En cuanto al término defensa, subrayo que Freud lo utiliza en 1905, pero no es 1927, en el texto sobre el humor. ¿Es qué por entonces Freud había establecido una división entre lo interior y lo exterior, quedando defensa reservada para designar las operaciones con el conflicto pulsional únicamente?. La idea de un "aparato protector contra las excitaciones provenientes del mundo exterior" (mencionada en el "Proyecto..." y retomada en "Más allá...") parecerían favorecer esta hipótesis. Luego intentaré otra respuesta. Claro que hoy podríamos desde la topología lacaniana, interrogar esa división interior-exterior, pero suspendamos esta interrogación por el momento. Tratemos de seguir a Freud en su lógica. Preguntémonos, por ejemplo, por el motivo que lo habrá llevado a escribir otro artículo sobre el humor en 1927, y por que en este no figura la palabra defensa...

Algunas ideas de dos textos de esa época, pueden ayudarnos ("El Porvenir de una Ilusión" y "El Malestar de la Cultura"): Freud llama Naturaleza a ese mundo hostil para el humano que es el mundo exterior. Un humano marcado desde que llega a la vida por el desamparo y la desprotección. La Cultura tiene su verdadera razón de ser, su esencia misma. su función capital, en defender al hombre contra la Naturaleza. No se trata ya de una cultura que impone al hombre represiones que limitan una Pulsión que liberada tendría una satisfacción "natural". Por el contrario, la Cultura provee de elementos a una criatura humana cuya carencia instintual es tal, que ni sobreviviría sin ellos. La Cultura provee el Lenguaje. El significante logra una suplencia de la carencia instintiva. Pero esa suplencia será siempre fallida: no establece la armonía anhelada; por el contrario, hace borde de un real, un imposible que deja resto.

Cultura y Naturaleza, mundo interno-mundo externo... expresiones freudianas, modos freudianos de decir la estructura, lo que hoy conceptualizamos como la articulación de los tres Registros: Real, Simbólico e Imaginario.

Llegado a este punto, imponiéndose la relación de los tres Registros como el concepto central que pone nombre a las dificultades que Freud está enfrentado, puedo postular entonces desde otra perspectiva lo que Freud llama protección frente a situaciones reales que provocarían penosos afectos:

Freud está hablando de la esencia misma de lo simbólico humano, El se tiende sobre el mundo a modo de red; las "cosas" del mundo quedan recortadas como objetos que entran en una circulación significante. Sin embargo, algo escapa siempre a esa "captura" simbólica. Hay un "más allá"... "algo" que no se puede simbolizar, sino tan solo cercar. Lacan va a llamar connotación a esta relación por la cual el significante rodea, cerca, bordea lo Real, sin atraparlo. En relación a esto me gusta citar una bellísima metáfora freudiana del artículo "El Fetichismo". Allí Freud dice que el fetiche es el "monumento a la castración". Monumento. Algo que conmemora y a la vez compensa. Algo que sitúa pero transforma en presencia lo que no está. Algo es "traído", presentado. Se hace presente lo ausente, pero la ausencia queda a su vez compensada, obturada, velada. Velamiento que no es simplemente ocultar, sino también una forma de presentar. Dialéctica que no implica contradicción forma-fondo, o apariencia-realidad, sino que es apariencia engañosa, y ella es la manera en que se presentifica lo que falta. Es la manera de decir lo que escapa a la palabra, lo que no podría decirse... Como un agregado: si entonces se trata de un modo de presentar ese Real, al precio de velarlo, podemos pensar al humor como el fenómeno mismo de constitución de ese velo (a diferencia de lo cómico que "descorre" el velo, presentando descarnadamente lo Real).

Abro imaginariamente un paréntesis para plantear una pregunta de la que no tengo aún respuesta: ¿Cuál es la relación que tiene el humor con la sublimación? Freud pensaba el placer del humor con un enfoque energético (ahorro de sentimientos), que tal vez pudiéramos hoy un goce sublimatorio. Me pregunto si no podemos pensar el humor como una creación, como un "volver a decir", volver a bordear con significantes una carencia real. Como en la sublimación el objeto creado tiene efectos "sociales", de consenso y valoración. Pero no es eso lo más importante. Lo decisivo es el mecanismo de creación de un objeto que es en sí mismo testimonio de la falta de objeto, y hace sentir al público que tanto el objeto como la falta que vehiculiza, tiene que ver con él. Un dato del artículo de 1905: Freud dice que el humor es una defensa que no es solidaria, que no pasa por la Represión...

Cierro el paréntesis y retomo el desarrollo: El velo como modo de presentarnos la falta...

Tal vez fue ese el motivo por el que Freud necesitó volver a escribir sobre el humor: Si sólo tuviéramos el texto de 1905, ¿no nos hubiera transmitido la idea de que el Inconsciente es el puro juego significante? ¿No es por medio del humor que se transmite que lo Simbólico está agujereado... al hablarnos de su límite?...

Situar el humor como velamiento, es decir que él nos va a permitir, en un segundo tiempo... no en el fenómeno humorístico mismo sino después... nos va a permitir una lectura. Sería mejor decir que nos va a exigir una lectura. pues al no presentarnos lo Real directamente sin velado, deberemos encontrarlo, producirlo: leer "otra cosa" que lo que se dice...

Les propongo entonces poner esto a prueba. Para ello tienen Uds. en su poder algunos chistes... Trataré de leer en ellos algo de lo que vehiculizan sin que lo sepamos, de lo que está aludido bajo el disfraz de la deformación.

Comencemos por el chiste que cuenta el genial Woody Allen (a quien cito con verdadero gusto): El puntualiza que hay allí algo esencial al hombre y sus relaciones. Pienso que hay una vuelta de tuerca en el momento en que el hermano "sano" se transforma el también en "loco", al responderle al psiquiatra. Allí se transmite la idea de que ambos son una metáfora del hombre. Los hombres somos otra cosa que lo que creemos. Otra cosa tan disparatada en relación a nosotros como una gallina. Pero no es que creemos ser una cosa y somos otra, sino que se da la idea de duda, de una incertidumbre sobre lo que "verdaderamente" seríamos: ¿Hay algo más que eso que nos creemos? Porque es a ello a lo que nos aferramos y con lo que nos relacionamos con los otros. La enermidad humana, el desamparo, el espejismo de nuestras humanas imposturas, el corto y bajo vuelo de gallina, y algún producto que damos cada tanto, y que puede permitirnos hasta que alguien llegue a querernos... o a soportarnos al menos...

En relación al chiste Fontanarrosa, me evocó una frase de Lacan (6), que dice que "el deseo es la esencia de la realidad". El deseo (en el Fantasma) y la realidad son de la misma estofa. Son anverso y reverso de un mismo tejido, de un mismo entramado. Se pasa de uno a otro sin atravesar ningún borde. Se confunden. En esta situación se encuentra el protagonista del chiste de Fontanarrosa, cuando realiza el deseo imaginado... Imagina las solemnes y magníficas palabras que diría cuando le llegue la muerte. Palabras que quedarían inscritas en el Otro más allá de la muerte... Les estoy hablando del deseo en el fantasma, y de la realidad, no de lo que Lacan llama lo Real. Precisamente esa realidad fantasmática recubre la dimensión de lo Real. El fantasma es esa máscara fácil que permite que lo Real quede entre-apercibido en y como el fantasma mismo. Pero el momento que la muerte real desnuda al fantasma como máscara, como montaje )fundamentalmente Simbólico-Real, haciéndolo vacilar, lo que borra la realidad; se produce en la caducidad del Otro, la caducidad de la escena misma del mundo.

Los chistes de Sendra los pienso como modos de decir lo condicionado e inestable de lo que creemos nuestras no-sesiones. Nada se tiene sino bajo el horizonte de la pérdida. Tener (falo) sólo es posible como tener amenazado. En tanto neuróticos tendemos a creer que el ser se define por el rasgo de tener: es decir que somos según lo que poseemos. La pérdida posible nos conmueve entonces en nuestras certezas más fundamentales.

Para finalizar les relataré brevemente un cuento corto de Germán Rosenmacher: Se trata de 2 políticos. Uno de ellos es joven, talentoso, de gran capacidad para los análisis políticos, de gran carisma y "polenta". El otro es ya un anciano, figura tradicional, casi legendaria del Partido, reconocido, consultado, afecto a dar consejos y orientación; tiene gran capacidad dialéctica, gusta de los discursos elocuentes: su vida privada es intachable. El renombre de uno y la pujanza del otro hacen que en el Partido les propongan presentarse juntos en las próximas elecciones. Aceptan y emprenden una gira proselitista en tren, recorriendo pequeñas poblaciones del interior. En cada estación, se consuma una rutina preparada, que es siempre la misma, asomados a ese pequeño "balcón" que hay en los trenes tras el último vagón, se dirigen a los a veces nutridos, otras veces más escasos concurrentes que han reunido los "punteros" de la zona. Comienza hablando el joven, mencionando las propuestas del Partido. Luego cede la palabra al viejo, presentándolo como su guía de la acción. El viejo despliega entonces el discurso elocuente, emotivo, en el que menciona el atraso de esos pueblos abandonados. Promete todo tipo de mejoras. Y finalmente habla de su particular emoción, ya que fue allí, en ese mismo pueblo, donde dio sus primeros pasos, aunque luego debió partir. Y es allí, en ese mismo pueblo, donde incontables veces, de incógnito, vino a visitar la tumba de su madre, en el cementerio local. Aplausos y vivas, voces de asombro... Ambos discursos se repiten exactamente, letra por letra, en todas las estaciones... El autor describe magistralmente una vaga sensación de aburrimiento o quizás de angustia, que comienza a padecer el joven: el calor, la fatiga, la repetición exasperante, la indiferencia de custodios y allegados que juegan a las cartas o vagabundean por el tren... Finalmente, algo sucede: en una de las incontables paradas, cuando el joven debe pronunciar su discurso, sin saber el motivo, sin poder explicárselo, pronuncia el discurso del viejo, que había aprendido de memoria: elocuente, con gestos ampulosos, fingiendo emoción, el joven provoca una ovación de los presentes. Al turno del viejo, éste dice que tanta elocuencia lo ha dejado sin palabras... improvisa alguna frase y sale del paso. El revuelo entre los colaboradores es tremendo. Buscan al joven, pero este parece haber desaparecido. El está preguntándose qué lo llevo a semejante actitud. Piensa que su promisoria carrera política está terminada, y se lamenta por tantos esfuerzos arrojados por la borda. Piensa que una figura como la del viejo no puede tolerar esa burla absurda. Finalmente deja de esconderse. Los custodios le dicen que el viejo lo está esperando. El joven se resigna a su suerte. Decide ir y terminar con todo de una vez. Encuentra al viejo al final del tren, su noble cabeza inclinada en actitud pensativa; se ubica a su lado, se apoya en la barandilla y espera. El viejo fuma en silencio un largo rato. Finalmente se vuelve y lo mira directo a los ojos con mirada escrutadora, profunda, penetrante. Durante unos minutos que parecen interminables al joven, las miradas se cruzan y sostienen. Finalmente el viejo le dice: "Vas aprendiendo, pibe..."

¿Consideramos que dice aquí de lo ilusorio, de lo engañoso del discurso político? De las trampas y jugarretas como medio para conquistar espacio y poder?... Creo que sin duda es así: probablemente fue eso lo que el autor quiso expresar. Pero quiero proponerles que más allá de las intenciones del autor, este relato transmite otra cosa. Dice algunos aspectos del Complejo de Edipo: Si consideramos a éste como una manera de expresar que en tantos sujetos de la palabra, en tanto articulación cuerpo-significante, estamos sometidos al despojo de nuestra propia "persona", destinada a "caer" como resto de una operatoria de transmisión del Símbolo... podremos pensar que en tanto padres o maestros producimos símbolos cuya circulación por el mundo ya no nos representará. Por el contrario, símbolos que nos actualizan a diario ese lugar de soporte que sabe de su límite (aunque procure, también a diario, olvidarlo). Símbolos, en fin, capases de hacernos revivir en un relato ese límite, a través de la puesta en escena de que los hijos no vienen a continuarnos... sino a reemplazarnos...

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

 

(1) - Freud, Sigmund: Obras completas. "El humor". 1927. Biblioteca Nueva. Tomo 8; pág. 2997

(2) - Freud, Sigmund: Obras completas. "El chiste y su relación con lo inconsciente". Biblioteca Nueva. Tomo 3; pág. 1162

(3)- Idem de 1. Pág. 2998.

(4) - Idem. Pág. 3000.

(5) - Freud, Sigmund: Obras completas. "El Porvenir de una Ilusión". 1927. Biblioteca Nueva. Tomo 8. Pág. 2875

(6) - Lacan, Jacques: Seminarios "La lógica del Fantasma". Clase 1. Inédito.