DE UNA CRISIS

Osvaldo Couso

(*) Cuadernos Sigmund Freud Nro 19 (1997)

No solamente los psicoanalistas sino el psicoanálisis mismo están en crisis. Crisis en la que distingo tres planos que se anudan:

* La disminución del interés que el psicoanálisis genera en la cultura. / * Un factor real de mercado que dificulta su efectuación concreta. / * Graves dilemas éticos de la sociedad posmoderna en que vivimos. / El interés que el psicoanálisis despierta en la cultura

En un texto de ese "poeta del trazo" que es Caloi, encontré un momento de la ubicación de los psicoanalistas en la cultura. El texto pone el acento en los aspectos "humanos" del psicoanalista, en sus "debilidades". Una sola muestra: la perplejidad, la confusión del pobre psicoanalista de Clemente cuando éste le cuenta que nació de un huevo cuadrado que estaba en una incubadora desenchufada... el psicoanalista no entiende como se puede así "cortar el cordon" y "resolver el Edipo"... Para colmo Clemente le cuenta que tuvo un hijo con una aceituna... "esas aceitunas resbaladizas, juguetonas, saltarinas... pero cariñosas...". También es conmovedora la escena en que los dos se lamentan porque están sometidos a poderes que los determinan... en este caso el dibujante, que puede tapar con tinta china algo que ellos digan y que no sea de su gusto... El análisis culmina incluso con una curiosa inversión de papeles, ya que el psicoanalista se transforma en el paciente de Clemente.

El libro no es burlón, sino tierno. Es menos sarcástico que piadoso. Pero creo que indica muy bien esos elementos que Freud resaltaba: la degradación de personajes eminentes o investidos de autoridad... el atender a las "debilidades" humanas para disminuir la veneración, el endiosamiento. Pero entonces, ¿es que los psicoanalistas en algún momento estuvieron endiosados en la cultura?...

No es ese el espíritu del texto que Freud dedica en 1924 a las resistencias contra el psicoanálisis. Allí el decía que las críticas con que fueron recibidos sus descubrimientos no tenían el tono del buen gusto por la polémica intelectual o la racionalidad científica. Eran por el contrario sospechosamente apasionadas, más cercanas al desprecio o al rechazo indignado que al rigor lógico.

Hay entonces un pasaje en el lugar que el psicoanálisis ocupa para la cultura. Del rechazo apasionado se pasa a la necesidad de la caricatura que rebaja una autoridad supuesta.

Cuando Freud se pregunta el porqué de tanto apasionamiento en las críticas, responde sin vacilar: porque los pilares mismos de la cultura se ven conmovidos por su descubrimiento y es por eso que "lo nuevo" es resistido con tanto ardor.

Efectivamente, el Inconsciente freudiano presenta a la Razón, su síntoma. Si la Razón pretende constituir el mundo como espacio donde se despliega la operatividad matemática, el cálculo, la plenitud del conocimiento, del progreso y los valores universales... Si para la Razón el mundo entero es pasible de ser hecho inteligible, de ser significado desde algún sistema de pensamiento que lo hace transparente... Si la lógica pretende acallar al mito y la ciencia a la creencia... El Inconsciente freudiano presenta a la Razón su síntoma, su límite, el fracaso de la pretensión iluminista, lo que sostiene empecinadamente lo incapturable de lo Real. Y allí, en el lugar en que se produjera ese síntoma de la Razón, surge como invento el psicoanálisis.

Durante siglos el cuerpo significante de la histeria sirvió de soporte a la verdad que un discurso de dominio excluía. Por ello quedará ubicada en el lugar de falla de un saber médico que cree totalizarse. Pero hasta allí el síntoma y sus portadoras cumplen únicamente una función de reclamo, de oposición o de denuncia.

En un segundo momento, surge en ese lugar del síntoma algo nuevo, la invención de Freud, el Inconsciente... que no sólo modifica el saber mismo, sino que a partir de él surge una realidad nueva, permite pensar cosas hasta entonces impensables, y organiza un "hacer algo con eso": se fundan un cuerpo teórico y una praxis.

Así ubicado el psicoanálisis como invento en el lugar del síntoma de la Razón, los psicoanalistas reciben las críticas apasionadas, y soportan como pueden que se les suponga un saber sobre "lo tenebroso" (que escapaba a la ilusión iluminista). Suposición que implica un poder en parte real (conmocionar "lo establecido") y en parte adjudicado (manipulación de las fuerzas ocultas).

Por la relación con el síntoma y con la verdad que a su modo vehiculizaba, explico el interés que despierta el psicoanálisis, y que lo lleva a extenderse por el mundo como un reguero de pólvora (... con peligro de explosiones incluido).

Pero allí comienza una tercera etapa, porque vehiculizar no es revelar... y sostener una verdad no es poseerla...Sin embargo hubo quienes "se creyeron" demasiado el saber que les era adjudicado, imaginándose dueños de los secretos, los misterios y los valores universales. Se autorizaron a indicar "lo conveniente", lo que "habia que hacer"... Gozaron del poder (también adjudicado) de quien cree tener el resorte de cómo son las cosas, de poder decir "lo verdadero sobre lo verdadero". 1

¿Cómo resistir tal (gozosa) fascinación... sosteniéndose en el borde inestable de un saber entendido como "síntoma de la ignorancia"?... 2

La infatuación de las posiciones descriptas tuvo consecuencias tanto en la inscripción social del psicoanálisis (llevó necesariamente a la "degradación" que el texto de Caloi ilustra...), como "dentro" de la teoría misma: el Inconsciente freudiano es "transformado" de estructura de hiancia en saber totalizable. Se lo ubica como lo no-consciente, lo que escapa a la conciencia. La lógica de la negación complementaria reduce dos órdenes radicalmente irreductibles a dos modos "diferentes" de presentación. Se abre paso a la recuperación de lo que "no encaja" para el predominio de lo sensato: el Inconsciente pasa a ser un sentido desconocido... pero recuperable. Una información de la que se carece... pero alcanzable. El discurso psicoanalítico vira a discurso del Amo.

Se trata entonces de un proceso por el cual un síntoma aparece como la manifestación de que algo de lo Real escapa a una articulación significante. En ese lugar surge una invención que crea una nueva realidad. Pero en un tercer momento ese significante nuevo es degradado e incorporado. Y requiere nuevas operaciones con la estructura de la "doble vuelta", para ser re-creado. Re-creado significa que perdida la relación con el síntoma que permite vehiculizar de algún modo una verdad, lo real queda reprimido... y la pólvora se moja: la sociedad ya no es conmovida hasta sus cimientos.

Lacan sitúa su obra misma (cuando dice que su invento es el objeto a) como un invento en el lugar del síntoma del post-freudismo. Dice que lo que éste excluyó fue lo Real (pienso que porque Freud no pudo formalizar su escritura... que Lacan nos propone con el Nudo Borromeo). Nuevamente ahí Lacan inventa algo en el lugar de un síntoma, ahora no ya de la Razón, sino del psicoanálisis mismo.

Estos tres tiempos son esenciales. Sucedieron antes y están sucediendo ahora también en el lacanismo, a pesar de que el propio Lacan haya definido al sabio como el que "... mediante una serie de precauciones, se resguarda de ciertos interrogantes que conciernen al status mismo de la ciencia a cuyo servicio está".3

Quienes se sostuvieron conservando la radicalidad de la falta, lograron que el psicoanálisis despertara enorme interés en el mundo. Quienes se creyeron "que sabían" no pudieron lograr que ese interés se conservara... por el contrario, decayó al no ser ya capaz de conmocionar en la medida que se aleja de "decir algo" de alguna verdad.

Los primeros pagaron siendo apasionadamente resistidos. Los segundos en cambio gozaron por un tiempo de cierta situación de privilegio, pero sin saberlo estaban realizando el proyecto de la Modernidad, obturando la falla de la Razón, al hacer al Inconsciente "manejable". La cultura los trata con esa especie de lo cómico que es la caricatura: degradar, marcando con trazos gruesos los rasgos deformes.

Pero no es justo acentuar los errores de las personas. También tienen su importancia otros dos factores: La deformación natural que la difusión masiva produce, combinando intuiciones del profano con concepciones universales, y saber común con conocimientos de revistas de divulgación... ideas que revolucionaron la Humanidad son trituradas por el sentido, adoptadas (y adaptadas) para el dominio público...

Y muy especialmente hay otro factor de estructura del Orden Simbólico mismo: la renegación estructural del lenguaje, el hecho mismo de que sólo como presencia se puede presentar lo que es ausencia... la pretensión "imperial" del símbolo de fundar lo absoluto por sobre lo real. Todo saber "tiende" a concebirse como absoluto: fundamento antes que creencia... "cosa en sí" antes que representación. Todo concepto pretende la captura de lo Real... abolir sus oscuras determinaciones... esclavizar sus inquietantes poderes... Todo símbolo nos embriaga en la creencia de estar más sostenidos que arrancados... más protagonistas que poseídos...

Cambia el lugar que el psicoanálisis tiene en la cultura: De sostenerse en la falla del saber constituido a creer constituirse como saber sin fallas.

Este punto es esencial. Genera pérdida de interés por el psicoanálisis, desmotivación para escucharnos, y dificultades para distinguir nítidamente al psicoanálisis de otras prácticas alternativas conocidas (que pasan por lo esotérico y lo sugestivo).

 

 

Lo Real del mercado.

La profundización del sistema capitalista con cifras récords en el mundo de desocupación y sub-ocupación... lleva a la polarización de la sociedad, con asfixia de la clase media (tradicionalmente la que más consultaba a los analistas). Es tal el cambio del mundo en que vivimos, que la alienación en el trabajo que Marx describiera, ha sido reemplazada por la falta de trabajo en que enajenarse... El empobrecimiento generalizado y la agonía de las profesiones como prácticas liberales (con honorarios de miseria fijados por la Obras Sociales), determinan condiciones reales que afectan la efectuación concreta de la praxis más allá de las dificultades singulares. Un chiste aparecido en Página/12 el 22 de marzo de 1995, y firmado por Rudy y Paz ejemplifica tales condiciones:

Periodista: Dr Cavallo... un prestigioso diario londinense lo comparó a Ud. con un mago que saca conejos de la galera.

Cavallo: Me parece una comparación acertada... En este simbólico circo que es la Argentina yo me siento muy bien en el papel de mago.

Periodista: ¿Y el Presidente que vendría a ser?

Cavallo: El Maestro de Ceremonias.

Periodista: ¿Los trabajadores?

Cavallo: Son los equilibristas.

Periodista: ¿Los empresarios?

Cavallo: Son los dueños del circo.

Periodista: ¿Y la clase media?

Cavallo: Se la comió el león.

Las variables económicas aparecen así como un Real que "ec-sistiendo" a la praxis misma del psicoanálisis, le imponen sin embargo fuertes determinaciones, razones "de peso" que no se confunden con las resistencias (aunque se les superpongan y muchas veces las potencien) que se juegan en la singularidad de cada caso.

 

 

El Posmodernismo: dilemas éticos.

El posmodernismo implica el predominio de tendencias de las cuales el psicoanálisis queda a contrapelo. Sólo menciono la superficialidad, el desencanto, el pesimismo, el descreimiento en procesos, proyectos o búsquedas, el eficientismo, la promoción de la satisfacción inmediata, el imperio de la escena tecno-comunicacional que se postula no como aproximación a un real que queda excluido sino como "siendo" ese real mismo... la lista interminable empuja al psicoanálisis para convertirlo en instrumento (uno más entre otros) sirviendo a un "consumidor" en su esfuerzo por mantenerse "erecto", disfrutando de la total satisfacción (que una profusión de objetos a su alcance promete y garantiza), del éxito, y de la perdurabilidad siliconada de belleza, juventud y potencia...

Un músico popular (Luca Prodan) decía: "No sé lo que quiero, pero lo quiero ya". Esa frase sintetiza para mí:

- El borramiento exultante de todo espacio abierto a la incertidumbre o a la angustia motorizadora.

- La sacralización de ese borramiento, que exige perentoriamente la satisfacción inmediata... incondicionalidad que sólo la droga puede cumplir, y que obtura toda hendidura favorecedora de la dimensión deseante, haciendo imposible el "desasimiento" (4) de un Otro así absolutizado.

Curiosa derivación del posmodernismo, ya que si surge como cuestionamiento de la universalidad de los valores que el modernismo impone, culmina con el arrasamiento (por decreto) de todo valor... con lo cual todo está permitido, todo vale porque nada vale... "todo" aún más consistente que el que se pretende superar.

Me pregunto si no es la aparición brutal de la tragedia lo que constituye el síntoma del posmodernismo... y si en relación a ella tendremos los analistas algo que decir...

 

 

 

Una articulación.

Los tres planos mencionados pierden su nitidez si no se los piensa articuladamente.

Acentuar alguno en desmedro de los otros lleva a la queja: Ya se trate de culpar a la I.P.A., a la Psicología del Yo o a algún sector del lacanismo (por degradar al psicoanálisis mismo). O a los gobiernos (por la asfixia económica). O al posmodernismo (porque "todo tiempo pasado fue mejor"... "nosotros estamos en lo correcto pero no nos escuchan"... etc). En cualquier caso no se trasciende la posición de lamento esterilizante.

En 1964, Lacan resiste ante la injuria y la excomunión. Sostiene su producción retomando los conceptos fundamentales. Dice entonces "... estoy aquí, en la postura que es la mía, para presentar siempre la misma pregunta: ¿qué es el psicoanálisis?". 5

De una crisis... ¿se podrán reabrir y renovar las (mismas) preguntas (..."volver a decir todo sobre otra faz")?..6

 

 

 

Bibliografía

1. Lacan, Jacques: Seminario XIV "La lógica del fantasma, clase del 7/12/66.

2. Lacan, Jacques: "Variantes de la cura tipo".

3. Lacan, Jacques: Seminario XI "Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis", clase del 24/6/64.

4. Lacan, Jacques: "Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano".

5. Idem de 3, clase del 15/1/64.

6. Lacan, Jacques: "De un designio".