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¿DE LAS ESTRUCTURAS CLINICAS AL NUDO BORROMEO?

Cristina María Calcagnini

(*) Jornadas Aniversario "30 años de Escuela (1974-2004)". Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1, 2, 3 y 4 de Julio de 2004.

¿De las estructuras clínicas al nudo borromeo?

Los signos de pregunta que bordean el título dan cuenta de la dificultad de proponer un pasaje tan desafiante que abre a un extenso campo teórico que podría equipararse a la invitación a recorrer el pasaje de la metapsicologia freudiana a la topología lacaniana, o del nombre del padre a los nombres del padre o del síntoma al sinthome. Todo esto en el módico espacio de tiempo de 15 minutos. Lo cual es una misión imposible.

Es por eso que voy a recorta el campo de mi exposición con otras preguntas:

¿Cual es la incidencia clínica del viraje teórico que Lacan produce en la relectura de la letra freudiana, a partir de su invento el objeto a?

Apostar a interrogar la clínica, ha sido una de las maneras de sostener uno de los pilares sobre los que se fundó el psicoanálisis. Aún hoy en la reiterada lectura de los historiales freudianos recortamos no sólo los avances sino también las dificultades que son intrínsecas al quehacer de nuestra práctica.

Ahora bien, cuando decidimos hacer un recorte clínico, llámese historial, recortes de la práctica, caso clínico, ¿lo seguimos haciendo a la manera freudiana?. ¿Los aportes de Lacan en relación a la escritura nodal, produjo alguna variación en la lectura y transmisión de nuestra práctica?

¿Cómo llega Lacan a formular el nudo borromeo? Lo hace tironeado por la contundencia de lo real.

Tempranamente en el año 53, escribe con una secuencia circular de pares de letras el análisis que Freud hiciera del hombre de las ratas. En verdad, no va a abandonar nunca esta posición de formalizar en una escritura que acote el exceso de sentido, las distintas articulaciones teóricas que va haciendo a partir de lo real de la clínica.

Nombrando a lo real: trauma, no hay relación sexual, nudos se sirve de los aportes de la topología, la lógica, y los nudos.

Podríamos rapidamente resumir que en los primeros tiempos de su enseñanza, año 53, Lacan señala que hay una parte de lo real que se nos escapa, y que a Freud no se le escapaba, pero que caía fuera de su dimensión y alcance.

En el año 64, va a plantear que el análisis es la única praxis orientada hacia el núcleo de lo real. Se trata de un real que se esconde, la tyché, que está más allá del retorno, del volver comandado por el principio de placer.

Se trata del encuentro fallido con lo real en donde se presentifica lo inasimilable del trauma que no logra simbolizarse y retorna desde lo real.

Lo real, en tanto, lo que se escapa y cae en otra dimensión, o se esconde y vuelve al mismo lugar se sitúa en torno a una pregunta: ¿dónde está lo real?. Resaltando y apuntando a lugar, a una cuestión topológica.

Es dificil instituir lo real a partir de la emergencia de lo imaginario solamente, tal como lo sugiere la cuestión de lugar, es por eso que Lacan se sirve de la topología matemática, que no alcanza para cernir lo real.

Apoyado en la lógica, va a plantear la pregunta sobre si es posible escribir una función del goce. Lo real lo va a nombrar : no hay relación sexual. No hay posibilidad de escribir la relación sexual. El goce sexual abre la puerta del goce a secas. Gozar de un cuerpo es abrazarlo, estrecharlo, ponerlo en pedacitos, hacer uso de él. ¿Cómo escribir lo que no se escribe?

Avanzando con la lógica escribe las fórmulas de la sexuación, que se constituyen en el matema de la identificación sexuada del sujeto. Escribe La (tachada)mujer. Una mujer no toda es. Formula un goce adicional, suplementario a lo que designa como goce la función fálica.

Hay un goce más allá del falo, y aquí Lacan se pregunta: ¿qué sabe una mujer sobre su goce?

Ante la imposibilidad de escribir el goce femenino por un lado y en la búsqueda de una escritura que no necesite de la lengua que uso para ser explicada, es decir, una escritura que se trasmita por sí misma, Lacan inventa el nudo borromeo para escribir lo real.

Bordeando el goce femenino en su imposibilidad de ser escrito, interrogará a partir del advenimiento del nudo, el goce del padre.

Reordena aquellas tres letras: R S I, real, simbólico e imaginario, que acuñara en el año 53 y las escribe en el nudo borromeo formalizando así la estructura del sujeto.

El nudo borromeo formado por 3 consistencias equivalentes entre sí, se trata de los tres registros anudados, que delimitan un agujero central irreductible, en el que ubica a su invento, el objeto a. La única propiedad que define el anudamiento es la propiedad borromea que determina que si cortamos una de las cuerdas del nudo, las otras dos quedan sueltas.

El nudo escribe lo real de la estructura del sujeto, recortando los goces que lo atañen. Recordemos :en el agujero central irreductible, donde se anudan los tres registros ubica al objeto a, y en relación al goce ubicamos el plus de goce.

En la intersección, en el calce entre lo real y lo imaginario, se recorta el goce del Otro. Goce fuera de la lengua, fuera de la palabra, goce inexistente para el parletre, en tanto reenvía el goce incestuoso que en tanto perdido no deja de añorarse. La angustia aparece situada allí donde lo real inmixiona en lo imaginario. Es lo que en el interior del cuerpo existe cuando algo la despierta. Es ese afecto loco, desamarrado señal para el sujeto de lo real, y que aparece ante ese oscuro objeto del deseo del Otro.

En la intersección, en el calce entre real y lo simbólico, ubicamos el goce fálico, del lado de lo simbólico. Se trata del goce fuera del cuerpo, goce de la palabra. Como eficacia de la inmixión de lo simbólico en el registro de lo real, ubicamos al síntoma. Definido como lo que no anda en lo real. Como efecto de la anomalía en que consiste el goce fálico, en la medida en que se explaya aquella falta fundamental : no hay relación sexual. Se trata de las dos caras del síntoma, la del cifrado simbólico, producto de la metáfora y la metonimia, campo del inconsciente, y la cara del goce, que Freud definía como indicio y sustituto de una satisfacción pusional interceptada y que con Lacan resumimos diciendo que es el modo en que cada uno goza de su inconsciente.

En la intersección, en el calce entre simbólico y lo imaginario se recorta del lado de lo imaginario, el sentido. Donde lo imaginario se inmiscuye en lo simbólico, se produce la inhibición que es siempre asunto del cuerpo, o sea de las funciones. La inhibición es la introducción en una función de otro deseo diferente del que la función satisface de manera natural.

En su seminario 22 Lacan, RSI, va a pasar de situar Inhibición, síntoma y angustia, como eficacias de la inmixión de un registro en el otro, a ubicarlas como cuarto elemento a partir de introducir las nominaciones.

La inhibición como Nominación en lo imaginario:( Ni ). El síntoma como como Nominación en lo simbólico: (Ns). La angustia como Nominación en lo real :(Nr). Vemos entonces como la tríada freudiana queda ubicada como cuarto eslabon, en un tiempo teorico previo a que devele que los nombres del padres son los nombres primeros: real, simbólico, imaginario.

Lacan comenta que los tres registros estaban en Freud pero sueltos, y que para anudarlos inventó la realidad psíquica y que tiene un nombre: Complejo de Edipo. Sin el Complejo de Edipo nada se sostiene.

... "Estos tres a los que hacemos referencia en Freud son inhibición, síntoma y angustia tan heterogéneos como lo real, lo simbólico y lo imaginario..."

Los 3 de Freud, extraídos de otros 3, neurosis obsesiva, histeria y fobia, pasan a jugar de otra manera con los 3 de Lacan.

Se trata entonces de lo que se nombra, tomando relevo del nombre del padre, como nominaciones, que como cuarta cuerda anuda la estructura subjetiva.

Cuando Lacan se reconoce freudiano a diferencia de Freud que no es lacaniano, está avalando que en su relectura de la letra freudiana rescata la célebre tríada inhibición, síntoma y angustia que testimonia de los avatares del neurótico en su pregunta por el deseo que lo habita.

Tomados del hilo que la pregunta por el deseo inaugura, abrimos al camino que la dirección de la cura toma en la practica psicoanalítica.

Estamos inmersos, como Freud y como Lacan en el campo de una práctica que apunta al meollo de lo real.

Nuestra posición hace diferencias con otras prácticas que apuntan a la coherencia, y a liberar rapidamente al sujeto de sus conflictos, ya que nos preocupamos por lo que no anda, por lo que se atraviesa y estorba el andar del sujeto. No para que corregirlo y que funcione bien, como siempre demanda la posición del amo: que las cosas anden bien, sino precisamente para que eso que se atraviesa pueda empezar a hablar. Bordear con palabras aquello que atosiga al sujeto, para que hable, para que diga del encierro en que está preso, para que la palabra mitigue el dolor que conlleva el sufrimiento. Para que diga esa verdad que la inhibición el sintoma y la angustia denuncian.

Se trata de pensar lo que el nudo nos aporta como soporte escritural de la estructura del sujeto, y remarco que el anudamiento delimita ese vacío central irreductible que es el carozo del ser y que precisamente allí es donde ubicamos ese invento lacaniano, que es el objeto a.

La esencia de la causa del sujeto está en ese vacío irreductible que las cuerdas del nudo delimitan.

Nuestra clínica es la clínica del sujeto, del caso por caso. Es la clínica de la inhibición, el síntoma y la angustia.

Pensar la estructura desde la escritura nodal, redimenciona la operatoria analítica.

Recordemos lo que Lacan plantea en Le sinthome:

..."El análisis es la respuesta a un enigma.

En la medida que opera en el sentido, entre el campo de lo I y lo S, en tanto no hay Otro del Otro, es preciso que hagamos una sutura y empalme entre lo I y lo S.

Todo eso para obtener un sentido, lo que es el objeto de la respuesta del analista a lo expuesto por el analizante a todo lo largo de su síntoma.

Cuando hacemos este empalme, al mismo tiempo hacemos otro, entre lo que es síntoma y real.

Por algun lado enseñamos al analizante a hacer empalme entre su síntoma y lo real parasitario del goce. Es de sutura y empalme que se trata el análisis..."

La operatoria analítica abarca desde el desciframiento del síntoma hasta el sinthome, pasando por la construcción de la demanda de análisis, haciendo lugar a la interpretación del deseo en juego, produciendo el acotamiento de los excesos del goce, mediante las intervenciones pertinentes.

Descifrar, construir, interpretar, intervenir, momentos lógicos del acto analítico que se dan a leer en el despliegue de un análisis, del comiezo al fin.

A modo de concluir, y haciendo un brindis por estos 30 años de nuestra querida Escuela Freudiana quiero decirles que en esta grata tarea de formación de analistas en la que nos vamos formando, hemos retomado una y otra vez la pregunta freudiana por la neurosis, desplegando la interrogación lacaniana por como opera el psicoanálisis.

Así avanzamos en estos años dando cuenta del acto analítico, en los avatares de las curas que dirigimos, transferencia mediante, allí donde reinventamos cada vez el psicoanálisis, en función del deseo de analistas que nos habita.