INOCENCIA INTERRUMPIDA

Cristina María Calcagnini

(*) Jornada de Carteles; EFBA; 12-10-2001.

LA ENCRUCIJADA ADOLESCENTE

En un texto que escribí ya hace unos cuantos años, decía que adolescer es el verbo de las transiciones. Situaba allí que adolecer sin s, quiere decir caer enfermo, padecer una dolencia habitual, también suele usarse para decir que alguien adolece de un vicio, afecto o pasión. En cambio, adolescer con s, expresa crecer. Podríamos decir que padecer y crecer consuenan igual, sin embargo la s marca la diferencia, especialmente si ubicamos en esa, la S del sujeto.

S del sujeto atravesado por la barra de la castración, que da cuenta del sujeto divido. Nuestro interés desde el psicoanálisis se centra en los avatares del sujeto y su deseo.

La adolescencia es el tiempo de la vida en el que se produce el segundo despertar sexual. Situamos al primero en la infancia. Según como se haya anudado la estructura en la infancia, el despertar adolescente será tiempo de bonanzas o de tempestades.

Si la estructura está en orden, el segundo despertar sexual estará sostenido y anidará en los sueños del sujeto. Los sueños morada del deseo, vía regia de acceso al inconsciente.

Tiempo de adolescencia, es tiempo en que la angustia se presentifica, el dolor de existir toma a veces la escena cotidianamente y lo que debería ser la comedia de la vida se transforma en la tragedia anunciada.

La adolescencia es una de las grandes encrucijadas de la vida. Si definimos a la encrucijada como ese punto de entrecruzamiento de varios caminos, podemos entender porque para algunos adolescentes, se transforma en el punto propicio de despegue, en cambio para otros es un callejón sin salida, una verdadera pesadilla.

Me refiero a aquellos jóvenes que van de tropiezo en tropiezo, que no tienen mas chance que decir del drama que los habita, con una acción violenta que pone a veces en riesgo su vida.

Una amplia gama de problemáticas clínicas dicen actualmente del malestar: anorexia, bulimia, drogadicción, inhibiciones estudiantiles, presentaciones psicosomáticas, actuaciones violentas.

Situaciones clínicas que muchas veces cuestionan el deseo de vivir, en los intentos de suicidio. Hay quienes minimizan estas circunstancias interpretando un supuesto intento de llamar la atención.

Pensemos que se trata de un profundo conflicto que traba al sujeto en ese delicado borde del desborde, en el que se invoca la posibilidad de la muerte.

¿Qué piden? ¿Qué reclaman?, ¿qué demandan en ese grito que podemos intuir en la profundidad del " mal.. estar"? .

Buscan la mirada y la escucha de los padres. Hacerse oír, hacerse ver. Claro, que se trata de un decir difícil de entender porque en realidad apuntan en el desacuerdo y en la oposición a lo que separa. Está en juego el desprendimiento, más que el entendimiento con ellos.

Del lado de los padres la adolescencia de los hijos, los confronta en espejo con los conflictos no resueltos con sus propios padres, con lo rechazado de la propia sexualidad, con las asignaturas pendientes. Como respuesta, a veces, se cierra la escucha a la problemática que se presentifica en el planteo de los hijos.

Escuchamos muchas veces que retorna en los analizantes adolescentes, el dolor frente a la indiferencia de los padres.

La indiferencia, como el amor y el odio, es una de las pasiones humanas que más estragos produce. La indiferencia se juega en el "todo vale" de la falta de límites, en el dejar pasar, en el "no me di cuenta de lo que estaba sucediendo".

En mi planteo no se trata de adjudicar culpas, sino de poner el acento en la responsabilidad que se juega, cuando se asume la autoridad que implica hacerse cargo de la paternidad.

La responsabilidad, pone en juego también asumir las propias carencias frente a los enigmáticos planteos de los hijos. Momentos de interrogantes en los que la escucha del analista permitirá situar lo que allí se atraviesa.

Buscar ayuda, no es signo de debilidad ni de locura. Es uno de los modos de trasmitir en acto del lado de los padres que el padecimiento de los hijos les importa, los atraviesa y también les duele.

Duele el desprendimiento porque deja al descubierto lo que falta, la castración del Otro, lo que los hijos como velos recubren.

Es la ley de la vida, lo importante es como decía el poeta, " aprender a volar". Ese vuelo que se produce porque hay raíces de donde partir, y que se ejecuta con las alas que el deseo crea.

LA DIRECCION DE LA CURA

El despertar adolescente, no se produce sin el despertar los de sueños.

La trama del sueño da soporte, a ese real de la sexualidad que invade, que rompe la pantalla, y que produce una profunda conmoción imaginaria.

No hay iniciación, no hay recursos en nuestra cultura que desde lo simbólico sancionen que se es hombre o mujer, sino que el sujeto es atravesado por la experiencia, que sin duda depende de cómo haya transitado el primer tiempo de la sexualidad. El significante no puede cubrir todo lo real.

La posibilidad de que el despertar adolescente no sea una verdadera catástrofe para el devenir subjetivo no es sin la inscripción que la operatoria de la función paterna produce en relación al Otro primordial.

Es decir, que la madre está prohibida y el sujeto ha caído del lugar de falo para el Otro, gracias a la mediación de la metáfora paterna. El padre ha operado, privando a la madre del cuerpo de su hijo. Esta a su vez ha producido la mostración de su falta, ha puesto en juego su castración frente al hijo, como relevo de que está habitada por un deseo más allá de él.

Que el niño haya podido formularse la pregunta por el deseo de la madre, es condición para que pueda preguntarse por su propio deseo.

La resolución del complejo de Edipo, a través del complejo de castración deja al sujeto identificado a las insignias de su sexo, que deberán ponerse en juego en la escena con el otro sexo.

Sin embargo podríamos preguntarnos, basta con que los títulos , con que las insignas simbólicas estén en orden para que se despliegue un proceso adolescente "normal".

De que manera juega lo real del encuentro con el Otro sexo, me refiero al impacto del enigma femenino, desplegado a través de las preguntas: ¿qué quiere una mujer ¿qué sabe una mujer sobre su goce? Qué es ser una mujer?

Podemos decir que no hay relación sexual, no hay relación de igualdad de un sexo con el otro, hay desencuentro.

Tanto el hombre como la mujer deberán pagar el precio de la castración, para poder acceder al encuentro de su partenaire en el juego sexual.

La conceptualizacion que Lacan produce en relación a lo real, como lo imposible, lo que no cesa de no escribirse nos advierte de lo que necesariamente toma la escena del análisis en un intento fallido de inscripción .

La clínica con adolescentes muestra particularmente este delicado sesgo por donde lo real acucia, acecha al sujeto y busca en el encuentro con el analista la posibilidad de un anudamiento de ese goce desbocado que amenaza con arrasar al sujeto.

Yo he trabajado los interrogantes que la clínica con adolescentes me planteaba utilizando obras clásicas como Romeo y Julieta, Antigona, El despertar de la primavera, en las que se plasma que el camino del deseo del sujeto es dramático.

Allí donde se evidencia el choque deseos entre el sujeto y el discurso del Otro. Choque de deseos que por estructura debe hacer lugar a la falta. Pero cuando el Otro no pone a disposición del sujeto la falta y el sujeto avanza sin piedad y sin temor el riesgo es la caída de la escena, el pasaje al acto.

En cambio si el sujeto frente a la angustia que le advierte de la proximidad del deseo del Otro en el que puede quedar entrampado puede disponer de la escucha del analista el fin de la historia puede ser otro.

La tragedia habla de un sujeto preso en las redes del Otro, del Otro que no cede que no puede hacer el don de la castración.

Otro cuya palabra cuenta para el adolescente y que según el modo en que lo nombre, lo habilita o lo destierra irremediablemente a un exilio del que pocos pueden retornar .

Para poder pensar la dirección de la cura, quería dejar planteado que se trata de articular la posición del analista en la transferencia, para que pueda operar en relación a lo fallido de la función paterna, por supuesto que estoy hablando en el terreno de la neurosis.

En este sentido habrá que pensar en cada situación clínica en particular, a que nivel se produce la falla, si es en relación a lo simbólico a lo imaginario o a lo real de la función: nombre del padre.

Este es el lugar desde el cual el psicoanálisis opera a través de nuestra posición sostenida en la función deseo del analista.

La clínica siempre nos plantea interrogantes.

Cuando hablamos de clínica no se trata sólo de historiar sobre los avatares del padecimiento de nuestro analizante, sino que se trata de los fundamentos del acto analítico. Se trata de dar cuenta de la posición que sostenemos en la transferencia para que la operación analítica, a través de las interpretaciones y las intervenciones produzcan la eficacia que de nuestra función se espera.

Recordemos que lo que se espera de un analista es que esté en condiciones de dirigir la cura. La dirección que guía una cura es la que se encamina siguiendo el rumbo que marca el deseo del analizante.

La cura se inicia , siempre y cuando el analista haya podido producir con su acto el pasaje del pedido a la demanda de análisis.

Demanda a ser leida en el discurso adolescente o que debe ser construida en el decir que la queja, el malestar y el dolor del sujeto nos trasmiten. Se trata de leer en la inhibición, el síntoma o la angustia, un llamado al Otro para que del decir apresado en el malestar, pueda emerger un sujeto deseante.

INOCENCIA INTERRUMPIDA

..."¿Alguna vez has confundido un sueño con la vida? O te has robado algo cuando tenías dinero.

¿Alguna vez te sentiste deprimida? O sentiste que tu tren se movía mientras estabas en reposo.

..quizás yo nada más estaba loca..

o sólo fue una infancia interrumpida..."

Estas preguntas inician la trama de la película de la cual tome el titulo para este trabajo.

Susan la protagonista acaba de graduarse en una ceremonia que la muestra dormida, cuando la llaman a recibir su título. Su padre irritado, dice que quiere llamar la atención. Un amigo a raíz de este episodio la nombra, "niña rara dormida".

Entre sueños evoca la última reunión familiar en la que se confronta a la mirada crítica de la madre por su vestimenta inadecuada para la reunión. Con el trasfondo de la fiesta una escena en su dormitorio registra la invitación que le hace un hombre mayor, el padre de una compañera, profesor del colegio quien insiste en un reencuentro amoroso con ella. Susan se niega, amenazándolo irónicamente con pedirle permiso a sus padres, o si él prefiere al rector del colegio, o por si eso no lo conforma puede pedirle autorización a su esposa.

Luego se produce el intento fallido de suicidio: una botella de vodka y una de aspirinas, para calmar un fuerte dolor de cabeza. En el hospital las preguntas y su negativa a aceptar el acto que intento producir. Ella no quería matarse, sólo calmar el fuerte dolor de cabeza.

Quería dormir cuando todos esperaban que despertase a la vida, a las elecciones que de ella se esperaban.

Se había hecho acreedora de un lugar especial, era la única en su curso que no iba a seguir una carrera universitaria.

¿qué harás le pregunta una profesora? Escribir, responde.

¿Qué planes tienes?, insiste. -Ser escritora, reitera.

El médico de la familia la invita a pasar una temporada de descanso en una institución, que es la mejor que el conoce.

¿Por qué pregunta ella?

Intentaste suicidarte, le recuerda él.

Insiste en que no fue así, sólo quería calmar el dolor de cabeza.

¿Con un frasco de aspirinas y una botella de vodka? Ironiza él.

Ella se pregunta como le explica lo que pasó. Que las cosas para ella no son como todos piensan, que lo que sube, a veces, no baja. Que el tiempo puede ir para atrás y para adelante y no lo puede controlar. No sabe lo que le pasa.

Está triste, deprimida.

No acepta íntegramente la internación, el médico insiste, diciéndole que está haciendo sufrir a todos los que quiere.

La separación con la madre se hace sin palabras de despedidas, sólo miradas ...

En la institución la recibe una enfermera quien será su alma mater, o su ángel de la guarda, la cuidará, le hablará, será quien le marque los límites, quien cuando duerma por un exceso de valium, la sacará de la cama y la arrojará a una tina de agua.

Es decir es quien cada vez que ella intente dormirse, está ahí recordándole que tiene que despertar a la vida.

Poco a poco se va acomodando al grupo de adolescentes "un poco locas" a las que aceptará como amigas, afuera no tiene ninguna.

Lisa con un "disgnosé" (entiéndase diagnostico, en la jerga de estas muchachas) de sociópata, es quien lidera al grupo y acaba de ser reintegrada, luego de una de sus tantas escapadas del lugar, se entera de que Valery no soportó su partida, y se ahorco con una red de voley.

Poly con la cara quemada, llora y sufre frente a esa deformidad que la ubica siempre en el lugar de la fea. Le dicen Antorcha porque, cuando su madre regalo un perrito que tenia porque le producía una alergia en la piel, busco un bidón con gasolina del padre y se roció en las partes de su cuerpo afectada por la supuesta alergia y se prendió fuego.

Daisy encerrada en su cuarto solo desea comer los pollos que amorosamente su padre trae, y consumir laxantes, guarda bajo la cama los restos de comida de los que no puede desprenderse.

Georgina, esta alli porque es una mentirosa patológica.

Susan, poco a poco se va integrando al grupo. Lisa le pregunta si ha tenido su primer Melvin . Melvin es el psiquiatra al que definen como un calvo con pitito y esposota. Es tu psicoge-terapeuta a no ser que te den electro choques, advierte. También esta la Dra. Lesbos ridiculizan.

En su primer encuentro con Melvin, le pregunta si se quiso matar, a lo que ella responde nuevamente que no , que sólo quería parar esa mierda que tiene en la cabeza.

En una charla con Lisa, esta le dice que la psicoge-terapia, consiste en acostarse y contar todos tus secretos, cuantos mas secretos cuentes mas cerca estás de irte. Ella ya no tiene secretos. Lleva allí mas de 8 años.

Rápidamente queda situado el rechazo de Susan a la terapia y a la institución en general cuando no entienden algunas cosas que ellas intentan hacer para calmar a Poli en uno de sus accesos de llanto., en su terapia queda situadas la ambivalencia que la habita, el tener que decidir que camino tomar, si esta loca o cuerda. Si quedarse o irse.

A grandes preguntas grandes decisiones avizora su analista.

Pero Susan no confia en su analista, no confia porque no puede entender como la nombra ese diagnostico que ha elido, furtivamente en una excursión nocturna con sus amigas, cuando han tenido acceso a las historias clínicas. Desorden de personalidad. ¿Desorden, de que orden, cual es el orden que se espera, de ella?

Se escapa de la institución con Lisa y van a visitar a Lizy quien había salido y vivía en un hermoso departamento que le puso el padre.

La experiencia de la angustia no se hace esperar.

Daisy se suicida, después de una escena en la que se ve confrontado por Lisa, quien la acorrala gritándole desde su propia envidia, que ese departamento es el precio que ella paga por dejar que el padre goce de ella. Lisa corre el velo, y descubre toda la verdad que arrasa con Lizy quien se cuelga en el baño.

Susan busca consuelo en la enfermera frente a la angustia que se desata.

Susan lamenta no haber podido confrontar a Lisa cuando ataco con la verdad a Daisy. Hubiera querido hablar con ella. Decirle que lo sentía mucho. Piensa que si bien jamás sabrá lo que es estar en su lugar, si sabe lo que es querer morirse. Como duele sonreir, como duele tratar de encajar en algún lado y no poder.

Como busca lastimarse por fuera para tratar de matar esa cosa que lleva adentro.

La enfermera la remite a su analista, le dice que le cuente esto a su Dra. Que lo saque afuera, que escriba.

Susan le pregunta como se va a recuperar si no entiende su enfermedad.

La enfermera le señala, que le acaba de decir cual es su enfermedad, en eso que le contó. Le implora:-"Sácalo afuera, escribe, no te acurruques en el malestar. No eches anclas aquí".

Remarco en este diálogo en el que se escucha del lado de su enfermera un posición en la que ubico la del analista. Ella es quien la invita a que se analice, es quien recorta en lo que Susan dice la pregunta que la atraviesa, y a la que podemos darle estatuto de demanda de análisis.

.

.." Cuando no quieres sentir la muerte puede parecerte un sueño. Pero ver la muerte, vivirla realmente. Hace que soñar con ella sea totalmente ridículo. Quizás haya un momento en el que al crecer algo se desprende.

Quizás buscamos secretos porque no entendemos la mente."

A partir de este momento acepta su análisis.

Mas adelante se pregunta:-¿Estuve loca? Puede ser. Estar loca no es que te hayan quebrado, o haberte tragado un secreto oscuro. Somos tu y yo amplificado.

Si alguna vez mentiste y lo disfrutaste, o si alguna vez deseaste ser niño para siempre.

Ellas no eran perfectas, pero eran mis amigas.

¿estuve loca o tal vez la vida es una locura?

Finalmente Susan se va de la institución, va a trabajar, a vivir su vida, a escribir. Esta película de la que les hable así lo testimonia, Susan Kaycen es la autora del libro en el que esta película se ha basado.

Quiero concluir remarcando que matar esa cosa que lleva adentro, está relacionado con lo que se desprende al crecer. Tal vez se trata de aceptar que ese niño, inocente que lleva dentro, caiga.

Aceptar la muerte en esta línea, es hacer caer ese ideal de completud que la inocencia reclama. Es poner en juego la castración imaginaria, la falta que la habita. En este sentido la angustia, testimonia sobre el sentimiento que siempre nos embarga cuando tenemos la sospecha de que nos reducimos a un cuerpo.

Asumir que en tanto mortales nos reducimos a un cuerpo sexuado, es hacer lugar a la falta que hace falta que se juegue, para que el deseo pueda relanzarse.