"Escrituras de la Castración:

Del Falo, la Significación Fálica, y el Objeto a, en la Clínica"

Marcela Barilari

(*) Seminario de Verano en el Centro DOS - Clase Nro 1 - 11 de noviembre de 2005

Muy buenas noches. Para quienes no me conocen, me presento: soy Marcela Barilari, psicoanalista; y tengo la suerte de estar aquí no sólo para dar un seminario, sino por ser coordinadora docente y supervisora de la institución.

Bueno, para conjurar un poquito el calor de esta noche, traje algo que espero nos refresque, y es el último texto técnico freudiano: Análisis terminable e interminable. Si bien la idea no es trabajar todo el artículo –porque además no nos daría el tiempo- necesitaría hacer una introducción desde allí, citando la metapsicología que allí aparece para poder iniciar nuestro trabajo.

No sé si Uds. han tenido la chance de traer el programa, y leer la reseña de este seminario breve junto a la bibliografía; básicamente hoy vamos a transitar la metapsicología y las consecuencias clínicas de este artículo, y para la próxima abordaremos el texto lacaniano "La significación del Falo".

Cuando los psicoanalistas solemos hablar de la castración, no decimos únicamente el hecho significado por la castración, sino el complejo nudo de relaciones que se entraman entre dos funciones absolutamente necesarias y constitutivas para todo neurótico que se precie de tal. Me refiero al Complejo de Edipo y de Castración, ya que hay una remitencia biunívoca; yo les diría que para que una neurosis de transferencia se instale, básicamente la red neurótica apta para la transferencia –ya vamos a ver cómo Freud trabaja aquí lo que es del orden de la transferencia y lo que no queda subsumido bajo ella- en esa urdimbre de relaciones entre Edipo y Castración, necesariamente se van a derivar tres escrituras. Por lo menos es la lectura que hago desde los textos de Freud junto a las formalizaciones posteriores que hace Jacques Lacan.

Con "escrituras" de la castración ya estoy diciendo que –siguiendo a Lacan en La Significación del Falo, el complejo inconciente de castración en el ser humano tiene una función de nudo. Y si ese nudo –que veremos la próxima, introduciendo al nudo borromeo- respeta algunas localizaciones, algunos espacios de conjunción entre lenguaje y pulsión, van a generarse tres espacios vitales para la neurosis de transferencia; que son: el significante fálico, la significación fálica y el objeto "a".

Vamos entonces, a entrar de lleno en la metapsicología de Freud. Y dado que no se trata hoy de una conferencia, les propongo que sea un encuentro lo más coloquial posible – a pesar del calor -si llegara a haber alguna pregunta ó alguna cuestión no se entiende, por favor les pido que me lo hagan saber.

Freud, en uno de sus últimos escritos, decíamos que éste data de 1937, arranca preguntándose algo que es prínceps: si se puede llegar al término de un análisis y además, si hay un final de análisis que se pueda preciar y apreciar de tal. Para los que hayan podido trabajar algo del texto, yo voy a dar el esquema de su estructura. Es un trabajo bellísimo, realmente muy profundo, recorre toda la clínica de Freud, aun desde el Proyecto. La pregunta eminentemente clínica del maestro, formalizada teóricamente es qué querría decir un final de análisis al que uno pudiera arribar. Fíjense que no se trata de una curiosidad intelectual, sino que él se venía encontrando en su clínica con el hecho de que los pacientes que llegaban al final del análisis, consistían en finales de orden práctico. Esto es, la separación del paciente de la persona del analista, que acontecía cuando el analizante había superado sus angustias, restringido ó cancelado sus inhibiciones, y ya no padecía del tormento de los síntomas. Pero –los que lo hayan leído recordarán- Freud oscila una y otra vez, hasta con cierto pesimismo, respecto de la eficacia de dichos finales. No nos olvidemos el marco histórico-cultural en el que se inscribe este texto: la Europa de 1937. Este pesimismo freudiano, estaba fundamentado en que después de mucho tiempo de análisis y aun con este final práctico –donde inhibición, síntoma y angustia quedaban resituadas a través de las neurosis de transferencia- el paciente tenía restos necróticos, algo que restaba del trabajo analítico y no subsumido, pero sí producido por él, permaneciendo en calidad de inercia. Este resto es lo que Freud hacia el final del texto llamará la roca de base, que distinta para el hombre y la mujer será: la revuelta contra la pasividad propia del varón respecto de los varones, y en la mujer, el deseo y la envidia del pene.

Mientras uno va leyendo ese texto, advierte cómo este hombre va conjeturando hechos clínicos a la medida de la necesidad clínica, y que tan cerca estaba de formalizar lo que mucho tiempo después, Lacan va a llamar objeto "a", como resto de la producción analítica. Es el intento lacaniano de avanzar nominando a ese resto como lo que no entra en la dialéctica de la transferencia. Sin embargo, no es sin el trabajo sobre ella.

Freud aquí, da las bases, de lo que toda una vida de clínica analítica le dejó, y es la sensación de que pese a haber trabajado tanto en la reducción de los síntomas, el hecho de entretejer esa pulsión de muerte con Eros, intentando desentrañar el sentido mortífero inmerso en la vida de cada uno de sus pacientes, reconoce que hay un resto que no entra en la transferencia. Lo cual, nos lleva a pensar que, si la neurosis de transferencia básicamente su formación se reduce a la capacidad de transferir algo a otra localidad. Recordemos el primer artículo freudiano que la introduce, en La Interpretación de los sueños, como un mecanismo de desplazamiento de una significación ó un valor psíquico, de una representación a otra, recuerdan? Es decir, que la transferencia es la capacidad de transferir –como si fuera de una cuenta bancaria a otra- un monto. O sea, que aquello que se desplaza de un espacio psíquico a otro, es un monto, una cantidad cualificada en valor psíquico. Y cuando digo montante, ya estoy indicando que la pulsión tiene todo que ver en este recorrido que va desde un lugar a otro. Podríamos avanzar, diciendo que la transferencia es la capacidad que tenemos los neuróticos, de desplazar el valor psíquico no sólo de una representación a otra, sino de un sujeto a otro. Es decir, que la capacidad de transferencia va estar dada siempre y cuando, existan tres cuestiones básicas: el sujeto, el Otro y algo que permite el desplazamiento. Adelanto de la clase que viene, que aquello que permite ese desplazamiento, se llama significación fálica. Así, la significación fálica es el nombre que damos en psicoanálisis, al vacío capaz de generar el pasaje transferencial de un montante pulsional.

Decíamos entonces, que este artículo nos enseña básicamente, que la terapia analítica será asequible sólo si se da una tríada funcional, lo que entonces daría su eficacia. Para ello, un sujeto tiene que estar sometido predominantemente a una etiología traumática. Es decir, si hay trauma, hay chance de eficacia analítica tal como lo pensaba Freud; si no hay trauma no tendríamos mayores chances para el trabajo analítico.

El segundo elemento de la tríada es una determinada intensidad constitucional pulsional, que no es lo mismo que montante pulsional a secas.

Y el tercer punto, nos habla de la alteración del Yo; es necesario una alteración del Yo. Al tiempo que Freud lo enuncia en su texto, resulta casi un enigma que se revela al final del mismo, y sólo si se lo articula con el próximo trabajo "La Escisión del Yo en el proceso defensivo". Podríamos decir, que sus lecturas no son sino en forma conjunta.

Vamos a poder hacer nosotros, una lectura que nos enriquezca, en el sentido del por qué en la neurosis de transferencia, es del complejo de castración que debieran derivar tres escrituras. Si no, la eficacia analítica modificaría su chance.

Decíamos entonces como primera cuestión, que si un sujeto cuya neurosis está predominantemente sujetada al trauma, vamos a tener grandes chances operatorias. Recordemos el concepto de trauma en Freud es, una representación ó un conjunto de representaciones investidas con determinado montante pulsional, que excede la capacidad de derivación yoica. Si Uds. quieren, desde el Proyecto ó Más allá del principio del placer, un trauma es aquello que actúa en calidad de ruptura de la membrana de protección antiestímulo. Lo primero que nos sale al paso, es por qué "ruptura" y a su vez, por qué debiéramos de tener una membrana de protección antiestímulo? Yo arrancaría proponiendo una oposición etiológica: trauma versus Actualidad. Lo que es del orden de lo actual, es justamente aquello que no termina, que no cesa de no ser escrito como trauma. Es decir, que lo actual es aquello que no es ligado por la represión. Uds. habrán escuchado aquí y seguramente en otros lugares, de la gran dificultad técnica y clínica, que tenemos los analistas cuando no contamos con una neurosis de transferencia como soporte de un paciente, por ejemplo, cuando se trata de una neurosis narcisista, y esta capacidad de transferir al otro –ya veremos qué es lo que se transfiere- se ve realmente impedida.

Entonces, si nosotros pudiéramos pensar –y aquí lo dice Freud con otro nombre- que a veces el Yo paga caro, tiene un costo muy alto el hecho de necesitar defenderse "más de la cuenta"; y podríamos tembién decir citando al Freud del Proyecto, que el Yo paga muy caro cuando no tiene su membrana de protección antiestímulo con la trama suficientemente consistente, ya que él mismo tendrá que asumir los costos de su defensa. Serán éstas alteraciones del Yo, devenidas accidentalmente por déficit, a las que le dará el nombre de rasgos de carácter, revelando la alteración sufrida por el Yo en el sentido de dominar algún peligro pulsional.

Contamos así con, algo que quedó en calidad de trauma, situándonos una membrana de protección antiestímulo, que ni bien llega un estímulo le opone una contracarga ó contrainvestidura. Recordemos aquí, la metáfora biológico-energética que Freud utiliza aquí para hablarnos del aparato psíquico y su génesis: Un estímulo proveniente del exterior hace su avance, y la vesícula de sustancia estimulable es tocada, y si la membrana es suficientemente consistente, refractará una buena parte. De cualquier manera, se produce un movimiento dentro de la vesícula. El aparato freudiano implica pensar que el interior resulta de un avance del exterior, y que cualquier estímulo de afuera produce una respuesta a derivar por la motilidad, y ese mismo movimiento produce un montante a derivar internamente, como pulsión.

Es decir, que esta membrana si bien resguarda a la vesícula de sustancia estimulable de quedar arrasada por la demanda del Otro, ésta protección no está exenta de dejar pasar cierto efecto del Otro.

Ahora, una cuestión sería pensar que una membrana tenga la capacidad suficiente para derivar la gran carga mortífera que sería recepcionar todo el estímulo; y otra sería tomar lo que Freud llama "desamparo", y decir que, por razones de indefensión inicial, haya sujetos que en tiempos constitutivos hayan padecido de abandono de funciones, y no cuentan con la membrana. Lo que debiera ser engrosamiento de la membrana, es relevado en estos casos por un engrosamiento yoico, a la manera de callos, coagulaciones del carácter en el Yo, formaciones permanentes. De tal manera, el problema sobreviene cuando frente a la demanda del Otro, no se tiene respuesta acorde a ley fálica de intercambio –que es siempre dialéctica de dones- y la cuestión se dirime en el todo ó nada, la vida ó la muerte, el otro ó el yo.

¿Por qué sería vital contar con respuesta dialéctica? Porque la demanda proveniente del Otro primordial, hace signo de amor al sujeto; cualquier alteración en los polos sujeto-Otro modifica necesariamente el resultado. ¿Qué resultado? El amor distinto del dolor. De hecho, la demanda del sujeto al Otro no se produce sin un canal fálico-amoroso de pasaje; me refiero a que si no hay primero la majestuosidad del niño, no hay buena leche para él. Recordemos que no es lo mismo demandar al Otro por su amor, que exigir su cumplimiento.

Vemos así, que esta membrana de protección antiestímulo está hecha básicamente del tramado materno de amor, deseo y goce. No nos olvidemos lo que Freud enunciaba en el Yo y el Ello, respecto del Yo: el Yo es la proyección psíquica de la superficie del cuerpo, y también, que es la formación que sedimenta todas las identificaciones con las personas que han sido objetos de amor para el sujeto. Concluyendo en que el Yo es él mísmo la historia de las identificaciones amorosas ya resignadas. Lo cual, nos habilita a pensar al Yo como la proyección amorosa que resulta de un lazo con el otro, una vez resignado.

Fíjense entonces, cuando en la clínica nos encontramos con sujetos que no tienen confianza en el otro, padeciendo de increencia en el amor del otro, se hace muy difícil la capacidad de transferencia, por no estar legitimado el vacío que le hace de canal de pasaje. Esto hace a que en las primeras etapas del análisis, las intervenciones del analista sean de otro orden que en los casos de neurosis de transferencia. Por ello, quisiera subrayar la oposición entre trauma y actualidad; lo actual no ha tenido chances de ser tamizado por la represión, esto quiere decir que lo actual no cesa de no inscribirse, y al no contar con cifra se hace imposible la transferencia.

Segunda cuestión, Freud nos habla de cierta intensidad constitucional pulsional; ¿Cómo se deriva un cierto cuantum pulsional? Retomamos el concepto de pulsión, haciendo referencia al límite, y fundamentalmente como el representante psíquico de los impulsos que vienen del exterior, etc... sabemos junto a Lacan, que la pulsión proviene del campo del Otro, ese primer gran exterior que aloja al niño. Lo que es pulsión del sujeto adviene gracias a la demanda del Otro, de allí que tengamos en álgebra lacaniana, las mismas letras para escribir la demanda y la pulsión: $ <> D. Y aquí traigo ese aforismo que ya todos Uds. conocen, que toda demanda es demanda de amor, ya que hay un espacio intermedio, hay un vacío entre el sujeto y el Otro, que nada puede colmar excepto lo que llamamos amor. Concepto, que podemos también trabajar desde los tres registros de la realidad humana: real, simbólico e imaginario. Adelante solamente unas palabras, y es que desde lo simbólico, el amor es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es; de tal manera que en lo simbólico vamos a registrar la presencia ó la ausencia del otro. Fíjense entonces, que en los sujetos no constituídos por una historia de amor digna, que no han sido tomados en su calidad de tal –me refiero al hecho no automático que tiene un sujeto de ser considerado como un ser real, independientemente de los ideales parentales, sujeto a deseo, y con derechos al amor y al goce- parecieran estar comandados por una voz metálica y sólo repiten consignas, faltándoles el brillito en la mirada, un talante que carece de eso que llamamos la sal de la vida. ¿Qué les falta a esos sujetos? Les falta escribir la cifra de su real, les falta transitar con los otros, lo que cada uno de nosotros somos en tanto inalienables a cualquier imperativo del Otro. Lo que Uds. habrán seguramente escuchado por allí "El niño es el falo de la madre", iremos rectificando cuestiones. Básicamente, adelanto algo que veremos en detalle la vez que viene, y es respecto de la significación fálica. Más allá de que una madre ubique –y es necesario que así lo sea para la constitución del niño- y que tome a la criatura, desplazando sobre el real del niño una significación fálica; es decir, que sobre la persona del niño recaiga la equivalencia fálica, no el falo sino su equivalencia. Si el niño no puede desprenderse, desalienarse de la significación que le da su madre, ya estamos en otro registro. Me refiero por ejemplo a la perversión, ya que toma lugar prevalentemente una identificación al falo con renegación de la castración materna.

La diferencia entre falo y significación fálica, la encontramos primero en el Otro materno: si bien pueden sucederse vaivenes distintos desde el Otro materno, puede aceptar que le falta el falo y querer suplementar con una equivalencia, y una equivalencia no es el objeto. Una equivalencia está dada por un vacío que permite el constante desplazamiento de objetos. Gracias a que en la neurosis actúa la represión, permitiéndonos el juego permanente entre metáfora y metonimia, gracias a que contamos con el significante de ese vacío, que se llama significante fálico; es que contamos con la herramienta guía para que cuando queremos algo, podamos transitar un camino de distintas intensidades y satisfacernos con la equivalencia de nuestra falta. Es decir, gracias a que disponemos de la significación fálica, podremos aceptar en más o en menos, esa diferencia entre lo buscado y lo hallado, modelo denotado por el significante fálico. Es muy importante esta distinción a nivel clínico, ya que esta variabilidad en la satisfacción no sucede en el perverso ni en el psicótico, y tampóco en aquellos casos que Freud denominaba neurosis narcisista.

Es decir, que cuando decimos que la trama psíquica tejida con un amor que respete el real del niño no da la misma trenza que un amor loco, estamos hablando de cuestiones que no son de detalle. La alternativa que tenemos los neuróticos de poder amar, respetando la significación fálica –sería lo normativo- lo que nos permite ese libre juego con el otro, y además nos permite hacer el duelo. Porque sólo podremos estar de duelo, por aquel a quien yo he representado su falta, y él haya representado la mía. Entonces, si entre el sujeto y el Otro circula la significación fálica, allí no vamos a tener problemas, ya que gracias al vacío, tendremos capacidad de transferencia. Cuando sucede esto, el psicoanálisis suele tener la mayor eficacia, cuando no, tendremos algunos déficits.

En este artículo, Freud dice que una cuestión sería la terapia analítica, y otra, sería la terapia del carácter. Él llama el análisis del carácter a esta otra parte, cuando la neurosis en algunos puntos no está tramada con el vacío que hoy en día con Lacan, llamamos significación fálica.

Hasta aquí, tendrían alguna pregunta? Bueno, sigo entonces. Decíamos que la tríada estaba formada por el trauma, cierta constitución pulsional que ya decimos deberá –en el mejor de los casos- ser tejida con un amor que respete el real del niño.Vamos al tercer punto: Freud nos habla de la alteración del Yo, está basado en parte de lo que venimos desarrollando: el Yo necesita alterarse a causa de las identificaciones a los otros. El Yo no es el mismo luego de la historia edípica. Es necesario para su formación, que el Otro esté presente y que se ofrezca a ser amado, odiado, un poco maltratado, hiperquerido, etc, una madre que básicamente se preste a ser soporte de todas las vicisitudes pulsionales del niño, es decir, que sea una fuente para la actividad lúdica de su bebé, y tolere restar su presencia para que los objetos-juguetes tengan su función de soportes reales de satisfacción para el niño, que no dependen directamente del Otro parental.

Es muy importante que la madre pueda tener pequeñas postergaciones de los momentos de goce con el niño; y cuando digo "goce con el niño" no me estoy refiriendo sino al goce fálico que respeta la castración, y no al goce fálico que la obtura. No nos olvidemos, que una cosa sería la "cosita de mamá" que juega, ríe, estudia y circula entre pares; y otra cosa sería una "cosita de mamá" que tiene fobia a los espacios abiertos, razón por la cual no puede jugar en la plaza, ni pertenecer al equipo de fútbol del colegio, no puede ir a la colonia, en suma, que le sea muy difícil lograr un mínimo de felicidad entre sus semejantes, se entiende? El mismo goce fálico, si respeta la castración y el agujero entre el sujeto y el Otro, nos dará la mejor versión, la que propicia al niño a la exogamia. En cambio, un goce fálico que no derive del respeto a la castración, intentará obturar con significados un vacío que es vital, dejando al niño librado sólo a unos pocos goces, que predominantemente estarán ligados sólo a sus padres.

Es muy importante el goce fálico derivado de la significación fálica –es decir el goce enlazado al vacío propiciatorio- ya que es lo que le va a permitir al niño ser y sentirse:

Primero, Uno para su madre; y luego, Uno Unico, distinto de todos los demás unos del mundo. Ya me estoy adelantando, y para aquellos de Uds. que quieran para la próxima trabajar la clase siete del seminario catorce, y cuatro y cinco del seminario nueve; con la temática del rasgo unario. Se darán cuenta que gracias a la presencia del Otro, se derivan para el sujeto, varias escrituras necesarias.

Freud va a decir que esta alteración del Yo, tiene que estar formado por esa superficie que le refleja el Otro, tramada por la presencia, por los dones y también por pequeñas frustraciones, y por privaciones. Ya que el don de amor es por aquello que no se tiene, es el don de la ausencia; y se da cuando el Otro no está, cuando se aleja y yo tengo incorporada su presencia, recién allí puedo contar con la marca de su presencia.

Si el Yo entonces, está formado por la marca de los dones, y el respeto a una dignidad majestuosamente fálica, tendremos grandes chances de eficacia analítica.

Ahora, para nosotros analistas, cuáles serían esas chances y a qué tareas nos veríamos convocados? Freud enuncia que el analista está llevado por su tarea, a trabajar en una oscilación permanente, con fragmentos del Ello y con fragmentos del Yo; de qué manera? Además fíjense en la riqueza de este texto, y la utilidad clínica que nos transmite no sólo respecto del fin del análisis, sino la riqueza de la técnica allí expuesta. A Freud, pareciera estar obsesionado con una pregunta; ya que trabaja al Ello, descifra los contenidos inconcientes de allí derivados, por medio de la interpretación, de la que nos dice, es el develamiento inconciente de un elemento de la trama psíquica. Y la construcción, es el trabajo en la serie biográfica, de cómo insertamos el elemento que acabamos de develar con la interpretación.

Por ejemplo, dice Freud este tipo de cosas: Miren señores, yo vengo hace años trabajando con el psicoanálisis, junto a Uds. colegas que practican el psicoanálisis en otros y en Uds. mismos, etc, etc, y llegamos a la conclusión final: que siempre queda un resto inercial. ¿Qué nos está diciendo?

Lacan va a ser muy riguroso, y es uno de sus méritos, el haber formalizado como objeto a, todo lo que resta de la metáfora y de la metonimia, una vez producido el sujeto. Todo lo que no entra bajo los mecanismos de desplazamiento y condensación, una vez figurado lo inconciente, aquello que inasible repite, y se desplaza por fuera de la trama, pero no es sin ella, es el objeto a. ¿Por qué es importante que Freud haya escrito estos siete capítulos de Análisis terminable e interminable? ¿Por qué se toma tanto tiempo para desarrollar la temática? Creo yo, que debido a la siguiente razón, que si en la neurosis no contamos con este resto de la vida psíquica que es la raíz del sujeto, que es el objeto a causa de deseo, no tenemos neurosis. No tendremos la chance de sentirnos motivados, no tendremos la chance de poder desear, no podremos en suma, alojarnos en la vivificante falta que nos mueve hacia el otro.

Bueno, dado que es un seminario clínico, les voy a contar un pequeño fragmento del análisis de una paciente adolescente –algunos de los presentes ya han oído algunas referencias del caso. Se trata de una joven de diecisiete años en aquel momento, a quien llamaré para la ocasión Magalí; llega a la consulta porque no tiene ganas, todo su padecer tiene estas letras, no tiene ganas de nada. Está aburrida.

Su configuración familiar: padre, madre y una hermana diez años mayor, que dos meses antes de la consulta contrajo matrimonio. Así, quedó viviendo con sus padres, y una empleada de servicio, que había sido contratada para el nacimiento de Magalí.

Básicamente, el legado paterno consta de una adhesión fuerte a su trabajo; hombre que si bien está pegado a escrituras legales por oficio, no pudo administrar mucha legalidad en su casa, permitiendo organizar en mínima la doble prohibición. Les doy una idea de esto: para los dieciocho años de la hija mayor, se escrituró que un viaje era el regalo-norma. Hasta allí, no habría ninguna dificultad, verdad? Una edad importante, una donación que legitima, etc. El tema es que el regalo venía con donante incluído. Cuando llega el turno a la paciente, primero le adelantan el regalo, cuestión que no cuestiona Magalí, quien por lo demás no tenía ganas de irse con el papá específicamente, pero tampóco ofrecía resistencias. Es evidente, que este varón de excelentes intenciones, no puede hacer diferencia en su casa, él no quiere hacer ninguna diferencia entre sus hijas; lo cual podría ser entendido buenamente, quiero decir, que uno escucha el texto: lo que le doy a una, también a la otra; no le hace faltar nada a una que no le dé a la otra. Hasta allí, realmente no habría nada que objetar; el gran problema es que para la función paterna, esta opción no alcanza; del lado del padre y es su función exquisita, el hecho de nominar, nombrar, legitimar a cada uno de sus hijos en una singularidad. Operación que por supuesto no depende su resultado, únicamente de él, pero él debiera de hacerse su agente.

La función del padre, debiera poder dejar pasar con su ley: que a cada uno lo de cada uno –parafraseando al Martín Fierro- y esa es su distribución primera. Lo cual, habilitaría a construir el sentimiento de propiedad en base a la diferencia y no a la igualdad que borra la unicidad.

Magalí padece de no tener un rasgo que la singularice. Tanto es así, que está tan aburrida que no sabe cómo recrearse la falta.

Vayamos al lado materno, es un poquito más complicado, ya que la mamá es una paciente de cierto trastorno bipolar de la personalidad, de fuertes componentes paranoides; cuestión que la ha llevado por autolesiones, a tener que estar una gran parte del día con acompañantes terapéuticos.

El mito de nacimiento de Magalí, lo que va a construir o no, la neurosis infantil (Recuerden Uds. que Freud argumentaba que no hay neurosis del adulto sin neurosis infantil. Los que de Uds. hayan hecho alguna pasantía en hospitales ó alguna concurrencia por distintas instituciones, habrán podido advertir que en las psicosis –y es uno de los signos del diagnóstico diferencial- no poder encontrar la represión derivada del mito individual, no hay relato de las vivencias infantiles, no se ha logrado un argumento biográfico. En su lugar, hallamos una pura actualidad) o sea, el argumento que hace que alguien haya venido al mundo y sea quien es, nos dice básicamente qué objeto fue para el Otro, fruto de qué unión amorosa o no, se trató su llegada al mundo; cuáles fueron las coordenadas libidinales que enmarcaron su nacimiento y crecimiento. De hecho, el fin del análisis está franqueado por varias vueltas sobre este mito, para que el sujeto se dé una respuesta a qué objeto de amor, de deseo y de goce fue para el Otro parental. Y esto sólo se logra, construyendo y atravesando la relación pulsional y de demanda entre el sujeto y el Otro. ¿Qué ganamos? Saber qué hacer con eso, y que no. Para ello, en análisis trabajamos en el nombre propio, lo que quiere decir que trabajamos para tener libre disponibilidad de las escrituras de la castración.

El semblante de Magalí, era de poseer una mirada muy opaca, no refleja la presencia del Otro; quiero decir, que lo que llamamos la "presencia" es lo que de real tenemos cada uno de nosotros, envuelto en lo más agalmático que nos ha unido al Otro. Es decir, que los ojitos de Magalí, me devolvían la ausencia de mirada del Otro sobre ella. De hecho, su fenomenología indicaba ciertas bizarrías en la vestimenta, no atribuibles a la moda adolescente, justamente no comulgaba con ese imaginario social propio para su edad.

Su mamá siempre le relató –y he aquí su mito- que ella había nacido para acompañar a la hermana. Les aclaro que la historia de esta mamá es muy terrible; ha sufrido un maltrato, un desamparo, y una mentira tan grande respecto de su propio nacimiento, que a los treinta y pico de años se entera de las verdaderas condiciones de su nacimiento. Una configuración verdaderamente muy compleja, ha hecho que esta mujer gracias a sesiones diarias de análisis y acompañamiento terapéutico mediante, esté circulando medianamente bien por la vida. De cualquier manera, la libido que no ha podido desplazar hacia Magalí, se hizo sentir. Pese a ello, esta mujer tuvo una muy buena idea, que fue contratar a una persona para el cuidado de la niña. Si bien no pudo ella donar su presencia –esto es, no pudo ella con la significación fálica y Magalí- pero algunas trazas hubieron para la niña. Obviamente, la libido de una empleada, a quien le pagan por ello, no tiene la misma carga afectiva que la materna. Cuando nosotros decimos libido, estamos hablando del deseo y del goce que van a nominar amorosamente al niño, que se distinguen netamente de las consignas de crianza: alimentación, higiene, cuidados sanitarios, supervisión conductal, etc. De tal manera, que un niño así criado, nunca va a colmar la majestuosa medida fálica que el Otro materno ha configurado según su deseo, amor y goce; persistirá un déficit por el resto doloroso del no ser suficiente, configurándose en algunos casos, una hipoteca melancólica con chances de ser cancelada en un análisis.

Fíjense un clásico, la angustia del 8º mes, que tanto ha señalado Spitz, por qué se calma el niño cuando ve sólo el rostro de su madre? Si se trata de hambre, podemos acordar que cualquiera le da una mamadera; sabemos que no es por ahí la cosa, sino que lo que el niño quiere es reencontrar la "buena leche" de su mamá, es decir su deseo figurado en la presencia de alguno de sus dones: pecho, mirada, caricias, voz.

Entonces, Magalí no pudo tener la buena leche de una madre providente, pero tuvo la gran dedicación de la empleada, a quien obviamente adora.

El drama histórico se inicia en que la mamá de Magalí fue única hija de un matrimonio, y por circunstancias varias que no podemos entrar en detalle, la pasó tan mal, y estuvo tan sola, que no quería el mismo destino para su primogénita. Entonces, diez años más tarde, con dos pérdidas de embarazos en el medio, nació Magalí, supuestamente bajo la rúbrica de ser la compañía que "repara la soledad infantil de su madre"... He aquí su mito.

Teñida de este significante coagulado "ser la acompañante de su hermana" no es lo mismo que venir en el lugar del el falo faltante que se configura en la significación fálica. Un acompañante está presente, nunca falta. Así, esta joven de diecisiete años, muy bonita e inteligentísima, está aburrida en la vida e intenta llenar todos sus huecos para no encontrarse con agujeros, dado que no tiene y no sabe qué pudiera llenarlos. Un ejemplo de ello, son algunas comilonas que se agarra, para crearse faltas artificiales, obviamente de manera patética. Fue muy interesante esa época del análisis, ya que tocaba el timbre del consultorio y al abrirle, ponía bajo mi mirada, su imagen masticando algún alfajor, barrita o alguna otra cosa para la ocasión. Evidentemente, se le hacía necesaria la presencia del analista como causa del deseo de comer; dado que no era un acceso en soledad. Por suerte, es la transferencia la que le permite ir organizando algunas ganas, y no de cualquier tipo, sino objetos pulsionales entrelazados: orales y escópicos, básicamente.

En los casos donde no tenemos la suerte de contar con la significación fálica como organizador vital, tenemos la chance transferencial de poder crearla en tanto hayan estado dibujadas las posibilidades de su recorte. Recordemos que las neurosis de transferencia son según Freud, artificios de los que se sirven analista y analizante para reescribir o inscribir algunas eficacias estructurales.

Con esta viñeta, vemos cómo algunos pacientes que carecen de la eficacia de la significación fálica, pueden por la transferencia empezar a jugar algunos vacíos mostrándonos el relleno. Al principio, podrá ser el relleno real de dulce de leche para luego pasar a ser la representación de la compañía que ella demanda para poder comer e incorporar el buen deseo del Otro. Tengamos en cuenta, que esta joven ha incorporado desde niña, mucha ausencia, mucho silencio y mucha muerte a su alrededor.

Les doy un dato más de cómo y por qué Magalí llega al análisis: dice que viene porque no tiene ganas; esto es, viene para "hacerse acompañar" ella y dejar de "acompañar" a quien para ese entonces era su novio. O sea, que una vez instalada en la compañía transferencial, es que puede dejar de ser acompañante de ese varón cuya presencia no le generaba deseo alguno, sino que por el contrario, le revelaba cada vez más nítidamente, que estaban juntos sólo porque ella accedía a ser su "acompañante", además de ser un sostén social entre sus pares: ella también tenía un novio. Y comienza a desenlazarse la cuestión, con sus comentarios acerca de no entender por qué sus amigas se producían tanto para encontrarse con sus novios, que eso no "hacía falta"... Es decir, que se empieza –muy de apoco- a preguntar por lo que a ella no le hace falta y a las demás sí. Versión idéntica en estructura del clásico: Qué tienen las demás que no tenga Yo? Aquí, la respuesta es... la falta.

Uds. podrían decirme que eso es muy básico, pero en esta joven la disposición de la falta está en impasse, y veremos si puede constituirse en transferencia. Fíjense además, de cuántas privaciones puede padecer un ser humano cuando su trama psíquica no cuenta con la libre disponibilidad de las escrituras de la castración: el tejido entre el significante fálico, el objeto "a" y la significación fálica. Recordemos que el objeto "a" es esa diferencia que se juega dialécticamente entre el sujeto y el Otro, siempre y cuando éste Otro permita y acepte el compás de espera del vacío. Convengamos que, no siempre el Otro tiene a disposición ese intervalo entre la búsqueda y el encuentro, que en psicología le dicen nivel de tolerancia a la frustración.

Con esta viñeta quería concluir nuestro tour por ese brillante artículo de Freud, no sin antes ratificarles que él advierte que algo se le escapa al trabajo asociativo, y por aquel momento –como decíamos al principio- lo conceptualiza desde el pesimismo de la época. El final del análisis en Freud, se sitúa cuando el análisis choca con la roca de base, encalla con el recorte constitutivo del objeto "a" del fantasma fundamental. Es Lacan quien recoja el guante y diga: mi análisis continúa allí donde Freud ha dejado, dando un paso más allá.

Apenas un adelanto conceptual del objeto "a": no se produce de una vez y para siempre, sino que es el resultado de una serie de operaciones, que se entretejen y dejan como saldo su escritura. De tal manera, que sea un triple encaje de faltas, derivadas de las tres identificaciones, lo cual supone la dialéctica necesaria al Otro. Si se da este triple encaje, nos encontraremos con la neurosis y la chance de transferir alguna de esas faltas. Les estoy diciendo una baraja fuerte lacaniana, y es que la capacidad de transferencia lo es, del objeto "a" en alguna de sus especies.

Bueno, dejaría por acá; todavía tenemos un ratito para los comentarios y las preguntas que quieran formular.

- Pregunta: Si alguna de estas escrituras no se producen, no hay castración?

Es una pregunta muy interesante y muy compleja. No quiere decir que no haya castración. El tema es que el resultado de la castración implicaría que podamos disponer de sus eficacias. Allí donde una de estas escrituras fracase, no hacen a Magalí psicótica –de hecho no lo es- sin embargo, una de las escrituras de la castración no ha tenido lugar: la significación fálica. Tendremos otro tipo de trastornos, básicamente imaginarios en su articulación a lo real. Por que la significación fálica, ese juego constante de deslizamiento de la falta, necesariamente es el terreno donde circula la producción deseante. Recordemos que el objeto del deseo es siempre una falta. Esta joven pareciera vivir en automático, no tiene la alegría del juego con objetos, de entusiasmarse con el encuentro con el varón, de disfrutar de un regalo, etc.

Ahora, vos traés algo importante, y es que si somos rigurosamente freudianos y lacanianos, no podríamos alojar la neurosis de Magalí dentro de las neurosis de transferencia, pese a que no delira ni alucina. Yo diría en cambio que su estructura revela una escritura en impasse; tenemos grandes chances porque se trata de una adolescente, y aun no cerró la constitución.

Entonces, te respondería que si no se produjo una de las escrituras de la castración, no necesariamente se trata de una psicosis, sino que podemos encontrarnos con una neurosis que no es de transferencia, y por ello no dispone de las eficacias de esas escrituras, que son para decirlo con todas las letras, las que hacen de la vida algo apeteciblemente vivible.

- Pregunta: ¿Cómo poder entender que el factor constitucional de la pulsión, se genera en el

campo del Otro?

Estoy de acuerdo con el planteo, dado que es una de las tantas paradojas que encontramos a la luz del psicoanálisis. Nosotros y a diferencia de los animales, nacemos en un estado básico de indefensión; para todo, necesitamos del otro. No hay ningún tipo de constitución de la persona que sea de manera automática ó instintual. Nos iremos "humanizando" sólo si determinada cantidad pulsional del campo del Otro nos toca. A ver, si nacemos biológicamente pero no hay ningún deseo, goce y amor que nos reciba, uno de los resultados lo vemos con el hospitalismo. Entonces, en lo constitucional de Freud, y desde las series complementarias ya está contemplado aquello no biológico que nos antecede y aloja, es lo primitivamente más propio, pero no lo único.

Me refiero a que lo constitucional, también dice de un resto en el viviente, incapaz de ser tocado por cualquier juicio atributivo del otro. Con esto quiero decir, por ej. Que si yo ahora les dijera que tengo frío, una de las cosas que podrían decirme es "está loca", y yo responderles que sí, que debe ser el stress y que estoy loca por irme de vacaciones, etc. Pero ningún calificativo que reciba me va a arrasar de tal manera para cosificarme en el "loca", lo que designa que tengo resto para responder a un significado valorativamente positivo o negativo, que me venga del campo del otro.

Veamos la demanda del Otro en Magalí, "acompañante de la hermana" y retroactivamente para la madre –recuerden que su mamá no quería que su hija mayor sufriera lo que ella, ergo quiere que Magalí sea una hermana para acompañar su infancia- "sé mi acompañante" organiza lo que es para su madre; lo cierto es que no funciona como nombre propio al sujeto, ya que no la nomina en su distinción entre otros, incluyéndola en un orden social, prometiéndola a la exogamia, sino la liga sólo a ella, Ahora, Magalí es mucho más que una "acompañante", es una mujercita, fascinada por la danza, amiga de sus amigas, blanco móvil de la mirada de los varones del grupo, futura estudiante universitaria, hermana, prima, analizante, futura madre quizá, etc. Es un sujeto deseante por definición, no sólo alguien demandado para; el tema es que no lo sabe ni lo siente así. Magalí es mucho más que el significado que le atribuye el Otro materno.

Algo importante; si bien todos nosotros somos mucho más que el significado que nos atribuyó el Otro, no somos sin él. Ese resto que no entra en la atribución primera, se llama real, y es la reserva libidinal con que cuenta el narcisismo primario. Además de participar de lo simbólico e imaginario, somos seres "reales". Lo real es aquello que no queda subsumido en la imagen, ni representado por lo simbólico; es decir que ninguna traza logra escribirlo sino señalar su límite. Pero no es sin ella.

Por eso siempre decimos que nuestra constitución –y para volver a tu pregunta- es paradojal: si bien es propia, es lo más ajeno al mismo tiempo; nuestro material de origen es donado por el Otro. Y por supuesto, hay una gama de matices en la significación atribuída al sujeto; desde "Su majestad, the baby", el "aire que respiro", "la luz de mis ojos", "mi principito", "inútil", "oveja negra", "el salame de mamá" como decía Masotta, etc. Y obviamente, las eficacias de la nominación del sujeto, serán distintas. Algunas propiciarán al deseo en la exogamia y la distinción en el lazo social, y otras no tanto.

Mirá, creo que más oportuna tu intervención y tu pregunta no podría ser. Estás en pleno tema. Te respondo en general, ya que tus planteos se derivan en la misma pregunta. Tiene que ver obviamente con la libido, porque la libido –los que quieran buscar el dato, está en seminario once) Lacan va a decir, que en principio no tendría ninguna objeción para llamar a la pulsión sexual, libido; y la conceptualiza como un órgano: Para ello, lo llama el mito de la laminilla. Entonces, una cuestión sería lo que Freud llama el desplazamiento de la libido y otra, es la estasis libidinal, ó estancamiento libidinal, típico de la fixierung freudiana. La fijación denota el detenimiento libidinal en una representación. Ahora, me parece que hay algo muy importante clínicamente en lo que decís; la posición del analista en las neurosis de transferencia y las narcisistas. Continuando el planteo lacaniano que veníamos trabajando, en las neurosis de transferencia hay escrituras de la castración y de sus eficacias en lo real, simbólico e imaginario. No así en las narcisistas, donde las faltas que resultan del ensamble edipo-castración no logran coordinarse alrededor del agujero central de la estructura, devenido en el mejor de los casos, el objeto "a" causa del deseo. Si esto no sucede, la posición analítica no halla su asiento en el "a", porque no ha sido debidamente recortado y caído; y tenemos como resultante que el analista no puede situarse como semblante del "a". Nunca está de más, decir que ésta posición no está de entrada, hay los tiempos del análisis. El primero nos indica la posibilidad de constitución del Sujeto Supuesto Saber, luego de las suficientes vueltas desde allí, el paulatino dibujo de un vacío que organiza el trabajo analítico, y que empieza a señalar la posición del semblante de objeto, para nuevamente dar las vueltas necesarias para al final del análisis, propiciar su caída y separación.

También situaste el pasaje al acto. Allí no hay transferencia de objeto, lo que hay es arrasamiento, identificación total al objeto con la ilusión de su recorte en el Otro. Paradójicamente para separarse de la atribución del Otro, el sujeto desaparece momentáneamente –en los casos menos graves- como tal. El pasaje al acto revela una puntual ineficacia del rasgo unario en la representación del sujeto. El rasgo unario es el significante que me distingue entre otros, y me hace ser –a la vez- mucho más de lo que él traza, ya que ea la Unicidad que me hace incluir en la multiplicidad, y no perderme en ella.

Cuando un sujeto está tranquilo con sus marcas, les podrá molestar ó doler algunos comentarios, pero en ningún caso dudarán de lo que son. El tema es que en algunos sujetos, esa tranquilidad no es un dato de inicio sino un puerto de llegada; en otros casos, el rasgo unario está a la espera de su puesta en forma. Distintos fenómenos clínicos pueden impedir la eficacia del unario: inhibición, síntoma, angustia, duelo, dolor, ansiedad, pasajes al acto, etc. Con Magalí estamos intentando reescribirlo desde la transferencia; esto es, escribirlo con otras eficacias.

Bueno, nos están apagando las luces por allí afuera, así pues ya estamos más que pasaditos la hora. Les agradezco mucho las preguntas, y nos vemos la próxima.-