EFBA-30 años de Escuela-EFBA

"CUANDO LA CAUSA ES EFECTO"

Marcela Barilari

(*) Jornadas Aniversario "30 años de Escuela (1974-2004)". Escuela Freudiana de Buenos Aires. 1, 2, 3 y 4 de Julio de 2004.

"...la única enseñanza verdadera es aquella que consigue despertar en los que escuchan una insistencia, ese deseo de conocer que sólo puede surgir cuando ellos mismos han evaluado la ignorancia como tal –en cuanto ella es como tal fecunda- y también de lado del que enseña." J. Lacan, Preguntas al que enseña, 1955

Este escrito reconoce su deuda por un lado, con el Depto. de Psicoanálisis de la Universidad Kennedy, que allá por los inicios del 90, agregó a mi tarea docente, la coordinación general de pasantías institucionales. Por otro lado, al querido Hospital Manuel Belgrano, en el partido de San Martín -donde además hice mi concurrencia- lugar que no sólo permitió el desarrollo de la actividad de pasantías sino que prestó esmerada y fructífera colaboración en los años que duró la experiencia. Por último y al mismo nivel, quiero destacar la férrea voluntad que han mostrado los pasantes, no sólo en su traslado al cono urbano bonaerense sino por participar con sus presencias e inquietudes del recorrido que les proponía, y aportarme además, una experiencia singular.

Me pregunto ¿Qué podría jugarse como horizonte ético de transmisión en una pasantía que se diga psicoanalítica?, ¿La posición del enseñante cuyo semblante homologa Lacan al del discurso histérico, alcanza para verificar la causa y los efectos del decir de ese enseñante?...

Les propongo me acompañen en una definición tentativa del concepto de pasantía, como el hacer de un cierto pasaje ó de su pretensión. Veamos sus términos.

Un hacer que implica dos efectos: el coordinador ofrecido como agente de transmisión en actividades que incluyen admisiones, docencia y relatos clínicos, y los pasantes que reciben e interrogan lo ofrecido.

Segundo, un pasaje; intervalo que muestra por un lado, un estado insatisfactorio del saber en sus participantes, cuya promesa es el plus que no está en los libros; y por el lado del coordinador, su dejarse tomar en ese pasaje.

Luego, una pretensión que como nombre de la castración del ideal de la Verdad en su articulación al Saber, admite algo que necesario e imposible como tal, es causa de una acción.

Y finalmente, cierto; término que califica al pasaje como del orden de lo no realizado, como posibilidad o no, de transmutar una acción en acto.

¿Qué sujetos allí?... Los pasantes preguntan por lo que no se inscribe en la Universidad, privilegiando del quehacer en la clínica, el diagnóstico y los tiempos y modos de intervención. Se supone que la esencia de la pasantía es el primer encuentro del candidato con alguien que podrá devenir analizante de quien coordina la entrevista. Al término de la pasantía, se espera que el estudiante salga modificado en beneficio de su saber. ¿Qué estatuto tiene lo que hace diferencia en el saber?, ¿Qué constituye ese punto inaugural, esa traza que permite contar del antes y el después de la pasantía?

Lacan, en su seminario de La Angustia -afecto que a veces contornea el recorrido de los pasantes- dice que el analista es interpretante de un saber que no puede transmitirse todo, donde el principal escollo sería cómo enseñar lo que está más allá de los límites del Saber, a quien por estructura de sujeto no puede saberlo, ya que él mismo es efecto de la división entre saber y verdad. En el caso del enseñante, cómo hacer para mostrar en la escena y demostrar vía formalizaciones, lo que el analista no puede enseñar?. Aquí –creo- hacen su entrada los imposibles freudianos: gobernar, educar y psicoanalizar.

Si en el discurso universitario, el profesor preocupado por no mostrar fisuras, enseña compilados de saber que bajo la forma de collage embellecen los empalmes teóricos –lo cual creemos no está nada mal- el enseñante al decir lacaniano, sabe de su responsabilidad frente a los efectos transferenciales de su enseñanza y ejerce su función desde esos mismos efectos; dado que es la falta la que anuda y recorta su deseo de enseñar, sobre el paño de saber referencial. Así, la transferencia de trabajo que discurre entre enseñantes y pasantes, por la estructura misma de la pasantía, los muestra sostenidos desde la misma posición discursiva: el discurso analizante o de la histeria, ya que la subjetividad de ambos designa una relación disyunta entre el ser y el saber.

En el caso del pasante, podríamos leer como pretensión, la de recibir del supuesto saber del enseñante, los instrumentos clínicos para alcanzar la verdad; ya que ese plus no dicho ni escrito en aulas, intentará ser percibido y capturado en el testimonio del enseñante.

En el caso de este último, estimo leer como pretensión, la de obtener en la ocasión de una entrevista, algo a transmitir y formalizar que dé sentido al objetivo propuesto para la experiencia. Sospecho así, que en una pasantía que se diga psicoanalítica, eso que podría pasarse a otros, no sería más que su clave real. Esto es, se transmitiría un mojón de Saber devenido de la confluencia de una superposición de faltas: en relación a lo real alrededor del cual gira nuestra clínica; la falta por cuyo borde transita la teoría; y la falta que se recorta como causa en la formación del analista.

Veamos cómo se jugarían estas ideas en la experiencia. Desde el costado clínico, se proyectaría el saber articulado del "caso" y la transmisión del límite de la palabra en decir el padecer, que refleja en el sujeto de la entrevista, la trama tejida por los hilos real, simbólico e imaginario de su humana realidad. Desde terreno teórico, la transmisión del límite propio que resulta a la hora de formalizar la clínica, deja ver el resto que encausa, ya que habrá siempre y además, otra lectura por venir y otro concepto por articular. Por último, y como producto de la formación del analista, el coordinador pasará no sólo las herramientas técnicas que habilitan su quehacer sino también la transmisión del límite de garantía constituída, que permitiera legitimar lo acabado de un acto. Sabemos que la eficacia del procedimiento no depende exclusivamente de elementos contables, sino que su dinámica está sometida a esa medida de inconmensurable que el encuentro con lo real aporta.

Así, el agente de transmisión de la experiencia apostará a producir un saber de la verdad que en tanto imposible, podrá discurrir entre líneas porque la transferencia entre coordinador y pasantes, le hará de canal de pasaje. El enseñante, por la posición que ocupa en este dispositivo, ejerce la función desde su deseo, haciendo pasar un saber de la hiancia causal que resulta del atravesamiento de lo imposible en la formación, la clínica y en su deseo.

Me interesaría avanzar, sobre los elementos que componen cierta lógica del deseo del enseñante, y que creo responsables de la posibilidad o no de transmisión.

Líneas atrás decíamos de la coalescencia de un soporte discursivo entre el pasante y el enseñante: ambos se disponen a la experiencia desde el discurso histérico, por estar sometidos al inconciente, que el Lacan de Aun, define como un saber, una habilidad, un savoir-faire con lalangue, siendo ésta zona de cruce entre palabra y lenguaje soportada por el significante. Estar sometido a los efectos del inconciente no nos obliga a descuidar que los efectos de lalangue en el ser parlante, exceden en buena medida a lo que se estructura como discurso. Me refiero a los afectos, esos procesos de descarga freudianos que permiten el desplazamiento del acento psíquico, gracias a no resolverse en cada ligadura. Estos afectos perfilan un lugar que va más allá de lo que el ser que habla es capaz de enunciar, menos aun comunicar, pero sí transmitir. ¿Por qué vías entonces, el enseñante transmite su producto, es decir, un saber que además, va más allá de su enseñanza?

Para responder a esta pregunta, me resulta preciosa una indicación lacaniana respecto de la simplicidad y singularidad del rasgo unario, como lo que hace traza en lo real; hace que todo lo enseñable, lo sea, por conservar el orden de rasgo. Si acordáramos con él, ¿Qué del sujeto -efecto del límite con lo imposible- permite la transmisión en un acto de enseñanza?

Hemos constatado las distintas posiciones en que se demanda al coordinador enseñante: como acompañante y guía del pasante en su primer encuentro con la clínica; como aquel que da testimonio de su posibilidad en saber-hacer en el dispositivo, y como aquel que intentará formalizar el acontecimiento. Pero en todos los casos, entiendo que el coordinador enseñante se revela como aquel que necesariamente pone en juego su estilo: marca de su savoir-faire con lalangue, traza que sitúa un modo de exsistencia por el cual el goce nos alcanza.

La letra soporta la sujeción del ser al lenguaje por el significante. Es gracias a esta localización que un efecto de vacío en la significación pueda ser deducido y transferido por los vaivenes deseantes. Si los efectos de lalangue exceden al discurso, ¿Nos autorizaríamos a formular que el enseñante desde su estilo, marca de su encause por la falta en lo real, pone a jugar su unario como marca de un imposible, y que en la experiencia sea esta donación la que bisagra la transmisión? Es apenas una conjetura de inicio, que el deseo del enseñante habilita a la transmisión sólo cuando aquel que así se ubica, pone a disposición su unario, en tanto rasgo y canal de pasaje del saber de lo imposible, devenido del trabajo sobre el enclave de tres faltas: en su ser, en la clínica y en su formación.

Cuando el deseo del enseñante resista, habrá discurso universitario, ni mejor ni peor, otro. Sospecho entonces que lo que permite hacer una diferencia en beneficio del saber del pasante, sería la disposición de un enseñante a jugar sus marcas como instrumento de pase, desde un deseo que si hubo análisis del enseñante, no ignora su real.

Es y ha sido motivo de charlas con colegas que también se ocupan de labores de acompañamiento en momentos inaugurales para pasantes y jóvenes profesionales, la gran carga afectiva que circula por allí, el cierre y duelo a realizar tanto por aquellos como para el coordinador. Esto, me parece no hace más que corroborar que ambos partenaires, representaron en el dispositivo, el uno la falta para el otro; no sin la consecuencia del lazo amoroso que tejió la trama. Recordemos que la transferencia de trabajo establecida, lo es por una pretensión, un cierto pasaje y un hacer compartidos, aunque distintos sean los argumentos que se desprendan de las posiciones del pasante y del coordinador. Es innegable creo, que si hubo transmisión, coordinador y pasante quedan marcados por el encuentro.

Para el pasante, si sus condiciones subjetivas lo habilitan, esa marca podrá decir a posteriori, de una traza inicial a recrear en los análisis que dirija.

Para el coordinador que enseña en pasantías, la marca del encuentro, podrá promoverlo a la investigación, podrá invitarlo a nuevas pasantías, podrá exponer su testimonio entre colegas y por qué no cuando la causa es efecto de transmisión, sentarse y escribir un trabajo.-